{"id":18410,"date":"2018-04-02T22:02:12","date_gmt":"2018-04-02T22:02:12","guid":{"rendered":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/?p=18410"},"modified":"2018-04-03T10:37:57","modified_gmt":"2018-04-03T10:37:57","slug":"butch-cassidy-el-bandido-de-la-patagoniapor-soledad-marambio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/butch-cassidy-el-bandido-de-la-patagoniapor-soledad-marambio\/","title":{"rendered":"Butch Cassidy: El Bandido de la Patagonia\/Por Soledad Marambio*"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viedma.- (APP) Tres de los \u00faltimos bandoleros del siglo XIX cambiaron el viento del salvaje Oeste por los confines patag\u00f3nicos. Siempre con la ley tras sus huellas, lograron vivir cuatro a\u00f1os como ganaderos hasta que por motivos que se confunden en el tiempo tuvieron que huir intern\u00e1ndose en la leyenda.<\/p>\n<p>La cajetilla de cigarros a treinta pasos de la puerta. El gringo apoyado en el dintel y la pistola girando en la mano. Despu\u00e9s, un disparo y la peque\u00f1a caja hecha polvo.<\/p>\n<p>Hubo silencio en el boliche de Santiago Ryan, un norteamericano de 38 a\u00f1os que, en 1901, hab\u00eda llegado hasta Cholila, un pueblo que se tambalea en la patag\u00f3nica frontera chileno argentina. La pistola de Ryan ten\u00eda historia, no as\u00ed su nombre. El arma hab\u00eda dejado huellas en el lejano Oeste norteamericano, tantas, que el nombre de Santiago Ryan fue un mero invento para cubrir la verdadera identidad del hombre m\u00e1s buscado en los Estados Unidos: Butch Cassidy.<\/p>\n<p>Cassidy y su banda, la Wild Bunch, hab\u00edan asolado a los grandes terratenientes, a las empresas de ferrocarriles y a los bancos norteamericanos. Sus asaltos perfectamente planeados no hac\u00edan correr sangre y llevaban los botines hasta las manos de los pioneros m\u00e1s pobres del Oeste.<\/p>\n<p>En 1900, despu\u00e9s de un gran asalto a un banco de Nevada, la Wild Bunch se tom\u00f3 una foto que mand\u00f3 a sus potentadas v\u00edctimas. La imagen fue el aviso de que, desde ese momento, los bandoleros desaparecer\u00edan del mapa. La leyenda comenz\u00f3 a tejerse en torno de este gringo hijo de mormones, y su venida a los confines de Sudam\u00e9rica sirvi\u00f3 para agrandar el mito. Cassidy tuvo que transformarse en Ryan para llegar hasta Buenos Aires. Era 1901 y desde el puerto trasandino tom\u00f3 un tren que lo dej\u00f3 en Neuqu\u00e9n. Pero no ven\u00eda solo, dos bandoleros m\u00e1s arrancaban con \u00e9l de la ley norteamericana. Eran Sundance Kid y Etta Place, una hermosa forajida de 26 a\u00f1os que manejaba el rev\u00f3lver como el mejor de los pistoleros. A caballo se adentraron en la Patagonia hasta que Cholila les marc\u00f3 el final de la jornada. El pueblo con sus cardos ense\u00f1ore\u00e1ndose por todos lados les record\u00f3 a la Utah natal.<\/p>\n<p>\u00bbYo iba con unas chicas conocidas a espiar la casa de los gringos. \u00cdbamos de noche pa&#8217; que no nos vieran y nunca nos pillaron. No ve\u00edamos mucho, eso s\u00ed, escuch\u00e1bamos la pura sonajera de platos\u00bb. \u00c9se es de los pocos recuerdos que tiene Delia Rivera de sus antiguos vecinos y es que con m\u00e1s de cien a\u00f1os la ni\u00f1ez se hace borrosa. \u00bbMi pap\u00e1 nos echaba miedo de que los forasteros nos iban a correr a balazos pero nosotras segu\u00edamos yendo a mirarlos\u00bb.