Viedma.- (APP) Si hay una institución gubernamental cuyo pasado merece ser conocido por todos los comprovincianos es la policía del ex territorio nacional de Río Negro, antecedente histórico e institucional de la actual fuerza de seguridad y las otras de los ex territorios nacionales.
Fue la época cuando las distancias resultaban casi infinitas, como consecuencia de las difíciles comunicaciones, y los agentes del orden público se desenvolvían en condiciones de trabajo muy precarias, sumamente desfavorables y prácticamente desprotegidos por los mismos gobiernos que servían con singular vocación.
Uno de aquellos funcionarios que dejó su impronta en la institución fue un vecino de Viedma, el comisario Juan Serafín Álvarez, quien falleció hace algunos años ya nonagenario, y cuyo nombre lleva la Escuela de Cadetes, como justiciero homenaje a su memoria.
Fue comisario de aquella fuerza policial después de haber integrado el cuerpo Gendarmería Montada instalada en Viedma en 1922. Aparte de su reconocida labor profesional, Álvarez fue el autor del libro “Policía Desamparada”.
En un reportaje realizado por el autor de estas líneas publicado en el periódico “La Calle” en su edición del 16 de diciembre de 1981 Álvarez evocaba la situación de aquella policía en aquella obra “que fue el directo antecedente del estatuto o ley orgánicas de los territorios nacionales aprobado por el congreso nacional en 1940”.
Decía Alvarez que: “En esa época la policía tenía solamente cuatro grados en el escalafón de oficiales y se ascendía por obra de la suerte o la casualidad, ya que se carecía de una ley orgánica que reglamentara las atribuciones, facultades y deberes de esas fuerzas de seguridad. La policía funcionaba entonces por obra y gracia de la Divina Providencia, puede decirse, porque dependía de la voluntad o capricho de los intereses, de las conveniencias o de los vínculos de familia o de amistad, que uno tuviera con el Gobernador o el Jefe de Policía. Porque así como lo tomaban a uno, podían echarlo”.
Sigue diciendo que “por todo ello me fui finalmente de la policía, pero un tiempo antes decidí volcar todas mis dolorosas experiencias en un libro de mi autoría, ‘Policía Desamparada’ cuyo costo de impresión afronté con mis propios recursos y cuyos ejemplares hice llegar diputados y senadores, para que conocieran la situación y reglamentaran institucionalmente, a través de un estatuto o ley orgánica, las funciones de las policías de los territorios y así podrán cumplir al servicio de la comunidad, la defensa de la vida, honor y propiedad de los ciudadanos. Y también muchos camaradas de armas se evitarían en lo sucesivo las amarguras frustraciones que soporté yo”.
El referido libro apareció en 1940 y en sus páginas el comisario Álvarez hace un detallado análisis de la situación, realmente de desamparo, en la que se encontraba entonces la policía de Río Negro. Anticipa en su prólogo que “este libro tiene por finalidad demostrar la urgente necesidad de propender al mejoramiento y vigorización de las fuerzas de policía de los territorios nacionales, y en él se ponen de relieve los factores que incluyen con mayor inquietud oral que hoy predominan en la institución, procurando despertar el interés de los gobiernos para que promueva diligentemente el perfeccionamiento de la rutinaria como anacrónica organización que rige en la actualidad, mediante el estudio y sanción de leyes razonables y justas, que contemplen y resuelvan de manera integral y permanente las necesidades reales de las policías territorianas, reglamentando igualmente, en forma clara y precisa ,los deberes y los derechos de los funcionarios policiales”.
Volviendo a la entrevista periodística de nuestro archivo, Álvarez hace referencia a la repercusión que tuvo su alegato. Y apunta: “Tuve la satisfacción que dos años después en 1943 el gobernador Adalberto Pagano, estando yo retirado, me hizo llamar para pedirme dos ejemplares de ‘La Policía Desamparada’ que le habían requerido funcionarios del Ministerio del Interior, integrantes una comisión especial designada por el presidente Castillo, para analizar la posibilidad de sancionar un estatuto orgánico para las policías de los territorios nacionales”.
Sigue narrando que “esa comisión se disolvió cuando sobrevino la revolución de junio de 1943, pero el libro ya estaba en manos de diputados y senadores nacionales, por lo que se retomaron los estudios que finalizaron en 1946, con un decreto del presidente Edelmiro Farrel, estableciendo el estatuto orgánico de las policías territorianas, luego ratificado por ley del gobierno siguiente.
Desde 1946 en adelante las policísa de los territorios nacionales dejaron de ser desamparadas, cuya voz reivindicatoria hizo escuchar el comisario Álvarez ante los niveles de decisión nacionales. (APP)
