Hacia el aborto legal, seguro y gratuito/Por Claudio García

 

Viedma.- (APP) El Congreso se encuentra a las puertas de plasmar en una ley  la posibilidad a toda mujer de la interrupción voluntaria del embarazo.

Una sociedad democrática que avanza en la conquista de derechos debe reconocer entre los fundamentales el respeto a la mujer que decide interrumpir un embarazo no deseado. Es una decisión personal y por eso se debe respetar la autonomía reproductiva de la mujer. Como se ha fundamentado en los países donde se ha despenalizado el aborto, “restringir el acceso al aborto es una manera intolerante y discriminatoria de entender las relaciones entre las personas, la sexualidad y la autonomía de las mujeres, que no corresponde al desarrollo de una sociedad democrática”.

En una sociedad democrática, con un Estado que debe ser aconfesional o laico,  las leyes y las políticas públicas no deben recibir injerencias de ningún precepto o código moral religioso, debiéndose guiar por el respeto a los derechos humanos y, en lo que concierne a la vida sexual y reproductiva, a los derechos sexuales y reproductivos.

El dictamen único alcanzado a favor de la despenalización -un proyecto que unifica distintas iniciativas- contempla la posibilidad de permitir -a demanda- el aborto antes de las primeras 14 semanas de gestación, que a mi juicio es correcta porque se fundamenta en bases científicas. Hay un libro de Carl Sagan  editado en la Argentina hace muchos años, en 1987, y escrito en realidad más atrás, en 1978,  “Los dragones del edén”, que resume mi postura en este sentido, de acuerdo a la información a la que he accedido de aquí y allá. Sagan en uno de los capítulos desarma con sólidos argumentos el trillado «derecho a la vida” que esgrimen los sectores conservadores y fundamentalistas, religiosos o no, y  explica científicamente en qué momento puede determinarse que el feto tiene condición de ser humano, es decir, la base racional para ponernos de acuerdo cuándo un feto adquiere la cualidad humana básica, que no es otra cosa que la inteligencia.

Sagan señala con razón que la frase “derecho a la vida” constituye un ejemplo claro “de expresión altisonante concebida para impresionar más que para aclarar las cosas”. Explicó que “ni hoy ni nunca ha existido en ningún país de la tierra el derecho a la vida (…). Criamos animales domésticos para luego darles muerte, destruimos los bosques, contaminamos ríos y lagos hasta causar la muerte de toda la fauna piscícola, cazamos venados por deporte, leopardos por la piel y ballenas para preparar comida para los perros, atrapamos a los delfines boqueantes ys emiaxficiados, con grandes redes del ripo utilizado para la pesca del atún, y sentenciamos a muerte a los perros cachorros para equilibrar la población. Todos estos animales y vegetales están tan vivos como nosotros. Lo que muchas sociedades humanas protegen no es la vida, sino la vida del hombre, y aún así desencadenamos guerras con medios modernos que causan estragos en la población civil y que suponen un tributo tan escandaloso que muchos de nosotros ni siquiera nos atrevemos a entrar en su consideración. A menudo se intenta justificar este genocidio acudiendo a una redefinición racista o nacionalista de nuestros oponentes que no les reconocemos siquiera la condición de hombres”.

Sobre esto podría agregar también el doble estándar de los sectores conservadores  que se llenan la boca hablando del “derecho a la vida” al ponerse en contra de despenalizar el aborto, pero a la vez avalan la pena de muerte o la represión a mansalva del Estado y el llamado gatillo fácil, como ha sido claro recientemente con el presidente Mauricio Macri que aunque dio su aval a que se debata la despenalización del aborto –como una más de sus repetidas instalaciones mediáticas de temas para desviar la atención el desastre económico y social en que está dejando el país-, se manifiesta en contra por estar “a favor de la vida”, a la vez que recibió en la Casa Rosada a un policía que mató por la espalda a un joven ladrón que ya se encontraba indefenso, en un claro mensaje que no necesita explicación, y avaló el accionar represivo de fuerzas federales que generaron muertes, una de ellas también un claro asesinato por la espalda a un joven desarmado.

Sagan continúa refiriéndose al tema con claros fundamentos racionales: “(…) el argumento acerca de la capacidad del cigoto para dar vida a un ser humano me parece sumamente endeble. En circunstancias propicias cualquier óvulo o esperma tiene ese mismo potencial. Con todo, ni la masturbación ni las poluciones nocturnas del varón suelen conceptuarse como actos antinaturales merecedores de una condena por asesinato (…) Por si esto fuera poco, es posible que en un futuro no muy lejano podamos dar vida a un ser humano a partir de una sumple célula tomada práctiucamente de cualquier parte del cuerpo del donante, Si ello es así, cualquier célula del organismo debidamente preservada hasta el momento en que la gestación extracorpórea se lleva a la práctica con garantías puede llegar a convertirse en un ser vivo (…)”.

En cuanto al tema en cuestión de determinar en qué momento el feto puede considerarse un ser humano, Sagan escribe: “Es indudable  que la humanidad de un ser no viene determinada por el hecho de que sea capaz de sentir dolor o emociones intensas, ya que entonces deberíamos extender este criterio a los animales a los que damos muerte gratuitamente (…) la cualidad humana básica no puede ser otra que nuestra inteligencia. Si lo consideramos así, la inapelable inviolabilidad de la vida humana puede identificarse con la evolución y la presencia del neocórtex. No podemos exigir que se trate de una evolución plena porque ésta no se produce hasta muchos años después del nacimiento, pero tal vez podríamos determinar que el tránsito a la fse humana acaece en el momento en que se inicie la actividad neocortical tal como viene registrada por la electroencefalografía del feto. La observación de algunas funciones biológicas muy simples nos ofrece indicativos del momento en que el cerebro cobra un carácter específicamente humano”. Sagan aclara después, de acuerdo a las investigaciones de la época (ahora, más de 30 años después, hay más precisas), el momento de transición habría que fijarlo hacia el término del primer trimestre o próximo al inicio del segundo trimestre del embarazo (…)”. Comparto entonces que la clave respecto a cuándo debe estar el corte entre la despenalización y la prohibición la da el momento en que comienza la actividad neocortial del feto, que hoy por hoy para la ciencia se corresponde en esto de las 14 semanas de gestación que marca el proyecto presentado en el Congreso con mayor adhesión. (APP)