Viedma.- (APP) Tal como estuvo planteado en las PASO, sólo sirve votar para este domingo 22 de octubre a Unidad Ciudadana en provincia de Buenos Aires –ese distrito da la percepción política de quién gana la elección nacional- y a sus equivalentes en el resto de las provincias, como el FpV aquí en Río Negro.
¿Por qué, salvo una minoría privilegiada del país, alguien votaría a Cambiemos? Los efectos del neoliberalismo ya lo hemos vivido en dos periodos nefastos del país de las últimas décadas: la dictadura y el menemismo, éste último que se extendió en gran medida con la Alianza y desembocó en el 2001. ¿Tenemos tan poca memoria?
Incluso la actual alianza PRO-UCR en sólo dos años está generando mecanismos de dependencia económicos y financieros más sólidos que en aquellos periodos mucho más largos, por caso, con la deuda externa. La friolera de 110 mil millones de dólares de endeudamiento condicionará fuertemente el accionar presupuestario del Estado especialmente a partir del 2018. Y esto no lo dijo Axel Kicillof, sino otro economista casi “del palo” del macrismo, José Luis Espert, ortodoxo de la más cruda derecha, quien alertó hace menos de un mes que la deuda pública “ya es parecida a la de diciembre de 2001, al igual que el atraso cambiario y el déficit”. Recordó que desde la asunción de Cambiemos, el endeudarse unos 40 mil millones de dólares por año, sólo puede llevar a una debacle en no mucho tiempo.
Por otra parte, la deuda en Lebac del Banco Central alcanzó a mitad de octubre un record de 1 billón 127 mil millones de pesos (sin hablar del mismo mecanismo que están utilizando muchas provincias para financiar gastos corrientes), lo que significa ya pagar por día unos 750 millones de pesos en intereses de estas letras, “cifra que equivale a toda la inversión necesaria para construir un hospital de alta tecnología”, según un informe de Ámbito Financiero.
“En los primeros 15 días de octubre, el Central le pagó a bancos e inversores privados un monto de intereses que alcanzaría para mantener el fútbol por televisión gratis hasta 2022”, consignó ese medio gráfico-digital.
Lo cierto es que sólo el accionar del partido mediático, la manipulación y mentira permanente de las noticias por parte de los grupos comunicacionales hegemónicos, la persecución y estigmatización sin precedentes en tiempos de democracia contra el kirchnerismo, pueden explicar que alguien diga hay avances o cosas para destacar del actual gobierno de Macri.
En lo macro, no hay ningún indicador mejor que en el 2015 con Cristina como presidenta, dejando al margen lo ya señalado sobre la deuda y el peso creciente sobre el presupuesto y en su relación con el PBI. El déficit fiscal es mayor, el déficit comercial alcanza los mayores niveles históricos y no hay consultora que diga que en el 2018 sea menor, el déficit de la cuenta corriente también superaría los 15 mil millones de dólares tanto en 2017 como en 2018, la paridad cambiaria del peso contra el dólar es peor que en el último año de la expresidenta y la inflación -después del impresionante 41% que alcanzó el gobierno en su primer año-, recién ahora se ubica a niveles del 2015, pero no inferiores, como lo marca el 1,9% de la última medición mensual. Y la perspectiva inflacionaria es peor, porque entre otras cosas, y para evitar rechazo electoral, se postergaron nuevos aumentos de tarifas de servicios básicos, transporte y combustible para después del 22 de octubre.
Hay que preguntarse además: ¿qué se hizo entonces con tanto endeudamiento? Porque además de los desequilibrios macros sólo ha habido ajustes en las áreas más sensibles que debe atender el Estado, como salud y educación, la obra pública ahora se hace con endeudamiento privado mayoritariamente, no con recursos públicos, los principales programas que apuntaban a ampliar derechos y lograr una mejor igualdad social han sido eliminados o desarticulados, etc. etc.
Ningún indicador económico y social ha mejorado, más allá de las manipulaciones que hace el actual INDEC –que parece ahora no preocupan a nadie-. Se mencionan estadísticas que certificarían recuperaciones en índices vinculados al crecimiento y a lo social, pero no comparando con el 2015, sino con el 2016, donde hubo retrocesos espectaculares y una inflación que casi duplicaba la que dejó Cristina.
Hace pocos días Clarín y La Nación titularon algo así como “creció el consumo masivo”, fundamentando que las ventas en volumen en septiembre en forma interanual crecieron 0,4% “el primer índice positivo de la era Macri tras la recesión del 2016”. Más allá de festejar como si fuera un boom el exiguo 0,4% (siempre en relación al 2016, no al 2015), cuando se lee finito, en realidad surge que en alimentos se cayó el 0,8%, gastos en desayuno disminuyó un 1,1%, bebidas sin alcohol descendió un 1,4%, y lo que sube el promedio fundamentalmente para llegar y “destacar” el 0,4, es el aumento del consumo de bebidas alcohólicas, un 8,5%, algo que no es para alegrarse.