<\/p>\n<p>Los padres de do\u00f1a Delia eran chilenos como m\u00e1s de la mitad de los 189 habitantes de Cholila. Hombres y mujeres ven\u00edan a trabajar el ganado a los pastizales de este poblado a 198 kil\u00f3metros al sur de Bariloche, un territorio donde la legalidad todav\u00eda estaba en pa\u00f1ales. Estos pioneros no sab\u00edan mucho del trabajo del campo, por eso los conocimientos que Santiago Ryan ten\u00eda de la tierra le ganaron el respeto de los pueblerinos.<\/p>\n<p>Vaqueros de la Patagonia<\/p>\n<p>A los 18 a\u00f1os, Cassidy a\u00fan era Robert Leroy Parker, el mayor de once hermanos nacidos en las pampas ventosas de Utah. A esa edad parti\u00f3 a trabajar con ganaderos en el salvaje Oeste y se hizo experto en el manejo de los caballos y en faenas campestres. En esta misma \u00e9poca decidi\u00f3 que la gente pobre deb\u00eda buscar sus derechos en la ilegalidad y se inici\u00f3 como asaltante al alero del joven bandido Mike Cassidy, de quien tom\u00f3 el apellido. Butch, su nuevo nombre, lo copi\u00f3 de la marca de la pistola que Mike le prest\u00f3 para su primer robo de ganado. Desde all\u00ed comenz\u00f3 la serie de atracos que lo convirti\u00f3 en la cabeza de la lista de forajidos que la agencia de detectives Pinkerton, la m\u00e1s importante de ese tiempo, andaba pesquisando.<\/p>\n<p>Cuando comenzaba a planear su viaje conoci\u00f3 a la pareja de bandidos formada por Etta y Sundance Kid. El asedio de la ley los trajo hasta el sur del continente, pero antes pasaron por M\u00e9xico, donde comenzaron a balbucear el espa\u00f1ol. Durante todo el trayecto los sabuesos de la Pinkerton les pisaban los talones.<\/p>\n<p>Una vez en Cholila, con los lagos y la cordillera como tel\u00f3n de fondo, los bandidos levantaron su hogar al estilo far west. La madera se entrecruzaba dando espacio para que el viento fuera el cuarto habitante de la nueva construcci\u00f3n. Despu\u00e9s empezaron a comprar animales con el dinero arrancado del banco de Nevada. Los tres forasteros ocuparon tiempo y esfuerzo en hacer una gran caballeriza y cuatro establos que bordeaban el arroyo que atravesaba sus tierras. La idea era tener el espacio suficiente para albergar a muchos animales y as\u00ed no entrar en lo que el ahora Ryan, defin\u00eda como la perdici\u00f3n del campesino: la peque\u00f1a ganader\u00eda. As\u00ed domaron la pampa y sus pastizales salvajes y endurecidos. Hacia 1905 llegaron a tener novecientas cabezas de ganado y cuarenta caballos que recorr\u00edan sus seis mil hect\u00e1reas. Aunquecada uno de los miembros de la \u00bbfamilia de tres\u00bb, como los llamaba la gente del pueblo, aportaban al trabajo en la pampa, Cassidy era el verdadero experto. Los incipientes ganaderos de Cholila aprendieron de \u00e9l la relaci\u00f3n entre patr\u00f3n y pe\u00f3n: los gringos pagaban bien y a tiempo, cumpl\u00edan lo pactado y ense\u00f1aban a sus trabajadores.