{"id":14880,"date":"2018-02-14T06:08:53","date_gmt":"2018-02-14T06:08:53","guid":{"rendered":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/?p=14880"},"modified":"2018-02-14T13:36:54","modified_gmt":"2018-02-14T13:36:54","slug":"florencia-roulet-a-partir-de-1820-se-encara-la-cuestion-de-la-frontera-como-un-tema-de-solucion-militar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/florencia-roulet-a-partir-de-1820-se-encara-la-cuestion-de-la-frontera-como-un-tema-de-solucion-militar\/","title":{"rendered":"Florencia Roulet: \u00abA partir de 1820 se encara la cuesti\u00f3n de la frontera como un tema de soluci\u00f3n militar\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viedma.- (APP) Una entrevista de Esteban Lo Presti sobre los actores y el proceso de consolidaci\u00f3n territorial de rigurosa actualidad.<\/p>\n<p>La historiadora Florencia Roulet, nacida en Misiones y residente en Suiza desde hace m\u00e1s de dos d\u00e9cadas, presenta su trabajo sobre los pueblos originarios y su relaci\u00f3n con el proceso revolucionario de 1810: Huincas en tierras de indios. Mediaciones e identidades en los relatos de viajeros tardocoloniales, publicado por Eudeba. Su trabajo es imprescindible para entender el proceso de consolidaci\u00f3n territorial, los actores sociales de la \u00e9poca, las migraciones entre la frontera aun no resuelta entre los territorios de Argentina y Chile. Por su relato pasar\u00e1n los pampas, tehuelches, huilliches, pehuenches y araucanos. Y tambi\u00e9n reconoceremos el rol de la mujer, adelantado en muchos sentidos a su \u00e9poca.<\/p>\n<p><em>Dado el desconocimiento general que se tiene sobre los pueblos originarios en nuestro territorio, \u00bfcu\u00e1les son las relaciones que estos ten\u00edan en la \u00e9poca colonial con el poder espa\u00f1ol?<\/em><\/p>\n<p>Lo primero es precisar qu\u00e9 entendemos por \u201cnuestro territorio\u201d, cuestionando algunas certezas ancladas en el sentido com\u00fan. En La Argentina en la escuela, un libro coordinado por Luis Alberto Romero, se explica de qu\u00e9 modo la geograf\u00eda del sistema escolar nos inculc\u00f3 una noci\u00f3n ahist\u00f3rica de territorio, que ser\u00eda el n\u00facleo mismo de nuestra nacionalidad. Nos ense\u00f1aron que las fronteras de ese territorio estatal est\u00e1n en buena parte determinadas por la naturaleza (cordillera, grandes r\u00edos, etc.) o fueron disputadas con los Estados vecinos en una mutua puja expansionista que ten\u00eda como denominador com\u00fan el que los territorios ind\u00edgenas fueran considerados jur\u00eddicamente res nullius, tierra de nadie. A partir de esa ficci\u00f3n jur\u00eddica, las potencias coloniales europeas primero y los Estados independientes despu\u00e9s invocaron soberan\u00eda sobre inmensos espacios poblados desde hac\u00eda milenios por diversos pueblos originarios, incluso antes de ocuparlos y someterlos.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta esta idea naturalizada de un \u201cterritorio nacional\u201d que preexiste al Estado y que, en virtud del ius solis, le brinda incluso su misma condici\u00f3n de \u201cargentinidad\u201d, entonces renunciemos a la tentaci\u00f3n de superponer nuestra noci\u00f3n contempor\u00e1nea del espacio nacional a la realidad de los tiempos coloniales y pensemos en la formaci\u00f3n hist\u00f3rica de ese territorio a partir de la conquista espa\u00f1ola en un r\u00e1pido movimiento expansivo multidireccional, que pronto encontr\u00f3 sus l\u00edmites. El espacio colonial rioplatense no era un continuum homog\u00e9neamente ocupado sino una red de peque\u00f1as ciudades y aldeas de poblaci\u00f3n blanca (europea y criolla), mestiza, africana y en peque\u00f1a medida ind\u00edgena, vinculadas entre s\u00ed por rutas largas e inseguras. Estos n\u00facleos urbanos, muy distantes unos de otros, estaban \u201csalpicados\u201d como islotes en un \u00e1rea muy vasta, que en buena parte segu\u00eda en manos de sus habitantes nativos.<\/p>\n<p>En 1810, el Virreinato controlaba un territorio que inclu\u00eda la zona andina altoperuana, el Paraguay comprendido entre ese r\u00edo y la cuenca del Paran\u00e1, las zonas costeras de la banda oriental del Uruguay y una fracci\u00f3n de lo que hoy es el territorio argentino, porque la gobernaci\u00f3n de Buenos Aires no superaba hacia el sur el r\u00edo Salado y Melincu\u00e9, C\u00f3rdoba llegaba hasta el R\u00edo Cuarto y Mendoza estaba extendiendo su frontera sur hasta el fuerte de San Rafael, fundado en 1805. En el coraz\u00f3n del territorio virreinal, la inmensa regi\u00f3n chaque\u00f1a segu\u00eda en manos nativas, mientras que las pampas y la Patagonia eran espacios donde no penetraba el hombre blanco.<\/p>\n<p>Es decir que hab\u00eda grupos ind\u00edgenas que estaban \u201cdentro\u201d del espacio colonizado por los blancos \u2013generalmente sometidos a distintas formas de servidumbre bajo las instituciones de la encomienda, la mita, el yanaconazgo y las misiones religiosas\u2013 y cantidad de pueblos o naciones soberanas, que viv\u00edan \u201cfuera\u201d de ese espacio, al exterior de la l\u00ednea de fronteras marcada por un trazo imaginario que un\u00eda las guardias, fortines y fuertes que proteg\u00edan las \u00faltimas estancias. Estos territorios ind\u00edgenas que hasta el siglo XIX se denominan \u201ctierra adentro\u201d estaban ocupados por grupos de gran diversidad ling\u00fc\u00edstica, cuya movilidad estacional y cuyos contactos (familiares, comerciales, b\u00e9licos, entre otros) fueron potenciados por la adopci\u00f3n del caballo.<\/p>\n<p>Las relaciones de unos y otros grupos con el poder colonial eran sumamente diversas. En algunas regiones, a grandes rasgos donde ya hab\u00eda culturas agr\u00edcolas sedentarias con una organizaci\u00f3n pol\u00edtica relativamente jerarquizada, los espa\u00f1oles lograron someter a la poblaci\u00f3n nativa y obligarla a tributar, a veces al precio de guerras sangrientas y deportaciones masivas, como sucedi\u00f3 con los pueblos de los valles Calchaqu\u00edes.