El diablo patagónico/Por Juan Raúl Rithner y Ana María Menni*

 

Viedma.- (APP) El Diablo, entidad tan antigua como el mundo, posee un rasgo que lo hace muy atractivo: el poder del conocimiento. Ésta es una de las múltiples razones por las que, a lo largo de la historia de la literatura, todos los grandes autores han escrito sobre él.

Pero en nuestro mundo contemporáneo opera otro de los atractivos del Diablo: el dominio del Mal. No hace falta decirlo pero, últimamente, el mal reditúa mucho más que el bien, y la ignorancia más que el conocimiento.

Fuera de las ironías, sabemos que en el ámbito de las creencias, el Diablo es multiforme, ubicuo y conocido de muchas maneras. Mefistófeles, Mandinga, el Amigo son una mínima muestra de los nombres útiles para invocarlo, adorarlo, temerlo o enfrentarlo.

Huecú, Huecufu o Gualicho son algunos de los nombres con que aparece en el panteón mapuche y criollo de la Patagonia pero ¿con cuál nos quedamos? No cabe duda. Como dice Casamiquela,  el Gualicho «es el genio maligno por excelencia en el ámbito pampeano-patagónico desde hace largos siglos». Los otros son espíritus malignos pero de carácter instrumental.

Alguien ha dicho que el Diablo «es el dolor de Dios». El miedo que inspiran las historias con diablos es una síntesis de los temores que nos ocasiona no sólo todo lo diferente sino el temor a los aspectos ignorados de nosotros mismos.

Cada uno tiene su experiencia de demonios personales, y algunas personas han querido compartirlas con nosotros.

Nos contaron que en la Patagonia no faltan las Salamancas.  Nos hablaron de una en Buta Ranquil en el norte de Neuquén, de otra en Ingeniero Jacobacci en la Línea Sur de Río Negro.  Recordemos que se llama Salamanca tanto a la reunión u orgía en la que confraternizan brujas, demonios y almas condenadas como a la cueva en la que esa orgía se realiza. Además, pueden entrar es en la cueva todos aquellos que quieren adorar al Diablo o hacer pacto con él.

Los que hacen pacto son «agraciados» con determinados beneficios, bienes o dones de diferente naturaleza. Pueden ser espirituales y permitir, al que pacta, convertirse en el mejor guitarrero o adquirir dones para enamorar u obtener bienes materiales o poder.

Resulta difícil concebirlos como «dones» porque su costo es demasiado grande y en ocasiones, los incautos, en su ambición y debilidad de espíritu, no alcanzan a comprender la monstruosidad en de su compromiso que es nada más ni nada menos que la entrega del alma el día de su muerte, como pago de la deuda.

Más difícil de entender aún es que quién pacta con el Diablo no necesariamente se compromete personalmente sino que compromete a otros, a sus seres queridos.

En efecto, en Las Ovejas, en el norte de Neuquén, Anselmo nos contó la historia de un personaje importante del lugar que fue entregando sus hijos varones al Diablo.

En otras versiones se subraya el hecho de las consecuencias del pacto para los deudos del pactante. En Ingeniero Jacobacci nos han relatado que después de la muerte de alguien que había hacia alcanzado gran poder y riqueza de forma inexplicable, de igual manera, es decir, inexplicable (inexplicable?) sus familiares habían ido perdiendo la herencia: Una epidemia, una nevada imprevista e inmensa que terminó con las ovejas y las chivas, accidentes… En fin, calamidades sin término que sólo se comprenden cuando se sabe que fueron causadas por la acción del Mal.

EL CABALLO DEL DIABLO

+Don Calfín, de Ingeniero Jacobacci, asegura que es blanco y no negro el caballo del Diablo. Tan blanco como los caballos blancos ¿blancos? ¡que la memoria y la imaginación popular hicieron blancos! de Zapata, Sandino y Moreira, entre otras figuras de intensa raigambre popular. Tanto en la historia de los movimientos populares americanos como en la de los «bandoleros sociales» (1) de Europa, Oriente y América, abunda el acto de adjudicación de un caballo con belleza y rasgos particulares a estos personajes que, desde lo extraordinario o desde la leyenda, forman parte vertebral del imaginario de la cultura popular.

