Viedma.- (APP) El hundimiento de un viejo submarino en las inmensidades oceánicas del sur con una reparación técnica de “media vida” que despierta dudas y suspicacias, y que costó la vida de la totalidad de su tripulación, obliga a poner bajo una rigurosa revisión las exiguas sumas de los presupuestos que se destinan a equipamiento y mantenimiento de las unidades y los criterios de las autoridades navales en todo lo referido a la preservación de los recursos y la defensa de la soberanía nacional en el litoral atlántico.
El perfil crítico de debilidad operativa que presenta la armada nacional en las circunstancias actuales resulta inadmisible en la Argentina, el octavo país del mundo en superficie territorial, dueña de granes espacios territoriales y marítimos que necesita vigilar y proteger.
El presupuesto en Defensa de este año para las fuerzas amadas alcanzó a los 80 mil millones y el 80 por ciento se pagó en sueldos. Sobran las palabras.
En el Ejército el personal ha visto reducido su entrenamiento entre 18 y 40 días anuales, mientras la Armada y la Fuerza Aérea han disminuido al mínimo el movimiento de barcos y aviones marcando un agudo contraste con lo que ocurre en las fuerzas armadas de Chile y Brasil.
Pero evidentemente el problema no se reduce a estas cuestiones correspondientes al plano exclusivamente castrense, sino que abarcan el deficiente funcionamiento del sector público en general, y se aprecia en el deterioro de las políticas educativas, de salud y seguridad.
Los hechos ocurridos en estos días que trascendieron al mundo han descubierto a la Armada Argentina sumida en un estado de casi absoluta indefensión por su imposibilidad de intervenir en tareas de socorro o rescate de la unidad siniestrada y sus tripulantes, y generalizadas sospechas del deficiente mantenimiento de sus naves por falta o cuestionable afectación de recursos.
Ahora la opinión pública ha tomado conciencia de que la fuerza cuya misión es la protección de las fronteras marítimas, está replegada a un papel secundario, y reemplazada en la emergencia por la actitud solidaria y espontánea de naves, aviones y otros equipos de alta tecnología aportados por otros países.
¿Es posible que esta situación comprometa a la armada de una Nación que tiene como uno de sus límites miles de kilómetros de litoral costero y la obligación de proteger a sus ciudadanos y las riquezas naturales de ese ámbito del patrimonio nacional?
También hay que imputarle a la armada nacional el escándalo y la pérdida de su autoestima que significó enterarse de la explosión ocurrida a borde del ARA San Juan dos días después, por intermedio del servicio de hidroaudífonos que operan los Estados Unidos en las profundidades marítimas en distintos lugares del mundo.
Pero más allá de estos lamentables episodios de abandono, imprevisiones y otras falencias, que ya se habían observado en el teatro de operaciones bélicas en la guerra de las Malvinas, la derrota con Inglaterra en 1982, durante la dictadura militar, significó una catástrofe para la seguridad global de la Argentina y la fortaleza de sus fuerzas armadas.
Además, ha potenciado la indefensión del territorio nacional especialmente en sus flancos más débiles como son la Patagonia y la vinculación aérea y marítima con la Antártida.
Nadie puede ignorar lo que significa el fortalecimiento de las tropas británicas y la instalación de una base nuclear en las islas Malvinas como un poderoso elemento de fractura de la soberanía Argentina en el extremo austral y un obstáculo en el futuro para nuestra proyección antártica.
El humillante rol de convidado de piedra de la armada argentina en torno a la desaparición del ARA San Juan y en función de elementales comparaciones, lleva a la realista conclusión de que las fuerzas armadas de la Nación, incluidas la Aeronáutica y el Ejército, no se encuentran hoy en condiciones de cumplir con eficiencia su función natural de resguardo y defensa de la soberanía nacional.
Es la consecuencia de un proceso acumulativo que viene desde 1983 en adelante y que no ha podido ser revertido principalmente por las consecuencias todavía vigentes de la irrupción de las fuerzas armadas en el gobierno entre 1976-1983, y el repudio de la sociedad hacia las instituciones uniformadas y la represión ilegal.
