Viedma.- (APP) El extenso y significativo título de “Tendal de voces en torno al suceso de tres viejas borrachitas detenidas en el barrio Del Progreso” corresponde al relato con forma poética del escritor patagónico Jorge Spíndola, que en versión teatral se está presentando en estos días en Viedma, con los actores Gabriel Abayú y Carlos Irazusta, bajo la dirección de Hugo Aristimuño, también responsable de la adaptación a la dramaturgia.
La historia es mínima: tres mujeres que deambulan por el barrio, se emborrachan, se cuentan sus historias de dolor y abandono, roban gallinas para hacerse un puchero y se divierten gritando algunas cosas que resultan ofensivas para “la moral y las buenas costumbres”, lo que da lugar a la violenta intervención policial y la detención de las tres viejas. Pasó de verdad, pasó una vez en algún barrio de las afueras de una ciudad patagónica, y puede volver a ocurrir en cualquier momento. Porque la pobreza y el desamparo son moneda corriente, teniendo como víctimas preferidas a los niños y los ancianos.
Uno puede tomar la anécdota para la risa, “decían pavadas, se levantaban las polleras para mostrar sus culos caídos”. Quizás puede enfadarse (con las tres mujeres, con la sociedad que las parió) y reclamar que “alguien tiene que hacer algo para que esas tres viejas no anden por la calle dando lástima de ese modo”.
Pero no. Spíndola no permite adoptar la cómoda indiferencia de espectador de televisión, y el tándem Aristimuño-Abayú-Irazusta le da una vuelta más de tuerca a la cosa, porque la obra se convierte en una dura interpelación al público que llena la breve sala del teatro “La Lunera”, en la manzana histórica viedmense.
“De lo que aquí se trata es que estas comadres son ancianas que están locas y solas, date cuenta: viejas, locas y solas” advierten el escritor y uno de los personajes, encarnado por Irazusta.
“Sus mentes tropiezan en el cielo, el pensamiento cae sobre sus lenguas, como un golpe de vidrios explotados. ¿De qué van a hablar, si el viento de la locura ahora sopla por sus boca?. ¿No ves sus lenguas azotadas como trapos” subraya Spíndola en el impecable poema-relato que forma parte de su antología personal “Perro lamiendo luna”.
No hay tiempo para reflexionar. No lo permite la sucesión de imágenes cargadas de tristeza, desgarradoras e inquietantes, compuestas en un ágil desfile de situaciones y personajes compuestos por Abayú e Irazusta, con austeros recursos de vestuario, iluminación y utilería.
Uno se queda apesadumbrado, al borde del desconsuelo. Si la puesta fuese realista, en un formato teatral tradicional, tal vez algún miembro del público se abalanzaría sobre el escenario para rescatar a una de las viejitas de los golpes del policía, como se cuenta que ocurría en la escena final de Juan Moreira cuando está a punto de ser asesinado por la espalda por el sargento Chirino. Es tanta la violencia que consume a las tres pobres viejitas, que uno baja con bronca las escaleras que conducen a la calle.
Con acierto Aristimuño crea de un clima campesino, descriptivo del ámbito original de las tres pobres viejitas, con hábitos y necesidades bien distintas a la vida urbana.
Para esa finalidad introduce los “mensajes al poblador rural” , en la voz de Abayú caracterizado como un artificioso locutor radial. Estos mensajes fueron analizados por el propio Spíndola, en un interesantísimo artículo de tiempo atrás, calificándolos como una forma de “oralitura” (término que le toma prestado al poeta chileno Elicura Chihualiaf ) “que cuestiona nuestro fetichismo por la escritura; un oralidad ancestral que aún es soporte cultural, puente de diálogo o mixtura de voces; un mestizaje de lenguas y de tiempo que se realizan en ella”.
De esta forma la interpelación de las tres viejitas locas y solas, su sencillo y profundo drama desafiante las formas sociales “aceptadas”, y el cuestionamiento a la discriminación que sufren, se ubican en un marco social poblado de mensajes que aceptan y difunden condiciones de sometimiento y sordos reclamos por la igualdad de oportunidades.
La puesta viedmense de “Tendal de voces en torno al suceso de tres viejas borrachitas detenidas en el barrio Del Progreso”, por el Teatro del Viento dirigido por Hugo Aristimuño, constituye un hecho sobresaliente de integración en el ámbito cultural regional patagónico. Porque el texto se inspira en una episodio policial ocurrido en Trelew, pero su autor –Jorge Spíndola- vive alternadamente entre Comodoro Rivadavia (Chubut) y Valdivia (Chile).
