Viedma.- (APP) En la Argentina el museo más difundido sobre Ernesto ‘Che’ Guevara está en Alta Gracia, Córdoba, (Casa Ernesto Che Guevara) lugar donde pasó su niñez. A esa ciudad lo habían llevado sus padres porque el clima de la región era favorable para mitigar los efectos del asma. También hay otro museo en Rosario (Centro de Estudios Latinoamericanos Che Guevara) y un tercero en Misiones (Hogar Misionero del Che). Muy pocos conocen que la Patagonia tiene también uno y que está celebrando sus diez años. Es una estructura de madera que está ubicada en el área céntrica de San Martín de los Andes (esquina de Rudecindo Roca y Sarmiento) y se denomina ‘La Pastera’. Está abierto al público de 9.30 a 14 y de 17 a 20.
El nombre ‘La Pastera’ se debe a la función original del edificio que data de 1946, propiedad del Parque Nacional Lanín: la de guardar pasto para los animales que utilizaban los guardaparques. En ese lugar estuvo el Che con su amigo Alberto Granado a principios de 1952, en el marco del famoso viaje por Latinoamérica que hicieron con una moto Norton 500 cm3.
Ese viaje quedó documentado en las anotaciones personales del Che, fuente de inspiración para la exitosa película “Diarios de motocicleta”.
‘La Pastera’ fue creada a instancias de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y no es un museo más, es un refugio para la historia, el análisis y la reflexión sobre uno de los personajes más emblemáticos de la historia, que todos nombramos, pero no muchos conocemos.
El galpón ha sido reciclado con parámetros de museología y arquitectura moderna pero conserva la estética y el espíritu del que conocieron a mediados del siglo pasado Ernesto Guevara y Alberto Granado cuando eligieron ese lugar para pasar la noche.
En la sala principal, los paneles dinámicos e informativos recrean la vida del líder revolucionario, con una biografía ágil, acompañada por fotografías inéditas. Los paneles temáticos que completan la muestra nos acercan la visión del Che sobre los trabajadores, la juventud, su concepción del hombre nuevo, Fidel Castro, la familia… Cálidos y precisos a la vez, los textos van sumergiendo al visitante en su apasionante historia de vida.
El recorrido, que también cuenta con un homenaje a los desaparecidos durante la dictadura militar, termina en el entrepiso de la sala donde se puede observar una ambientación con fardos de pasto, recreando el espacio donde durmieron Guevara y Granado en el verano de 1952.
Otra forma de navegar por la vida del Che es a través del multimedia, producido por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). Entre escritos, videos, música y fotografías, se destaca el audiovisual institucional que muestra, además de la historia del Museo, imágenes de la inauguración el 20 de junio de 2008, a la que asistió Aleida Guevara March, una de las hijas del Che.
Otro soporte informativo es una pantalla de plasma donde se reproducen en forma permanente audiovisuales sobre la vida del Che, sus discursos y entrevistas.
El sector de librería ofrece joyas de colección: materiales, publicaciones, fotos y libros editados por el Centro de Estudios Che Guevara, La Habana Cuba.
La Pastera dispone de un sistema de calefacción y de servicios que garantizan las condiciones para disfrutar de una visita placentera y para las actividades al aire libre que se programan en la primavera y verano, cuenta con un anfiteatro.
Algo de historia
A principios de 1952 Guevara y Granado llegaron hambrientos y cansados en su moto a San Martín de los Andes. El intendente del Parque Nacional Lanín les brindó alojamiento en un galpón destinado a guardar el pasto para los animales. En “La Pastera” encontraron casa y comida gracias a la generosidad de los trabajadores del Parque, en particular, del sereno don Pedro Olate que los agasajó con un asado. Tras varios días de recorrer la zona reiniciaron el viaje con destino a Bariloche.