<\/p>\n<p><em>\u00bfEstos lazos se mantuvieron o se rompieron durante el nuevo orden revolucionario?<\/em><\/p>\n<p>A partir de 1810, la principal preocupaci\u00f3n de los revolucionarios fue ganar para su causa a estos indios \u201cde adentro\u201d y evitar que apoyaran a los realistas, sobre todo en las zonas de fuerte densidad demogr\u00e1fica ind\u00edgena y mestiza como el Alto Per\u00fa y el Paraguay. El grupo de los \u201cmorenistas\u201d al que pertenec\u00edan Mariano Moreno, Juan Jos\u00e9 Castelli y Bernardo de Monteagudo desarroll\u00f3 un discurso filo-indigenista basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la revoluci\u00f3n francesa e impuls\u00f3 la abolici\u00f3n de las formas de tributo y de trabajo servil identificadas con la opresi\u00f3n colonial. Pero esa ret\u00f3rica liberadora fue usada sobre todo como propaganda para reclutar soldados nativos en las campa\u00f1as militares contra los realistas.<\/p>\n<p>En cuanto a las naciones ind\u00edgenas que hab\u00edan quedado fuera del espacio colonial, los v\u00ednculos estuvieron condicionados por las cambiantes relaciones de fuerza: tras la conquista, los pueblos ind\u00edgenas de las pampas y el Chaco fueron incorporando poco a poco algunos elementos de la tecnolog\u00eda b\u00e9lica europea (en particular el caballo, las puntas de hierro, las corazas defensivas y la larga lanza), que a la larga potenciaron sus capacidades de resistencia. En el siglo XVII, mientras se sintieron militarmente superiores a los indios, los espa\u00f1oles circulaban con relativa libertad en los territorios que no hab\u00edan ocupado: buscaban la m\u00edtica \u201cCiudad de los C\u00e9sares\u201d, realizaban violentas \u201centradas\u201d, \u201ccorredur\u00edas\u201d o \u201cmalocas\u201d en territorio ind\u00edgena para \u201ccazar\u201d indios (sobre todo mujeres y ni\u00f1os) que se repart\u00edan entre la tropa, recog\u00edan ganado en las vaquer\u00edas. A medida que menguaba el ganado cimarr\u00f3n, penetraban cada vez m\u00e1s lejos tierra adentro y se multiplicaban los conflictos con los indios. Mientras tanto, estos se iban acostumbrando a consumir un conjunto de bienes producidos por la econom\u00eda colonial (art\u00edculos de hierro, prendas europeas, cereales, yerba, tabaco, az\u00facar y otros \u201cvicios\u201d) y manifestaban un creciente inter\u00e9s por procur\u00e1rselos mediante el trabajo asalariado temporal, el comercio y ocasionales asaltos contra transe\u00fantes que circulaban en las desprotegidas rutas coloniales.<\/p>\n<p>Mientras que la frontera chaque\u00f1a era una zona de \u00e1lgido conflicto, en la regi\u00f3n bonaerense reci\u00e9n a partir de 1740 las sociedades ind\u00edgenas respondieron a la violencia de las incursiones coloniales en sus territorios con actos de guerra contra la poblaci\u00f3n rural (muerte de hombres, captura de mujeres y ni\u00f1os y arreo de grandes cantidades de ganado manso). Entonces, cuando por primera vez la capacidad b\u00e9lica ind\u00edgena represent\u00f3 una verdadera amenaza, se intent\u00f3 un tipo de relaci\u00f3n diferente a trav\u00e9s de la negociaci\u00f3n de tratados de paz que acordaban b\u00e1sicamente el cese de hostilidades, la restituci\u00f3n rec\u00edproca de cautivos, la delimitaci\u00f3n de una frontera, el establecimiento de v\u00ednculos comerciales y la aceptaci\u00f3n de misioneros en territorio ind\u00edgena. Pero este nuevo tipo de relaci\u00f3n negociada tuvo muchos vaivenes, seg\u00fan las regiones, y reci\u00e9n en la d\u00e9cada de 1790, como fruto de una pol\u00edtica borb\u00f3nica que procur\u00f3 limitar los costos de la guerra y fomentar el comercio inter\u00e9tnico, se consolid\u00f3 en toda la frontera sur una situaci\u00f3n de convivencia pac\u00edfica basada en la celebraci\u00f3n regular de tratados con los pueblos ind\u00edgenas libres.<\/p>\n<p><em>Entonces este era el escenario en 1810\u2026<\/em><\/p>\n<p>\u00c9sta era la situaci\u00f3n que prevalec\u00eda en 1810. Los hispano-criollos hac\u00edan expediciones anuales a las Salinas Grandes \u2013en Atreuc\u00f3, actual provincia de La Pampa\u2013, donde se realizaba una inmensa feria en la que compraban ponchos, plumeros, riendas y ganado, vend\u00edan alcohol, cuchillos y textiles y rescataban cautivos y desertores. Y los caciques viajaban a las ciudades a comerciar, a llevar noticias de tierra adentro y a hacer visitas protocolares a los nuevos virreyes y gobernadores. Esa situaci\u00f3n pac\u00edfica hab\u00eda animado a algunos criollos a extender sus estancias en territorio ind\u00edgena, en violaci\u00f3n de los tratados. Por el momento estos pobladores eran pocos y para los indios era m\u00e1s importante preservar la paz y el comercio que exigir el desalojo de sus terrenos.<\/p>\n<p>Los revolucionarios mostraron muy r\u00e1pido su inter\u00e9s por adelantar la frontera sur, con la excusa de proteger las estancias y pobladores avanzados. El 15 de junio de 1810, la Primera Junta design\u00f3 al coronel Pedro Andr\u00e9s Garc\u00eda para inspeccionar la l\u00ednea de fronteras y proponer su nueva ubicaci\u00f3n. En octubre lo envi\u00f3 a las Salinas Grandes con la misi\u00f3n de iniciar negociaciones con los caciques pampas, ranqueles y \u201cchilenos\u201d de la zona, con quienes se pretend\u00eda firmar un tratado por el cual ellos cedieran terrenos para la instalaci\u00f3n de un fuerte y de una poblaci\u00f3n criolla. Este plan de avance negociado de la l\u00ednea de fronteras, que no se concretar\u00eda, era la continuidad de varios proyectos coloniales formulados desde mediados del siglo XVIII. Lo que demuestra la temprana misi\u00f3n de Garc\u00eda es que los revolucionarios ten\u00edan sumo inter\u00e9s en trabajar sus relaciones con los ind\u00edgenas del sur porque aspiraban a ganar terrenos para la ganader\u00eda. Con ese fin apelaron en la d\u00e9cada de 1810 a 1820 a una ret\u00f3rica que enfatizaba la noci\u00f3n de fraternidad americana frente a la opresi\u00f3n de un padre tir\u00e1nico.