Variaciones sobre Walsh, 40 años después de su asesinato/Por Carlos Espinosa

 

Viedfma.- (APP) Rodolfo Walsh fue asesinado por una patota militar que lo emboscó en la esquina de las porteñas avenidas San Juan y Entre Ríos. Eran las primeras horas de la tarde del 25 de marzo de 1977; la sangrienta dictadura cívivo-militar-eclesiástica acababa de cumplir su primer año de opresión y terror sobre el pueblo argentino.

Las fuerzas operativas “anti subversivas”, especialmente las que dependían de la Armada con base de operaciones en la Esma, buscaban a Walsh intensamente desde varios meses antes. El escritor era el responsable de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), que funcionaba como herramienta de la organización Montoneros y distribuía (en copias de papel) comunicados donde se denunciaban los secuestros y asesinatos cometidos por los militares.

Pero aquel 25 de marzo Walsh salió repartir su  ‘Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar’, que había redactado a título personal, ya no en nombre de ANCLA o Montoneros. Antes de que una ráfaga de ametralladora partiera su cuerpo en dos había alcanzado a despachar por correo varios ejemplares y otros fueron repartidos por su mujer, Lilia Ferreira, con quien había estado  hasta unas horas antes y salvó su vida porque separaron sus recorridos en la estación Constitución.

Aquel coraje, en aquella  trágica jornada de hace 40 años, nos permite hoy leer el inventario pormenorizado de las atrocidades y atropellos contra indefensos militantes populares (porque Walsh interfería las redes radiales policiales y captaba información que no se difundía públicamente) y también tomar conocimiento del preciso diagnóstico del fin último de tanto terror.

“En la política económica de ese gobierno (de la dictadura)  debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año (de 1976 a 1977) han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales” expresaba la célebre carta.

Walsh encarna el paradigma del periodista militante.

Entre 1962 y 1966 formó parte del equipo de la agencia Prensa Latina, fundada por el gobierno revolucionario de Cuba, a instancias del propio Fidel Castro para difundir en el marco internacional los logros de la nueva historia cubana. La dirección de Prensa Latina la ejercía el periodista argentino Jorge Masetti, y de la redacción participaban –además de Walsh-  Gabriel García Márquez,  Rogelio García Lupo y Carlos María Gutiérrez.

En 1968, con el respaldo del dirigente gremial antiburocrático Raimundo Ongaro,  fundó y dirigió el periódico “CGT de los Argentinos” que se editó hasta comienzos de 1970, constituyéndose en una tribuna de denuncia y prédica, en el marco de un peronismo renovado, comprometido con un propósito de revolución socialista.

Entre 1973 y 1974 trabajó en el diario Noticias, montado por la organización Montoneros con dirección de Miguel Bonasso. Era el jefe de la sección política y, según se cuenta, redactó la breve y contundente portada del día posterior a la muerte de Perón, el dos de julio de 1974. “Dolor” titulaba media página, y abajo podía leerse “El general Perón, figura central de la política argentina delos últimos 30 años, murió ayer a las 13,15. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable.  Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un Líder excepcional”. Los Montoneros y toda el ala de izquierda del peronismo habían roto con Perón en mayo de ese año y aquella portada fue considerada como una cabal demostración de equilibrio y respeto por la figura del viejo caudillo, con el que habían tenido diferencias profundas.

Poco antes del golpe de marzo de 1976, ya en la clandestinidad y moviéndose en las calles con un documento falso a nombre de Norberto Freyre,convoca a un grupo de intelectuales (no todos con experiencia periodística) para armar ANCLA.

Aquella mañana, cuando sale con Lilia de la casita de San Vicente con destino al centro de Buenos Aires, se calza en el cinto del pantalón, por debajo de una camisa guayabera, una pequeña pistola Walther PPK  calibre 22, y toma un portafolios de doble fondo donde lleva la tremenda carta.

Walsh sabe que la pistola no le servirá para defenderse de los fusiles FAL o las ametralladoras UZI que usan los militares; pero será suficiente para efectuar un par de disparos de provocación y morir acribillado. Sin concederle a sus cazadores la satisfacción de capturarlo vivo.

Pero Walsh fue más que un periodista militante. Fue un escritor privilegiado por talento, audacia conceptual y poder de síntesis. Ya en 1957 funda, al menos en habla castellana, el género de la no ficción con “Operación Masacre”(vuelve al estilo con “¿Quién mató a Rosendo?” en 1968)  ; pero desde antestambién incursiona en el cuento con enorme solidez, componiendo piezas literarias magníficas como los célebres “Esa mujer”, “Un oscuro día de justicia” y “Nota al pie”, y otras menos conocidas como “Fotos” y “Cartas”.

