{"id":2526,"date":"2016-12-28T13:11:28","date_gmt":"2016-12-28T13:11:28","guid":{"rendered":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/?p=2526"},"modified":"2016-12-28T13:11:28","modified_gmt":"2016-12-28T13:11:28","slug":"william-h-hudson-en-la-naturaleza-patagonica-1870-y-1893-ultimo-viajero-cientifico-y-primer-turista-posmoderno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/william-h-hudson-en-la-naturaleza-patagonica-1870-y-1893-ultimo-viajero-cientifico-y-primer-turista-posmoderno\/","title":{"rendered":"William H. Hudson en la naturaleza patag\u00f3nica (1870 y 1893): \u00faltimo viajero cient\u00edfico y primer turista posmoderno"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viedma.- (APP) Publicamos un ensayo destacado de Pedro Navarro Floria, historiador rionegrino fallecido en el 2014, con una destacada trayectoria en el CONICET, la UNC y la UNRN. Hizo un gran aporte a la historiograf\u00eda regional con sus libros \u201cHistoria de la Patagonia\u201d, \u201cPatagonia: Ciencia y Conquista, La mirada de la primera comunidad cient\u00edfica argentina\u201d, \u201cCiencia y Pol\u00edtica en la regi\u00f3n Norpatag\u00f3nica: el ciclo fundador (1779-1806)\u201d, \u201cPaisajes del Progreso, La resignificaci\u00f3n de la Patagonia Norte, 1880-1916\u201d y \u201cMemorias de los Gobernadores de Neuqu\u00e9n y R\u00edo Negro (1880-1904)\u201d, entre otros.<\/p>\n<p>Las biograf\u00edas dicen que William Henry Hudson naci\u00f3 en Quilmes (Provincia de Buenos Aires, Argentina) en 1841, en una familia de anglonorteamericanos llegados en 1833. Sus padres tuvieron seis hijos, que se criaron y vivieron en el campo \u201cLos veinticinco omb\u00faes\u201d y en \u201cLas acacias\u201d (Chascom\u00fas), en el caso de William hasta despu\u00e9s de la muerte de sus padres en 1874. En ese a\u00f1o, por motivos que no son claros, se fue a Inglaterra, donde vivi\u00f3 en Londres hasta su muerte en 1922. Desde joven se aficion\u00f3 a la lectura y a la observaci\u00f3n de la naturaleza, especialmente de las aves. Se vincul\u00f3 a cient\u00edficos tanto argentinos como ingleses y colabor\u00f3 con ellos, aunque nunca se integr\u00f3 en la comunidad acad\u00e9mica. Desde 1869 public\u00f3 numerosos informes ornitol\u00f3gicos en Proceedings de la Zoological Society de Londres, On the birds of the R\u00edo Negro of Patagonia (1872) y On the pipits of the Argentine Republic (1873). En Inglaterra se cas\u00f3 con su pensionista Emily Wingrave, que muri\u00f3 en 1921, y \u201csin abandonar su afici\u00f3n por la vida silvestre, emprendi\u00f3 una carrera literaria que lo coloc\u00f3 entre los mayores escritores de lengua inglesa de su tiempo\u201d (www.educ.ar). Adem\u00e1s de numerosos trabajos cient\u00edficos como Argentine Ornithology, The naturalist in la Plata (El naturalista en el Plata, 1892), Lost british birds (1894), British birds (1895), Birds in London (1898), y Birds and man (1901), public\u00f3 poes\u00edas, relatos breves como The settler\u2019s recompense (1883, luego incluido en D\u00edas de ocio en la Patagonia), las novelas The purple land that England lost (La tierra purp\u00farea que Inglaterra perdi\u00f3, 1885, que Borges consideraba la mayor obra de la literatura gauchesca rioplatense), Fan, The story of a young girl\u2019s life (Fan, historia de una ni\u00f1a, 1892) y Green mansions, A romance of the tropical forest (La selva maravillosa, 1904), los relatos A crystal age (Una era de cristal, 1887), Ralph Herne (1888), Idle days in Patagonia (D\u00edas de ocio en la Patagonia, 1893), El omb\u00fa and other southamerican stories (El omb\u00fa y otras historias sudamericanas, 1902) y numerosos relatos brit\u00e1nicos, y su autobiograf\u00eda Far away and long ago (All\u00e1 lejos y hace tiempo, 1918).