<\/p>\n<p>El problema con estos grupos \u201cde afuera\u201d, es que al no estar sometidos (a diferencia de los grupos sujetos a las distintas formas de tributo colonial que la revoluci\u00f3n aboli\u00f3) no pod\u00edan ser \u201cliberados\u201d y que manten\u00edan desde hac\u00eda d\u00e9cadas pactos mutuamente beneficiosos con la corona. Para pampas, ranqueles y pehuenches, los tratados significaban oportunidades comerciales, reconocimiento de sus l\u00edderes como interlocutores oficiales, agasajos durante los parlamentos y compromisos \u2013no siempre cumplidos\u2013 de protecci\u00f3n militar ante enemigos comunes. De la noche a la ma\u00f1ana, los criollos revolucionarios los convocaban como \u201chermanos\u201d para rebelarse contra la desp\u00f3tica autoridad de un \u201cpadre\u201d que hasta entonces les hab\u00edan descrito como poderoso, ben\u00e9volo, generoso e indulgente, sin ofrecerles ninguna ventaja material evidente por el incierto cambio de alianzas. Mientras la revoluci\u00f3n les pudo garantizar los privilegios de los que ya gozaban, el cambio de sistema pol\u00edtico no afect\u00f3 las relaciones. Pero cuando se les empez\u00f3 a exigir que se alinearan con la Revoluci\u00f3n, cortando relaciones econ\u00f3micas con los enemigos de \u00e9sta \u2013como sucedi\u00f3 con los pehuenches del sur de Mendoza luego del triunfo realista de Rancagua en 1814\u2013, algunos grupos prefirieron mantener su fidelidad a la abstracta figura de aquel rey ben\u00e9volo dando asilo a refugiados realistas en sus toldos.<\/p>\n<p>Es decir que, si en un principio hubo una intenci\u00f3n de continuidad con los proyectos borb\u00f3nicos de adelanto de las fronteras mediante la negociaci\u00f3n de tratados, la inestabilidad pol\u00edtica del proceso revolucionario, el constante recambio del personal responsable del trato con los indios, la avidez de tierras, la profunda militarizaci\u00f3n de la sociedad rioplatense y la lealtad de algunos grupos ind\u00edgenas hacia la facci\u00f3n realista (como m\u00e1s tarde su alineamiento con unitarios o federales) llevar\u00edan a partir de 1820 a encarar la \u201ccuesti\u00f3n de las fronteras\u201d con los indios como un tema cuya soluci\u00f3n deb\u00eda ser militar, en un enfrentamiento que algunos \u2013por ejemplo, el gobernador Mart\u00edn Rodr\u00edguez\u2013 ya formulaban como una guerra de exterminio.<\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 poblaciones podemos reconocer como propias de lo que era el territorio de las Provincias Unidas del R\u00edo de La Plata?<\/em><\/p>\n<p>La designaci\u00f3n de Provincias Unidas del R\u00edo de la Plata suplant\u00f3 a la de Virreinato del R\u00edo de la Plata de 1810 a 1826, aunque sobre una base territorial m\u00e1s reducida puesto que a partir de 1811 perdi\u00f3 los territorios paraguayo y altoperuano y tampoco consigui\u00f3 retener en su seno a la provincia oriental del Uruguay, que termin\u00f3 independiz\u00e1ndose en 1828. Dentro de ese espacio viv\u00edan grupos ind\u00edgenas que hab\u00edan sufrido profundas transformaciones reflejadas, entre otras cosas, en las etiquetas que se usaron para nombrarlos, designaciones que fueron variando del siglo XVI al XIX. Hacer el listado de esos pueblos, de Jujuy a Mendoza, de Santiago del Estero a Santa Fe, de las Misiones a Buenos Aires, ser\u00eda un ejercicio arduo y probablemente in\u00fatil.<\/p>\n<p>Intuyo que la pregunta tiene que ver sobre todo con la cuesti\u00f3n de la supuesta \u201cchilenidad\u201d de los mapuche y a ella me voy a referir. Dejando en claro dos cuestiones fundamentales para situarnos hist\u00f3ricamente: la primera, que el territorio en el que viv\u00edan en ese per\u00edodo los distintos grupos ind\u00edgenas que se expresaban en la lengua que hoy conocemos como el mapudungun no fue incorporado al Estado argentino sino a fines del siglo XIX (es decir, que es un anacronismo considerar esos territorios como argentinos antes de la campa\u00f1a de Julio A. Roca); la segunda, que la designaci\u00f3n de mapuche, \u201cgente de la tierra\u201d, no se utilizaba en la \u00e9poca para ning\u00fan grupo \u00e9tnico de la regi\u00f3n pampeana ni norpatag\u00f3nica, lo que no quiere decir que los antepasados de quienes hoy se reconocen como mapuches no estuvieran ya all\u00ed.<\/p>\n<p>Las evidencias arqueol\u00f3gicas muestran que la circulaci\u00f3n de t\u00e9cnicas, de objetos materiales y, por ende, de personas entre la vertiente atl\u00e1ntica y pac\u00edfica del Cono Sur americano data de milenios atr\u00e1s. En tiempos de la conquista espa\u00f1ola, Juan de Garay pudo observar durante su entrada al sur de Buenos Aires, a la altura de la actual Mar del Plata, a ind\u00edgenas vestidos con ponchos de lana que contrastaban con los mantos de piel de zorro y de guanaco que usaban los nativos de la regi\u00f3n bonaerense. Esa ropa sugiere una procedencia trasandina de quienes as\u00ed se vest\u00edan: a diferencia de los grupos pampeanos y patag\u00f3nicos, los pueblos originarios de lo que hoy llamamos Chile eran agricultores y pastores de cam\u00e9lidos que fabricaban textiles de lana de gran calidad.<\/p>\n<p>La documentaci\u00f3n del siglo XVII corrobora la presencia en las pampas de ind\u00edgenas \u201cde Chile\u201d. En esos textos, el top\u00f3nimo Chile designa no s\u00f3lo el exiguo territorio de la Capitan\u00eda General de Chile sino, de modo gen\u00e9rico, la cordillera y su vertiente occidental. Desde la gran rebeli\u00f3n que en 1598 logr\u00f3 la despoblaci\u00f3n de la casi totalidad de las ciudades espa\u00f1olas fundadas al sur del B\u00edo B\u00edo, los nativos de esa regi\u00f3n \u2013designada globalmente por el poeta Alonso de Ercilla como Arauco y conocida m\u00e1s tarde como Araucan\u00eda\u2013 manten\u00edan un estado de guerra defensiva con el aparato colonial espa\u00f1ol y bajaban a las pampas a proveerse de caballos baguales que usaban para el combate. Los pocos indicios documentales que tenemos sobre ellos sugieren que adquir\u00edan esos caballos por captura directa de los equinos cimarrones que proliferaban en las pampas o por trueque con los grupos nativos de la regi\u00f3n, que los documentos nombran como indios \u201cpampas\u201d.