Reflexión sobre la posibilidad de una ley antinuclear en Río Negro/Por Claudio García

 

Viedma.- (APP) Primero hay que hablar del contexto que transitamos. Hoy la correlación de fuerzas a nivel político nacional se presenta complicada para los sectores populares. Si bien las luchas y el trabajo del FpV en Congreso han puesto algunos límites y han frenado algunas medidas del macrismo, lo cierto es que los retrocesos respecto a lo que dejó el kirchnerismo en diciembre del 2015 son impresionantes. De allí que la prioridad sea combatir al neoliberalismo para no repetir las secuelas nefastas que ya vivimos los argentinos en etapas similares desde lo económico como con la dictadura y el menemismo, e incluso el creciente autoritarismo, la represión de la protesta social y los retrocesos institucionales, lisas y llanas violaciones a los derechos humanos. La prisión y ensañamiento a Milagro Sala y la desaparición forzada de Santiago Maldonado son casos emblemáticos que ejemplifican el grado de profunda gravedad institucional a la que hemos llegado.

Resistencia popular por un lado y en materia electoral la prioridad está en sumar diputadores y senadores al FpV en el Congreso, fortalecer el triunfo de la expresidenta Cristina en provincia de Buenos Aires y votar a las expresiones similares en el resto de las jurisdicciones, porque lo clave es reconstruir una alianza nacional que pueda derrotar al neoliberalismo en el 2019.

.En Río Negro los debates por lo electoral y por las realidades acuciantes que se viven quedaron en cierta medida relegados por la polémica del anuncio de la construcción de la planta nuclear. Poca perspectiva le he visto y le veo a este proyecto puesto en el contexto de un gobierno como el actual que a diferencia del modelo nacional y popular que impulsaba el kirchnerismo no privilegia un proceso de industrialización y de fortalecimiento del mercado interno. Con Néstor y Cristina decíamos que necesitábamos energía para solventar una industria que crezca, la investigación en desarrollo y tecnología, para tener más autonomía, independencia y soberanía. Pero estamos transitando otro tiempo, la vuelta a un modelo primario exportador, el fortalecimiento del sector financiero y agropecuario, la priorización del beneficio de las empresas nacionales grandes y las transnacionales, no un proyecto claro de ir a un sector industrial fuerte e integrado, basado en el desarrollo tecnológico y la incorporación de valor agregado a la producción. De allí mi excepticismo con que lleguemos a la concreción de una cuarta y quinta planta nuclear en el país, probablemente saltarán antes de los plazos fijados para estos emprendimientos las contradicciones económicas y sociales que está sembrando el neoliberalismo en el país, como el fuerte endeudamiento, sin antecedentes en otro periodo histórico y en tan corto tiempo, y el crecimiento de la desocupación y las desigualdades.

.No obstante no puedo manifestarme en contra del desarrollo nuclear argentino y considero que es un error sacar una ley prohibiendo la construcción de cualquier planta nuclear para generación de electricidad en el territorio. Especialmente no entiendo la postura del FpV provincial que se da de bruces con el programa que en este sentido siempre ha defendido el kirchnerismo, la particular y encendida defensa de la ciencia, la tecnología y el plan nuclear que siempre ha tenido la expresidenta Cristina e incluso la tradición del peronismo. Una cosa, como dije, es plantear las dudas que genera un proyecto de este tipo con un gobierno como el de Cambiemos, pero de ninguna manera ponerse en contra de una política de Estado de varias décadas de uso pacífico de la energía nuclear, esencial para un país con industrias, que es el que permite alcanzar mayores estándares de igualdad y calidad de vida de los argentinos, y también para resguardar el medio ambiente, ya que se trata de una energía limpia y no contaminante. Esto tiene que ver con principios político-ideológicos que deben defenderse aún a costa de eventuales y coyunturales opiniones en contra de un sector importante de la población. En política no se puede ser “grouchomarxiano” y cambiar de principios de acuerdo a los humores o presiones de franjas incluso importantes de la población. Una cosa es que se necesita del respaldo colectivo para producir verdaderos cambios, otra distinta hacer seguidismo de expresiones aparentemente ‘populares’ cuando están  equivocadas o se dan de espaldas a nuestras convicciones. Como en cierta medida decía Alfonsín respecto a una eventual derechización de la sociedad: habrá que prepararse para perder elecciones, pero nunca hacerse conservador.