“(…) sin embargo hay momentos en que pienso con profundo anhelo en las maravillosas comarcas de nuestro sur. Quizá algún día cansado de rodar por el mundo vuelva a instalarme en esta tierra argentina y entonces, si no como morada definitiva, al menos como lugar de tránsito hacia otra concepción del mundo, visitaré nuevamente y habitaré la zona de los lagos cordilleranos”. (Ernesto Guevara. San Martín de los Andes. “Notas de Viaje”)
“El jueves 31 nos alojamos en un galpón de Parques Nacionales. En San Martín de los Andes. Conocimos al intendente, que es muy gaucho y muy preocupado por la conservación de la flora y la fauna. También conocimos al sereno, que es un poema folclórico (…) Le gusta la charla y el tintillo, y nos quería retener a toda costa. Dormimos allí. Al amanecer con una mochila de víveres salimos a conocer el lago Lácar (…) (Alberto Granado. “Con el Che por Sudamérica”).
“Querida vieja:
(…) Después de eso en medio de mil dificultades que salvamos con nuestra acostumbrada pericia, llegamos a San Martín de los Andes, en un lugar precioso, en medio de bosques vírgenes con un lago lindísimo; en fin hay que verlo porque vale la pena (…)Un cariñoso abrazo de tu hijo que te ama. (Carta a la madre desde San Martín de los Andes).
Primer viaje por Latinoamérica
El 29 de diciembre de 1951 Ernesto Guevara y Alberto Granado iniciaron desde Córdoba un viaje por Sudamérica en una moto que llamaban “La Poderosa II”.
Pasaron por Buenos Aires, la costa atlántica, Bahía Blanca, Choele Choel, Piedra del Águila, San Martín de los Andes y Bariloche. Cruzaron la cordillera hasta el sur de Chile y desde allí se dirigieron a Santiago donde debieron abandonar la moto. En barco, a pie y a dedo conocen distintas ciudades de Chile, Bolivia y Perú. En Lima establecen relación con el médico Hugo Pesce, distinguido especialista en lepra y dirigente del Partido Comunista Peruano. Por su intermedio viajaron al leprosario de San Pablo, a orillas del Amazonas, y luego, en la balsa “Mambo-Tango” navegaron río abajo hasta Leticia, ciudad fronteriza colombiana, donde trabajaron como entrenadores de fútbol. De allí a Bogotá y luego a Caracas, Venezuela, donde Granado consiguió empleo en un leprosario. Ernesto decidió entonces regresar a Buenos Aires vía Miami con el objetivo de finalizar sus estudios en medicina
“El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo Argentina, el que las ordena y pule, “yo”, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra “Mayúscula América” me ha cambiado más de lo que creí”,
Ernesto Guevara. (Capítulo “Entendámonos” del libro “Notas de viaje”)
“Al doctor Hugo Pesce que provocara, sin saberlo quizás, un gran cambio en mi actitud frente a la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre, pero encaminado a fines más armónicos con la necesidades de América. Fraternalmente. Che.”.
Notas de viaje de Ernesto Guevara de enero de 1952
“El camino serpentea entre los cerros bajos que apenas señalan el comienzo de la gran cordillera y va bajando pronunciadamente hasta desembocar en el pueblo, tristón y feucho, pero rodeado de magníficos cerros poblados de una vegetación frondosa. Sobre la estrecha lengua de 500 metros de ancho por 35 kilómetros de largo que es el lago Lacar, con sus azules profundos y los verdes amarillentos de las laderas que allí mueren se tiende el pueblo, vencedor de todas las dificultades climáticas y de medios de transporte, el día que fue “descubierto” como lugar de turismo y quedara asegurada su subsistencia. El primer ataque contra un dispensario de Salud Pública falló completamente, pero se nos indicó que podíamos hacer parecida tentativa en las dependencias de Parques Nacionales, cuyo intendente acertó pasar allí y nos dio enseguida alojamiento en uno de los galpones de herramientas de la citada dependencia. Por la noche llegó el sereno, un gordo de 140 kilogramos bien medido y una cara a prueba de balas, que nos trató con mucha amabilidad, dándonos permiso para cocinar en su cuchitril. Esa primera noche la pasamos perfectamente, durmiendo entre la paja de que estaba provisto el galpón, bien abrigados, lo que se hace necesario en estas comarcas donde las noches son bastantes frías”.
“El Che vivió apenas 39 años y medio, una vida de una intensidad fantástica”
Carlos «Calica» Ferrer fue amigo de la infancia de Ernesto Che Guevara, allá en Alta Gracia, Córdoba. Se perdió el viaje con Alberto Granado, pero lo acompañó al Che en el segundo viaje que hizo por Latinoamérica. Reproducimos una entrevista que le hizo el escritor y periodista Claudio García hace ya unos años.
