Viedma.- (APP) Los patagónicos en general y los rionegrinos en particular, somos conscientes de que afrontamos una problemática común irresuelta: no hemos podido poner punto final al círculo vicioso determinado por la falta de población porque no haya desarrollo, no hay desarrollo porque faltan inversiones, no hay inversiones porque no son rentables, y no son rentables por la insuficiencia de población.
Resulta obvio señalar aquí que la referencia al término “desarrollo” apunta al cambio de las estructuras tradicionales y, por sobre todo, que esta transformación a la que se apunta con esa intencionalidad supera la concepción liberal y decimonónica del mero “progreso.”
Algo así como saber distinguir musculatura de la obesidad.
Ese concepto perimido lo conjugan todavía sectores minoritarios pero influyentes de alguna dirigencia y medios de difusión, que añoran los tiempos de la Argentina donde todo se reducía a rogar por buenas lluvias para aumentar las exportaciones de carnes y cereales provenientes del ámbito privilegiado de la Pampa Húmeda para intercambiarlos por productos industriales, preferentemente ingleses.
Aquella concepción, que ya no es patrimonio exclusivo de ningún partido político, sino una generalizada aspiración nacional, significa implementar una ambiciosa arquitectura que sea sinónimo de cambios profundos que alteren la actual fisonomía de ciudades y regiones, tanto en los aspectos económicos como sociales, con plena ocupación y un mercado interno fuerte.
Un ejemplo de fácil percepción es imaginar por un instante si a los valiosos esfuerzos acumulados por las distintos administraciones provinciales que se vienen volcando en la Línea Sur rionegrina se la pudiera dotar de abundante energía eléctrica para beneficio de la calidad de vida de sus habitantes y fundamentalmente para la radicación de industrias derivadas de la lana y la minería.
Ese fenómeno, que implicaría la redención de miles de jóvenes condenados al monocultivo de la oveja, respondería así a las necesidades de una región que abarca el setenta por ciento de la superficie territorial y a los imperativos de fortalecer esa frontera interior, y de integrarla a la provincia, contando con el estado como factor esencial e inductor del desarrollo .
Desde esa palanca de transformación que es el nivel oficial, se privilegiará entonces la oferta en lugar de la demanda, y la producción en contra posición con las exigencias del mercado, negando así con los hechos aquella frase del ex ministro Martínez de Hoz y de sus seguidores, que todavía los hay, cuando dijeron que, “el mercado debe decidir si el país fabrica acero o caramelos”.
Precisamente esta concepción con su propuesta tuvo como inspirador al presidente Arturo Frondizi entre 1958 y 1962, pero su programa de desarrollo sostenido fue interrumpido por factores de poder y grupos de presión.
En Río Negro, el primer gobernador constitucional Edgardo Castello, fiel y eficiente seguidor de esas ideas, fue el responsable de pensar y diagramar los puntos de referencias básicos de aquel programa de integración y desarrollo aquí mediante la construcción de proyectos y obras claves que, con proyección de futuro, como lo dijo en el primer mensaje ante la legislatura, “superarán en su realización los márgenes de mi gestión”.
Y efectivamente, se fueron haciendo con marchas y contra marchas, tal como ocurrió con el canal Pomona-San Antonio Oeste, la salida marítima al atlántico, la explotación ferrífera de Sierra Grande, la planta de soda solvay, el IDEVI, la pavimentación de la ruta 22, etc.
Ese camino tuvo otros continuadores en algunos aspectos de sus administraciones como loa fueron Roberto Requeijo, Mario Franco, y gobernadores radicales como Horacio Massaccesi.
Ahora en estos tiempos, la gestión de Alberto Weretilneck, tanto el propio mandatario como su vice, han insertado en sus discursos oficiales la fraseología y los esquemas conceptuales del recordado ex Gobernador Castello, y han sellado con su nombre al reciente plan anunciado por el oficialismo en la Casa de Gobierno días pasados.
Los legisladores e intendentes presentes en la disertación introductoria de Weretilneck se encontraron con la presentación de una treintena de obras públicas, de gran envergadura y variadas características, con sus correspondientes estimaciones y localizaciones en pueblos, ciudades y regiones que previa consultas y consensos entre el gobierno con los legisladores e intendentes serían incluidas en el denominado Plan Rionegrino para el Desarrollo Productivo, Energético de Infraestructura y Equipamiento.
En rápida síntesis el gobernador se preguntó y respondió a un interrogante clave para una provincia que a más de medio siglo de su constitución carece de obras definitorias para completar su transformación económica y social. ¿Tiene recursos suficientes Río Negro para un proyecto de desarrollo que rompa la inercia de tantos años?
Puede muy bien ser esta insuficiencia el caso del medio millón de hectáreas para poner bajo riego que sigue siendo materia pendiente, no obstante las posibilidades de diversificar la producción en nuestros valles. Pero la falta de recursos disponibles de la magnitud de los que se requieren hacen imposible hacen hoy revertir ese diagnóstico.
Por esa razón Weretilneck propone incluir en la nómina esas y otras obras a financiar con un crédito en dólares en el mercado internacional, cuyo monto no precisó, pero sobre el que existen versiones que podría alcanzar el equivalente los 500 millones de dólares. “Esta es la oportunidad y hay que aprovecharla para captar recursos”, afirmo con optimismo el gobernador.
Sin dudas que el gobierno logró sorprender una vez más a la oposición, colocando a los dirigentes y los partidos de esos sectores políticos a convertirse en críticos y eventualmente verdugos de esas iniciativas que aparecen como gestos de una benevolente administración dispuesta a distribuir obras necesarias, reclamadas y convocantes, en conjunción con los jefes comunales.
La dirigencia que objeta el Plan, y que ya comenzó a hacerlo, por considerarlo entre otras consideraciones improvisado, inoportuno, electoralista y peligroso por la magnitud del endeudamiento que conlleva y el riesgo de no poder controlar el destino de los recursos, tiene que lidiar ahora con sus pares partidarios y especialmente con los intendentes, depositarios y salvaguardas de los intereses localistas.
La mención de obras que eventualmente los podrán tener como destinatarios y que se niegan a perder, surtió efecto en el cuerpo de intendentes del FPV y en algunos de sus legisladores que se aprestan a otorgar consentimiento a los ofrecimientos del gobierno, contrariando los condicionamiento al Plan que expresan los altos niveles dirigenciales de la cúpula del FPV.
El sacudón debe haber sido muy intenso para que fuera convocada una reunión ampliada del Consejo Partidario del PJ en Las Grutas, donde surgió una Comisión para fiscalizar todo cuanto ocurra con el Plan Castello y sus posibles avances, además de los condicionantes ya hecho públicos.
El gobierno demostró que no es lerdo para mover fichas y perturbar el frente interno de sus adversarios y plantear disidencias, como las que están sucediéndose por estos momentos en las filas de la primera minoría. En conclusión, el Plan Castello irrumpió con todo y es el centro del debate del que no podrá sustraerse la clase políticas de la provincia. (APP)
