Viedma.- (APP) José Schulman, secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), con una gran trayectoria en materia de derechos humanos reconocida a nivel nacional e internacional, disertó hace poco más de un mes en Viedma sobre la violencia institucional y allí citó la teoría del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein para remarcar la importancia de no mirar sólo la coyuntura, sino tener una perspectiva histórica de lo que nos pasa. Lo dijo en función de la estrategia que deben darse los sectores populares para enfrentar los retrocesos y el ajuste neoliberal que lleva adelante el macrismo en nuestro país, y ofensivas similares de la derecha en Latinoamérica y otras partes del mundo.
Respecto al “sistema-mundo”, Wallerstein, a mi juicio, tenía una visión “muy estructuralista” si se quiere al señalar que la unidad de análisis fundamental es “el todo” y no “las partes”. Esto, llevado al capitalismo actual, significa que “el sistema-mundo” es lo fundamental, no las particularidades, es decir, la tendencia general de la economía mundial es lo central, no lo que pueda pasar, por ejemplo, en tal o cual Estado nacional. Es verdad que el todo suele condicionar a las partes y, más en el capitalismo, si no se entiende lo global, se pueden cometer gruesos errores al analizar lo particular. Me acuerdo que en tiempos de mi militancia en un partido de izquierda y siguiendo el análisis marxista, siempre primero analizábamos la situación mundial, luego la regional y recién allí entrábamos a discutir la coyuntura nacional. Con el tiempo entendí que el análisis “del todo a las partes” es importante, pero a la vez insuficiente. El chileno Jaime Osorio al analizar la categoría de sistema-mundo criticó precisamente que Wallerstein se quedó atrapado en esto de que basta conocer el todo para que los problemas del conocer la realidad social puedan ser resueltos, cuando en realidad las partes también tienen consistencia real. Por eso señaló: “En las partes o particulares se desarrollan procesos que rebasan lo que se expresa a nivel de las unidades mayores o del todo, como hemos podido ejemplificar en el párrafo anterior. Desde un universal que menosprecia o desconoce la riqueza de los particulares, son muchos los procesos y la información que se pierde”. De allí que “lo que acontece en las formaciones económico-sociales o en Estados nacionales tiene consecuencias en el sistema mundial capitalista, mayores o menores según la magnitud del acontecimiento”.
La historia da muchos ejemplos en este sentido, como las revoluciones rusa y cubana, a contrapelo de lo que supuestamente condicionaba el sistema-mundo, y que modificaron a éste. Creo también que los procesos “populistas” en Latinoamérica tras el desastre de las recetas neoliberales en los 90, con Chavez, Correa, Evo, los Kirchner, etc., tuvieron una magnitud que no se explican sólo por el todo y que, aún hoy, cuando hay una vuelta regional al neoliberalismo y a la “hegemonía” de la derecha, constituyen experiencias regionales y locales que siguen teniendo un peso que condiciona la ofensiva de la reacción y a la vez constituyen un faro para que los sectores populares pasen a la ofensiva.
No obstante estos reparos a la teoría de Wallerstein, coincido con Schulman cuando al explicar qué característica tiene actualmente “el todo” de la etapa que estamos transitando del capitalismo dijo en su charla en nuestra capital que desde el punto de vista económico “ya no requiere de transformar al ciudadano en consumidor, la lógica de la acumulación ampliada del capital ya no se basa en los mercados internos, sino en la financiarización de la economía, que en términos teóricos significa que la tasa de interés esté por encima de la cuota media de ganancia; yo le meto a un país deuda externa, le cobro, le absorbo así todo el trabajo de su población sin preocuparme de vender coca cola a todos como era el capitalismo de la posguerra”.
Esto es certero y explica lo central de política de Cambiemos en estos dos años, que no sólo es un plan de negocios para el gran capital, lo que implica recortar ingresos a los sectores populares y ampliar la brecha en este sentido entre ricos y pobres (los más ricos obtienen el 31,8 por ciento de los ingresos, mientras que la población más pobre se queda con el 1,7, según el último informe de la UCA), sino de expoliación de la riqueza generada en el país por los mecanismos de financiarización de la economía, el tomar deuda a un nivel serial, unos 100 mil millones de dólares (en dos años se superó el endeudamiento tomado por la dictadura y se acerca a los niveles del menemismo en 10 años), más el revival de la famosa bicicleta financiera con los Lebacs.
