Viedma.- (APP) A no dudar, Cambiemos es todavía en Río Negro una entelequia, es la invocación de la utopía, lo que no está en ningún lugar, como aquellas de Moro y Campanella en el Renacimiento, pero que todo el mundillo político potencial usufructuario de esa herramienta imaginaria trata de estimular con los mejores deseos, aunque algunos oportunistas y manipuladores no lo hacen con un sentido de servicio colectivo, sino para atender intereses sectarios o individuales, maniobras que afortunadamente para la salud cívica y la higiene mental de la sociedad, son apreciadas a primera vista hasta por el más inadvertido de los rionegrinos.
Es que no hay ni habrá Cambiemos si después del lanzamiento nacional de esa coalición en Buenos Aires con la participación del presidente Mauricio Macri y en la convención radical de Gualeguaychú, en Entre Ríos, las aspiraciones de esa conjunción política para garantizar la gobernabilidad no se concretan en hechos.
Para algunos observadores la falta de avances significa retrocesos en esta materia.
Ese punto de vista demasiado pesimista no puede desconocer que este tipo de ingeniería interpartidaria no consiste en “soplar y hacer botellas”, sino en la compleja tarea de armonizar intereses y ambiciones, las legítimas y aún de las otras -porque hay de todo en la viña del señor-, para llegar después de demostrar una olímpica paciencia, al producto final.
El PRO no habría logrado consolidar definitivamente su estructura en Rio Negro, porque si bien nació a partir de la succión del PPR, el punto real de partida fue desde cero y es evidente que un nuevo partido no aparece de la noche a la mañana. A ese problema acudió Aníbal Tortoriello en una reunión política en Viedma, donde los comensales, casi todos coincidentes con los lineamientos del gobierno nacional, consideraron que todavía falta fortalecer el PRO en la provincia, aunque reconociendo el trabajo realizado en esa dirección por Sergio Wisky y Juan Martín.
Inconvenientes también tiene por estos momentos la Unión Cívica Radical (UCR), que pese al mérito de haber normalizado el partido y realizado elecciones internas para dirimir sus nuevas autoridades, ha visto reaparecer nuevamente las antiguas fuerzas centrífugas dispuestas a actuar al margen de la conducción oficial y de las estructuras orgánicas.
Como resultado de una reciente reunión celebrada en Sierra Grande, un grupo de intendentes radicales se declaró a favor de conformar un grupo fuera de las normas partidarias para apoyar al presidente Macri, como si ese objetivo fuera diferente al de la conducción oficial que asumió el 6 de diciembre encabezada por Darío Berardi, comprometida con la formación de Cambiemos.
Es difícil interpretar este tipo de actitudes después de los resultados de las recientes internas en el radicalismo, de la que también participaron con todas las posibilidades los intendentes que firmaron el documento. ¿Se alejan porque perdieron la interna o se van porque simplemente no toleran a los que ganaron?
¿Se trata de desconocer la opinión de las mayorías o simplemente un paso adelante para iniciar el camino hacia otros destinos de enrolamiento político?
Mas inteligible es otra frase de los jefes comunales cuestionando indirectamente a Aníbal Tortoriello, cuando sólo reconocen como su representante ante al poder central a las expresiones más autenticas del macrismo, en obvia alusión y sin mencionarlos, a los delegados federales en Río Negro, Wisky y Martín.
En el complejo capítulo que vive la UCR todavía subsisten posiciones refractarias de unos contra otros, fundamentalmente de tipo personal y de exigencias éticas más allá de toda consideración racional. Y hay nombres y apellidos que resultan excluyentes para unos y otros, que son crucificados o excomulgados según desde el ángulo de quién se convierta en juez.
Pareciera que falta una adecuada comprensión de que no hay un límite demarcado con exactitud geométrica, una línea divisoria “a priori” entre el comienzo y el fin de los procesos políticos. Siempre históricamente el poder viejo y el poder nuevo, en cualquier ámbito, tienen tangencialidades hasta que se impone el nuevo torrente que accede al mando y pone las cosas en su lugar.
La necesaria renovación que se espera, con su aporte militante -no diletante- será la encargada del cambio, más allá de algunos aparentes fundamentalismos que generalmente son sinónimo de impotencia política e incapacidad para insertarse en el juego democrático, donde saber perder está entre las prioridades insoslayables de cualquier buen dirigente.
