Anécdotas de un Perón curioso y casi desconocido/Por Jorge Castañeda

 

Valcheta.- (APP) Sobre la multifacética y rica personalidad del General Juan Perón hay muchas anécdotas casi desconocidas y en cierto modo sorprendentes.

AUTOR DE OBRAS DE TEATRO

Según recogen algunos de sus biógrafos Perón era actor de obras de teatro. Según el mismo cuenta, cuando ingresa al Regimiento 12 de Infantería de Línea en Paraná “para romper el aire monótono cotidiano” con un grupo de sus camaradas se lanzaron a organizar una compañía de teatro. Y dice que “una de las obras que más éxito tuvo se llamó “Silvina Abrajo” escrita por mí cuyo protagonista era un  personaje muy extraño que por una causa muy singular tenía siempre el reloj parado a las tres; situación muy risueña que se relacionaba con la trama y le daba cierta originalidad”.

AUTOR DE UNA TOPONIMIA ARAUCANA

Es un dato ya más conocido que por conocer a través de su padre que tenía campos en camarones varios vocablos en la lengua tehuelche y mapuche se decide a escribir un diccionario de toponimia araucano, que hace algunos atrás fue motivo de una reedición. Y a veces el general Perón saludaba con el tradicional “Marí, marí”.

DESCARTES O PERÓN

Un dato muy curioso de la vida del General es que sus primeros ensayos los supo firmar con el seudónimo de Descartes, porque a su propio decir “el filósofo francés usaba el seudónimo de “Astrónomo Perón” y yo le devuelvo así la gentileza”.

CON GARDEL

Dice Perón que “cierta vez, íbamos juntos al Palais de Glace y nos conocían como el clan de los “cuatro P”: Pelufo, Pirovano, Pedernera y yo Perón. Allí se presentaba Gardel y tuvimos la oportunidad de sentarnos en las primeras mesas, lo que nos permitió estar cerca del escenario. Cuando apareció Gardel fue una ovación y terminada su primera canción, se acercó a nosotros directamente y muy decidido nos dijo: “araca muchachos, con esa pina, ¿se sacaron la grande. Me invitan un faso. Y a continuación se sentó por un instante con nosotros a la mesa”.

UN CONSEJO MEDICO PARA EL CHE GUEVARA

Cuando el Che lo visita en España, luego de conversar sobre medicina (Perón tenía varios libros sobre la materia)  le aconsejó que Bolivia no era un buen lugar para un asmático, teniendo en cuenta la enfermedad que padecía y la altura a que iba a estar expuesto, lo que le restaría el 50% de su capacidad vital.

EL GENERAL Y SUS PERRITOS

Textual: “Como expresaba Lord Byron, después de su aventura por la independencia griega, comparto mi alma con el alma de los perros” –acota el General al pasar, para añadir enseguida- “Estos animalitos son un poco filósofos. Nos quieren sin reparar si su amo carece ahora de autoridad o si siguen, en realidad, a un mendigo. A estos seres irracionales los tiene sin cuidado la condición social que registre el amo. Con tal que se los quiera, suelen responder con lealtad perruna hasta la muerte”.

PERÓN Y SAN FRANCISCO DE ASÍS

Cuenta el General que “cuando estuve en Italia, la primera visita fue para Asís y allí me empapé con la filosofía del “poverello”. Con solo practicar los adagios que incluyen las “Florecillas” se puede edificar una vida  ejemplar y alcanzar el paraíso celestial”.

PERÓN JUGABA CON LA CALAVERA DE JUAN MOREIRA

Recuerda que la calavera de Juan Moreira fue propiedad de su abuelo Tomás Liberato durante largos años, hasta que decidió cederla al Museo de Luján, para evitar que él, su nieto, terminara con ella utilizándola como asustador de mujeres. Y acota que “cierta vez caí al suelo abrazándola y se le quebraron varios dientes”.

LE COMPRÓ CIGARRILLOS A ARISTÓTELES ONASSIS

En los comienzos de su vida militar Perón supo acercarse a un estanco donde  compraba cigarrillos turcos y tabaco a un pobre inmigrante griego, trabando así una amistad que después fructificó con conveniencias para ambos. Lo sorprendente que ese pequeño comerciante sería después el magnate naviero Aristóteles Sócrates Onassis.

YRIGOYEN LE DIO SU TARJETA DE ABOGADO

En cierta oportunidad que con varios camaradas pasaban por una finca con una cerca, una especie de quinta con árboles frutales, saltaron la misma para robar las frutas y cuando saltan hacia la calle cae mal uno de ellos. Pasaba un señor de sombrero que se pone a conversar con ellos y al retirarse le da a Perón una tarjeta que decía: Hipólito Yrigoyen – Abogado.

Quedan varias anécdotas en el tintero, pero que serán motivo de nuevas notas sobre un Perón curioso y casi desconocido.