Lo que va de León a Alejandro Rozitchner/Por Claudio García

 

Viedma.- (APP) Un justo repudio merecieron las declaraciones del asesor y escriba del presidente Mauricio Macri, Alejandro Rozitchner, quien tildó de “ignorante y demagogo” a Luis Alberto Spinetta y, de paso, extendió esos calificativos a todos los artistas populares. En lo único que tuvo razón fue al expresar su convencimiento que el Flaco y la mayoría de artistas populares no tocarían hoy en la Casa Rosada, como si lo hicieron en su momento durante el kirchnerismo.

Hay que hacer un gran esfuerzo para ocuparse de Alejandro Rozitchner como “filósofo”, un título que le queda grande por más que sea licenciado, sobre todo si se lo coloca al lado de su padre, León Rozitchner, él sí un gran filósofo y pensador marxista –aunque alejado de un pensamiento anclado en territorio europeo-, “quien dedicó su producción no sólo al ejercicio de la crítica de los saberes dogmáticos que se cerraban sobre sí mismos y se alejaban del drama cotidiano del hombre sino que, por sobre todo, arriesgó un pensamiento original que proponía una filosofía abierta a la experiencia de lo latinoamericano, a los problemas que tenían el pulso vivo del presente”, como señaló Fernando Bogado.

Particularmente, valoro enormemente como acicates para pensar del Rozitchner padre su “Perón: entre la sangre y el tiempo” y “La cosa y la cruz”, el primero uno de los intentos más profundos  desde un pensamiento de izquierda para entender el peronismo, el fracaso del peronismo revolucionario en los 70 y todo ese proceso teñido de violencia que llevó a la instauración de la dictadura genocida en el 76 (reflexionando a partir de Spinoza, Clausewitz y Freud), y el segundo sobre los “principios complementarios”, metafísicos si se quiere, entre capitalismo y cristianismo, y en base a esto cómo todas las subjetividades religiosas y no religiosas, han sido penetradas por el sistema económico capitalista.

Sus contrapuntos sobre el peronismo también los tuvo con la intelectualidad de la izquierda argentina y su obra es muy profunda como para desdeñarla con algunos latiguillos que lo han colocado arbitrariamente en tal o cual lugar. Calificarlo de antiperonista como hicieron algunos es tan arbitrario como definir a José Pablo Feinmann de peronista, uno y otro, han reflexionado críticamente sobre nuestra historia contemporánea, sobre las ideas y el hombre concreto, sobre los avatares de la lucha por un mundo mejor y más igualitario, en un orbe y un país capitalista y por ende esencialmente injusto y alienante. Coherente respecto a la vereda ideológica donde se ubicó siempre, León Rozitchner reivindicó antes de morir muchos de los logros del kirchnerismo e integró Carta Abierta.

La Biblioteca Nacional reeditó hace unos años toda la obra de León y por supuesto que siempre será más fructífero ocuparse de esa lectura que dedicar tiempo a los desvaríos y superficialidades poco filosóficas de su hijo. Corresponde acotar aquí además que de hecho, y quién sabe por qué cuestiones psicológicas, ha descalificado a su padre con términos incluso más duros que los utilizados con Spinetta.

El propio Alejandro Rozitchner minimiza que sea un filósofo, su formación  es sobre todo “muy rockera y muy marihuanera”, como dijo en una entrevista a La Nación, lo que probablemente explica, por lo segundo, muchos de sus desvaríos.  Está más cerca de los gurúes del amplio mundo new age y en su franca adhesión al macrismo, es decir, a un gobierno de derecha, neoliberal y conservador, trata de justificar con insólitos trastoques del lenguaje y las ideas que las políticas públicas tengan como eje principal resguardar los intereses de los ricos y las corporaciones dominantes.  Su Teoría del Entusiasmo se emparenta más con la Ley de la Atracción y otras supercherías pseudocientíficas que con las sentencias de verdaderos pensadores. Contrasta su Teoría del Entusiasmo con la promoción del pensamiento crítico, que detesta. Algo que también explica su adhesión al macrismo y su “revolución de la alegría”. De hecho, sus declaraciones periodísticas o a través de las redes sociales son muy parecidas a las peores que han dicho algunos ministros y funcionarios de la administración nacional. También en La Nación descalificó a la generación de intelectuales de izquierda de los 70 –donde también estaba su padre- al decir que  “tenía mucho tipo de pelotudeces juntas. Ahora quedaron idolatradas por muchos hijos que no supieron hacer sus vidas”. Para él Carta Abierta –en la que también estaba su padre- es “un fenómeno humorístico”. Cayó en el racismo típicamente PRO al tuitear una vez:  “El muchacho chino que murió en el derrumbe me dio mucha pena, me hizo dar cuenta que a los chinos los quiero un poco”.

En fin, no hay que ocuparse mucho. Sí señalar, que no debe asombrar que Macri tenga su Alejandro Rozitchner, tal como tiene a un Durán Barba. Ambos son manipuladores de la palabra, el neoliberalismo necesita de esto para imponerse, acentuar los mecanismos de enajenación y control social. La Teoría del Entusiasmo de Alejandro Rozitchner como el márketing comunicacional de Durán Barba son claves para imponer una masificación de una cultura embrutecedora, anclada en los valores del individualismo, el exitismo personal y pragmático, el lucro, la mentalidad mercantil y competitiva y el apoliticismo. (APP)