Viedma.- (APP) Las redes sociales suelen ser el crisol donde se funden opiniones y posturas de todo tipo. Y como en todo caldero donde se forjan actitudes y sentimientos, es lógico que la temperatura se eleve para lograr la fusión que denominamos “opinión pública”.
Esta semana hemos advertido en Twitter y Facebook que el tema “Desaparición de Santiago Maldonado” ha levantado la temperatura en extensos y álgidos debates entre “amigos”, conocidos, clientes, vecinos y parientes. Esta temperatura deriva de los hechos en la vida real, de manera directa, sin filtro, al instante. Hoy los celulares capturan imágenes y videos que son subidos en segundos a la web y se reproducen de a miles, cual langostas en vergel. El caso más a mano de este tipo de viralización fue el video donde militantes de Nuevo Encuentro, que mientras pintaban un mural de Santiago fueron increpados e insultados por un vecino viedmense.
Los últimos acontecimientos derivados de la multitudinaria marcha para pedir la “aparición de Santiago” en la Plaza de Mayo, y en muchas otras plazas del país, generaron cruces en las redes entre personas que asumen posturas en defensa de la Gendarmería Nacional y otros en la exigencia de la Aparición del joven Maldonado. La artillería utilizada en estas contiendas consiste en excusas centradas en: las pintadas a edificios públicos, disturbios, vandalismo, desorden, etc. y por otro lado: la violencia institucional, Patricia Bulrich, excesos policiales, decisiones de ultra derecha, extranjerización de las tierras y neoliberlismo.
El fragor de los cruces y la virulencia de las palabras no permiten ver la raíz, el origen del problema. Mientras las disputas transitan por las paredes del Cabildo o por la represión a los manifestantes, se torna borrosa la causa original de este problema, se desplaza totalmente el leitmotiv. A Santiago se lo llevó la Gendarmería y el hecho grave no se centra en el reclamo de aparición, sino en que un Estado-Gobierno haya dado la orden de desalojo de una ruta, cumpliendo con lo establecido en la Constitución Nacional, y que “bajo esa orden de desalojo” haya desaparecido un manifestante, un argentino, un rionegrino, un bolsonero más precisamente. A partir de ese aberrante y nefasto hecho, se desató todo lo que podemos observar en las redes; debacle que se desvirtúa (no sin intención) día a día y que desdibuja ese origen, tal vez porque a alguien le convenga, pero seguramente todo eso contribuye a sumar confusión.
Un Estado que no se hace cargo de sus decisiones, un Gobierno que no contacta, ni acompaña a los familiares del desaparecido, que banca los exabruptos de su Ministra de Seguridad, que no se manifiesta ante este tipo de práctica monstruosa, es cómplice. Y más allá de su complicidad, sus actitudes colaboran a confundir aún más. Su indiferencia provoca que en las redes siga este torbellino de defensas a la Gendarmería Nacional versus “Devuelvan a Santiago”, mientras tanto, no sólo nos seguimos preguntando ¿Dónde está Santiago?, sino también exigiendo que el Gobierno de Mauricio Macri se haga cargo! Allí se debe centrar el verdadero debate.