<\/p>\n<p>La presencia de estos indios \u201cde Chile\u201d se afirma y se hace m\u00e1s masiva y prolongada a partir de las primeras d\u00e9cadas del siglo XVIII. Por su condici\u00f3n de ind\u00edgenas no sometidos, esos grupos aparecen identificados en las fuentes como Aucas, palabra de origen quechua que significa \u201crebelde, alzado, indio de guerra\u201d, y tambi\u00e9n a veces como \u201cserranos\u201d, dada su procedencia cordillerana. En raras ocasiones se cuela en los textos un nombre que refleja una autoadscripci\u00f3n: \u201cpehuenches\u201d o \u201chuilliches\u201d. La historiograf\u00eda tradicional ha traducido autom\u00e1ticamente \u201cAuca\u201d como \u201caraucano de Chile\u201d. Pero hay que tener cuidado con la interpretaci\u00f3n que hacemos de tales etiquetas impuestas: se trata de calificativos que no reflejan el nombre con el que esos grupos se reconoc\u00edan a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n en los territorios ind\u00edgenas al sur de la l\u00ednea de fronteras durante el siglo XVIII es de un extremo dinamismo y da lugar a intensos procesos de mestizaje y de etnog\u00e9nesis: asimilaci\u00f3n de individuos sueltos de otras procedencias, por fisi\u00f3n de grupos m\u00e1s grandes o por diversas transformaciones en las formas de definici\u00f3n identitaria de un mismo grupo a lo largo del tiempo. En la regi\u00f3n al sur de Buenos Aires, grupos \u201cAucas\u201d se van instalando en las Salinas y la regi\u00f3n interserrana al amparo de los caciques locales de origen \u201cpampa\u201d y \u201cteguelch\u00fa\u201d, para con el tiempo ganar autonom\u00eda y terminar convirti\u00e9ndose, a partir de 1770, en los principales aliados de las autoridades hispanocriollas en su lucha contra los poderosos teguelch\u00fas y contra otras facciones aucas. Hacia 1790, sus descendientes ser\u00e1n llamados \u201cpampas\u201d. Al sur de C\u00f3rdoba nacer\u00e1 a mediados de la centuria el pueblo ranquel a trav\u00e9s de un cl\u00e1sico proceso de etnog\u00e9nesis: los pueblos \u201cpuelches\u201d o \u201cpampas\u201d que habitaban las planicies al sur del R\u00edo Cuarto fueron recibiendo oleadas de inmigrantes pehuenches de la regi\u00f3n cordillerana de Ranquil, as\u00ed como individuos sueltos procedentes de los bosques del Neuqu\u00e9n (designados \u201chuilliches\u201d o \u201cgente del sur\u201d) y de los llanos de la Araucan\u00eda (\u201cllanistas\u201d). Y al sur de Mendoza, grupos pehuenches cuyo h\u00e1bitat eran los bosques de araucarias de las laderas y valles cordilleranos fueron corridos hacia el este de los Andes por el efecto conjugado de la presi\u00f3n espa\u00f1ola en sus territorios y las guerras con ind\u00edgenas huilliches. Hacia mediados de siglo algunos pehuenches migraron hacia el norte hasta la regi\u00f3n de Malarg\u00fce, desplazando a los grupos morcollames, oscollames, chiquillanes y goycos (que los espa\u00f1oles designaban colectivamente con la etiqueta de \u201cpuelches\u201d y m\u00e1s delante de \u201cpampas\u201d). Algunos de esos \u201cpuelches\u201d se fundieron con los ranqueles en la pampa central mientras que otros se mantuvieron cerca de la frontera mendocina, viviendo al amparo de algunos caciques pehuenches, aunque en una relaci\u00f3n siempre conflictiva con los pehuenches en general.<\/p>\n<p><em>\u00bfEste proceso fue violento?<\/em><\/p>\n<p>En todos estos procesos de reconfiguraci\u00f3n \u00e9tnica hubo conflictos violentos (que en general respond\u00edan a enfrentamientos de segmentos tribales en un ciclo de venganzas de sangre, pero no involucraban al conjunto de la etnia) y hubo tambi\u00e9n mestizajes, alianzas y fuertes v\u00ednculos de parentesco que cruzaban las fronteras \u00e9tnicas: por m\u00e1s enemigos que se sintieran los pehuenches de los ranqueles, por ejemplo, todos ellos ten\u00edan parientes cercanos en el otro grupo y era posible para cualquier individuo cruzar las fronteras \u00e9tnicas y ser adoptado e integrado por sus \u201cenemigos\u201d. M\u00e1s all\u00e1 de las distintas identidades locales en las que se reconoc\u00edan los pueblos ind\u00edgenas de la frontera sur y a pesar de ligeras diferencias en la vestimenta y en las actividades econ\u00f3micas en funci\u00f3n de las caracter\u00edsticas f\u00edsicas y los recursos de cada regi\u00f3n, advertimos hacia 1810 una gran uniformidad cultural en toda el \u00e1rea que algunos antrop\u00f3logos han llamado \u201cpan-araucana\u201d, que comprend\u00eda la Araucan\u00eda propiamente dicha, la cordillera, la pampa seca y la pampa h\u00fameda: aunque var\u00eden los acentos y pervivan algunos t\u00e9rminos de idiomas anteriores, la lengua dominante es el mapudungun (usado incluso por los jesuitas como lengua para evangelizar a pampas y patagones en su breve experiencia misional al sur de Buenos Aires en las d\u00e9cadas de 1740 y 1750), el sistema de creencias es com\u00fan, los modos de subsistencia son virtualmente los mismos. La mayor diferencia, que el mismo coronel Pedro Andr\u00e9s Garc\u00eda advertir\u00e1 en su viaje a Sierra de la Ventana en 1822, se advierte entre estos pampas, ranqueles, \u201cchilenos\u201d, pehuenches, huilliches, etc. y los tehuelches o patagones que hab\u00edan sido corridos al sur del R\u00edo Colorado por la alianza entre espa\u00f1oles y aucas. Ellos mantienen su propio idioma, se siguen vistiendo con pieles, son m\u00e1s altos y no todos han adoptado el caballo.