Viedma.- (APP) En el centenario de la creación de la Escuela Normal de Viedma, a manera de recordatorio y homenaje a tan magna fecha trataré de explicar los orígenes de la misma en el marco histórico nacional y regional, tomando como base un breve escrito realizado en 1992 cuando fue el 75° aniversario, e incorporando la opinión de contemporáneos a la creación y una recopilación documental realizada por Don Roberto Abel.
A fines del siglo XIX y hasta la gran crisis de 1930 nuestro país ocupaba los primeros lugares en el mercado mundial como agroexportador y proveedor de materias primas, paralelamente, tuvo lugar el proceso conocido como la Gran Inmigración, por la cual Argentina recibió un cuantioso aporte de población europea, especialmente de italianos y españoles, y en menor escala de otras nacionalidades como alemana, francesa, inglesa, sirio libanesa entre otros, sin olvidar aquellos provenientes de países limítrofes, especialmente de Chile, Uruguay y Paraguay en aquellos años. Este fenómeno impulso importantes cambios en la sociedad, en la distribución de su población, en su composición (estructura por edad y sexo, actividad), en el proceso de urbanización y en la política (surgieron nuevos actores e ideologías entre ellos socialistas, anarquistas, y otros).
Los inmigrantes estaban espacialmente distribuidos en forma desigual sobre el territorio nacional, aunque el mayor porcentaje de esta población eligió establecerse preferentemente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y posteriormente Mendoza, centros urbanos en desarrollo en aquella época, en los cuales desempeñaron tareas en comercios, talleres o industrias. El objetivo por el cual habían arribado era “hacer la América”, es decir progresar económica y socialmente para lo cual emplearon su gran capacidad de trabajo y sacrificios, logrando en muchos casos integrar los sectores medios urbanos, por lo que sus hijos recibieron educación y obtuvieron títulos universitarios que les permitió acceder posteriormente a la dirigencia política de la Argentina.
En general, la estructura poblacional argentina por edad y sexo entre mediados y fines del siglo XIX, refleja el gran impacto inmigratorio ya que fue el factor principal del crecimiento demográfico en general, y además modifico la composición social al tener un neto predominio de varones, solteros y en edades activas. A nivel país, entre 1869 y 1895 los índices de masculinidad eran de 105,5 y 111,9 respectivamente, alcanzando cierto equilibrio 1960, iniciándose a partir de entonces el descenso. De acuerdo con el INDEC, cuando comenzaron a realizarse los censos nacionales, el país tenía en 1869 un 12,1 % de extranjeros sobre un total de 1.877.490 habitantes, guarismos que fueron incrementándose para alcanzar en 1914, casi el 30% de 7.903.662 habitantes, porcentaje que fue declinando en los censos posteriores.
Sobre el máximo registrado, Panettieri expresa: «El censo de 1914 señala un considerable aumento de extranjeros en la población del país en el grupo de los varones de más de 20 años de edad: los extranjeros (1.550.000) superaban a los argentinos (950.000). Esta diferencia se acentuaba en la ciudad de Buenos Aires donde por cada argentino nativo mayor de 20 años, había aproximadamente tres extranjeros que también superaban dicha edad».
Rio Negro no fue ajeno a este proceso pues también presenta algunas de las características expresadas a nivel general como el impacto inmigratorio, la desigual distribución de la población, peso y tipo de inmigración. Este territorio recientemente abierto en toda su extensión para ser destinado a la explotación agropecuaria tras las campañas militares y la incorporación a la administración del estado nacional como Gobernación de la Patagonia y luego Territorio Nacional del Rio Negro, fue conformándose mediante un heterogéneo conjunto multiétnico de baja densidad territorial. Así, según los censos nacionales, en 1895 tenía 9.241 habitantes, de los cuales un 18 % eran extranjeros y en 1914 había 42.242 habitantes con un 35 %, para luego empezar a declinar en los registros siguientes. Cifras que expresan la importancia de los residentes no argentinos en el territorio rionegrino (especialmente de españoles e italianos), con un elevado índice de masculinidad (253 en 1914, cuando se inicia el lento descenso) y población en edades activas entre 20 y 40, solteros (lo que provocaba un desequilibrio de sexos y problemas sociales según las autoridades), con bajo o nulo nivel de alfabetización. Inicialmente había un escaso porcentaje de niños, mujeres y ancianos en este grupo puesto que el flujo migratorio era esencialmente masculino. Características que fueron decreciendo con el pasar del tiempo dando lugar a la migración de tipo familiar.