Además, será un buen indicio no adscribir al selecto núcleo de los presuntos infalibles o a la categoría de auto denominados probos sin ninguna mácula y convertirse en el funebrero que se dedica al macabro deporte de contabilizar cuántos muertos tienen los demás en sus roperos, sin fijarse si el propio esta colmado.
La reunión de Viedma y sus rebotes
La cena realizada en la capital de la provincia el jueves pasado en el domicilio del ex ministro radical José Luis Rodríguez fue la tercera consecutiva de un grupo de dirigentes políticos vernáculos, pero alcanzó una dimensión imprevista por la repercusión que le otorgó la presencia de Aníbal Tortoriello, dirigente del PRO e intendente de Cipolletti.
Tuvo repercusión en algunos niveles superiores del partido oficialista por los dichos, opiniones y responsabilidades asumidas por Tortoriello con quienes lo habían convocado: tanto en cuanto haber aceptado su carácter de intermediario de sus anfitriones con la Casa Rosada y la nomenclatura nacional del partido oficialista, como por su decisión de protagonizar con ellos una campaña a favor del PRO en la jurisdicción provincial.
Tortoriello cuestionó en forma moderada pero realista los déficits organizativos del PRO en Río Negro, ante virtuales adherentes y/o eventuales potenciales integrantes del partido amarillo, aunque reconoció la tarea cumplida por Sergio Wisky y Juan Martín, ratificando su idea de organizar una reunión en Cipolletti, el 27 de enero, sumando a los comensales que lo estaban escuchando, para iniciar desde allí una recorrida posterior por las principales ciudades y las regiones de la provincia para ir convocando a las dirigencias locales y multiplicar las perspectivas del PRO.
Seguramente al jefe comunal le habrán llegado las recriminaciones telefónicas efectuadas por dirigentes del PRO que no le encontraron su justificación a su viaje a Viedma y que habrían atribuido a una iniciativa de Bautista Mendioroz de común acuerdo con el abogado Diego Vázquez, secretario de Gobierno de Cipolletti.
Un confidente le comunicó a la agencia APP ese convencimiento con el agregado de que Vázquez “en vez de jugar a la política, debe prestar más atención a las tomas en la ciudad valletana que suman ya casi 20 mil vecinos que no tienen respuestas desde el municipio”.
Resulta demasiado lineal esta última opinión ya que Tortoriello es un empresario con una personalidad definida, lejos de ser un ingenuo, y con una considerable experiencia pública, que llegó a Viedma compartiendo el pensamiento de quienes lo convocaron para recorrer juntos un camino común.
El mismo funcionario aseguró a esta medio que “no hay cuestionamientos hacia Tortoriello por su desempeño político partidario” y que el gobierno nacional “seguirá aportando obras para la ciudad como ya lo ha hecho en el transcurso de este año donde se le bajaron más de cien millones de pesos” aunque se pudo apreciar que esta reciente y rápida gira por el este de la provincia del jefe municipal no fue muy plácidamente digerida en esas capillas.
Por sobre estas palabras y los silencios recogidos por APP, los desplazamientos geográficos anunciados por Tortoriello, por elementales cuestiones de competencia, no deben estar vistos con buenos ojos, porque iniciará en el incandescente 2017 una nueva etapa en el PRO en contacto con su dirigencia y representantes de otros sectores sociales.
En el gobierno de Weretilneck tampoco pasó desapercibido la visita del dirigente cipoleño, sobre todos su manifiesta preocupación por “el creciente endeudamiento de la provincia” y “las difíciles perspectivas financieras para el año electoral que viene”.
Resta saber todavía cuáles fueron los temas abordados con el intendente de Viedma, José Luis Foulkes, con quien mantuvo una prolongada conversación en el edificio histórico de la comuna capitalina. Se presume que abordaron los problemas de Cambiemos, donde hay tribulaciones compartidas entre el PRO y la UCR, agrupaciones que deben ser los pilares de la coalición que no termina de nacer.
No hay que descartar otros encuentros entre los dos jefes comunales teniendo en cuenta que los unen más coincidencias que diferencias.
