La gesta de Patagones/Por Omar Nelson Livigni

Viedma.- (APP)  Durante la jornada de aquel lejano 7 de marzo de  1827, los escasos milicianos del El Carmen luchando con singular de denuedo aniquilaron a la flota enviada por el emperador Pedro I de Brasil y arriaron el estandarte de la ultima nave agresora en aguas del río Negro, evitando lo que pudo ser una ocupación del sector geográfico patagónico.

 El pueblo de Patagones, los gauchos de Molina, juntamente con las escasas fuerzas regulares de el Fuerte, y los comandante y tripulantes de las naves corsarias apostadas en su puerto se transformaron así en protagonistas de un hecho de armas tan glorioso como los de Ituzaingó o Juncal, hitos de la historia de aquella guerra contra Brasil, que se llevó a cabo bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia.

 Esa verdadera epopeya colectiva constituye una de las verdaderas efemérides patrióticas del sur, no suficientemente conocida por muchos argentinos.

 Sus efectos fueron decisivos para garantizar la soberanía nacional en estos territorios de la geografía norpatagónica.

La historia

El fuerte de El Carmen o Patagones, nació como consecuencia de las previsiones de Carlos III, rey de España, ante las ciertas amenazas e intentos de población” por parte de algunas potencias extranjeras”.

 El primer hecho fundacional de palo a pique tuvo lugar el 22 de abril 1779 en la margen derecha del río Negro (hoy Viedma). Pero el desborde de las aguas por una fuerte inundación decidió que Francisco de Viedma y Narvaez optara por otro lugar mas seguro y encomendara la posterior erección de una construcción en la ribera sur, emplazamiento que configura hoy la actual Patagones en la provincia de Buenos Aires.

Desde su fundación y durante cien años, fue pese a su aislamiento y soledad, plaza de armas de los españoles, lugar de recalada y aprovisionamiento de los comandantes corsarios al servicio del gobierno nacional en la guerra contra Brasil, avanzada en la guerra contra el indio con la campaña de Julio A. Roca en 1979, como base de operaciones de la Escuadrilla de Ríos, y punto de partida de la gesta salesiana en la Patagonia con  la conducción de los obispos Fagnano y Cagliero en 1880.

 El histórico Combate

El doctor Leonardo Costas, en su obra “Misiones diplomáticas y la batalla de Patagones”, sostiene que en 1827 “Patagones era una pequeña población de 600 habitantes incluyendo en esa cifra a todos los seres humanos de ambos sexos y de toda edad, entre los cuales solo había 189 entre los 15 y los 60 años, aptos por lo tanto para portar armas y desempeñarse como soldados.

 Es importante el dato pues ante la declaración de guerra de 1825, el imperio de Brasil conocía la fragilidad defensiva de Patagones desafectó cinco naves bien pertrechadas que estaban formando parte del sitio de Montevideo para atacar el Fuerte de El Carmen.

El objetivo principal de la misión militar fue destruir las defensas cuyo puerto a pocos kilómetros del atlántico servía de refugio a las naves corsarias que hostilizaban el comercio imperial. Con esa finalidad se envió una flota  con más de 600 tripulantes al mando del capitán de fragata James Shepard, quien “debía demoler la batería del puerto, arrasar la población y apresar o incendiar las naves allí ancladas”. Shepard desembarco con 300 hombres, sobre la margen norte del río Negro, acercándose al Cerro de la Caballada, un  estratégico promontorio, en la madrugada del 7 de marzo de 1827.

 En las inmediaciones fue atacado por los gauchos del baqueano Molina y la caballeria del subteniente Olivera, quienes incendiaron los pajonales y el monte, dispersaron a los atacantes y dieron muerte a su jefe, el oficial inglés Shepard tras los primeros disparos.

 Mientras el comandante corsario Jorge Bynon y otros de sus pares abordaban las naves enemigas que disminuidas por el naufragio de una de ellas, la de principal porte, denominada Duquesa de Goyás, se rindieron incondicionalmente

Patagones hoy

 Hoy la antigua ciudad se ha incorporado al progreso que caracteriza a la gran mayoría de las poblaciones del sur bonaerense y constituye un auspicioso polo de desarrollo agrícola ganadero. Las sucesivas autoridades municipales y directivos del Museo Histórico Regional “Emma Nozzi”, han contribuido con una labor permanente para convertir a la localidad en una celosa custodia de  su pasado y en un singular atractivo turístico y cultural para los visitantes.

 Así, junto a la iglesia parroquial, cuyas torres fueron donadas al pueblo por Ana Bernal nativa de Patagones, esposa del presidente Justo, se encuentran en custodia las banderas brasileñas, arrebatadas al enemigo en los históricos combates de marzo. Y a metros de allí se yergue todavía vigilante la torre del fuerte de El Carmen, atalaya donde según la tradición Ambrosio Mitre, padre del ex presidente de la nación D. Bartolomé Mitre, observó el desenlace y la rendición de las tropas invasoras ante el pueblo  en armas.

 Forman parte de este inagotable inventario las callejuelas del casco histórico que descienden serpenteantes hacia el río descubriendo antiquísimas construcciones, con sus infaltable rejas de hierro, testimonios dela los tiempos de la colonia. O algún patio o con baldosas y naranjos, propios de otros tiempos de peinetas y miriñaques. Después, la calle del bajo, paralela al río, confidente otrora de las incursiones de corsarios como Fourmantin, Soulens, Harrys y otros o alguna lejana referencia que indique el solar donde se edifico la casa de la familia Piedra, los padres de Luis Piedra Buena, el ilustre marino que nació en este pueblo en agosto de 1833 y defendió durante años, la soberanía argentina en los territorios australes.

Todo esto y mucho más encierra el asombroso pasado del poblamiento que alguien denominó alguna vez como “el último puerto de la tierra”. (APP)