En este complejo panorama social, se destaca la presencia de población nativa especialmente en las mesetas rionegrinas, quienes aspiraban a tener medios de subsistencia dignos (tierra, ganado) y que sus hijos recibieran educación. En su vida independiente, el hecho de saber leer y escribir los desvelaba, lo consideraban como algo mágico y los principales cacique tenían sus secretarios que escribían por ellos, también es de recordar que muchos indígenas, en especial hijos de caciques, fueron enviados a escuelas públicas de Buenos Aires o de Chile, como ejemplo se pueden citar el caso de hijos de Cheuqueta, Namuncurá, siendo emblemático el caso de Ceferino Namuncurá. Desde el punto de vista antropológico era una manera más de aculturación; Valentín Sayhueque el portero del Colegio San Francisco en la década del setenta y comienzos de los 70 es otro ejemplo en tal sentido.
Otro rasgo a tener presente es el elevado porcentaje de población rural tanto a nivel nacional como regional. En Rio Negro, durante un tiempo prolongado (al menos hasta la segunda mitad del siglo XX), más de la mitad de la población vivió en el campo, por lo que los centros urbanos estaban en formación, destacándose unos pocos, entre ellos Viedma, la capital, ubicada en la antigua área de ocupación colonial. Esta pequeña urbe contaba con una población de 2.596 habitante en 1914 que continuó creciendo con el tiempo, pero en su zona de influencia se observó un decrecimiento poblacional que obedecería a varios factores, entre ellos figuran los efectos desbastadores de la inundación de 1899 a lo largo del río Negro que provocaron la destrucción parcial o total de varias poblaciones, entre ellas Viedma, y serios problemas económicos.
En 1916, fruto de la ley Sáenz Peña, después de unas elecciones ejemplares, Hipólito Irigoyen asumió la presidencia de la República, fundamentalmente con el apoyo de sectores urbanos medios y populares. En su gestión de gobierno ocuparon cargos públicos muchos hijos de inmigrantes que habían estudiado gracias a la ley de educación común. En un universo social complejo, heterogéneo, por la diversidad cultural existente, manifestada en disimiles costumbres, lenguajes, etc., el estado le dio importancia a la educación, pensada como política de estado, precisamente para tratar de asimilar e incorporar los grandes contingentes inmigratorios buscando homogeneizar a la población, consolidar el estado y la unidad nacional. Durante su gestión se dejó sin efecto la reforma Saavedra Lamas, de marzo de 1916, que establecía dos modalidades en el nivel secundario, una, con formación en Artes y Oficios, destinada a dar una salida laboral a los sectores populares, mientras que la otra era el clásico bachillerato tradicional cursado preferentemente por miembros de la clase alta, cuyo título permitía el ingreso a los estudios universitarios. En febrero de 1917, se dejó sin efecto esta ley con el argumento de que se creaba una modalidad de inferior calidad destinado a los sectores ajenos a la elite, y se volvió al viejo sistema, centrado en el bachillerato (colegios nacionales), con el agregado de las escuelas de comercio, normales y unas pocas escuelas industriales y agrícolas.