No es inoportuno entonces efectuar estas reflexiones en voz alta, desde aquí, desde la Patagonia, la región más expuesta y despoblada, que todavía espera su real integración al país.
Los gobiernos democráticos deben aceptar el desafío planteado por los propios hechos, pero al parecer ignorados, de reconstruir las fuerzas armadas, para rescatarlas y hacerlas aptas, eficaces, con plena conciencia de su tarea real y coincidente con los intereses de la Nación y su absoluta subordinación al poder civil y el estado democrático.
PJ: El valor de la unidad partidaria
Martín Soria, el gran ganador de las elecciones de octubre, y los dirigentes que lo rodean, son plenamente conscientes que la clave de bóveda para el 2019 es que el justicialismo asuma como valor supremo la unidad partidaria.
Ese derrotero puede garantizar que a dos años vista llegue el momento de la recuperación del gobierno de Río Negro, que el peronismo perdió producida la llegada de Alberto Weretilneck, después del fallecimiento de Carlos Soria, a escasos días de haber asumido los destinos de la provincia.
Además está presente en la experiencia histórica de varias generaciones de peronistas que los enfrentamientos internos del pasado no tan lejano contribuyeron a la permanencia de la prolongada hegemonía de los gobernadores radicales durante 28 años consecutivos.
El actual intendente de General Roca, consolidado en su baluarte de aquella ciudad, que supo ser plaza imbatible de la UCR, ha sabido contribuir al triunfo electoral del justicialismo por más del 40 por ciento de los votos, desde un prudente segundo plano.
El titular del PJ evitó confrontaciones y polémicas públicas alentando el protagonismo electoral de su hermana María Emilia y el desempeño de un impecable rol como candidata desde un plano crítico hacia los oficialismos nacional y provincial pero sin exageraciones y con actitudes moderadas.
Ahora un espíritu conciliador, de amplitud y tolerancia por lo distinto parece reinar en torno a la organización del congreso partidario que Soria ha convocado para los días 16 y 17 de diciembre a realizarse en General Roca, donde no solo asistirán las autoridades partidarias, sino representantes de todas a las expresiones del justicialismo provincial.
Si hay un indicio fehaciente de esta política de brazos abiertos que se promueve desde la cúpula del PJ, lo protagonizó el legislador Nicolás Rochas quien exhortó al senador Miguel Pichetto y al diputado nacional Martín Doñate, ubicados en las antípodas, a deponer diferencias y “estar integrados todos los que tenemos un origen común y una mirada común, para volver a ser opción en el 2019”.
Soria deberá exigirse para compatibilizar su conducción con las aspiraciones del complejo damero de militantes y dirigentes de distintas procedencias internas que en octubre marcharon hacia las urnas identificados con la candidatura de María Emilia, pero con muchos interrogantes por resolver.
Pero a partir de ahora seguramente no dejarán de plantear exigencias concretas de participación y protagonismo y reflejarán con sus expresiones los alineamientos que se están produciendo en el orden nacional del peronismo, como seguramente sucederá en el resto de las provincias.
Por esas razones serán importantes las conclusiones del Congreso a realizarse en General Roca, por la fuerza política triunfadora en octubre, y que aspira a recuperar el gobierno de Río Negro en el 2019.
JSRN: Potenciar la gestión de gobierno
El próximo 5 de diciembre en Viedma tendrá lugar la reunión de la máxima dirigencia política de Juntos Somos Río Negro.
En realidad el conclave reunirá a los máximos representantes del gobierno y del partido, ya que algunos de ellos tienen una doble representación, desde Alberto Weretilneck, sus ministros, legisladores provinciales, intendentes, concejales y otros dirigentes.
Será la primera vez que los integrantes del oficialismo gobernante y partidario compartirán un escenario común después de aquella difícil reunión de autocrítica celebrada en las instalaciones de la UPCN en la capital provincial. Y superados algunos de los puntos de vista encontrados al momento en que Weretilneck dejó en libertad de acción a los votantes propios en octubre próximo pasado.
