Viedma.- (APP) El pasado viernes falleció en su querida Viedma la productora y gestora cultural Isabel Garrido; tenía 71 años y desde tiempo atrás el creciente deterioro de su salud la mantenía alejada de toda vida social.
Entre 1977 y 1983 fue responsable del Centro Municipal de Cultura de la capital rionegrina, donde su quehacer fue intenso, propiciando un favorable clima de libertad expresiva, que superaba las limitaciones ideológicas propias de esa nefasta época de dictadura cívico-militar. Cuando el elenco dictatorial entró en retirada, desde la segunda mitad del ’82, el Centro Municipal de Cultura, siempre bajo la conducción de la activa e inquieta “flaca” Garrido, se brindó de puertas abiertas al desfile de artistas nacionales que volvían del exilio –o salían del encierro forzoso de puertas adentros de la Patria- y el escenario de la avenida Costanera se pobló de los aires de la recuperada esperanza democrática.
Después, ya retirada de la gestión que le valiera el merecido reconocimiento de la comunidad, Isabel se asoció con Miguel Bordini para llevar adelante un emprendimiento privado de enorme repercusión e invalorada utilidad: la revista La Galera, con notas sobre el pasado histórico de Viedma, Carmen de Patagones y la región, que se ilustraban con magnificas fotos de época. La Galera tuvo gran aceptación, sobre todo entre antiguas familias que a su vez facilitaban fotografías de sus archivos.
Entre 1994 y el 2009 se publicaron, con imprecisa regularidad pero tozuda persistencia, los casi 70 ejemplares de La Galera, que en muchas colecciones particulares se guardan como verdaderos tesoros y ojalá alguna biblioteca pública de la ciudad conserve en su totalidad.
Desde las páginas de “su” revista, una criatura que amaba y defendía con ahínco, Isabel alentó el sueño de la creación de un museo histórico en la villa marítima El Cóndor, que planeaba instalar en su propia casa del balneario, antes propiedad de la familia Soler, que aún se conserva como una de las más antiguas del poblado. La idea quedó sólo en los papeles.
Ante la pérdida irreparable de la apreciada vecina Isabel Garrido es necesario efectuar este respetuoso reconocimiento. Fue ella, durante más de 25 años, una protagonista infaltable de la vida cultural de Viedma, es imperioso que su nombre y el recuerdo de sus acciones no caigan en el aciago barranco del olvido.
Carlos Espinosa, 30 de julio de 2017
Entre 1977 y 1983 fue responsable del Centro Municipal de Cultura de la capital rionegrina, donde su quehacer fue intenso, propiciando un favorable clima de libertad expresiva, que superaba las limitaciones ideológicas propias de esa nefasta época de dictadura cívico-militar. Cuando el elenco dictatorial entró en retirada, desde la segunda mitad del ’82, el Centro Municipal de Cultura, siempre bajo la conducción de la activa e inquieta “flaca” Garrido, se brindó de puertas abiertas al desfile de artistas nacionales que volvían del exilio –o salían del encierro forzoso de puertas adentros de la Patria- y el escenario de la avenida Costanera se pobló de los aires de la recuperada esperanza democrática.
Después, ya retirada de la gestión que le valiera el merecido reconocimiento de la comunidad, Isabel se asoció con Miguel Bordini para llevar adelante un emprendimiento privado de enorme repercusión e invalorada utilidad: la revista La Galera, con notas sobre el pasado histórico de Viedma, Carmen de Patagones y la región, que se ilustraban con magnificas fotos de época. La Galera tuvo gran aceptación, sobre todo entre antiguas familias que a su vez facilitaban fotografías de sus archivos.
Entre 1994 y el 2009 se publicaron, con imprecisa regularidad pero tozuda persistencia, los casi 70 ejemplares de La Galera, que en muchas colecciones particulares se guardan como verdaderos tesoros y ojalá alguna biblioteca pública de la ciudad conserve en su totalidad.
Desde las páginas de “su” revista, una criatura que amaba y defendía con ahínco, Isabel alentó el sueño de la creación de un museo histórico en la villa marítima El Cóndor, que planeaba instalar en su propia casa del balneario, antes propiedad de la familia Soler, que aún se conserva como una de las más antiguas del poblado. La idea quedó sólo en los papeles.
Ante la pérdida irreparable de la apreciada vecina Isabel Garrido es necesario efectuar este respetuoso reconocimiento. Fue ella, durante más de 25 años, una protagonista infaltable de la vida cultural de Viedma, es imperioso que su nombre y el recuerdo de sus acciones no caigan en el aciago barranco del olvido.
Carlos Espinosa, 30 de julio de 2017