Durante la primera presidencia de Irigoyen se incrementó la cantidad de alumnos escolarizados, y el número de establecimientos, reduciéndose el analfabetismo. Se crearon Escuelas Normales, Colegios Nacionales y Escuelas Industriales de Artes y Oficios, realidad que se vio reflejada en el Mensaje enviado al Congreso de la Nación el 31 de Julio de 1918, junto con el proyecto de Ley Orgánica de Instrucción Pública:
“Si bien la educación pública tiene su Ley desde 1884, ella contiene disposiciones que en la actualidad han perdido su razón de ser, porque la civilización Argentina reclama, también en la Instrucción general, reformas urgentes que completen su caracterización y la orienten definitivamente, dándole mayor consistencia y haciéndola más nacional, más práctica, más adaptada a las varias necesidades regionales de la República”
Es de destacar que durante los tres primeros años de la Presidencia de Irigoyen (1916-1919) el número de alumnos aumentó a 134.616 en todo el país, cifra nunca alcanzada por un período igual. En esta tarea tuvo destacada actuación el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Dr. José S. Salinas, quien no sólo disminuyó en forma notable el analfabetismo de niños en edad escolar, sino que además tuvo la idea de crear escuelas móviles para atender a los pobladores rurales y población nativa. Además, se destaca el apoyo a la Reforma Universitaria de 1918 iniciada en la Universidad Nacional de Córdoba.
Las escuelas normales eran los establecimientos educativos destinados a preparar jóvenes para la enseñanza del magisterio. En aquella época, la mujer era considerada solo en función del hogar, por lo que desde los sectores tradicionales no era bien visto que trabajara fuera del mismo, sin embargo, en las nuevas condiciones socio económico, muchas de ellas decidieron hacerlo, siendo una de las actividades elegidas el magisterio. Rosario Vera Peñaloza, una gran luchadora por la educación, en 1912, alertaba acerca de las consideraciones despectivas que recibían las normalistas, sin embargo, desde el estado se pensaba que la mujer podía constituirse en la continuadora del orden doméstico capaz de educar a los futuros ciudadanos con ternura.
Según Guillermo Ruiz, et all (2008), las escuelas normales, cuyo principal centro estuvo en Paraná, podían ser de tres categorías: de preceptores, de maestros y de profesores, con planes de dos, cuatro y siete años de duración respectivamente. Los planes de estudios, frecuentemente cambiados, contemplaban una formación general teórica práctica para para ejercer la enseñanza en escuelas primarias de campaña, para ocupar cualquier cargo de la enseñanza primaria o para los de enseñanza primaria, normal, secundaria y especial. Cada escuela normal tenía una escuela primaria denominada “de aplicación”, destinada a la observación y práctica pedagógica de los aspirantes al magisterio. La enseñanza formaba en conocimientos científicos y literarios generales con el fin de desarrollar en los alumnos “las facultades intelectuales y morales, físicas y estéticas, para desenvolverse adecuadamente en la sociedad”, pero como eran laicas y libres prescindían de la enseñanza religiosa. Otros rasgos de esta escuela era el fortalecimiento de la educación patriótica con el estudio de la historia y geografía, la valoración de las ciencias naturales, incluyendo la aceptación del evolucionismo y el método experimental, el progreso científico, y el enciclopedismo. Como ciencias innovadores tenían a la Psicología y Sociología del adolescente. Consideraban al magisterio como una misión sagrada. (1)
De acuerdo con Adriana Puiggrós, los fundamentos positivistas del normalismo comenzaron a ser eclipsados por la influencia la llamada Escuela nueva, el activismo y el pragmatismo, que postulaban una democratización en el vínculo pedagógico, una mayor autonomía de la escuela, el rechazo al enciclopedismo y el verticalismo del sistema, y la propuesta de un método de aprendizaje vinculado al hacer y a la experimentación. Si bien la escuela primaria no presentó mayores transformaciones durante las presidencias radicales, sí existieron un conjunto de experiencias alternativas, tanto dentro como fuera del sistema educativo, que se basaron en estos principios.