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la casa y de las instalaciones para el ganado, Ryan construy\u00f3 un almac\u00e9n que pas\u00f3 a ser el centro social de los hombres del pueblo. All\u00ed se hablaba del d\u00eda, de los animales, de negocios y de las mujeres del lugar. Ellas estaban lejos de ser d\u00e9biles florecillas silvestres que se pasaban el d\u00eda fregando platos. Delia Rivera busca en su memoria de casi un siglo y recuerda que cuando era ni\u00f1a casi todas las mujeres manejaban armas. La frontera vulnerable, los cuatreros que iban y ven\u00edan y los maridos todo el d\u00eda en el campo, obligaban a aprender de rifles. Eso s\u00ed, ninguna lugare\u00f1a pod\u00eda hacer lo que Etta. Ra\u00fal Cea no estudi\u00f3 en la universidad, pero los 79 a\u00f1os que ha vivido en Cholila y los fantasmas de los bandoleros le ense\u00f1aron a seguir leyendas. \u00c9l cuenta que la compa\u00f1era de Sundance Kid hab\u00eda sido maestra en Estados Unidos y que no est\u00e1 claro si es que adem\u00e1s de pistolera tambi\u00e9n fue prostituta, como soplan algunos a\u00f1ejos rumores. En todo caso era muy respetada en Cholila, y no s\u00f3lo por las dos pistolas que usaba al cinto. Griselda Morales, la abuela de Cea, era amiga de Etta y entre las historias que le contaba a su nieto hay una que ilustra la personalidad de la extranjera. \u00bbMi abuela le pregunt\u00f3 c\u00f3mo era la vida de las mujeres en Estados Unidos. Etta le contest\u00f3 que una mujer del Oeste ten\u00eda que estar preparada para criar hijos, para cocinar y para defender su tierra, su persona y su hombre\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero no le bastaron las palabras y le pidi\u00f3 a Griselda dos botellas de malta para mostrarle lo que era capaz de hacer una mujer criada entre bandoleros y terratenientes. Las botellas sobre dos pilares. Etta alej\u00e1ndose en su caballo. Etta a todo galope hacia la tranquera, la rienda entre los dientes, un rev\u00f3lver en cada mano y las botellas volando en pedazos hacia todos lados.<\/p>\n<p>No son s\u00f3lo recuerdos los que colecciona Cea. \u00c9l ha sido pieza clave de los dos simposios internacionales que se han hecho para tratar de encontrar la historia real del paso de los bandidos por Sudam\u00e9rica. All\u00ed ha obtenido nuevos datos y ha aportado mucho. El entusiasmo del historiador contagi\u00f3 tambi\u00e9n a su hija Toty. Ella se dedica a mostrar im\u00e1genes de los vecinos m\u00e1s famosos de Cholila. Fotos que atraparon trozos de la vida de los bandidos en norteam\u00e9rica y en el pueblo, cuelgan de las paredes de la casa de t\u00e9 Butch Cassidy, que la Toty levant\u00f3 en el lugar. Mientras, su padre sigue buscando pistas.<\/p>\n<p>Adi\u00f3s a los gringos<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda 17 a\u00f1os Manuel Jos\u00e9 Cea, padre de Ra\u00fal, fue invitado a tomar el t\u00e9 a la casa del tr\u00edo. \u00bbPor lo que me cont\u00f3 mi pap\u00e1, ellos estaban acostumbrados a un nivel de vida m\u00e1s alto que el del resto de los pobladores. Por ejemplo, la palangana donde echaban el agua era de cer\u00e1mica y las ropas eran buenas. A \u00e9l lo que m\u00e1s le impresion\u00f3 fue la soltura con que se mov\u00eda y conversaba la mujer\u00bb.<\/p>\n<p>Etta y Sundance Kid, conocido en Cholila como Enrique Place, se acompa\u00f1aban en las noches patag\u00f3nicas, pero el soltero de la casa no se quedaba atr\u00e1s. \u00bb\u00c9l compraba el oficio por ah\u00ed\u00bb, sonr\u00ede Ra\u00fal Cea y cuenta que tambi\u00e9n ten\u00eda bastante \u00e9xito con las mocetonas que no vend\u00edan sus encantos. Seg\u00fan \u00e9l, los peque\u00f1os ojos azules del supuesto Ryan eran fulminantes, por lo que era imposible sostenerle la mirada.