Como una clara muestra de adónde apunta el modelo neoliberal, durante el último año y medio se creó un puesto de trabajo en el sector primario por cada 15 destruidos en la industria, de acuerdo a un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda, en base los datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino, informados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. La contracara del modelo nacional y popular que apuntó a reindustrializar, incorporar valor agregado a la producción primaria, fortalecer el mercado interno, entre otros.
Pero más allá del modelo económico, lo que resulta una farsa es que todavía hay gente de Cambiemos que diga que ahora “hay más democracia” y “más república”. Como pasa siempre con el neoliberalismo y con los gobiernos que aplican políticas antipopulares, de fuerte redistribución de ingresos desde el sector trabajador al empresariado más concentrado y al capital financiero, son muy claros –y más en estos últimos meses- los retrocesos institucionales, la regresión como política de Estado en los derechos humanos, la represión de la protesta social y la superación de cualquier límite democrático por parte de las fuerzas de seguridad estatales.
Los casos de Santiago Maldonado y de Milagro Sala serán estudiados en un futuro no muy lejano como casos emblemáticos de graves violaciones a los derechos humanos en esta era del macrismo.
¿Por qué entonces alguien votaría a Cambiemos?, me vuelvo a preguntar. Hace unos días atrás Página 12 entrevistó al sociólogo británico Daniel Ozarow, quien desde el 2003 está estudiando la Argentina. Él describe acertadamente la diferencia entre los 12 años de kirchnerismo y los retrocesos que he marcado desde la asunción de Cambiemos: “…el proyecto kirchnerista fue darles voz a los que la estaban reclamando en las calles durante aquellos tiempos extraordinarios. Y lo lograron con bastante éxito porque después de doce años con el Plan Jefes y Jefas del Hogar, el Plan Manos a la Obra para microemprendimientos, el Trabajar para cooperativas, el Conectar Igualdad para que los niños tengan acceso a internet y a la información, y la Asignación Universal por Hijo, impulsaron políticas de inclusión social que llegaron a 8 millones de personas. Si bien ahora estas políticas quedaron como naturalizadas, la realidad es que desde la época del primer peronismo no se había conseguido algo igual. La gran diferencia ahora es que estos planes se dan en un contexto de ajuste, austeridad y agudos recortes al gasto público. Por eso en realidad no se diferencian de las políticas neoliberales tradicionales que siempre focalizan las transferencias a los sectores con menos ingresos como método eficaz de contención social, mientras, al mismo tiempo, aplastan a esos mismos sectores con el achicamiento del Estado. En este sentido estamos viendo una vuelta a los años 90”.
Con este diagnóstico precisamente se pregunta lo mismo del título de esta nota, y lo que responde tiene mucho que ver con lo que he señalado, que sólo la manipulación y sujeción de las conciencias a través de los medios de comunicación dominantes, y otros mecanismos propios de la escuela de Durán Barba, como el ejército de trolls que operan sobre las redes sociales, puede explicar que Cambiemos se consolide electoralmente el próximo domingo. Ozarow marca esto en relación a cómo el establishment logró instalar en amplios sectores de la clase media esto de asociar kirchnerismo con la corrupción y nada menos que a Mauricio Macri como “incorruptible”, cuando como señala el mismo británico sólo “la revelación de su rol en los Panamá Papers y el escándalo del Correo Argentino son ejemplos de que esto no era así”. Sin mencionar que ahora toda la obra pública se dirige a los amigos y familiares directos del presidente, y que se crean sociedades anónimas desde las empresas públicas –como pasó recientemente con Vialidad Nacional- para beneficiar a los privados y liberarse de los controles de los organismos que supervisan al Estado.
Ozarow marca precisamente que le parece “extraordinario” que con los acontecimientos económicos y políticos de los últimos dos años (“Macri ha presidido la peor recesión económica con fuertes aumentos en el desempleo, la pobreza, el costo de vida desde 2002 y el mayor endeudamiento nacional de todos los tiempos”) pueda tener Cambiemos un crecimiento electoral. Y en ese marco dice, como uno, que la explicación está en que sectores de la población “siguen ciegamente a los medios de comunicación y parecen convencidos de que, paradójicamente, el mismo modelo económico de ajuste que ha fracasado tantas veces en Argentina esta vez traerá de modo milagroso la prosperidad”. (APP)