En nuestra región, desde el año 1916 se venía gestando la idea que estaban puliendo y madurando el Ing. Eliseo Schieroni, por un lado y el Padre Luis Pedemonte por otro, con el fin de poner en marcha una Escuela Normal para dar a los jóvenes del Norte de la Patagonia los elementos necesarios para transformarlos en luchadores contra el analfabetismo. Un laico y un religioso coincidían en los problemas patagónicos del alto grado de analfabetismo de la población en general y de la zona en particular, la que se estaba recuperando de una catástrofe como lo fue la inundación de 1899 que destruyó Viedma y que hizo peligrar su continuidad como capital, siendo precisamente las autoridades políticas y religiosas, en ese momento encabezadas por el gobernador Eugenio Tello y por Mons. Cagliero, quienes gestionaron su continuidad. Tanto Pedemonte como Schieroni conocían la necesidad de crear escuelas para alfabetizar e inculcar valores, de formar maestros que aglutinaran a la población dispersa y diversa culturalmente, a la vez que se originaba una actividad laboral, y en el caso de los salesianos de iniciar el camino que llevaría a la formación de futuros sacerdotes.
Asimismo, dos personalidades distintas, protagonistas y observadores directos de los inicios de esta Escuela Normal dejaron el testimonio del origen y la valoración de este acontecimiento. Se trata de Juan Hilarión Lenzi y del Pbro. Raúl Entraigas. El primero de origen italiano, escritor, periodista patagónico, mientras que el segundo fue sacerdote salesiano, escritor e historiador regional, unos de los primeros alumnos de esta escuela y ambos, en su momento, estudiantes en la escuela N° 3 de San Javier.
Raúl A. Entraigas relata que desde “El 10 de febrero de 1917 aparece en los diarios la noticia de que ‘un grupo de caballeros de Viedma está gestionando la forma de instalar una escuela normal popular [agregando que] el 17 de febrero se abre la inscripción” (2). Las ideas centrales estaban muy avanzadas y querían buscar el apoyo de los vecinos para ponerlas en marcha, motivo por el cual convocaron a una reunión en el Municipio para el 22 de febrero de 1917. En la misma se hicieron presentes las personalidades mencionadas, funcionarios, comerciantes, y ganaderos. Una vez que intercambiaron opiniones se redactó y firmó el acta de creación de la Escuela Normal Popular, con sede en Viedma y primera institución de Nivel Secundario en la Patagonia, cuya acta (dada a conocer por Don Roberto Abel) dice: «reunidos los vecinos anotados al margen, previa convocatoria, en los salones de la Municipalidad local, con el propósito de constituir una Escuela Popular, que eleve la cultura general de la región, satisfaciendo el anhelo de los padres que desean para sus hijos un título competente […] que les permita vencer las comunes dificultades de la vida, […] «. El Ing. Schieroni explicó el propósito que tenían y expresó que “…como argentino, no podía mirar indiferente el progreso intelectual del país entero, con abstracción de las poblaciones, abandonadas a su suerte, cuando requerirían más que ninguna el soplo de la nacionalidad, ante el grave problema del número crecido de extranjeros que la pueblan sobre todo sobre la Cordillera de los Andes…”. Expresaba además: “…Queda fundado en la Capital del Territorio Nacional de Río Negro un Instituto de Cultura Popular denominado Escuela Normal Popular de Viedma, cuyos beneficios a medida que el desarrollo de la obra lo consiente se extenderá a los demás pueblos del Territorios…” (art. 1)
Según el acta, los fondos de la institución serán administrados por una comisión (Comisión Administradora) de cinco vecinos sorteados entre los socios contribuyentes y beneméritos, siendo los primeros los que prestaran servicios gratuitos junto con las personas que suscriban una cuota anual de cien pesos o una mensual de diez pesos, mientras que los beneméritos serian quienes donaron dinero o ejercieran el profesorado gratuitamente durante dos años (art. 3).