<\/p>\n<p>Mientras los forasteros constru\u00edan sus nuevas vidas, los detectives les pisaban los talones. Hasta el puerto de Buenos Aires lleg\u00f3 la famosa foto del Wild Bunch que facilitar\u00eda la b\u00fasqueda de Cassidy, pero las enormes distancias y lo incierto de los caminos patag\u00f3nicos desanimaron a los contactos de la Pinkerton. Hasta aqu\u00ed llega la historia tal como fue, despu\u00e9s los hechos se confunden con leyendas. En febrero de 1905, el Banco de Londres y Tarapac\u00e1 en R\u00edo Gallegos, fue asaltado. Seg\u00fan algunos fueron los tres gringos de Cholila quienes antes de cometer el robo estuvieron en Punta Arenas donde les ense\u00f1aron a unos muchachos los trucos del billar. Ra\u00fal Cea asegura que el tr\u00edo estaba el d\u00eda antes del suceso en Cholila, por lo que era imposible que hubieran alcanzado a llegar al lugar del atraco. El historiador no tiene dudas: \u00bbMi pap\u00e1 me cont\u00f3 esto y yo le creo a pies juntillas\u00bb. De todas maneras en los d\u00edas siguientes al robo, Santiago Ryan y los Place desaparecieron del pueblo. Dicen por la Patagonia que el destino habr\u00eda sido Punta Arenas.<\/p>\n<p>El viento no m\u00e1s sabe&#8230;<\/p>\n<p>La casa y los corrales que hab\u00edan levantado en la pampa fueron comprados por la compa\u00f1\u00eda chilena Cocham\u00f3. Para Cea, fue la presi\u00f3n fuerte y soterrada que ejerci\u00f3 esta ganadera la que determin\u00f3 la partida de los tres bandidos. Cocham\u00f3 hab\u00eda sido due\u00f1a de la tierra que despu\u00e9s compraron los gringos, pero un plebiscito en 1892 la hab\u00eda obligado a dejar sus terrenos. En ese a\u00f1o la Provincia de Chubut, de la que forma parte Cholila, eligi\u00f3 ser argentina y no chilena. Detr\u00e1s de este pronunciamiento vino una ley que no permit\u00eda que extranjeros tuvieran territorios dentro de los 150 kil\u00f3metros inmediatos a la frontera, por lo que la empresa tuvo que irse de los campos trasandinos. Finalmente, en 1905, Cassidy y sus compa\u00f1eros vendieron a Cocham\u00f3 que pretend\u00eda recuperar sus antiguas tierras, pero el gobierno platense tom\u00f3 conocimiento de la venta y la anul\u00f3. Mientras las autoridades argentinas y la empresa chilena se peleaban por las tierras, los tres forajidos caminaban hacia la leyenda. Etta se separ\u00f3 de los hombres de &#8216;la familia&#8217; en alg\u00fan punto del recorrido. Se cree que volvi\u00f3 a San Francisco y que desde ah\u00ed no pudo regresar porque se enferm\u00f3. Otro cuento dice que Sundance Kid la acompa\u00f1\u00f3 a Estados Unidos para despu\u00e9s volver solo. Otro rumor la lleva hasta M\u00e9xico, donde habr\u00eda vendido armas a los revolucionarios de Pancho Villa. De Sundance Kid se dice que estar\u00eda enterrado en el Lago Puelo a metros de la frontera chilena y tambi\u00e9n que en 1909 habr\u00eda sido acribillado junto con Cassidy en San Vicente, Bolivia, donde despu\u00e9s habr\u00edan separado sus cuerpos de sus cabezas.