Viedma.- (APP) El encuentro coincide con el relanzamiento de la revista Movimiento 21, que agrupa a importantes dirigentes del peronismo no kirchnerista, pensando en 2019. El periodista Horacio Verbitsky se refirió en su editorial del último fin de semana (El cohete a la luna) a esta línea pejotista que aparece como funcional a los objetivos del macrismo para el 2019, ya no sólo aparece como refractario al kirchnerismo, sino al intento de unidad de todos los sectores peronistas, desde el kirchnerismo al peronismo más tradicional, pasando por el massismo, que tuvo su expresión reciente en el encuentro en San Luis .
El próximo viernes 6 de abril se realizará un acto por el lanzamiento del peronismo federal. Será en la ciudad de Gualeguaychú y estará encabezado por referentes del espacio como el senador Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
El anfitrión será el senador nacional por Entre Ríos Pedro Guastavino y se espera la asistencia del gobernador de dicha provincia, Gustavo Bordet. El formato se replicará en distintas provincias para sumar a todos los gobernadores del peronismo.
El encuentro coincide con el relanzamiento de la revista Movimiento 21, que agrupa a importantes dirigentes del peronismo no kirchnerista como Oscar Lamberto, Humberto Roggero, Eduardo Camaño, Jorge Remes Lenicov y Miguel Ángel Toma, entre otros.
El lanzamiento busca marcar un quiebre respecto al encuentro de la semana pasada en la provincia de San Luis, con referentes del kirchnerismo y el sindicalista Hugo Moyano a la cabeza.
Precisamente, el último fin de semana el periodista Horacio Verbitzky se refirió a este intento de una línea pejotista funcional al objetio del macrismo de imponerse en el 2019, que denominó “el neobipartidismo”:
“Macrì se encargó de revelar por medio de voceros oficiosos pero no desinteresados que su inquina contra Massa comenzó luego de su primer Davos, donde paseó al alcalde de Tigre como el opoficialista modelo. Allí lo invitó a apoyar su reelección en 2019 y le prometió reciprocidad como sucesor en 2023. Pero Massa no aceptó y mostró su ansiedad por reemplazarlo en el gobierno ya en 2019. Como se puede apreciar, las fechas se han corrido, pero el plan es el mismo: un peronismo renovado sucederá a Cambiemos, postuló el jefe del bloque de diputados de PRO, Nicolás Massot. No sabía que estaba con el micrófono abierto cuando desdeñó como alternativa a los radicales, que no se ofenden por nada mientras puedan hincarle el diente al presupuesto, pero lo ratificó una vez enterado. Dijo que dentro de seis o diez años más de Cambiemos, volverá el peronismo reciclado, que continuará “lo grueso del plan económico” actual. “¿Vos tenés alguna duda de que después de nosotros vuelve el peronismo?” preguntó exaltado a sus interlocutores cuando creía que estaban a solas. Es difícil exponer con mayor claridad el programa de la fracción del capital que gobierna. Los peronistas reunidos este fin de semana en San Luis discutieron algo más que la fecha del relevo de un ala por otra del nuevo bipartidismo, remake del que gobernó en las primeras dos décadas de la democracia postdictatorial. El gobierno nacional presionó a los gobernadores que dependen de su lapicera para que desertaran de la cumbre peronista de La Pedrera convocada con la consigna Hay 2019. Fue el ministro de Obras Públicas y ATN, Rogelio Frigerio (n) quien aconsejó a sus interlocutores olvidarse de esa escala electoral y poner su mira en 2023. Macrì en Davos, Massot en babia, Frigerio con los gobernadores dicen lo mismo. Nadie podría reprocharles doble discurso. Dentro de tres semanas, el principal operador de Frigerio, Miguel Pichetto, junto con el fantasma de Miguel Toma intentarán presentar en Entre Ríos ese peronismo antipersonalista que segregue hasta el último vestigio del modelo nacional y popular que interrumpió el curso del bipartidismo durante una década. Su propósito es relegar el mero recuerdo de esa experiencia al rincón de las anomalías, las aberraciones, las quimeras y los freaks. De que nadie vuelva a animarse se encarga la persecución judicial y mediática, tan burda que jueces de diversas instancias han comenzado a ponerle límites, incluyendo a la Corte Suprema.