La comisión formada tuvo amplia libertad para nombrar el Consejo Académico renovable cada cuatro años, que junto con la Comisión Administradora designaban al rector, regente, secretario y profesores (art. 6). De acuerdo con el acta de creación, el Consejo Académico era el encargado de trazar el plan de estudios, aprobar y dictar el Reglamento interno. El título a expedir era el de Preceptor o Maestro una vez obtenida la incorporación oficial. Después de un intenso intercambio de ideas, primó la opinión de los salesianos y se crearon dos secciones, uno para varones y otra para mujeres, con las respectivas escuelas de aplicación de niños y niños, de manera que subsistieron las costumbres de la época basada en la división de sexos.
Firmaron el acta los Sres. Eliseo Schieroni, Luis Cuñado, Cesáreo López, Emilio de Rege, Pbro. Luis Pedemonte, Gaudencio Manachino y Jorge Humble. (3)
El grupo, liderado por el Ing. Schieroni se abocó al nombramiento de la comisión encargada de administrar los fondos , además, se decidió que el grupo de varones, integrados en su mayoría por novicios de la congregación salesiana, tendrían clases en el Colegio San Francisco de Sales, separados de las mujeres. De esta manera se puso en marcha el proceso que culminó un mes después con la iniciación de las Clases en la Escuela Normal Popular de Viedma, primer establecimiento de Nivel Secundario en la Patagonia Argentina. Un mes después, el 22 de marzo de 1917, según Juan Hilarión Lenzi, se inauguró con una sencilla ceremonia esta Escuela Normal Popular de Viedma, y dieron comienzo las clases.
El primer rector fue el Ing. Eliseo Schieroni Schieroni, quien ocupó el cargo hasta su fallecimiento el 2 de abril de 1920, y lo sucedió el Ing. José María Diego Contín, siendo Regente Alfonso Brudaglio. Colaboraron en la organización económica y pedagógica varias personas entre las que figuraron el Gobernador del Territorio Nacional de Río Negro, Carlos Evrat; el Presidente del Concejo Municipal, D. Felipe Contín; y entre otros los Sres. Cesáreo López, Nazario Contín, Ing. José María Diego Contín, docentes de Viedma y Patagones y la Institución Salesiana, encabezada por el Pbro. Luis Pedemonte.
Entre los alumnos que integraron aquel primer año predominaron los varones quienes cursaron en el colegio salesiano, ellos fueron: Hermeregildo Bertolo, Raúl A. Entraigas, Eduardo Fava, Antonio Ferrrero, Pedro Giacomini, Juan Hernández, Emilio Kruuse, Feliciano López, Juan Menestrina, Juan Paolini y Carlos Pifarre. En tanto las mujeres tuvieron docentes laicos, siendo las primeras alumnas: Georgina Balda, Elizabet Barone, Nélida Guidi, Elena Kruuse, María Antonia Lagras, María Elena Pérez Petit y Romana Schieroni.
Han quedado las materias y los profesores de este primer año, ellos fueron para la sección varones: Pbro. Gaudencio Manachino (historia), Alfonso Brudaglio (pedagogía, matemática y francés), Pedro Telmo Ortiz (historia natural), Luis Vasta y Santiago Ressico (música), Miguel de Salvo (idioma nacional), Demetrio Urrutia (geografía), y Fernando Berardinelli (dibujo y caligrafía).
En la sección de mujeres los primeros profesores fueron: Eliseo Schieroni (geometría y algebra), Enrique Pérez Petit (idioma nacional), Cesáreo López (historia natural), Pedro Lucero (aritmética), Albertina L. de Iribarne y Digna Ocaris (música), Celia R. de Gayone (pedagogía), María M. de Kruuse (labores y trabajos manuales), Nicolás Ortiz (francés).