<\/p>\n<p>Para Ra\u00fal Cea, la historia m\u00e1s cre\u00edble sobre el fin de Cassidy es la que dio la hermana del bandido, Lula Parker. Ella cont\u00f3 que Butch estuvo en la casa familiar de Utah en 1925 y que diez a\u00f1os despu\u00e9s una pulmon\u00eda lo habr\u00eda matado en Washington. Lo que s\u00ed es cierto es que el hogar de los bandidos estuvo habitado hasta 1998. Despu\u00e9s de que Cocham\u00f3 perdi\u00f3 nuevamente el terreno, el chileno R\u00f3mulo Sep\u00falveda hizo suya la casa, pero no la tierra que hasta el d\u00eda de hoy le pertenece a una familia nacida y crecida en Argentina. Sep\u00falveda cri\u00f3 all\u00ed a sus ni\u00f1os. Su nieto, Orlando, recuerda haber escuchado que la construcci\u00f3n era mucho m\u00e1s grande de lo que es ahora: \u00bbDicen que llegaba hasta el r\u00edo, no s\u00e9 qu\u00e9 pas\u00f3, de repente fueron los abuelos o se fue cayendo sola\u00bb.<\/p>\n<p>El padre de Orlando, Alad\u00edn, no dej\u00f3 la morada de los bandoleros hasta que envejeci\u00f3 y enferm\u00f3. Entonces su hijo lo sac\u00f3 del hogar derruido para llevarlo a su casa, un par de kil\u00f3metros m\u00e1s al sur. All\u00ed muri\u00f3 el \u00faltimo habitante de la casa de los forajidos, la que ahora es un Patrimonio Cultural de la Provincia amenazado por el vendaval patag\u00f3nico y por una rama de la familia Sep\u00falveda que lo reclama para s\u00ed. El fr\u00edo de la pampa y los laber\u00ednticos senderos desanimaron en su tiempo a los hombres de la Pinkerton. Hoy, aventureros e historiadores son los que pesquisan los vestigios de la leyenda. Ellos son los encargados de preguntarle al viento d\u00f3nde fue que Butch Cassidy desenfund\u00f3 por \u00faltima vez sus pistolas.<\/p>\n<p>Los forajidos seg\u00fan Hollywood y las letras En 1969, Paul Newman se visti\u00f3 de Butch Cassidy mientras Robert Redford tomaba los ropajes de Sundance Kid. Con di\u00e1logos llenos de humor y m\u00fasica sesentera recrearon una versi\u00f3n muy hollywoodense de la historia de los bandoleros. Etta Place aparece como una dulce maestra rural que es seducida por el Kid, mientras Butch tambi\u00e9n languidece de amor por ella. Despu\u00e9s de una serie de asaltos en los escenarios de Estados Unidos, el cine manda al tr\u00edo hacia Bolivia. De la Patagonia, ni rastros, de vacas y establos, menos. Butch Cassidy and the Sundance Kid, ingenua, entretenida y distorsionadora de verdades y leyendas, gan\u00f3 tres premios Oscar y dej\u00f3 en la memoria de muchos los nombres de los pistoleros. El papel tambi\u00e9n ha servido para engrosar el mito. Osvaldo Soriano, escritor argentino, puso en uno de sus cuentos a un ficticio hijo de Butch Cassidy de \u00e1rbitro de un inc\u00f3gnito mundial de f\u00fatbol, jugado en la Patagonia por obreros de distintos pa\u00edses. En Chile, Luis Sep\u00falveda fue el encargado de recoger la figura del bandolero en su libro Patagonia Express.<\/p>\n<p>*Art\u00edculo publicado originalmente en la revista El S\u00e1bado, del diario chileno El Mercurio y, a\u00f1os atr\u00e1s, en la revista Rumbo Sur, antecesora de APP, con autorizaci\u00f3n de la autora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&nbsp; Viedma.- (APP) Tres de los \u00faltimos bandoleros del siglo XIX cambiaron el viento del salvaje Oeste por los confines patag\u00f3nicos. 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