En las últimas elecciones de octubre de 2017, los grupos económicos tuvieron un fracaso estrepitoso, con la reducción de Massa a una microscópica expresión. En el marco del actual deterioro político, social y económico del gobierno de Cambiemos recrudece la disputa directa entre las fracciones del bloque dominante que estuvieron presentes desde el comienzo pero con baja intensidad porque se canalizaban a través del Frente Renovador, que ahora está en crisis. Esta pugna se agrava con las medidas proteccionistas del gobierno estadounidense de Donald Trump (restricción al ingreso de limones, biodiesel, acero y aluminio producidos en la Argentina) y la irritante pasividad de la política gubernamental ante el proteccionismo de los países centrales, como cuenta en otro artículo Sebastián Soler. Las únicas inversiones que llegan son especulativas, el comercio internacional batió su record negativo histórico; el déficit fiscal lejos de disminuir, creció; la inflación sigue viento en popa; el dólar es asumido como ancla estabilizadora contra la tempestad.
Bajo estas circunstancias, la estrategia de los grupos económicos es apoderarse del peronismo y sobre esa base enfrentar a Cambiemos, neutralizando al mismo tiempo a las expresiones “nacionales y populares” dentro del movimiento social, bajo la consigna de la Unidad Peronista. Es lo que intentó el padre del presidente en las postimerías de la dictadura, cuando refugió en SOCMA a Carlos Grosso, José Octavio Bordón y José Manuel De la Sota.
La exclusión de Cristina no es posible, porque hasta Alberto Fernández advierte que ningún postulante del sector se acerca al caudal que ella conserva, pero la idea es que Sin ella no se puede, pero sólo con ella no alcanza, como desarrolla en otra nota de esta edición su ex viceministro de Defensa José María Vázquez Ocampo. Chito Vázquez propone la constitución de un Frente de Salvación Nacional, que requeriría el renunciamiento de CFK a una candidatura nacional, considerada uno de los impedimentos y peligros para la conformación de una propuesta alternativa.
La ansiedad del gobierno, que lo llevó a descalificar al empresariado industrial con dureza, tiene que ver con la frustración que le produce el raquitismo de las inversiones privadas, sean externas o del país, y la imposibilidad de controlar la inflación. Si se anualiza la del primer bimestre no sólo pasaría del 20 sino que rozaría el 30%. A esta disparada se debe la visita de Madame FMI, que no lo dijo en público ni se cansó de repetirlo en privado. Al comenzar las negociaciones paritarias, el gobierno procura controlar la precios de alimentos y medicinas, y ahí choca con Arcor (que reclama por la desmesurada importación de más de 25 millones de latas de tomates); Techint (que lamina la hojalata cara que eleva los precios de todos los enlatados); los laboratorios Roemmers y Bagó (por los medicamentos importados y por la entrada de Farmacity en la provincia de Buenos Aires, a la cual también se oponen los colegios farmaceúticos); Aceitera General Deheza, cuyo director, Miguel Acevedo, preside la UIA (por los subsidios al biodiesel, que Estados Unidos invocó para arancelar su ingreso en más del 70%). Como si no conociera el capitalismo prebendario del que proviene la fortuna familiar (con todas las trampas clásicas de la evasión fiscal, el contrabando, las licitaciones amañadas, las coimas, la fuga de capitales) Macrì pensó que con uno de ellos al mando, cambiarían de conducta. ¿Por qué habrían de hacerlo, si tan bien les ha ido con el transformismo peronista-radical? Además nadie sabe mejor que ellos que el discurso de la transparencia y la productividad encubre el acaparamiento de negocios por parte del mejor equipo del capital financiero, las transnacionales y el agro.”
