Viedma.- ( APP) Tal vez por una cuestión de mero acostumbramiento quienes poblamos estas regiones ubicadas al sur del río Colorado estamos curtidos por las promesas e incumplimientos del poder central, a través de distintos gobiernos, que todavía tratan a estas provincias del sur como si fueran los ex territorios nacionales, habitados por ciudadanos de segunda categoría, que ni ejercían el derecho al voto del que gozaban el resto de los argentinos, a los que nadie nunca les rindió cuentas.
Es difícil interpretar de otra manera el incumplido anuncio del Plan Patagonia, un proyecto regional de desarrollo lanzado por el presidente Mauricio Macri durante una breve visita que afectuó en febrero de 2017 en esta capital, acompañado por alguno de sus ministros. Resulta obvio indicar que el conjunto de obras de infraestructura de ese nivel procedentes de un anuncio formulado por la máxima autoridad del estado y generador de legítimas expectativas sin que tuviera concreción, significa por lo menos un severo destrato.
Realmente causa asombro la desproporción existente entre la envergadura del anuncio presidencial y el silencio oficial posterior desde los más altos niveles de decisión nacionales sobre ese ambicioso proyecto que sólo reconoció hasta ahora algunas muy escasas, agónicas y muy discretas reuniones de funcionarios del gobierno central con sus pares de las restantes provincias para iniciar una presunta implementación que sin dudas fue condenada a una inexplicable desaparición prematura.
Idéntica sensación se desprende del mutismo y la falta de reacción por parte de los estados sureños que no han efectuado ni el más mínimo reclamo, por lo menos públicamente, para que se reflotara aquel anuncio lanzado en Viedma, que de inmediato se consideró como una oportuna solución a muchas de las necesidades insatisfechas de la Patagonia en materia de obras de infraestructura que solo pueden llevase a cabo con aportes federales.
La ausencia de estas justificadas quejas -salvo alguna muy rara excepción- que la opinión publica viene conjugando con justificado espíritu crítico, deberían de haber provenido oportunamente de los propios gobiernos destinatarios de los emprendimientos programados, y de los partidos políticos tanto de Cambiemos (UCR-PRO) en su condición del oficialismo , como de los sectores de la oposición y los respectivos legisladores nacionales. No se trata de un tema menor.
Los hoy estados federales Neuquén, Rio Negro, La Pampa, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, seguimos formando una muy rica región en materia de recursos naturales (petróleo, gas, minerales, etc ) pero convertida en una especie de factoría al servicio de la capital federal y el privilegiado entorno del puerto de Buenos Aires .
Así y desde siempre, cuando el norte necesita de esos recursos siempre hay fondos para transportar gas y el petróleo, o la electricidad de la represa de EL Chocón, desde la Patagonia hacia el norte, favoreciendo el desarrollo de áreas extra provinciales o mejorando el nivel de vida de otros argentinos en nuestro propio detrimento
Pero está claro que el estado generalmente ausente, no favorece ninguna compensación que retribuya adecuadamente la exacción de sus riquezas. Y cuando hay una decisión auspiciosa y bien recibida como el Plan Patagonia anunciado por el presidente Macri, esa idea resultó fagocitada por la burocracia o los intereses de siempre al servicio del centralismo y el país unitario.
Se debe tener en cuenta que en las zonas privilegiadas donde sobran los inversores por las ventajas que ofrecen, en la Patagonia el estado no puede resignar su presencia o tenerla en forma esporádica ,por que ello significa una deserción.
Por eso y ante este desalentador diagnóstico, es mejor o preferible pensar que el Plan Patagonia haya sufrido un retraso, sufrido alguna postergación por alguna cuestión de prioridades o tenga todavía vida latente y pueda resucitar en el momento más cercano posible.
Es que los patagónicos estamos cansados de envejecer esperando promesas que casi invariablemente devienen en sueños incumplidos, convirtiéndonos en inveterados escépticos, estado de ánimo que no condice con el mas íntimo deseo de hacer andar la historia y transformar la Patagonia en un norte convocante para todos los argentinos. (APP)