Ricardo Piglia, que lo trató a menudo entre 1970 y 1975, en el prólogo de la antología de los cuentos completos de Walsh (Ediciones de la Flor, 2016) dice que “un uso político de la literatura debe prescindir de la ficción” y agrega que “esa parece ser la gran enseñanza de Walsh”.

“En este aspecto no hace más que retomar una tradición que remonta al ‘Facundo’ de Sarmiento, es decir a los orígenes de la prosa política argentina. Walsh es muy consciente de la tensión entre ficción y política, clave en la historia de  nuestra literatura. Su obra está escindidida por ese contraste y lo notable es que, a diferencia de tantos otros, siempre comprendió que debía trabajar esa oposición y exasperarla. Liberar su ficción de contaminaciones circunstanciales y usar su habilidad de narrador para escribir textos de investigación y denuncia política. Esta escisión define dos poéticas en la práctica de Walsh.Por un lado está el manejo de la forma autobiográfica, del testimonio verdadero, del panfleto y la diatriba, en la línea de los grandes prosistas del nacionalismo o del Martínez Estrada de ‘¿Qué es esto?’ o de ‘Las cuarenta’. El escritor es un historiador del presente, habla en nombre de la verdad, denuncia los manejos del poder. Su ‘Carta abierta de un escritor a la Junta Militar’ es el ejemplo más alto de su escritura política” explica el gran narrador recientemente fallecido.

Asegura también que “para Walsh la ficción es el arte de la elipsis, trabaja con la alusión y lo no dicho, su construcción es antagónica con la estética urgente del compromiso y las simplificaciones del realismo social”.

Su último cuento, titulado ‘Juan se iba por el río”, desapareció junto con todos los papeles que los militares requisaron en la casita de San Vicente que fue el último refugio de Wash y su compañera Lilia Ferreira, hasta el  aciago 25 de marzo de 1977.

“Es su último cuento, el que escribió desglosando el material de la novela que ya había decidido no escribir. Es la historia del argentino derrotado del siglo XIX; del último argentino antes de la grandes inmigraciones. Del hombre del pueblo que había sido llevado de guerra en guerra, de tropa en tropa; que sobrevive a su tiempo y ya viejo, recorre la memoria de su vida y de la época en que vivió. Que luchó junto con su amigo el negro Ansina en batallas que no eran las suyas, como la noche antes de Cepeda, cuando los hicieron formarse para escuchar la arenga del general Mitre, quien los exhortó a combatir por la Patria y entonces el negro lo mira a Juan y le dice: “En la patria de ellos, yo me cago”, recordaba la propia Lilia, en una nota publicada en Página 12 en el 2006. El personaje se llamaba Juan Antonio Duda.

Sólo dos lectores tuvo esa  postrera obra literaria de Walsh, Lilia que lo tipeó a máquina tras su última versión manuscrita, y el militante Martín Grass, que estuvo secuestrado en la ESMA en 1977, y curioseando en un archivo de “material subversivo” apropiado por la Marina en distintos procedimientos, se encontró con el relato, mecanografiado

Nunca se supo cuál fue el destino de la documentación que aquella patota militar le robó a Walsh, incluyendo ese cuento y una serie de apuntes sobre el funcionamiento de Montoneros, que según la propia Lilia Ferreira ha comentado contenían algunas críticas hacia la estructura de la organización.

Ese faltante ya es, a esta altura de los años, absolutamente irrecuperable.

Pero Walsh es más que un periodista militante y un formidable literato. Es el exponente quizás más definido y claro del intelectual que se asume en su rol social dinámico, inquietante y transformador.

Alguna vez escribió que “el campo del intelectual es, por definición,la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”.

Walsh vivió y murió en estado de coherencia.

 

( Rodolfo Jorge Walsh nació el 9 de enero de 1927 en el establecimiento rural Santa Genoveva, de la Colonia Nueva de ChoeleChoel, hoy pueblo de Lamarque, provincia de Río Negro. Lo asesinaron en Buenos Aires el 25 de marzo de 1977. Su cuerpo sin vida fue visto en la Escuela de Mecánica de la Armada, pero nunca fue devuelto a su familia, y se lo considera desaparecido.)