Viedma.- (APP) La intención del gobierno nacional de instalar una planta nuclear para la producción de electricidad en el litoral marítimo rionegrino se ha transformado en un complejo problema político y de segura incidencia electoral que trascenderá las fronteras rionegrinas.
Lo que surgió como un ofrecimiento altamente redituable para el gobernador Alberto Weretilneck cambió para transformarse en una moderna caja de Pandora, colmada de resultados impredecibles.
Hasta Lilita Carrió, la candidata de Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires y muy cercana al presidente Mauricio Macri se permitió cuestionar la planta nuclear en la Patagonia desde el programa de Mirta Legrand.
Mientras tanto los opositores vernáculos al proyecto están organizando una contundente manifestación de protesta el próximo 9 de agosto en Viedma, días antes de la fecha del comicio por las PASO para elegir diputados nacionales.
Aspiran a congregar manifestantes y ambientalistas de distintos puntos del país.
El objetivo no es otro que concitar la atención nacional para incomodar al presidente Mauricio Macri, responsable de la firma del contrato con los funcionarios chinos, y al gobernador Weretilneck, destinatario final de la obra nuclear que estará en su distrito.
A esta movilización crítica se ha sumado el dirigente Rodolfo Aguiar titular de ATE, disponiendo un paro provincial del gremio para dicha jornada.
El emprendimiento, que podría estar ubicado a 40 kilómetros de Sierra Grande, despertó las airadas quejas públicas del gobernador Mario Das Neves y legisladores nacionales de Chubut.
Hay temores allí de que el funcionamiento de la usina pueda alterar la temperatura del agua en esa zona oceánica, en forma perjudicial para la actividad turística, preanuncio de un conflicto interprovincial en ciernes.
La desacertada decisión de la Casa Rosada de lanzar la iniciativa cuando no se tiene todavía determinado el sitio de ubicación y el período de construcción comenzará recién en el 2020, aceleró innecesariamente un debate a favor o en contra de la idea que estalló prematuramente y está provocando efectos no queridos.
A esta realidad se sumó la falta de previsión de las autoridades responsables de la política nuclear nacional de no haber puesto en marcha los mecanismos adecuados para informar a la opinión pública de la región sobre las previsiones para evitar contaminación ambiental.
Alarma la impericia de los funcionarios responsables sobre cuestiones relacionadas con la energía atómica, y su repercusión pública, que generalmente despiertan alertas y temores en la población.
Hasta ahora brillaron por su ausencia los procedimientos para tratar de obtener los consensos necesarios, es decir la licencia social que posibilita que este tipo de proyectos no sean impuestos, para disminuir resistencias y sean aceptados por las comunidades. Precisamente, todo lo contrario sucedió días atrás.
Funcionarios nacionales y ciudadanos chinos, unas treinta personas, cumplieron de improviso una especie de sigiloso pero exagerado safari desde Viedma hasta Bahía Creeck, que despertó las más variadas sospechas y suposiciones.
Otorgaron así innecesariamente argumentos, para robustecer las presunciones que se formulan sobre hipotéticas localizaciones, ocultamientos o secretos que rodean al ignoto lugar de emplazamiento de la planta nuclear a espaldas de la gente, cuyo malhumor es por esa carencia de información claramente perceptible.
Este cuadro adverso quedó configurado por distintos factores acumulativos. Entre ellos, la convocatoria del Obispado de Viedma a los vecinos para analizar la situación en torno al anuncio oficial de radicación de la planta nuclear en territorio rionegrino.
Varias asambleas en el ámbito de la iglesia catedral tuvieron como derivación manifestaciones contestatarias públicas en la ciudad capital contra el proyecto, con críticas a las autoridades nacionales y provinciales.
En General Conesa un sacerdote acompañado por un grupo de personas irrumpió en el recientemente inaugurado local partidario de JSRN, interpelando sobre la planta nuclear a viva voz al vicegobernador Pedro Pesatti. Recientemente en Neuquén, durante un encuentro religioso, el obispo de esa diócesis Virginio Bressanelli mostró preocupación por la planta nuclear en Río Negro.