<\/p>\n<p>Si los documentos de archivo de los siglos XVII y XVIII reflejan una creciente presencia de individuos y grupos de origen trasandino, instalados de modo permanente en los territorios ind\u00edgenas pampeanos y fuertemente mestizados con los grupos locales, ni un solo texto de la \u00e9poca avala la hip\u00f3tesis de que llegaran como invasores, masacrando a los pueblos preexistentes. Por cierto hab\u00eda conflictos, como cuando en 1710, seg\u00fan declaraciones de vecinos de San Luis, ciertos caciques aucas afirman haber matado a algunos indios pampas de la regi\u00f3n serrana bonaerense en venganza por robos de caballos que estos \u00faltimos habr\u00edan hecho. Pero esa violencia no tiene motivaciones \u00e9tnicas, no implica una conquista territorial ni es unidireccional: en su viaje por las pampas en 1806, el chileno Luis de la Cruz, alcalde del cabildo de Concepci\u00f3n, oy\u00f3 hablar de los \u201chuilliches patag\u00f3nicos o magall\u00e1nicos\u201d (presumiblemente tehuelches, seg\u00fan la nomenclatura etnogr\u00e1fica popularizada en el siglo XX), considerados \u201cbrav\u00edsimos\u201d, que aliados con los huilliches del cacique Cagnicolo de la regi\u00f3n del Limay, hac\u00edan la guerra a pie, vestidos con pieles y armados con flechas, contra otros huilliches.<\/p>\n<p>De hecho, la imagen que nos transmiten los relatos de principios del siglo XIX sobre los indios \u201cchilenos\u201d es la de l\u00edderes moderados, bien predispuestos y habituados a los tratos diplom\u00e1ticos. En el \u00e1mbito bonaerense se asiste en los primeros a\u00f1os de esa centuria a un desfile permanente de importantes caciques de Chile que llegan a la frontera con su s\u00e9quito para tener el honor de presentarse ante el virrey y ratificarle su buena fe y sus pac\u00edficas intenciones. Tal imagen positiva se consagra a partir de 1810, coincidiendo con la primera etapa del proceso revolucionario, cuando se ensalza e idealiza la resistencia araucana a la conquista espa\u00f1ola (recordemos a la logia mas\u00f3nica que adopt\u00f3 el nombre de Lautaro, el l\u00edder que condujo la lucha contra el gobernador Pedro de Valdivia). En su viaje a las Salinas Grandes ese mismo a\u00f1o, el coronel Pedro Andr\u00e9s Garc\u00eda negoci\u00f3 con una fratr\u00eda de caciques \u201cchilenos\u201d oriundos de la regi\u00f3n de Valdivia, uno de los cuales \u2013el cacique Epumur\u2013 llevaba d\u00e9cadas instalado cerca de la frontera bonaerense, en pac\u00edficas relaciones con las autoridades virreinales. De todos sus interlocutores ind\u00edgenas, estos \u201cchilenos\u201d fueron con creces quienes le produjeron la mejor impresi\u00f3n y aquellos a quienes vio como sus mejores aliados para negociar la cesi\u00f3n de terrenos en las inmediaciones de las salinas.<\/p>\n<p>Durante la d\u00e9cada de 1820, los enfrentamientos entre patriotas y realistas en Chile \u2013conocidos como \u201cla Guerra a Muerte\u201d\u2013 potenciaron el ingreso a las pampas de grupos enteros de ind\u00edgenas de la Araucan\u00eda: boroganos (oriundos de Boroa), partidarios de los realistas, que se instalaron en las Salinas; pehuenches fieles a la monarqu\u00eda aliados con los hermanos Pincheira; l\u00edderes pro-republicanos como el llanista Venancio Coyhuep\u00e1n, su t\u00edo el pehuenche Melipan y los hijos de \u00e9ste, Melinao y Collinao \u2013que entraron a las pampas en persecuci\u00f3n de los Pincheira en 1827 y terminaron instal\u00e1ndose cerca del fuerte Independencia como indios aliados de Buenos Aires\u2013 y el pehuenche Toriano, que a principios de la d\u00e9cada de 1830, alentado por Juan Manuel de Rosas, se desplazar\u00eda desde las nacientes del r\u00edo Colorado a las pampas con unos dos mil guerreros entre los cuales estaba Calfucur\u00e1, aunque sin permanecer en la regi\u00f3n. Tras varias expediciones comerciales entre las pampas y la cordillera, este \u00faltimo descabezar\u00eda la agrupaci\u00f3n borogana en 1834, matando en Masall\u00e9 al cacique Rondeau, sus hermanos Mel\u00edn y Al\u00fan y varios otros caciques, y se instalar\u00eda definitivamente en las Salinas Grandes. A partir de esa masacre, cuyas razones son poco claras (\u00bfun \u201cservicio\u201d hecho a Rosas ante la sospecha de infidelidad de Rondeau?, \u00bfuna previa enemistad por su alineamiento en bandos opuestos durante la Guerra a Muerte en Chile?, \u00bfun golpe a los boroganos del este destinado a debilitar el poder de ese grupo en Chile?, \u00bfun disgusto por la escasa cantidad de ganado con que los boroganos deb\u00edan \u201cagraciarlo\u201d?, \u00bfun ajuste de cuentas que cont\u00f3 con la complicidad de un sector de los boroganos?), Calfucur\u00e1 echar\u00eda en Salinas Grandes los cimientos de una poderosa jefatura que dur\u00f3 hasta su muerte, en 1873.<\/p>\n<p><em>Llegamos a la etapa de conquista del desierto\u2026<\/em><\/p>\n<p>En v\u00edsperas de la campa\u00f1a de Julio A. Roca, la imagen de los \u201caraucanos de las pampas\u201d ha cambiado, en buena medida por el \u00e9xito propagand\u00edstico de La conquista de quince mil leguas, op\u00fasculo escrito en 1878 por Estanislao Zeballos con el fin de promover la sanci\u00f3n de la Ley 947 mediante la cual se aprobaron los fondos para financiar la operaci\u00f3n militar que deb\u00eda llevar la l\u00ednea de frontera sobre la margen izquierda de los r\u00edos Negro y Neuqu\u00e9n. En esa obra Zeballos plantea una oposici\u00f3n dr\u00e1stica entre tehuelches y araucanos, describiendo a los primeros como \u201cnaturalmente preparados para la civilizaci\u00f3n\u201d y a estos \u00faltimos como \u201chordas de ladrones corrompidos en infernales borracheras sin m\u00e1s h\u00e1bitos de trabajo y de milicia que los del vandalaje\u201d. Zeballos escrib\u00eda en un contexto de conflicto de l\u00edmites con Chile y expresaba su esperanza de que, solucionado \u00e9ste, ambos Estados