Un año después de creada esta Escuela Normal, o sea en 1918, por decreto del Presidente de la Nación, Dr. Hipólito Irigoyen, fue incorporada a la Escuela Normal Mixta de Bahía Blanca, y los alumnos pudieron rendir sus exámenes ante docentes llegados a Viedma provenientes de Bahía Blanca. En la promulgación de este decreto fueron importantes las gestiones realizadas por el Ing. Contín, ante el Gobierno Nacional.-
Según el Pbro. Raúl A. Entraigas, esta Comisión examinadora fue presidida por “el inspector Celso Latorre, y la integraban el director de la Normal de Bahía Blanca, Prof. Isauro Robles Madariaga y los profesores Rigamonti, Kierman, Taboada Mora y Perret”, mientras que Juan Hilarion Lenzi agrega que “El éxito no podía ser más lisonjero, pues todos los examinados fueron aprobados”.
Acerca de la valoración por parte de los historiadores regionales testigos protagonistas se puede citar a Juan Hilarión Lenzi quien señalo que “El día 22 de marzo de 1917, quedará áureamente escrito en la pura historia de la Educación en Río Negro. En ese día se inauguraban, con sencilla solemnidad, las clases en esta institución, futura procreadora de sacerdotes y sacerdotisas del culto de la Escuela… [y que formarían parte] de la noble pléyade de Maestros y Maestras…” (4)
Por su parte el Pbro. Raúl Entraigas sostuvo que la Escuela Normal fue institucionalizada “gracias a la obra tesonera del ingeniero J. M. Diego Contín y del padre Pagliere. Y muy pronto vino la oficialización. Y de este modo se bifurcó la Escuela Normal Popular: una oficial en Viedma y otra incorporada en Fortín Mercedes. Ambas han progresado. Ambas han tachonado de maestros el firmamento de todo el Sur argentino: del Colorado a Ushuaia. A ellas se les debe que la Patagonia haya tenido maestros cultos y esforzados, que han arrojados haces de luz hasta los últimos confines de la Patria. Y ambas reconocen por madre común a aquella humilde escuelita Normal Popular que, amén del bien que produjo, ha dejado una enseñanza que los siglos por venir no deben echar en saco roto: lo que hace la unión de dos hombres de tan diversas ideologías como Schieroni y Pedemonte, cuando ambos son capaces de poner de lado las divergencias, para sólo mirar el bien común…” (5)
Por último es necesario decir que el estudiar y ejercer la carrera del magisterio dio a sus protagonistas, por su labor, un ascenso social significativo. El accionar de los maestros fue muy importante no sólo de lo pedagógico sino también en lo político y social, especialmente en los parajes y pueblos del interior de nuestra Patagonia.
Estos maestros fueron grandes defensores de la enseñanza obligatoria, gratuita y laica, creyeron en el optimismo pedagógico, en la democracia y sus instituciones. Además, el rol político de muchos de ellos fue importante y significativo cuando los Territorios Nacionales de la Patagonia se convirtieron en provincia. Muchos maestros tuvieron una destacada actuación en el avance y progreso de la Patagonia especialmente en el desarrollo y cuidado de las instituciones culturales.
Por último cabe decir que la Escuela Normal Popular de Viedma tuvo su origen en un momento de gran valoración de la educación pública en el país, coincidiendo con la gran necesidad de maestros en la Patagonia y además que algunos de sus gestores estuvieran relacionados con las autoridades nacionales, hecho que contribuyó a más rápida oficialización de la misma.