De allí que las primeras medidas anunciadas en el inicio del macrismo tuvieron que ver facilitar el ingreso y el egreso de divisas, eliminando todas la trabas y todos los costos, internacionalizando financieramente nuestro país.
Se acaba de conocer que por el pago de comisiones e intereses, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), publicado en el Boletín Oficial, el Gobierno amplió en $ 84.510 millones el Presupuesto para cubrir los servicios de la deuda pública. Servicios significa: pago de más intereses y comisiones que las previstas.
Según se informó «las comisiones suman $ 2.972.8 millones, los intereses por los servicios de la deuda colocada en moneda nacional representan $ 51.642 millones y en moneda extranjera, $ 26.416 millones, más $ 3.480 millones por ‘juicios y mediaciones'».
«Este aumento en el pago de los servicios de deuda con relación al Presupuesto aprobado en su momento por el Congreso se explica porque el Gobierno fue tomando más deuda y a tasas más elevadas», indicó Ismael Bermúdez nada menos que en Clarín, no es que lo dijo Axel Kicillof.
Según el último dato oficial (junio 2017) la deuda pública se aproxima a los US$ 300.000 millones. Así, entre 2016 y mediados de 2017, la deuda pública aumentó en US$ 53.124 millones. «Y se estima que en la segunda mitad de este año, podría aumentar en más de US$ 20.000 millones, totalizando 317.000 millones de dólares, según el Mensaje del proyecto de Presupuesto 2018», afirmó Bermúdez.
No es casual que este monto de más de 84 mil millones de pesos es, aproximadamente, lo que le sacaría el gobierno macrista a los jubilados con el ajuste que intentan hacer con la reforma previsional.
Respecto a la bicicleta financiera, Alfredo Zaiat en Página 12 graficó recientemente: “El último reporte del balance cambiario del Banco Central indica que las inversiones de cartera de no residentes (capitales extranjeros especulativos) sumaron en forma neta 420 millones de dólares en octubre pasado, siendo uno de los meses de más ingresos del año. Esos fondos fueron destinados a colocaciones en pesos, detalló la entidad monetaria, para aprovechar la renta que ofrece la tasa de interés en moneda local. La consultora macrista Elypsis calculó que el inversor que canjeó dólares por pesos en enero de 2016 y fue renovando ese capital en Lebac hoy tiene acumulado una ganancia en dólares del 17 por ciento. Es una rentabilidad extraordinaria de la bicicleta de las Lebac. Como ilustra la prensa internacional, Argentina se ha convertido en un paraíso financiero para el capital especulativo”.
En síntesis, actualmente se repite el “capitalismo de rapiña” de los tiempos de Martínez de Hoz en la dictadura como en el Menemismo, con “un núcleo constituido por los acreedores externos, el sector financiero y algunas grandes empresas transnacionales y nacionales”. Como ya lo señalaron Eric y Cernando Calcagno en los 90 (en el libro “Versos para no pensar”), el coro de todo esto “lo constituye una periferia de beneficiarios menores y simpatizantes, integrado por algunos tecnócratas, ciertos grupos de clase media y, en general, quienes recitan los versos liberales”. En esto del coro, hoy como nunca hay una prensa hegemónica estrechamente ligada y parte incluso de los grupos que se benefician con el “capitalismo de rapiña” que alimenta la enajenación de amplios sectores de la población para que al menos haya apatía respecto al camino sin retorno al que nos lleva Cambiemos.
No obstante, como dije al principio de mis reflexiones respecto a la teoría del “sistema-mundo”, creo en el impacto en las conciencias de las experiencias regionales y locales recientes –en nuestro caso el ciclo kirchnerista, aún con los errores y debilidades- que muestran que otro modelo es posible, y que por lo tanto los hechos y las verdades se terminarán imponiendo a la posverdad o “interpretaciones” que bajan desde el poder. Que antes de que estallen las contradicciones del modelo –sobre todo por un endeudamiento insostenible en el tiempo-, la lucha y la resistencia de los sectores populares se incremente para derrotar al macrismo, sin temer al aumento creciente de la represión de la protesta social, especialmente ahora donde se pretende imponer una reforma previsional –entre otras reformas muy regresivas- que no sólo significa quitar recursos a los jubilados y pensionados actuales, y bajar el piso de las jubilaciones y pensiones futuras, sino caminar otra vez hacia la privatización de la ANSES. (APP)