En ese transcurso de los días hasta hoy y ya asimilado el amargo sabor de la derrota -una contingencia de la vida democrática-, gobierno y partido analizarán la realidad política presente y las pautas de acción para los próximos dos años que desembocarán en las elecciones para gobernador.
Weretilneck ya adelantó a sus más cercanos colaboradores y repetirá en el encuentro, que el 2018 será el año de implementación del Plan Castello y que en torno a ese conjunto de obras a distribuirse en las distintas regiones de la provincia transitarán las principales acciones de su gobierno.
Contrariamente a lo que muchos pretenden no se abordará la cuestión de establecer alianzas con otras fuerzas políticas postergándose esas decisiones para mucho más adelante, cuando estén dadas las condiciones.
Como se sabe la posibilidad, de que el partido federal pueda formar parte de una alianza con otras agrupaciones es una variante que se considera como hipótesis, como lo es también una eventual reforma de la ley electoral, temas que se encuentran todavía en la categoría de pareceres y opiniones.
De todas maneras no habrá nada nuevo bajo el sol después del encuentro de JSRN, pero sí la ratificación de potenciar la gestión de gobierno, ratificando aquellos de “en cada lugar siempre”, y en seguir disputando roles protagónicos en la política rionegrina.
El enigma del senador Miguel Pichetto
Uno de los enigmas de la política rionegrina lo constituye el senador nacional Miguel Ángel Pichetto, ex candidato a gobernador de Río Negro en dos oportunidades, desde hace varios años titular del bloque de senadores nacionales del FpV y hoy figura nacional del justicialismo.
Este abogado bonaerense convertido en rionegrino por adopción, provincia donde completó el “cursus honorum” que los romanos exigían a los dirigentes políticos: concejal e intendente de Sierra Grande, legislador provincial, candidato a gobernador y ocupante de una banca en el senado nacional.
También se dio el lujo de ser el fundador de la Universidad Nacional de Río Negro y de haber conseguido las partidas presupuestarias para esa casa de estudios que ya tiene gran parte de su infraestructura construida y estudian en sus aulas más de 8 mil alumnos.
Pichetto es un dirigente de muy buena formación cultural y de copiosas lecturas, virtudes a las que ha sumado una gran experiencia obtenidas en su conocimiento y trato con políticos y mandatarios extranjeros y su relación con lo más altos planos de la realidad institucional del país.
Desde su privilegiada posición sirvió de nexo entre los gobiernos rionegrinos y el poder central influyendo y facilitando gestiones. Pichetto no escapó a las coyunturas paradojales de la política, y se presentó dos veces como candidato a gobernador (2007 y 2015) y no pudo obtener el aval de sus comprovincianos, ni tampoco del total de la dirigencia del PJ rionegrino, algunos de cuyos actores tuvieron la actitud del Judas Iscariote sin escrúpulos y a la vista de todos.
Pichetto es en la actualidad un relevante dirigente del justicialismo y es el nexo entre el bloque de senadores nacionales del FPV con un importante conjunto de gobernadores de lo que se denomina el Peronismo Federal, ubicado en una oposición de apoyo y crítica moderada frente a la administración del presidente Macri.
Es un hombre de la política reconocido por los más importantes medios de comunicación de la Capital Federal y es habitual su presencia en los despachos más importantes de la Casa Rosada.
Pero Pichetto tiene el corazón en Río Negro, vive sus problemas, se preocupa por sus destinos, habla con su dirigencia pero está geográficamente lejos de estos pagos norpatagónicos.
Algunos dirigentes y compañeros de lucha en el justicialismo están insinuando la puesta en marcha de un operativo clamor para que se reintegre activamente a la política rionegrina. ¿Qué hará en definitiva Miguel Pichetto?
Ese es el enigma, por cierto singular, que plantea una figura tan valiosa como controvertida, en una provincia que necesita conformar una clase dirigente del mejor nivel. (APP)
