Viedma.- (APP) La decisión del gobernador Alberto Weretilneck de no concurrir con JSRN y su candidato Fabián Gatti a las elecciones del 22 de octubre sería -de concretarse- un hecho inédito en la vida política e institucional de Río Negro.
Su objetivo es evitar exponer al gobierno, su candidato a diputado nacional y la estructura partidaria, a una nueva derrota electoral que se sumaría a la sufrida el 13 de agosto próximo pasado, y registrar aún porcentajes más desalentadores.
Esta abstención electoral que aparece como inminente, carece del significado revolucionario que el radicalismo le adjudicó en su momento, en la década de los años 30, a la ausencia de sus fieles en las urnas, como parte de su lucha contra el régimen conservador y fraudulento, después del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.
A simple vista la novedad que decidiría JSRN resulta mucho más módica y menos heroica, ya que consiste en un arbitrio para evitar la concurrencia comicial del oficialismo en condiciones desventajosas, sobre todo atendiendo a los agoreros pero objetivos pronósticos acerca de una incontenible polarización entre el FpV y Cambiemos que no permite el más mínimo optimismo de remontar cifras propias.
Es un tema no desprovisto de cierto dramatismo y que todavía no está decidido. El debate entre abstencionistas y concurrencistas ocupa con idéntica vehemencia a todos los niveles del gobierno y el partido, donde abundan temores y desconciertos.
Hay razones a favor y en contra de unos y otros. Cierto es que las posibilidades más realistas están del lado de quienes aconsejan rehuir el compromiso porque si hay un acumulativo fracaso comicial, con el riesgo cierto de obtener menos votos todavía que en agosto, el proyecto oficial ingresaría en un terreno indescifrable, y muy cercano a la parálisis o al desgranamiento.
Concurrir y perder para demostrar coraje civil, un mal entendido amor propio o algo por el estilo, sería reflotar sin razones aquello del ejemplo final y agonístico de los griegos, una conducta póstuma como ejemplo ético en estos tiempos del más puro pragmatismo. ¿Vale la pena?
Con el recuento globular de las urnas en sus manos, consciente del nuevo panorama político que quedará configurado después del 22 de octubre y con el dato principal de un amenazante FpV en los lugares de vanguardia, Weretilneck -indican sus amigos- se sustraerá un tiempo del vértigo de los acontecimientos.
El desarrollo de esta estrategia de retroceder para tomar nuevos impulsos hacia adelante y retener el poder, como aconsejaba Maquiavelo al príncipe Borgia, se inició con en el relanzamiento de su gobierno.
Procedió a relevos en las primeras y segundas líneas reclutando a funcionarios de su propia administración, revirtiendo así casos de rutina y quietismo burocrático, con la pretensión de imponer un ritmo de mayor agilidad resolutiva al alicaído mundo oficial.
Al mismo tiempo bajó líneas para ajustar las piezas de JSRN, que en su debut como vehículo de opinión del gobierno y en la tarea de sumar voluntades y votos, o resolver situaciones políticas, exhibió en general la falta de experiencia de los novatos. Comentan puertas adentro entre otros casos, haber prohijado la suspensión del intendente de Villa Regina, y la conducción del proceso electoral de Maquinchao.
Weretilneck sabe que la política rionegrina ingresó desde ahora en un capítulo absolutamente distinto al anterior. Son los días de la lucha sin cuartel por el poder, donde se jugará la gobernación para el cuatrienio 2019-2023, y que los recursos y la estructura del gobierno y su despliegue territorial lo convierten en un aliado privilegiado para cualquiera de los partidos o alianzas nacionales que intervendrán en la lucha electoral.
La re-reelección a la que aspiró en su momento se guarda bajo siete llaves, y está decidido a quebrar su aislamiento, ser un protagonista en el proceso en marcha y parte activa de las negociaciones que se empezarán a tejer en Río Negro con otros partidos, y en vía directa con la Casa Rosada.
Es que la provincia comenzará a ser transitada por los operadores del gobierno central y las agrupaciones nacionales de la oposición para influir y decidir alineamientos que se intentarán orientan desde Buenos Aires, inclusive en los aspectos internos de las expresiones partidarias, como ya está ocurriendo.
En los próximos días estarán en Viedma varios funcionarios de la jefatura de gabinete que conduce Marcos Peña y dirigentes del PRO para cumplir tareas políticas y ofrecer charlas sobre temas de interés público.