. No hace tanto, en el 2015, la entonces presidenta Cristina Fernández inauguró en esta provincia la Planta de Enriquecimiento de Uranio en el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu. Allí recordó el énfasis que la administración e Néstor Kirchner y la suya le dieron al plan nuclear, no como algo secundario, sino como esencial en esto de no volver a perder autonomía científica y energética. “Debemos ser nosotros mismos los dueños de nuestra ciencia”, afirmó. Reivindicó que a partir del Plan Nuclear Argentino, puesto en marcha por Néstor Kirchner en 2006, se llevaban invertidos “más de 11 mil millones de dólares”. Esto sólo constituía una gran desmentida al latiguillo de la oposición de entonces -que el ahora oficialismo todavía repite- de que no hubo inversión en energía durante el kirchnerismo. La inversión pública –además de esos 11 mil millones de dólares- en esa materia fue impresionante, basta mencionar las interconexiones Choele Choel-Puerto Madryn y Puerto Madryn-Pico Truncado, para conectar la Patagonia al resto del país; la línea de alta tensión NEA-NOA, la conclusión de las obras pendientes de Atucha II, se llevó a Yaciretá a su cota definitiva y construcción de un número importante de centrales térmicas. Sin esas obras hubiera sido imposible sostener la tasa de crecimiento que tuvo el país durante el kirchnerismo, de casi el 9% durante 10 años. Cristina también fue clara en sostener que la energía nuclear “es una de las energías más limpias y mucho más económica que la que producen las energías fósiles”. Sobre el enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu, recordó además que la Comisión Nacional de Energía Atómica se crea en 1950, pero en 1974, “cuando nos convertimos en constructores de reactores nucleares, Estados Unidos nos deja de vender uranio enriquecido”. “Te quitaban autonomía, porque no podías construir el combustible de los reactores. Nos limitaba en los mercados”, explicó. Indicó que en 1978 se comienza el proyecto de Pilcaniyeu, que es producir uranio enriquecido en Argentina, pero a fines de los 80, “bajo el pretexto de que la economía no daba, se deja sin efecto la producción de uranio enriquecido”, a lo que se suma que “en el 94 se interrumpe la construcción de la central atómica Atucha II”. Fue a partir del 2006 que se retoma con énfasis el plan nuclear. Por eso pidió “que nunca más nos volvamos a plantear que no podemos seguir adelante con proyectos como el de Pilcaniyeu”. Y reclamó que “todo esto que constituye el patrimonio científico de los argentinos, no vuelva a detenerse”. Sería una gran contradicción que el FpV rionegrino precisamente avale que se detenga o abone los argumentos de sectores que sin saberlo son ecoimperialistas, frenan un desarrollo tecnológico-industrial autónomo por falsas concepciones ambientalistas. Por otra parte, el énfasis que en sus dos gobiernos Cristina le dio a la ciencia, la técnica y la energía era de indudable raigambre peronista –basta revisar muchos de los conceptos de Perón en este sentido-.

. Por supuesto que el concepto de desarrollo debe ir de la mano del resguardo medioambiental. Creo que es posible en todos los campos –la minería, la explotación petrolífera, la agricultura, etc-., un desarrollo sustentable más allá que no hay ninguna intervención del hombre inocua. Un programa de industrialización en origen, valor agregado a los productos primarios, debe ir de la mano con una inclusión social en las esferas productivas y de consumo, y la preservación de la vida de los entornos naturales. Un fundamentalismo ambiental que frene todo desarrollo industrial y de autoabastecimiento energético y de insumos básicos mineros, sólo generará pobreza y, al revés de lo que se busca, primará una producción primaria que se irá “comiendo” el patrimonio natural. Como señaló Yolanda Ortiz, pionera de políticas ambientales en Argentina y Latinoamérica, primera Secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano cuando Perón creó esa dependencia en los ’70, es posible un equilibrio entre el desarrollo industrial y la explotación de los recursos minerales e hidrocarburíferos –que son los que permitan sustentar un desarrollo industrial- con el resguardo del medio ambiente, y que la peor contaminación, si cabe el término, es la pobreza y la miseria. Afirmó que “no se puede lograr un desarrollo sustentable sin superar la pobreza, hay que llegar a lograr una armonía entre la producción y el medioambiente”. Y respecto a la energía nuclear hay que informarse correctamente. Más allá que se deba desarrollar energía eólica y solar, sólo la nuclear permite generar energía a gran escala en un mundo cada vez más creciente de población y demandante de energía. Es la única que impide la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono por año y sin su extensión la batalla contra el calentamiento global está perdida, como aseveró Mark Lynas, un autor británico, periodista y activista ambiental, que después de años de batallar contra la energía nuclear, investigó y descubrió  que lo que predicaba era falso. Recomiendo su libro “Por qué un Futuro Verde Necesita de la Energía Nuclear”, al que puede accederse incluso por internet, donde analiza en profundidad por qué “casi todo lo que originalmente había creído acerca de la energía atómica era incorrecto”, desmitifica que el desecho nuclear sea un problema sin solución, que el uso de reactores civiles acrecienta el riesgo de guerras nucleares, y que la radiación de accidentes como Chernobyl mató a decenas de miles o incluso a millones de personas. Afirma sin dudarlo, y lo fundamenta con buena documentación y ejemplos, que “todas las ideas antinucleares con las que había crecido eran mitos o ideas equivocadas”, y que, en lugar de eso, “había una fuente de energía confiable con una fuente de combustible virtualmente inagotable que podía proveer de energía a países enteros sin producir CO2 durante su operación”. No es la única fuente, hay que indagar, informarse, acceder al conocimiento científico y técnico, por lo menos para que la más amplia participación de sectores populares en las decisiones que hacen a todas estas temáticas –que también considero necesaria como lo plantean los ambientalistas- se haga en base a información real. (APP)