coordinaran \u201cla empresa de llevar las armas de la civilizaci\u00f3n a los confines del inmenso imperio de los ind\u00f3mitos araucanos a uno y otro lado de los Andes\u201d. En ese marco litigioso que no termin\u00f3 de resolverse sino con el Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Argentina de 1984, la inmemorial presencia de indios \u201cchilenos\u201d en el sector oriental del espacio pan-araucano fue le\u00edda como un fen\u00f3meno de \u201cpenetraci\u00f3n\u201d de una etnia \u201cextranjera\u201d en un \u00e1mbito geogr\u00e1fico que se proclamaba \u201cargentino\u201d, aunque el Estado nacional no hubiera ejercido sobre \u00e9l ninguna soberan\u00eda efectiva hasta su incorporaci\u00f3n militar en 1879. Curiosamente, en la d\u00e9cada de 1920 un historiador chileno, Ricardo Latcham, propuso una tesis inversa, que se populariz\u00f3 en los manuales escolares chilenos pero termin\u00f3 siendo desmentida por los investigadores: los araucanos habr\u00edan sido un grupo de origen pampeano y de filiaci\u00f3n guaran\u00ed, que lleg\u00f3 a Chile por migraciones sucesivas desde el este e impuso a los habitantes originarios su lengua, costumbres y religi\u00f3n. Lo interesante es se\u00f1alar c\u00f3mo, en un per\u00edodo de auge de los nacionalismos, se manifiesta en los ambientes acad\u00e9micos a uno y otro lado de los Andes la voluntad de marcar a los mapuches como extranjeros e invasores.<\/p>\n<p>En cuanto a esa \u00faltima designaci\u00f3n, mapuches, \u201cgente de la tierra\u201d, es un t\u00e9rmino que reci\u00e9n aparece puntualmente en la documentaci\u00f3n chilena en la segunda mitad del siglo XVIII designando a los habitantes de la Araucan\u00eda. Un siglo m\u00e1s tarde su uso se generaliza en Chile como autodesignaci\u00f3n frente a quienes son percibidos como huincas. Tras la conquista militar de los territorios ind\u00edgenas de Chile y de Argentina, tras el desmembramiento de las comunidades y la ocupaci\u00f3n de sus tierras, las fronteras \u00e9tnicas entre parcialidades locales pierden sentido y la \u00fanica distinci\u00f3n relevante para los sobrevivientes de esa cat\u00e1strofe es la que opone a la \u201cgente de la tierra\u201d y el usurpador blanco, el huinca.<\/p>\n<p><em>En tu libro te refer\u00eds a la existencia de \u00abmediadores\u00bb. \u00bfCu\u00e1l es el rol de estos frente a los pueblos originarios? <\/em><\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os 1980, las investigaciones hist\u00f3ricas, antropol\u00f3gicas y jur\u00eddicas han sacado a la luz una vasta paleta de interacciones pac\u00edficas entre ind\u00edgenas y blancos: un activo comercio tanto de \u201cconchavadores\u201d nativos en los centros coloniales como de pulperos criollos en las fronteras y tierra adentro, variados mestizajes y relaciones interpersonales de amistad y compadrazgo entre indios y blancos as\u00ed como un sistema de encuentros diplom\u00e1ticos regulares, los parlamentos, en los que se negociaron decenas de tratados de paz.<\/p>\n<p>Para que las relaciones pac\u00edficas fueran posibles hab\u00eda que negociar acuerdos. Y eso s\u00f3lo pod\u00eda hacerse mediante las competencias de quienes en cada sociedad conoc\u00edan al Otro y eran capaces no s\u00f3lo de traducir su idioma (el rol de los lenguaraces es fundamental) sino de explicar su cultura, sus tradiciones, sus expectativas. La comunicaci\u00f3n intercultural est\u00e1 plagada de malentendidos, que pueden ser creativos y dar lugar a formas originales de coexistencia, pero que pueden tambi\u00e9n ser nefastos y llevar a la violenta ruptura del v\u00ednculo. Por eso, cada sociedad procur\u00f3 dotarse de especialistas en la relaci\u00f3n con el Otro, hombres y mujeres que hab\u00edan vivido en alg\u00fan momento de su vida del otro lado de la frontera (generalmente como cautivos, rehenes o renegados).<\/p>\n<p>Es muy interesante entender el rol de la mujer, un tema que no se trata a menudo cuando se estudia esa etapa de la historia.<\/p>\n<p>Las mujeres, blancas e ind\u00edgenas, eran muy apreciadas por su don de lenguas y por los v\u00ednculos personales que lograban tejer en la sociedad receptora. Muchas cacicas fueron designadas como embajadoras para negociar preliminarmente tratados de paz que luego sus parientes masculinos deb\u00edan refrendar en parlamento. As\u00ed como los hispanocriollos procuraban contar con lenguaraces y baqueanos que les permitieran el ingreso tierra adentro, los caciques valoraban enormemente la asistencia de secretarios letrados que pudieran leer y escribir en su nombre cartas a las autoridades de frontera. En Chile, y m\u00e1s tarde en la frontera mendocina, exist\u00eda la figura de los \u201ccapitanes de amigos\u201d que eran representantes del poder colonial que viv\u00edan entre los indios o bien que ten\u00edan con ellos un contacto personal particular, los defend\u00edan militarmente, interced\u00edan en sus conflictos internos para evitar derramamientos de sangre y los representaban en sus tratos con las autoridades coloniales. El papel de estos mediadores era muy importante tanto en los puestos de frontera como tierra adentro. Cuando los blancos pretend\u00edan ingresar pac\u00edficamente en territorio ind\u00edgena deb\u00edan conocer y respetar las reglas del protocolo nativo para ser bien recibidos. Un buen mediador estaba al tanto de la necesidad de que los viajeros circularan con una escolta ind\u00edgena, fueran formalmente presentados a los caciques que deb\u00edan acompa\u00f1arlos, hicieran expl\u00edcitos los motivos de su viaje y no se apartaran de la ruta se\u00f1alada, dieran aviso previo de su llegada a las tolder\u00edas, distribuyeran generosamente regalos a sus anfitriones y cumplieran con sus promesas. La impericia de ciertos mediadores \u2013que omit\u00edan explicar estos protocolos\u2013 pod\u00eda disgustar a los caciques y hacer que consideraran como intrusos indeseables a los blancos que circulaban por sus tierras.