Una irrupción difícil de entender
Sin que nada lo preanunciará, en la jornada siguiente a la comida de Viedma, un grupo de intendentes radicales, algunos presentes y otros ausentes, dieron a conocer a través de la agencia ADN desde Sierra Grande un pronunciamiento de respaldo al presidente Macri y que se relacionarán con el gobierno nacional por fuera de la orgánica partidaria, a través de los representantes macristas, que por su contenido y en el contexto en que se conoció dejó abierto el camino hacia las más variadas interpretaciones y suspicacias, además una homérica falta de muñeca política y sentido de la oportunidad.
Se caracterizó por asemejarse mucho a una mera operación política sorpresiva e inducida -algunos de los presuntos adherentes han confirmado a APP que se anoticiaron de ese encuentro por las repercusiones mediáticas desmintiendo el hecho-, donde los jefes comunales, ausentes y presentes, habrían planeado por sobre las disidencias del PRO al cuestionar indirecta pero inequívocamente a Aníbal Tortoriello, dirigente de otro partido, por haber decidido representar en Buenos Aires al grupo político de Viedma, revalorizando a los delegados del poder central Wisky y Martín, sin nombrarlos, como sus únicos interlocutores ante el gobierno central.
Los jefes comunales que figuraron como signatarios son el de Sierra Grande, Nelson Iribarren, Yamil Direne de Valcheta, Mariano Lavín de Fernández Oro, Hugo Mansilla de Darwin y Miguel Martínez de Ing. Huergo, participantes en la reunión, y adhirieron sin asistir Hugo Funes de Chimpay y Ángel Zingoni de Guardia Mitre.
Por si fuera poco estos intendentes que concurrieron a las internas de la UCR pretendieron otorgarle un perfil heroico a su identificación con el presidente Macri, una cuestión infantil, obvia y reiterativa porque pertenecen al radicalismo, una agrupación partidaria que está en Cambiemos y pretende replicar esa construcción aquí en Río Negro.
Por otra parte se pudo comprobar que no fueron invitados el intendente de Viedma, José Luis Foulkes, y sus pares Mabel Yahuar de Los Menucos y Carlos Toro de Ingeniero Jacobacci, también identificados con el gobierno nacional macrista, ignorándose hasta el momento cual fue el criterio para dejarlos de lado.
Nadie entiende el por qué de este brusco apartamiento de la conducción oficial del radicalismo provincial, excepto que éste sea el primer paso para buscar otros caminos y emigrar del partido que los llevó a sus actuales funciones públicas.
Si fuera así, se hubiera necesitado incursionar con argumentos mucho más convincentes, sobre todo para consuelo de la gente que alguna vez les otorgó el voto. No hay que olvidarse que hay dirigentes políticos que se caracterizan por mutar su pelaje en los prolegómenos comiciales, y se sabe de algunos que están abandonando paulatinamente su rojo y blanco original para adquirir de a poco un amarillo rutilante.
Ningún intendente de los signados como participes de este “núcleo duro” ha salido a desmentir públicamente su presencia a la reunión o a sus duros conceptos.
La coalición que se hace esperar
Los hechos que se acaban de consignar, donde se mezclan la visita de Tortoriello con la reunión de Sierra Grande, no son elementos dispersos para el análisis, sino que forman parte de una matriz común y de este universo de incongruencias y contradicciones que suele ocupar transitoriamente la escena, sin dejar de mencionar por allí algunos hechos de mala factura o jugadas aviesas que parecen sacudir en forma espasmódica a la UCR y al PRO, como si fueran enemigos, en vez de aliados.
Y que distraidos, por jugadas ínfimas, están lejos del imperativo de dar forma y sustento a Cambiemos que llegará con algún retraso al año que viene.
Mucha agua ha corrido bajo los puentes y nadie puede entender que después de la presencia de los dirigentes radicales rionegrinos José Luis Foulkes y Darío Berardi en Buenos Aires, reunidos con ministros y jerarcas del PRO y del radicalismo nacional junto con Juan Martín, Cambiemos todavía esté en veremos y registra episodios como los comentados que resultan inadmisibles a esta altura del proceso.
Ambos partidos se necesitan y tienen como antecedente la soledad electoral que le sucedió a la UCR en el 2015, con la lapidaria cifra del 3 por ciento de los sufragios, después de haber gobernado Río Negro durante 28 años. (APP)
