Viedma.- (APP) A casi 80 años de la década de 40, recién ahora están surgiendo actores y hechos de aquel pasado que aquí, en el propio escenario de los acontecimientos, pasaron desconocidos para el conjunto de la sociedad territoriana, demostrativos en gran medida de la tremenda distancia existente entonces entre los ciudadanos y el poder.
No era para menos. Al sur del río Colorado -y en otros lugares del país- vivíamos adormecidos por aquel régimen de “democracias restringidas”, diferenciado de las provincias existentes, donde sólo se podía ejercer el derecho al voto para nominar los intendentes municipales
No había legislaturas, ni legisladores nacionales y los gobernadores eran designados por la administración central en Buenos Aires, cuyos defectuosos mecanismos de selección se apreciaba recién cuando llegaban ungidos como mandatarios.
Por lo general, y salvo excepciones, parientes o amigos del presidente de la Nación o alguno de sus ministros que casi siempre delegaban las funciones de sus cargos en los secretarios generales de la gobernación para pasar largas temporadas en la Capital Federal y hacer más llevaderos sus destinos , ajenos y desinteresados del destino y necesidades de sus remotas jurisdicciones
De todas maneras no se puede justificar que para reemplazas a un gobernador con mayúsculas como el ingeniero Adalberto Pagano(1932-1943) ,quienes ocuparon la Casa Rosada el 4 de junio de 1943, optaran por un camarada de armas portador de un tenebroso legajo como el correspondiente al coronel Rodolfo Martín Lebrero.
Es que este oficial que ingresó al ejércitos en el escalafón de Infantería en 1908 y egresó en 1906, ya venía precedido de un inquietante y censurado accionar por su desempeño en Rosario, provincia de Santa Fe , donde le tocó actuar como interventor de la jefatura de policía, y responsable de la represión frente a una importante huelga dispuesta por la FORA en el puerto cerealero que culminó con el fusilamiento de tres trabajadores, dispuesto por quien años después fue nombrado interventor en Río Negro.
Esa ejecución provocó un generalizado repudio de la opinión púbica y hasta de la propia prensa lugareña.
Como ejemplo vale apuntar que el director del diario “Democracia ,”José Guillermo Bertoto, calificó siempre con mucha severidad a los oficiales del ejército que habían estado al frente de la intervención de la policía en Rosario y exigía que junto con Lebrero fueran juzgados por tribunales militares.
Esos hechos sucedieron el 9 y el 11 de setiembre de 1930, llamando la atención su cronología, ya que solo habían transcurridos tres jornadas desde el golpe militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen, inaugurando un prolongado período de inestabilidad institucional en la Argentina y consagrando el fraude electoral en beneficio de las minorías.
Ese mismo periodista en una carta abierta aparecida en “Democracia” del 22 de febrero de 1932, dirigida al teniente coronel Lebrero, lo acusa de “poca cosa, basura, sirviente dela dictadura,” y relata además una visita que realizara en el despacho del militar ,“quien lo amenazó con fusilarlo”.
En una segunda entrevista posterior a los insultos proferidos, aunque resulta muy difícil de creer y aceptar por lo inverosímil, Lebrero admitíó la existencia de los fusilamientos de los tres trabajadores a quienes calificó de “comunistas”.
En los días subsiguientes, en marzo de 1932, Bertoto denunció a Lebrero ante el Juez Tasada como principal autor de las muertes de los trabajadores.
Todas estas noticias nos llegan a los rionegrinos con efecto retardado y quien escribe estas líneas pudo comprobar que para la inmensa mayoría la figura y los actos de Lebrero resultaron absolutamente desconocidos. Esa huelga de Rosario no sólo no alcanzó difusión periodística, sino que los libros clásicos dedicados al sindicalismo como las obras de Marota, Iscaro, Santillan y Ordóñez, entre otros, hacen referencia muy mínimas o nulas de estos episodios del movimiento obrero.
Afortunadamente, un hecho casi casual nos permitió conocer un muy interesante trabajo del periodista santafesino Ricardo Marconi, licenciado en periodismo y posgrado en Comunicación Política, titulado “El primer fusilador”, que significó un reencuentro insospechado con la figura del coronel Lebrero, a quien conocimos aquí en Río Negro como gobernante totalitario e intolerante con las minorías.
A partir del trabajo de Marconi haciendo abstracción de sus cuestionados antecedentes en Río Negro, Lebrero se presenta hoy ante mi motivada imaginación, casi como un”gauleiter”, jerarquía con poderes absolutos que los nazis utilizaban para el gobierno de los países durante la segunda guerra mundial. (APP)