<\/p>\n<p>A menudo, los mediadores eran mestizos y ten\u00edan desde su nacimiento un pie en cada sociedad. Sus conocimientos ling\u00fc\u00edsticos y topogr\u00e1ficos, su eventual manejo de la escritura, as\u00ed como sus relaciones personales en ambos mundos les confer\u00edan una considerable dosis de poder e influencia. Pero eran la causa al mismo tiempo de su gran vulnerabilidad: los mediadores eran percibidos como personas de coraz\u00f3n doble y lealtad ambigua y muchos de ellos terminaron sus vidas de modo violento.<\/p>\n<p>Hoy las circunstancias han cambiado radicalmente, pero en las relaciones del Estado argentino con los pueblos ind\u00edgenas que habitan su territorio quiz\u00e1s nos sigan haciendo falta mediadores id\u00f3neos, familiarizados con la cultura del Otro y dotados de empat\u00eda para entender mejor las expectativas y los reclamos rec\u00edprocos, lo que permitir\u00eda responder a ellos de manera apropiada, en lugar de contentarse con asignar etiquetas simplificadoras y seguir echando le\u00f1a al fuego.<\/p>\n<p><em>En tu libro mencion\u00e1s varios exploradores chilenos que a principios del siglo XIX viajaron entre Chile y la frontera bonaerense. \u00bfEran solo aventureros o hab\u00eda una intenci\u00f3n de comerciar, integrar o pautar territorialidad?<\/em><\/p>\n<p>Como mencion\u00e9 antes, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII muchas comitivas ind\u00edgenas bajaban a la frontera por asuntos comerciales y visitas protocolares, pero muy pocos blancos circulaban tierra adentro. Fuera de las expediciones a las Salinas Grandes y algunas campa\u00f1as militares puntuales contra los indios, la \u00fanica presencia blanca en territorios ind\u00edgenas era la de cautivos y renegados, m\u00e1s o menos integrados en las tolder\u00edas. Una vez establecidas las paces en toda la l\u00ednea de fronteras se empezaron a proyectar planes de avance territorial con la idea de correr las guardias y fortines hacia las Salinas, el R\u00edo Negro y el Diamante e ir incorporando progresivamente los territorios intermedios, hasta entonces en manos de los indios. Como etapa preliminar a ese plan que s\u00f3lo se concretar\u00eda con la campa\u00f1a de Roca, hab\u00eda que enviar exploradores que por un lado recorrieran y mapearan esas tierras, evaluaran sus recursos y propusieran los lugares m\u00e1s propicios para establecer la nueva l\u00ednea y por el otro tantearan la disponibilidad de los indios para avenirse a esos planes, porque estaba claro que el Virreinato no ten\u00eda suficiente capacidad militar para impon\u00e9rselos por la fuerza.<\/p>\n<p>Con ese objeto, en la primera d\u00e9cada del siglo XIX se realiz\u00f3 una serie de viajes entre las ciudades chilenas de Talca y Concepci\u00f3n y la capital del Virreinato del R\u00edo de la Plata, cruzando territorios ind\u00edgenas. Estos viajes se hac\u00edan con un mandato oficial, ya sea del cabildo de Concepci\u00f3n, ya del de Buenos Aires. La mayor parte de sus protagonistas fueron chilenos, algunos con el \u00fanico m\u00e9rito de ser aventureros con pocos escr\u00fapulos, como Santiago de Cerro y Zamudio, otros con un alto nivel de educaci\u00f3n y una gran fineza en el manejo de sus relaciones con los caciques, como don Luis de la Cruz. Lo que todos tuvieron en com\u00fan fue el no confesar a los indios las verdaderas motivaciones de sus exploraciones. Lo que dec\u00edan, en cambio \u2013que era cierto s\u00f3lo en parte\u2013 es que estaban buscando un camino m\u00e1s corto para el tr\u00e1nsito de mercader\u00edas entre Chile y Buenos Aires y que si ese camino se abr\u00eda la nueva ruta comercial tendr\u00eda la gran ventaja de llevar el comercio a las tolder\u00edas, ahorr\u00e1ndoles largos desplazamientos a los centros coloniales. Para proteger ese nuevo camino ser\u00eda necesario erigir algunos fuertes espa\u00f1oles y los viajeros promet\u00edan a los caciques que as\u00ed no s\u00f3lo tendr\u00edan puestos comerciales en sus territorios sino una defensa eficaz contra sus enemigos. Los \u00fanicos que aceptaron la erecci\u00f3n de un fuerte en sus tierras, gracias a la habilidad de los mediadores que condujeron las negociaciones, fueron los pehuenches y puelches de Malarg\u00fce, que en un solemne parlamento en 1805 cedieron el terreno situado en la confluencia de los r\u00edos Diamante y Atuel para la erecci\u00f3n del fuerte de San Rafael, germen de la poblaci\u00f3n del mismo nombre.<\/p>\n<p><em>La falta de una pol\u00edtica clara y coherente de los gobiernos que se formaron luego de la revoluci\u00f3n, \u00bfinfluy\u00f3 en el posterior conflicto con los malones y las sucesivas campa\u00f1as al sur?<\/em><\/p>\n<p>El recrudecimiento de la violencia inter\u00e9tnica en el per\u00edodo republicano fue el resultado de un conjunto de factores. Al objetivo principal de correr la frontera hacia el sur se sum\u00f3 la preocupaci\u00f3n de que los ind\u00edgenas no se aliaran con los realistas, primero, o con facciones revolucionarias ca\u00eddas en desgracia (como los hermanos Carrera) ni, durante el per\u00edodo de las guerras civiles, con el bando adverso en la contienda. El proceso revolucionario llev\u00f3 a la utilizaci\u00f3n del cuerpo de Blandengues en otros frentes de combate, a un recambio casi completo e incesante de las autoridades de frontera, a una fuerte militarizaci\u00f3n del conjunto de la sociedad, a despiadadas luchas internas por el poder y, si lo tomamos globalmente considerando tambi\u00e9n lo que suced\u00eda en Chile, a divisiones entre los propios grupos ind\u00edgenas que tuvieron sus repercusiones en las pampas, puesto que incitaron a distintos grupos a emigrar al este de los Andes. Hasta entonces, el sistema de tratados hab\u00eda permitido un fluido y mutuamente provechoso comercio en las fronteras: los contingentes ind\u00edgenas llegaban con sus cargas a las guardias donde eran recibidos y acompa\u00f1ados a las ciudades. All\u00ed saludaban a las autoridades y regresaban al cabo de pocos d\u00edas con el producto de la venta de sus mercanc\u00edas y los obsequios recibidos de manos del virrey, gobernador o jefe de frontera. Aunque los funcionarios de la real hacienda siempre se quejaban del costo de mantener y agasajar esas partidas de indios durante su breve permanencia en los centros coloniales, lo cierto es que era un sistema muy barato que aseguraba las paces.