El endeudamiento y el ajuste ortodoxo fondomonetarista siempre terminó en un derrumbe económico y social/Por Caudio García

 

Viedma.- (APP) El kirchnerismo le dejó al macrismo la mejor transición en democracia de un gobierno a otro, en todo sentido, aunque ahora insistan con la “posverdad” de que heredaron una mala situación y que la crisis que estamos viviendo es consecuencia de lo que dejó Cristina-Kicillof.

Es el gobierno de Cambiemos que al retornar al neoliberalismo, a un ciclo de endeudamiento y ajuste ortodoxo, como plan de negocios del capital financiero y de los sectores más concentrados del establishment económico nacional e internacional, tiró a la basura índices macro y micro, económicos y sociales, muy favorables que regían al 2015.

En dos años y seis meses Cambiemos no mejoró un solo índice, los agravó todos, incluso la inflación y el déficit fiscal que supuestamente son las primeras cosas que ordena un programa hijo de las recetas imperiales.  Tuvo un logro sí, encabezamos el ránking de países que más se endeudaron en tan poco tiempo. Ni siquiera resistiría Cambiemos –saliendo de los estrictamente económico- un debate en serio, no manipulado y mentiroso, sobre cuestiones republicanas e institucionales, y la meneada corrupción. Todo para atras, y ahora en el pico de una corrida cambiaria, devaluación acelerada y fuga de divisas al exterior, se vuelve a anunciar un “salvataje” del FMI, lo que movería a risa si no fuera por el drama que estamos viviendo y que seguramente se agravará. El FMI siempre hundió, no salvó.

No se trata de ser pesimista, pájaro de mal agüero, ni mucho menos golpista. Se trata de haber aprendido de nuestra historia. Si unas recetas se aplican una y otra vez de determinada manera y termina de la misma forma, no tengo por qué pensar que ahora será distinto.

Todo ciclo de endeudamiento y plan ortodoxo de la economía culminó en un derrumbe económico social. El más doloroso lo vivimos en el 2001, luego de los “salvatajes” del blindaje y el megacanje, que resuenan como un eco en el mensaje de hoy del presidente Mauricio Macri.

Recordemos. En la dictadura, con José Alfredo Marínez de Hoz en el Ministerio de Economía, se puso en marcha un modelo de retiro del Estado como regulador y actor principal de la economía, acumulación centrada en el endeudamiento externo y valorización del capital financiero. Creció la deuda externa a niveles nunca pensados hasta ese momento, se endeudó a las empresas estatales –se las usó como vehículo de endeudamiento externo- y también se lo sumó al sector privado, lo que llevó a que en 1982 –en defensa siempre del capital- se estatizara la mayor parte de la deuda privada a través de seguros de cambio (el “primer logro” de Cavallo en sus inertvenciones públicas)..

Este esquema se profundizó con la convertibilidad menem-cavallista y las políticas de apertura y desregulación financiera, el endeudamiento creciente para mantener el ficticio 1 a 1, y la privatización o remate del capital estatal acumulado por décadas.

El gobierno de la Alianza  intento mantener una convertibilidad que ya estaba muerta, y por resignarse a una lógica fondomonetarista y neoliberal, fue profundizando la crisis. En el medio, los sectores populares derrotaron el ajuste macroeconómico de López Murphy, que incluía un drástico recorte de los recursos del Estado, rebaja de haberes y jubilaciones, así como de fondos a las provincias y al sistema educativo y universitario, entre otros. En lugar de apoyarse en los sectores populares para ir a otro modelo alejado de las recetas del Consenso de Washington, De La Rúa trajo de vuelta a Cavallo y potenció el endeudamiento externo con acuerdos como el blindaje y el megacanje –entregados con fuertes condicionamientos de los organismos internacionales de crédito, empezando por el FMI-, que desembocaron en probablemente la peor crisis que atravesó nuestro país.

Después vino otra historia, un modelo nacional y popular, heterodoxo en lo económico, se saldó la deuda con el FMI precisamente para no ser condicionados por los imperios, alcanzándose, primero con Néstor y luego con Cristina, una gran ampliación de derechos, una baja de la desocupación que no llegaba al 6% en el 2015, la recuperación de herramientas centrales por parte del Estado para intervenir en la economía, y volcar ingresos de los sectores con mayor rentabilidad a la industrialización, crecimiento de la economía –menor en los últimos años de Cristina por la crisis internacional, todavía no cerrada, del 2008-, pero siempre con crecimiento al fin y protección del trabajo argentino. Había problemas, los había, pero, para graficar cómo Cambiemos rifó los logros alcanzados en tan poco tiempo, baste recordar que al final del kirchnerismo la principal demanda de los trabajadores organizados era Ganancias, y la de la clase media, las restricciones a la compra de dólares, y la cantinela de la corrupción alimentada por los grandes medios. El sociólogo británico Daniel Ozarow, que había estudiado nuestra economía hasta el estallido del 2001, graficaba sobre la “década ganada”:  “…el proyecto kirchnerista fue darles voz a los que la estaban reclamando en las calles durante aquellos tiempos extraordinarios (se refiere al 2001). Y lo lograron con bastante éxito porque después de doce años con el Plan Jefes y Jefas del Hogar, el Plan Manos a la Obra para microemprendimientos, el Trabajar para cooperativas, el Conectar Igualdad para que los niños tengan acceso a internet y a la información, y la Asignación Universal por Hijo, impulsaron políticas de inclusión social que llegaron a 8 millones de personas”.

“Es el modelo, estúpido”, habría que decirle a quienes se preguntan ahora por qué estamos atravesando una fuerte crisis y un presidente anunciando, 12 años después que Néstor saldara la deuda con el FMI, volver a financiarse con un préstamo de ese organismo. Préstamos que, como ya vivimos, financiarán una última etapa de la fuga de capitales pero no permitirán aliviar nada de la economía real.

Con un modelo nacional y popular, el kirchnerismo obtuvo un mayor margen de autonomía y soberanía nacional frente a los acreedores externos, y con ello mejores condiciones en todo sentido en el país, tanto si nos referimos a la calidad de vida de sus habitantes como a condiciones básicas para el desarrollo, más allá de errores y déficits que jamás se iban a arreglar con recetas ajenas al propio modelo elegido. Con un modelo de endeudamiento y ajuste ortodoxo que se puso en marca en diciembre de 2015 se está repitiendo lo que ya vivimos con la dictadura, el menemismo y el gobierno de la alianza, y vamos a terminar –me gustaría estar equivocado- de la misma manera, con un derrumbe económico y social –ya el endeudamiento nacional macrista, que se extendió a las provincias, lo pagarán varias generaciones- cuyas consecuencias no se pueden predecir en su totalidad. (APP)