La fuerza es el derecho de las bestias/Por Jorge Castañeda  

 

Valcheta.- En estos aciagos días vemos lamentablemente como imperan en nuestra sociedad deméritos de toda ralea: exacerbando los ánimos, desatando actos de violencia con exabruptos de toda naturaleza, falta de diálogo y de madurez política en la dirigencia, protestas y cortes que perjudican al ciudadano común, insensibilidad e inacción del gobierno nacional, periodistas cargados de intenciones aviesas que en vez de informar desinforman; que no hacen otra cosa más que crear un clima de anarquía muy peligroso para la estabilidad de la democracia.

En su visión magistral el general Juan Perón advertía lo siguiente sobre determinadas situaciones que hoy parecen calcadas en la actual conducción nacional: “Parece que en la República Argentina, cada uno de los que se han encaramado en el poder, no se interesa por la suerte de la Nación sino por su propia suerte. Por eso echan mano a todo recurso, lícito o ilícito, para perpetuarse en la posición que han alcanzado, sin percatarse que cuando la República se hunda, ellos no permanecerán flotando. Este egoísta sentimiento de la propia salvación los ha llevado a agruparse en la disputa por la preponderancia del poder de la fuerza, sin darse cuenta que con ello están destruyendo su único soporte que, por emanar del Pueblo, es endeble de por si para ellos y las injusticias que pretenden imponer. El proceso de descomposición es fatal, por uno u otro camino, porque es muy triste el clima de la injusticia para obligar a un pueblo a vivir sin él”.

Y más adelante acota que “la solución comenzará a venir cuando estos insensatos se persuadan que sin la concurrencia del Pueblo nada se puede hacer políticamente en forma que la Nación tenga algo que agradecer. A la República Argentina hay que “recomponerla” porque prácticamente la han desarmado y descompuesto.  Y todo lo que se ve es el empeño malsano de seguir en la tarea nefasta de descomponerla cada día más. Parece como si la sensatez hubiera desaparecido para ser reemplazada por la brutalidad y la ignorancia”.

“Vano empeño el de los tecnócratas y el de las minorías que se consideran del “elite” cuando se enfrentan al Pueblo, porque en las épocas violentas como la que se vive, son las masas las que deciden y no las élites”.

Si miramos la realidad argentina de estos días destemplados el pensamiento de Perón cobra una actualidad de claridad meridiana.

Y aún va más allá cuando asevera que “para detener la anarquía social se necesita también volver a la confianza perdida, porque si en el orden económico la confianza es indispensable, no lo es menos en el orden social”. Hay que corregir de alguna manera los tamaños desatinos que el gobierno comete y volver nuevamente a empezar”.

El país está atravesando una profunda crisis de valores y hasta el mismo pensamiento político esta devaluado. Tanto en los gobernantes, en los dirigentes y hasta en la mayoría de la prensa de facción (de un lado y del otro) no hay pensamiento trascedente ni intercambio de ideas sino frases vacías de todo contenido e intencionadas, discusiones por temas intrascendentes, agresiones personales y descalificantes y de una inmediatez rampante que alarma.

En la Argentina de hoy no se cumple aquel apotegma que dice: “hablar poco de lo que se sabe y nada de lo que no se sabe”. Hoy día con una total liviandad. Todos opinan de todo.

La crisis argentina –escribió Perón- es esencialmente moral, para enfrentarla y resolverla es necesario reaccionar contra ella y es imprescindible que comience por hacer el gobierno. No es el cambio de ingeniosas perversidades el que ha de conducirnos a las soluciones que los argentinos anhelan, sino el cumplimiento de un  deber que en todos los tiempos ha sido irrenunciable para los que tienen el honor y la responsabilidad de gobernar y no es menos importante que esta misma responsabilidad la sienta toda la dirigencia en general”.

“La Patria espera de todos los argentinos una postura seria, firme y sin claudicaciones”. De otra manera no habrá soluciones.