<\/p>\n<p>Esta forma de relaci\u00f3n se interrumpi\u00f3 con la revoluci\u00f3n, porque la prioridad estaba en la guerra contra los realistas y, cuando se trat\u00f3 de pol\u00edtica ind\u00edgena, nadie quer\u00eda ya mantener ese statu quo sino ocupar nuevas tierras para una ganader\u00eda potenciada por el desarrollo de la actividad saladeril. Los \u00faltimos intentos de conseguir el asentimiento ind\u00edgena para correr la frontera se hicieron con los ranqueles en 1819 y con los pampas en 1820. Los primeros s\u00f3lo aceptaron que se corrieran las guardias m\u00e1s occidentales de la frontera bonaerense a la margen derecha del Salado, los segundos se avinieron a tolerar la presencia de los estancieros avanzados pero exigieron que se congelara todo avance ulterior. Desde la perspectiva porte\u00f1a, no quedaba por lo tanto otra opci\u00f3n que la ocupaci\u00f3n militar. Con la excusa del mal\u00f3n organizado contra Salto por Jos\u00e9 Miguel Carrera y los ranqueles a fines de 1820, el gobernador Mart\u00edn Rodr\u00edguez condujo al a\u00f1o siguiente una campa\u00f1a que no se dirigi\u00f3 al \u00e1rido territorio ranquel sino a los ricos campos de los pampas de la regi\u00f3n serrana. Tras las fallidas negociaciones de Pedro Andr\u00e9s Garc\u00eda con pampas, ranqueles y patagones en 1822, el mismo Mart\u00edn Rodr\u00edguez lanz\u00f3 en el primer semestre del a\u00f1o siguiente una nueva campa\u00f1a al sur, vivida por los indios como una declaraci\u00f3n de guerra. El resultado m\u00e1s concreto de esa campa\u00f1a fue la fundaci\u00f3n del fuerte Independencia, en torno al cual tomar\u00eda forma con los a\u00f1os el pueblo de Tandil. Al mismo tiempo, los ranqueles eran atacados desde Santa Fe. Al a\u00f1o siguiente, Rodr\u00edguez lanz\u00f3 una tercera campa\u00f1a a Sierra de la Ventana. A partir de 1828, con el nombramiento de Juan Manuel de Rosas como Comandante General de Fronteras, se iniciaron las obras de varios nuevos fuertes: Federaci\u00f3n (actual Jun\u00edn), 25 de Mayo (al sudeste de la actual Nueve de Julio), Laguna Blanca (Tapalqu\u00e9) y la Fortaleza Protectora Argentina, origen de la ciudad de Bah\u00eda Blanca.<\/p>\n<p>Estos avances significaron para los ind\u00edgenas pampeanos la p\u00e9rdida progresiva de los mejores campos para la cr\u00eda y engorde de ganado, lo cual afect\u00f3 gravemente sus econom\u00edas pastoriles y fue un claro incentivo para los malones. Durante sus a\u00f1os como gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas dise\u00f1\u00f3 una pol\u00edtica ind\u00edgena que se llam\u00f3 \u201cel negocio pac\u00edfico de los indios\u201d y consisti\u00f3 en separar aguas entre \u201cindios amigos o aliados\u201d e \u201cindios enemigos\u201d. A los primeros (\u201cindios amigos\u201d) se trataba de subordinarlos progresivamente mediante la entrega regular de alimentos y regalos a los caciques, el reasentamiento al interior de la frontera, la utilizaci\u00f3n de su fuerza de trabajo como mano de obra rural en las estancias y la exigencia de prestar auxilio militar contra otros grupos ind\u00edgenas. Los segundos (\u201cindios aliados\u201d) recib\u00edan espor\u00e1dicamente obsequios del gobierno pero manten\u00edan su h\u00e1bitat en las pampas, mientras que sobre los \u201cindios enemigos\u201d (que generalmente se aliaban con los enemigos pol\u00edticos de Rosas o los acog\u00edan en sus tolder\u00edas) reca\u00eda toda la hostilidad de las fuerzas de la provincia y sus \u201cindios amigos\u201d. Este sistema de raciones se financi\u00f3 con una partida especial en el presupuesto de la provincia y gener\u00f3 una creciente dependencia econ\u00f3mica de los indios desplazados de sus territorios, al tiempo que foment\u00f3 las rivalidades entre grupos ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XIX lo que advertimos es que las divisiones pol\u00edticas en el campo huinca tienen su correlato tierra adentro. El avance de las fronteras implica para los ind\u00edgenas la p\u00e9rdida de sus mejores tierras mientras que la interrupci\u00f3n del pr\u00f3spero comercio que manten\u00edan en tiempos coloniales los empobrece y no les deja en ocasiones m\u00e1s alternativa que el robo de ganados o la p\u00e9rdida de su autonom\u00eda, pasando a engrosar la categor\u00eda de \u201cindios amigos\u201d.<\/p>\n<p>Fuente: Nuevos papeles\/http:\/\/www.nuevospapeles.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&nbsp; Viedma.- (APP) Una entrevista de Esteban Lo Presti sobre los actores y el proceso de consolidaci\u00f3n territorial de rigurosa actualidad. La historiadora \n<a class=\"moretag\" href=\"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/florencia-roulet-a-partir-de-1820-se-encara-la-cuestion-de-la-frontera-como-un-tema-de-solucion-militar\/\"> [...]<\/a>","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-14880","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14880","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14880"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14880\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14882,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14880\/revisions\/14882"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14880"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14880"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14880"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}