+Ropas negras y opacas, negrísimo poncho de Castilla cubriendo su cuerpo y parte de su rostro, el Leche’vinagre que aparece con frecuencia en los cerros de la zona que circunda la ciudad de Chos Malal, monta en caballo negro con enseres de plata.

+Negro el caballo del Diablo en el recuerdo de un hombre memorado, a su vez, por uno de sus hijos. Fluye la historia cuando, en la rueda, surge el tema de la existencia de salamancas en todo cerro solitario que se levante en alguna planicie y al mencionar, otro del grupo, al cerro Michacheo:  «Bah, mi papá me contaba que él había estado ahí y que todo lo que se encontraba era araña, víbora, todo bicho… y que el que había estudiado brujería y se recibía de lo que había estudiado, a las 24 horas se tenía que morir uno de la familia, uno de los hijos, el hijo o la esposa. Y que él sabía de uno que entregó la hija mayor. Se recibió y antes de las 24 horas se le murió. Él se volvió loco, lo tuvieron internado, decía que había estado allá en el cerro Michacheo y nombraba a la persona que lo había llevado. Este hombre tenía mucho coraje y decían que el Diablo se aposenta en el que tiene mucho coraje. Cuando ya se iba a morir, el Diablo sale de él y se ve que el Diablo quedó sólo, suelto, y se ve que quiso aposentarse en el hijo mayor y como el hijo mayor no quiso recibirlo, se murió. Y después se aposentó en una de las hijas. También murió la hija. Y parece que ahora se aposentó en la más chica, que ella tiene el poder ahora…

«Si ella quiere sacárselo tiene que entregar al hijo o a la hija para que el Diablo no quede sin tener donde aposentarse… Mi papá se llevaba un rezo y cuando lo veía pasar lo decía para sacarlo a correr.

«Todo de negro, pasaba, el sombrero, todo. No se le podía ver la cara. La cara no se le veía.., pero sí se le veía el caballo y la ropa negra. Lo veíamos pasar nosotros cuando éramos chicos. Por eso es que creo en que es verdad el Diablo y que en el cerro Michacheo se puede estudiar brujería, que ahí dan clases los brujos…

PODERES QUE VAN Y VIENEN

Este poder del Diablo, tan ligado al Mal y al acceso al Conocimiento, es un poder que viene y que también, con igual facilidad, se va y desaparece…

Se trata de un poder, o de poderes, ligados al beneficio personal, a la inequidad en el reparto social, a un concepto de maldad vinculado fuertemente con la injusticia y el abuso de unos sobre otros aunque, eventualmente, con el dominio de la Naturaleza y con la capacidad de sanación…

Vayan algunas historias que se escuchan en tierras patagónicas y que ilustran estas afirmaciones…

BRAMIDOS DE VIENTO Y HOMBRE

El hombre brujo don Braulio bramaba como braman los toros en celo. Sus bramidos resonaban en la noche y estremecían al viento que empezaba a envolverse en remolinos, al escucharlo.

¿Era don Braulio quien anunciaba esos remolinos o era él quien los producía con sus bramidos de desesperanza, soledad y dolor?

Se cuenta en diversas localidades del norte neuquino que era su madre la que le había pasado el poder antes de morir y, como todo poder que se recibe, debe ser pasado a alguien. Ermitaño, temido, solitario, don Braulio no conocía de amigos ni de mujeres. ¿A quién pasarle su poder de comunicarse con el viento y enardecerlo?

Dejaron de verlo por un tiempo. Se empezó a rumorear que el viento lo había llevado con él y para siempre.

Algunos se atrevieron a ir hasta el rancho donde vivía. Lo encontraron colgado de una viga del techo, con los ojos abiertos, endurecidos y fijos en la ventana cuyos postigos golpeaban sin cesar.

El poder se había liberado de su dueño y había vuelto al viento que no necesitaba compartirlo con ningún humano para retenerlo.

En los alrededores de Buta Ranquil, noroeste de Neuquén, son cada vez más frecuentes y más intensos los remolinos…

EL GRANDOTE DEL BARRIO PAMPA

El sol, afuera, atraviesa los grandes ventanales y ciega la vista.

