Tristeza de Calicanto… Alegría de viernes santo…/Por Liliana Verbeke

Viedma.- (APP) El caldillo de congrio eleva sus vapores cual plegaria de Viernes Santo… todo se ha detenido hoy… pero  en Calicanto la vida se enciende  cada día de cinco a cinco… como gustan decir en el restorán del Mercado Central.

Desde allí centenares de chilenos y turistas miran la vida con la urgencia de un sismo y la frescura de una Paila Marina, mientras el Mapocho cansino, enrojece y transita su derrotero de cobre y de sal.

Es el disfrute del encuentro y la reunión, la mesa y la comida, es el llanto de la cebolla, el canto del ají, la plegaria al salmón, locos tranquilos, y más allá un pícaro langostino me guiña un ojo  junto a apretados mejillones y cholgas que se mecen y cuecen en barcazas de arroz amarillo, tributando honores al mar y a los sabores.

Pablo y su Matilde duermen frente al mar mientras su canto general golpea la costa negra y rocosa de la isla. Su casa testimonial,  soportando el tránsito pluricultural diario y cansino de curiosos – como yo-  y turistas que observan desgastando con sus miradas el inventario del poeta; pilchas y vajillas, sus copas y botellas ,  ponchos y sombreros ,  su fino gusto por el arte, sus mariposas, sus barcos, sus pipas  , su barcito y su cocina…

Vinieron de Suecia un día para ayudar a elevar su casa, su memoria y su estadía y desde un micrófono en cuello cada uno toma nota de sus andares, de sus quehaceres, de su sosiego y su alegría. Esa forma tan moderna y práctica de recorrer un museo hoy día.

Y así pasan las horas, con un registro actualizado en forma permanente de temblores o sismos  casi imperceptibles pero constantes.

La tierra me dio la bienvenida moviéndose muy despacio en Coquimbo y mi cabeza acusó recibo… al día siguiente en Antofagasta y así en forma sucesiva y distantes e insignificante seguro para lo que sucede en el  mundo que mueve  y define la economía en “Sanhattan” o el Manhattan Chileno, plagado de torres, oficinas y rutas de acceso que cual la nervadura de un hoja envuelven a la vez que descongestionan la zona.

“Sanhattan”  es la denominación popular que recibe el circuito financiero en la capital chilena, lugar de oficinas premiun, allí mismo donde Las Condes, Vitacura y Providencia se dan la mano fuerte en medio de casi 50 torres que lo posicionan como uno de los centros financieros más importantes de Latinoamérica.

Allá arriba en Manquehue el aire se cotiza, es el cerro que expertos japoneses  aconsejaron derribar  para que Santiago respire… pero todo resultó contrario, se parceló el sitio, se pobló, se inundó de grandes  “mansiones de techos bajos”, de ceos y sus negocios urgentes y  hasta de  residencias diplomáticas, porque en Manquehue  como su nombre lo indica tú te sientes un cóndor; alto y arrogante en su sitio.

Allá quedo el patriciado en Las Condes mientras la vida sigue, canta y celebra la bohemia estudiantil en Bella Vista o sobria y económicamente segura devora un sushi en Providencia.

La magia del Santa Lucía recuerda para siempre la intendencia de Don Benjamín Vicuña Mackenna, por haber contratado al arquitecto que  logró transformar un peñón de 69 metros de altura en un jardín encantado, elegante, flotante, colgante  que se inunda de flores y verdes y amarillos, con fuentes de aguas y rejas y balcones en sintonía con la antigua fortaleza que fuera en otro tiempo.

Encontramos también que una corriente migratoria o de exiliados haitianos, algunos procedentes directamente de Haití y otros desde República Dominicana ha hecho su irrupción con fuerza sobre todo tras el terremoto que azotara a Haití. Esta presencia ha demandado traductores –mediadores en los servicios médicos y en los centros de enseñanza, viven ocupados en todos los oficios…llenando de color el metro y las tardes de la Plaza de Armas , hay barrios habitados concretamente en su totalidad por éstos migrantes a los que le llaman con el gentilicio de “Chiletanos”.

Son los nuevos laburantes, mujeres y hombres que trajinan por toda la ciudad, empleados en hoteles, en los súper de los  “moles”… creo esta migración dejará huellas y marcará un antes y un después en  Santiago y quizás en todo Chile.

Arrogante Valparaíso… Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, con su puerto histórico, ya cansado y abarrotado, dejando paso al de  San Antonio pero aún enhiesto en medio de la niebla matinal constante y dos colinas en declive al mar creció esta ciudad singular, con cuarenta y cinco cerros , se caracteriza por sus funiculares silenciosos, constantes , sus escaleras y callejones ,sus coloridos murales, con su Escuela Naval, con sus edificios históricos preservados, con el parloteo del Congreso Nacional en su seno.

Qué es Viña sino el costado derecho de la bahía, con sus palmeras y moderna edificación, su arena dorada, su playa haragana que se estira y despereza en Reñaca, la misma que guarda silencio en su Capilla singular, pila de Bautismo del Padre Hurtado, mi “santo chileno” favorito.

Qué es Viña del Mar sino la Quinta Vergara con su Palacio interior lugar donde funciona el Museo de Bellas Artes y el gran Anfiteatro al aire libre capaz de albergar casi 20 mil espectadores durante su  Festival Internacional de la Canción, con su imponente escenario y plateas y todo lo que el mismo genera y emite desde sus columnas, barrotes y plateas  de cemento y acero entibiadas cada verano con miles de voces, en varios idiomas y otras que cada tanto se alzan invocando a Violeta.

Y el mapa sísmico desde mi celular me dice que anoche  el movimiento fue leve… allá lejos en San Pedro de Atacama.

Y entonces me vuelvo.

Santiago, Semana Santa de 2018