Además, como es notorio la polémica, ganó su lugar en los debates de la actual campaña proselitista de los partidos políticos. Solamente el oficialista JSRN y la Coalición Cambiemos (UCR-PRO) defienden la instalación de la usina.
El resto de la oposición desde el Frente para la Victoria (FpV) hasta la CC/ARI y todas las expresiones de la izquierda conjugan una idéntico alineamiento crítico.
El mayor asombro proviene de algunos dirigentes del justicialismo rionegrino, contrariando el legado de su fundador Juan Perón, quien sentó las bases de la política nuclear nacional y cuya continuidad casi milagrosamente han respetado todos los gobiernos que lo sucedieron.
Sobre todo por el llamativo silencio que guardaron cuando Néstor y Cristina Kirchner habilitaron la última central nuclear, y la reanudación del proceso de enriquecimiento de uranio en la planta de Pilcaniyeu.
Ambos gestos inequívocos de identificación con la línea histórica que se inició en 1947 con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Es de esperar que este curioso revisionismo peronista no cuestione que el INVAP participe en una próxima licitación internacional convocada por Holanda, para construir un reactor nuclear, destinado a fabricar radioisótopos para uso en medicina, por valor de cuatrocientos millones de euros.
La aparición de estas dificultades y algunos sondeos de opinión demostrativos de la desaprobación de sectores del vecindario, aconsejaron al gobernador Weretilneck a eximir al ejido de Viedma de esa responsabilidad, recomendando como lugar alternativo la zona de Sierra Grande.
El mandatario justificó su proceder luego de considerar tal vez apresuradamente, que la “gran mayoría” de los viedmenses refractarios a la planta -computando a los participes de las marchas junto al silencio que mantuvo el resto de la población-, le imponía no profundizar las divisiones en la sociedad lugareña.
En realidad, hay que señalar para evitar complicidades que en el ámbito de esa “mayoría silenciosa”, se encuentran los indiferentes eternos y quienes omitieron en forma culposa su acuerdo a favor del cuestionado proyecto, que sólo comentan en voz baja para evitar todo riesgo o compromiso.
En definitiva son quienes dejaron en soledad al gobierno provincial, obligándolo a buscar apoyo político y social en otro rumbo geográfico para sugerir la localización de la planta, y ahora ante las naturales recriminaciones que soportan, viven un remordimiento tardío.
Son los convencidos que el mutismo es sinónimo de salud. Los que no opinan, a favor o en contra. Los que muy rara vez se hicieron visibles cuando hubo que apuntalar y dar la cara en defensa de los intereses de la ciudad y la región, léase la dirigencia política, entidades empresariales, civiles, del comercio, colegios profesionales, universidades, entre otras.
Se trata del esquema dirigencial, salvo muy honrosas excepciones, de quienes piensan que los problemas se arreglan solos, los arreglan otros para nosotros, o las soluciones provienen desde el gobierno de turno como ha sido casi siempre, desde tiempos ya casi inmemoriales.
Mas allá de estas consideraciones el jefe comunal de Sierra Grande Nelson Iribarren, con singular coraje, dio un paso al frente, ya brindó su conformidad para que la localidad que gobierna pueda ser destinataria del proyecto.
Serán ocho mil millones de dólares de inversión, demandará una fuerza laboral de miles de personas durante cuatro o cinco años, beneficiará a la región, a sus pobladores, y por reflejo a la vecina ciudad chubutense de Puerto Madryn, distante solo a 120 kilómetros.
Obviamente, el cambio de destino para el emprendimiento, no alcanza para eliminar el eje de la disputa, ni las tensiones que genera la cuenta regresiva ante la expresión pública de protesta que tendrá lugar en los próximos días, en Viedma.
Durante esa jornada, comprovincianos y delegaciones provenientes desde distintos puntos del país conjugarán las exigencias de la ecología con las pasiones de la política en un deseado clima pacífico y de democrática tolerancia.
A partir de allí viviremos otro impredecible capítulo de esta historia que recién comienza, coincidente con la realidad de los resultados electorales que aparecen como muy reñidos, entre Juntos Somos Rio Negro y el Frente para la Victoria, y muy cerca de los lugares de privilegio la CC-ARI. (APP)