Un maestro neuquino de la periferia de la capital de Neuquén recuerda y cuenta…

«Por allá por los años setenta, no había tantas casas acá en el barrio Pampa sino que había ranchitos nomás… En una parte detrás de donde está ahora el Centro Comunitario, había una tía mía que tenía una casita de adobe, toda de adobe.

«Ahí se aparecía un hombre cuya altura pasaba los cuatro metros.

«Se afirmaba en la carga de la casa, vestido de blanco y con un cigarrillo en la boca. Siempre que lo veíamos, se aparecía de blanco y

apoyado en la carga de la casa. Lo llamábamos El Grandote.

«Tratábamos de llegar a él y no podíamos. Nosotros siempre pensamos que en esa casa había algo o hubo algo, un entierro o un

espíritu de alguna persona que iba ahí».

EL SANTO DE BUTACO

Quien se detenga en su viaje para admirar la imponencia del volcán Tromen, al sudeste del lago que lleva su mismo nombre, tal

vez puede estar necesitando «soilcitar una manda».

Ha arribado al lugar oportuno.

Llegado a la ladera izquierda del cerro, deberá bajar por la picada.

Arroyo y algarrobos le servirán como guía y así podrá llegar hasta el paraje Butaco.

Allí, se cuenta en la zona, vive un hombre a quien conocen como «el santo vivo de Butaco».

Cuenta un abuelo de El Cholar que años atrás sus piernas habían quedado inmóviles. Fue a ver al «santo vivo». Apenas abrió la tranquera de la casa de este Serafín Urra Milagros, sintió un impulso por levantarse. Lo hizo casi de un salto y descubrió firmes sus piernas. Había sanado.

Este abuelo y varios lugareños más, sin embargo, hacen una recomendación que, imaginarios rasguidos de guitarra en el aire,

podríamos decir (o cantar) así:

«Téngalo siempre presente:

si le concede la manda,

cúmplale con lo que, al santo,

usted le dio por palabra».

(1)       El concepto de «bandolero social» fue acuñado por Eric Hoshbaum para referirse a una «forma primitiva de protesta», de carácter prepolítico, que se distingue del mero bandido porque éste carece del carácter político distintivo de aquél. Este sujeto social aparece en muchas sagas históricas de diferentes países, asociado a una visión justiciera, venerado por el pueblo y temido por los poderosos. Hugo Chumbita, al mirar hacia el interior de nuestro país, lo considera una forma de respuesta a la ley de la Conquista y a la manera cómo se organizó y se ejerció el poder, avasallando y destruyendo lo que encontraba a su paso, y afirma que aún siguen «perpetuándose las grietas entre el orden formal y la cultura popular disidente».

* Del libro “La Patagonia tiene luces”, Manuscritos Libros, 2004. Juan Raúl Rithner, reconocido escritor, docente e investigador de la literatura y las leyendas de la región, falleció en junio del 2016

 

EL DIABLO Y EL AMOR/Por Claudio García

 

El diablo no crea nada

Sólo sabe hacer el mal

Mi amor tiene de diablo

Amar por el solo amar.

 

Diablo con forma de lobo

Diablo de caninos grandes

Diablos que nunca se ven

Diablo blanco entre los Andes.

 

Cuando te amé yo fui diablo

Con fuego en todo los dientes

Apunté a tu corazón

Para clavar mi tridente.

 

El diablo nunca se sabe

Si viene con la mujer

Por las dudas yo te amo

Con zapatos en los pies.

 

El amor corre más rápido

Que diablo buscando atajo

Al amor le doy sosiego

Y al diablo ristra de ajo.

 

Lo llaman Gualicho al sur

Y en el norte Sombrerudo

Lo llaman Chambeco en Chile

Y en Brasil el Mulambudo.

 

El diablo viene con vino

Y otro viene con virtud

El amor que está entonado

Goza de buena salud.

 

Diablo con olor a azufre

Diablo con ropa de tierra

Quién diablos trajo un amor

Acompañado de suegra.

 

Mefistófeles me suena

A diablo medio burgués

Cuando se presenta un diablo

Yo lo llamo Lucifer.

 

Yo siempre quise ser santo

Nunca cometer pecados

Y terminé dando el quiero

A un amor endemoniado.

 

Hay amor de contrabando

Y amor donde hay que pagar

Pero el amor que es más diablo

Es el que nunca se va. (APP)