Después de varias décadas de eficaz funcionamiento, durante el gobierno de Onganía, en agosto de 1968 mediante la ley N° 17.878, transfirió las escuelas de aplicación a las provincias, y por el decreto N° 8.051 de diciembre del mismo año se suprimieron las Escuelas Normales en todo el país, de manera que a principios de la década del 70 las viejas Escuelas Normales dejaron de formar maestros y esta carrera se comenzó a cursar en los Institutos de Formación Docentes, de nivel terciario y por ello la Escuela Normal Mixta de Viedma se transformó en la Escuela Comercial Diurna N° 14.-
Ing° Eliseo Schieroni:
En una breve referencia sobre la vida del Ing. Eliseo Schieroni se puede decir que nació en San Juan, siendo sus padre el Prof. Eliseo Schieroni (matemático italiano) y Romana Sarmiento (Prima de Don Domingo Faustino Sarmiento). Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y se recibió de Ingeniero Civil en la Universidad de Buenos Aires. Participó como Oficial Auxiliar en la Comisión Científica que realizó el Gral. Olascoaga a la Cordillera de los Andes, en el Sur de Mendoza. Posteriormente fue enviado por el gobierno nacional a los Territorios Nacionales de Formosa y El Chaco, donde hizo mensuras y relevamientos planimétricos. Desempeñando una tarea técnica en La Pampa conoció Viedma, ciudad en la que fijó su residencia a partir de 1895. Participó activamente en la defensa y salvataje de los habitantes de Viedma en el invierno de 1899 cuando el avance incontrolado de las aguas del Río Negro ocasionaron la gran inundación y luego sus consejos y sugerencias fueron muy valiosos para que el gobernador Eugenio Tello pidiese fundamentar su voto y lograr que Viedma siga siendo la Capital del Territorio Nacional de Río Negro. Colaboró en el año 1900 con el Ing. César Cipolletti en los estudios realizados sobre los ríos Negro, Limay y Neuquén y luego participó en los estudios destinados a poner en marcha las obras de regadío del Valle Inferior. Como Profesional realizó mensuras y estudios de planimetría de las colonias de Choele Choel y San Carlos de Bariloche. Se casó en Viedma con María Mercedes Balda y su hija Ramona fue una de las primeras alumnas de la Escuela Normal Popular que él fundó. Falleció el 2 de abril de 1920 en Viedma.
Notas y citas:
1) Ruiz, Guillermo, et all: La estructura académica del sistema educativo analizada a partir de
los contenidos de la enseñanza. La educación secundaria durante las primeras décadas del siglo XX. Anuario de Investigaciones v.15 CABA. 2008
2) El comunicado a que hace referencia el historiador y Pbro. Raúl A. Entraigas fue publicado en el Periódico La Nueva Era de los días 11, 18 y 25 de marzo de 1917 (Números 771, 772 y773) y decía:
“Escuela Normal Popular
Se hace saber a los interesados que el 15 de febrero corriente quedará abierta la inscripción de alumnos en la Escuela Normal Popular, en la Secretaría de la misma, calle Roca N° 18, local de la Escuela común N° 2, de 8 a.m. a 10 a.m.
Para ingresar al Curso Normal se requiere:
1° Tener 15 años de edad, comprobados con Certificados del Registro Civil y en caso de una
imposibilidad manifiesta, con una información suficiente a juicio de la Dirección de la Escuela
2° Haber aprobado el sexto grado de los cursos complementarios o el sexto grado de las Escuelas Públicas de la Capital Federal o el mismo de las Escuelas de aplicación Anexas a las Escuelas Normales Nacionales
3° Presentar Certificados de vacunas
4° Presentar Certificado de Buena Salud expedido por cuerpo médico escolar
Estos documentos se adjuntarán a una solicitud de admisión que se elevará a la Inspección General con los que se formará el legajo personal de cada uno.
Las clases de la Escuela Normal empezarán el 10 de marzo y la inscripción de los alumnos quedará definitivamente cerrada el 15 de abril” – La Comisión Directiva”
3) Abel, Roberto: Primera Escuela Normal de la Patagonia. Homenaje a los maestros de la
Provincia de Río Negro, 80 años de Enseñar a aprender. Cipolletti, 1997. D. Roberto Abel fue un estudioso de nuestro pasado, gracias a sus esfuerzos buscando fósiles el estudio de la fauna prehistórica en la Patagonia tuvo un gran avance, sus hallazgos fueron estudiados por los Dres. Bonaparte y R. Pascual
4) Lenzi, Juan Hilarión, De la Cultura, estudios sociales sobre el Río Negro, Buenos Aires, 1919, pág. 164
*Lic. en Historia