-¿Qué ideas políticas tenía el Che cuando salen de viaje por Latinoamérica?
-Cuando salió de acá era socialista, como yo. Nuestros padres también. Habían ayudado a la República (por el bando republicano en la Guerra Civil Española). Hinchas de la república española. En Alta Gracia estaba Manuel de Falla, el músico. Ernesto había actuado poco en política universitaria. Yo más. Estaba más politizado, como Alberto Granado. Cuando salimos en el viaje. Granado ya estaba viviendo en La Guaira, cerca de Caracas, en la costa, estaba trabajando en un leprocomio. De manera que este viaje tenía como destino Caracas, Venezuela, con una visa que habíamos conseguido. En Guayaquil conocimos un grupo de tres estudiantes de La Plata que iban a Guatemala, se habían varado como nosotros..
-¿Ahí estaba Oscar Valdovinos, que sí estaba más politizado?
-Sí. Estaban Valdovinos, estaba Aldo Herrero y ‘Gualo’ García que iban para Guatemala, porque había sido profesor de ellos en la Universidad de La Plata un Primer Ministro de Arbenz (Jacobo, expresidente de Guatemala derrocado por la CIA y sustituído por una feroz dictadura militar), primera experiencia socialista de América Latina.
-Muchos dicen que el derrocamiento de Arbenz es un poco el antes y después ideológico en el Che; a partir de allí asume un compromiso político revolucionario a favor de los pueblos de Latinoamérica…
-Sin lugar a dudas, a él lo impacta mucho e inclusive hace un intento de juntar gente para la resistencia. Tal es así que un pariente de él, que estaba en la Embajada Argentina, lo llama y le dice “mirá, apenas entre Castillo Armas van a fusilar”, o sea el ejército bancado por la United Fruit. Por eso, derrocado Arbenz Ernesto se refugia en la Embajada Argentina y después no quiere regresar al país, se va para México. Ya conocía a su primera mujer, Hilda. Y el destino es así. En México conoce a Fidel y un día se embarca en el Granma.
-¿Los cuatro meses que compartió en el viaje, al Che ya le agarraban esos fuertes ataques de asma?
– Sí. El asma del Che la tenía de chiquito. Tal es así que por eso la familia se muda de Rosario a Alta Gracia y allí lo conozco yo. Mi padre fue el primer médico de Ernesto.
-¿Qué leía el Che en ese tiempo?
-Leía muchos libros, estaba mucho más adelantado que cualquier otro joven. Eso le viene de la madre. Cuando andaba mal por el asma, la madre se ocupaba de que leyera. La madre era muy culta y Ernesto tenía todo el tiempo para leer mientras sufría los ataques de asma. Yo me acuerdo ya en Alta Gracia, llegar a la casa y encontrarlo tirado en el piso, abiertas las manos, lo cual le facilitaba que el pecho se le dilatara, y ese día ya los padres no lo dejaban salir. Entonces leía. Por el tema del asma, el padre me decía que el primer entrenamiento de Ernesto para su gesta de combatiente fue Alta Gracia. Ahí fortaleció sus piernas, ahí se hizo ágil para andar en los cerros, aprendió a nadar, a andar a caballo, y a guerrear a los hondazos, a las pedradas. Jugábamos a la guerra, hacíamos trincheras, expediciones por la sierra.
-¿Teniendo en cuenta toda la bibliografía que ya hay sobre el Che, incluyendo su libro (“De Ernesto al Che: el segundo viaje de Guevara por Latinoamérica”), queda algo por escribir?
-Sí, por supuesto que sí. Orlando Borrego que fue su segundo en el Ministerio de Industria en Cuba -que cuando el Che se fue para su aventura en Bolivia incluso quedó muy ofendido porque no lo llevó-, dijo una gran verdad, que la biografía del Che aún no está escrita, está incompleta. Yo quiero resaltar que el Che vivió apenas 39 años y medio, una vida de una intensidad fantástica. (APP)
Más información: www.lapasteramuseoche.org.ar
