Viedma.- (APP) Verónica Merli es abogada y escritora. Nacida en Rosario en 1970, reside en San Carlos de Bariloche desde 1996. Obtuvo un doble primer premio con dos de sus libros de poesía: «Memoria del cuerpo», con prólogo de Elder Silva, y «Para Madre de tus hijos», con prólogo de Cristian Aliaga. Primer premio de la provincia de Río Negro, por ¨Noche Polar¨, editado por el Fondo Editorial Rionegrino en 2006. Con “Las vacas de Omaha” se alzó con el Premio “Marosa di Giorgio”, instituido por la asociación que recuerda a la gran poeta uruguaya en conjunto con la Municipalidad de Salto. Reproducimos algunos poemas de “Noche Polar”.
Hacer un fuego
mi padre
no tuvo un navío
ni un sauce
o un coche moderno
mi padre
no vivió la vida
LA SUFRIO
mi padre
tenía facilidad para el francés
me contaba
las aventuras del pájaro azul
los domingos a la tarde
y así, sus domingos se tornaban llevaderos
buscaba en el petit Larousse
ciudades perdidas
y nombres extravagantes
el aroma a pastillas de freno
inundaba la casa
usaba el pelo casi largo
me enseñó a purgar un auto
a entender los ruidos del motor
a no mentir
me dio una sangre dura
y ese solo beso en el altar
conquistó a mi madre
con una lata que portaba una cita griega
un día la hallé entre sus cosas
ella
se iluminó se hizo liviana
para luego regresar, cabizbaja, a sus quehaceres
yo me quedé examinándola
no entendí qué habría de mágico en ella
una caja más pequeña que el pan
de color levemente cobrizo
después le hizo lomo a la parisien
y él decidió casarse
mientras mi abuela, enfermaba fatalmente
por ver la noche de París
no me enseñó a hacer un fuego
ni a cambiar cueritos
no me enseñó a tratarlo
ni a quererlo
sólo a no hacer ruido a la siesta
y a que nadie muere en la víspera
no me leyó el principito
ni me hizo regalos
no me prohibió
ni me felicitó
sólo una vez
-y hace muy poco-
lo vi con miedo
mi padre
llegaba tarde
con las manos sucias y cansadas
quizás por eso
nunca me ha abrazado
Aurora
existe un número indeterminado de hombres
que lucha por mi cuerpo
un índice telefónico puja por mi cuero
mis nalgas
la entrepierna
hay un número no tasado de seres bípedos
que brama a mis movimientos
al más tenue bamboleo
a mis cadencias
por eso, a esos hombres mojados de lirismo
por lo celta, lo pampa o lo campero
a esos hombres que emplean
tres dedos para asearse
les suplico
con la voz más profunda de la jungla
de verde y de cemento
de noche y de placard:
soy esta vaca
un ser casi inocente
basta del tedio
que la ilusión de mi muerte les genera
ese rechinar de huesos
horadados por la sierra
ese completar la faena embutiéndome las tripas
soy la vaca más liviana de la tanda
no me mates, no he de darte alimento
en el desandar de las horas omitidas
y en el dosel de mi pezuña herida
mis patas son floreros de manteca
mis cuernos
mi orgullo
lo único que queda
después de andar
tan guacha por el monte
perdida en la espesura
copete de la mezcla
de holando y comadrona
de aviones y de estepa
No uso los zapatos para hacerte
más cómoda la senda
y más cordial tu cena
seré asado, churrasco o empanada
peceto o milanesa
ya no te sirven estas ubres viejas
ni rumiar mis penas puedo
mi ternero me mira sin consuelo
es que ya no entiende el bisness
yo te pido MATADOR
te pido ARRIERO
te pido CURTIDOR
te pido suelo
las manchas de una holando no nacen de la nada
no nacen de las piedras que traban mi camino
como refulgor de croto
mi cálculo partido
mi ser de primavera
me oculto en la espesura pues
soy la vaca que buscan tus sentidos
amanecer sería
un placer
sin frontera
Noche polar
ojos de niño iluminan la senda
camino por la copa de los árboles
un óleo de Friedrich marca mi destino:
noche polar
ventisca
temporales permanentes
lo rudo
extenuada,
amanezco
no hay auroras boreales
ni calor
ni sonido
Paul Bowles (in memoriam)
voy a tejer una muralla
hasta la quebrada de Humahuaca
una cancel con campanitas
y cortinas de voile muy pegadas
las buenas poetas se suicidan
sus nucas, quedan descubiertas
por un viento africano
y un resplandor de ombligos
uno dos tres
la marcha no la sé
una auténtica alegría te pido
de esas que dejan
el cuerpo flojo
y el sueño pesado
de esas
limpia huella
una alegría
como una moneda o como un planeta
una palmadita pido
un cielo protector
Arbol o escoba familiar
cuenta mi madre
que mi abuelo, de viejo
usaba la escoba para aferrarse a la vida
Epitafio versión número uno
cuando nacemos, a las mujeres nos dicen
eres vulnerable
tu colores, tenues
tu estandarte, la boca
cuando crecemos, a las mujeres nos dicen
límate las uñas
no hables con extraños
aprende a hacer tortas
cuando somos madres, a las mujeres nos dicen
olvida tu pasado
ahora serás
una canasta de frutas
cuando envejecemos, a las mujeres nos dicen
aquí no ha pasado nada
debes seguir limpiando
para lucir animada
cuando morimos, a las mujeres nos dicen
qué horrible es esa mueca
la palidez te afea
ea burra, píntate la boca