Según se sabe, hay acuerdos que se van consolidando con las autoridades nacionales que obligarán a lógicas y reciprocas contraprestaciones, como queda demostrado con el apoyo recibido para el financiamiento de la primera parte del Plan Castello que se completaría con otra segunda parte.
Esos resultados y las frecuentes visitas al despacho del ministro Rogelio Frigerio tienen un significado que van más allá de la mera exteriorización gestual que aparecen en las fotografías del protocolo.
Permiten inferir que de esas y otras coincidencias ya hay un reaseguro para garantizar la gobernabilidad en Río Negro, por sobre los ajustes en las cuentas públicas que puedan venir después de las elecciones.
Tuvo razón Weretilneck cuando apostó a que el enojo del poder ejecutivo nacional no sería eterno después de su rechazo de la planta nuclear en la costa atlántica rionegrina,aunque no pueden negarse todavía algunas desconfianzas. “No le vamos a soltar la mano”, se escuchó decir en cercanías a Cambiemos.
Precisamente porque cuando hay intereses políticos que satisfacer y de mutua conveniencias, los agravios o las ofensas se convierten en efímeros y terminan cuando asoma el sol. Sobran ejemplos en la historia.
En este sentido la primera señal de JSRN hacia el partido del presidente Mauricio Macri en estos lares es que serán beneficiarlos con gran parte de los votos de sus afiliados y adherentes liberados para el 23 de octubre que estarán orientados hacia Cambiemos.
¿Será una devolución de gentilezas con Martín Soria que hizo lo propio en Maquinchao, abstención incluida, recomendando a los peronistas a optar por la coalición de radicales y macristas, perjudicando a JSRN?
¿Sería este el primer paso de una aproximación entre JSRN y Cambiemos en la provincia, vínculo todavía con falta de maduración? ¿Una alianza tácita que se transformará en explícita en su momento?
No faltan las advertencias que tanto en JSRN y Cambiemos se esgrimen sobre viejas antinomias, pero en definitiva, las necesidades de supervivencia política y el imperativo de los resultados posibilitarían los acuerdos.
¿Será una realidad cuando en ambos sectores culmine “la política de las paralelas”, las líneas se junten y se pueda oficializar sin mayores sobresaltos una alianza que se percibe como natural, realidad que no estaba entre las previsiones originales?
Porque en realidad, como dicen los filósofos, hay situaciones “que se encuentran en la naturaleza de las cosas” y que por una u otra razón carecieron del disparador necesario en el momento oportuno.
En definitiva, por sobre las frases en voz baja y las habituales hipocresías que se escuchan en algunos ámbitos partidarios, hay que reconocer que la clave de de esta potencial construcción es edificar un muro de contención para evitar el acceso de Martín Soria a la gobernación de Rio Negro en el 2019.
Los analistas observan con atención la fortaleza del renacido peronismo rionegrino con más de 150 mil votos constantes y sonantes, hoy con los dos diputados nacionales en disputa si la relación de sufragios no se modifica, y si ese capital político es imputable al mérito de sus actuales dirigentes o si fue producto de la polarización.
Especialmente de qué manera se reflejarán en Río Negro las disputas dirigenciales ya conocidas en el orden nacional entre cristinistas y anti cristinistas en el espacio que preside Martín Soria, el más importante componente del Frente para la Victoria.
Entre ellos se encuentran los conocidos gobernadores dialoguistas con Mauricio Macri y el jefe del bloque de senadores nacionales Miguel Ángel Pichetto. Este último, de buen diálogo con Alberto Weretilneck, podría volver a incursionar en la política rionegrina después de las elecciones de octubre con antiguos compañeros de ruta como Ariel Rivero y Javier Iud.
Ambos legisladores no comparten entre otros temas la impronta crítica e intransigente al oficialismo que aspira imponer al bloque Martín Soria, cuestión que viene de lejos.
No se descarta que de profundizarse estas desinteligencias, pueda registrarse otro quiebre en la bancada del PJ, similar al protagonizado por Mario Sabbatella, ocupante de una banca diferenciada, también en disidencia con el comando partidario.
Restan 30 días para las elecciones de octubre y conocer con mayor exactitud la morfología que adquirirá el escenario rionegrino, y lo que proyectará el orden nacional.
Es decir en síntesis, la compleja realidad que acompañara como su sombra al gobernador Alberto Weretilneck en la crucial y particular coyuntura que le toca resolver en estos momentos y que se prolongará hacia el 2019. (APP)