<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os se contact\u00f3 por carta -gracias a Hermann Burmeister, entonces director del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires- con los ornit\u00f3logos Spencer Fullerton Baird -estadounidense- y Philip Lutley Sclater -secretario de la Zoological Society de Londres- y al poco tiempo comenz\u00f3 a remitir materiales al Smithsonian Institute de Washington: envi\u00f3 m\u00e1s de seiscientas pieles de ciento cuarenta y tres variedades de aves aut\u00f3ctonas, que desde all\u00ed fueron transferidas a la Zoological Society durante los a\u00f1os 1868 y 1869. Dos de aquellas especies fueron bautizadas con el nombre de su descubridor: Granioleuca hudsoni y Cnipolegus hudsoni. A\u00f1os m\u00e1s tarde, Hudson conocer\u00eda -tambi\u00e9n por intermedio de Burmeister- a Francisco Moreno, por entonces un joven explorador que comenzaba su carrera como paleont\u00f3logo estudiando restos humanos patag\u00f3nicos. M\u00e1s all\u00e1 de estos v\u00ednculos, Hudson no tuvo una relaci\u00f3n continua con el mundo acad\u00e9mico. No fue un cient\u00edfico de formaci\u00f3n erudita; su obra se bas\u00f3, sobre todo, en lo que pudo observar directamente alrededor suyo para extraer luego notables conclusiones.<\/p>\n<p>Considerado por algunos un precursor de la moderna ecolog\u00eda, Hudson ingres\u00f3 en 1891 a la reci\u00e9n creada Sociedad Protectora de P\u00e1jaros, destinada a unificar los esfuerzos realizados anteriormente para combatir la matanza de garzas, aves del para\u00edso y otras especies, cuyos plumajes se utilizaban para adornar vestidos.<\/p>\n<p>Un dato central consiste en advertir que sus trabajos autobiogr\u00e1ficos sobre su vida en la Pampa y en la Patagonia, experiencias absolutamente decisivas para \u00e9l, fueron escritos en Inglaterra y mucho despu\u00e9s de la experiencia que les dio origen. En un ejercicio retrospectivo, parece haber plasmado sus recuerdos m\u00e1s lejanos, de su infancia y adolescencia, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida: All\u00e1 lejos y hace tiempo es de 1918. Sin embargo, uno de sus grandes m\u00e9ritos como escritor \u2013como su contempor\u00e1neo Lucio V. Mansilla en Una excursi\u00f3n a los indios ranqueles- consiste en el ocultamiento de esa mediatez. En especial en D\u00edas de ocio en la Patagonia (1893), elaborado dos d\u00e9cadas despu\u00e9s de su estad\u00eda en el r\u00edo Negro, Hudson logra producir una ilusi\u00f3n de inmediatez, un estilo como de diario de viaje, que ha enga\u00f1ado a m\u00e1s de uno de sus lectores (cfr. Nouzeilles 2002b:183, donde la autora considera \u201cya concluida\u201d la guerra fronteriza del Estado argentino contra los pueblos ind\u00edgenas para cuando Hudson viaja a la Patagonia, cuando en realidad el viaje fue en 1871 y la guerra no puede considerarse terminada hasta la d\u00e9cada de 1880, a\u00f1os antes, s\u00ed, de que Hudson narrara su experiencia).<\/p>\n<p>Proponemos, entonces, como clave de lectura, desentra\u00f1ar las razones y los modos por los que Hudson necesit\u00f3 escribir sobre la Patagonia dos d\u00e9cadas despu\u00e9s de haberla visto y recorrido, y de haberse despedido para siempre de la Argentina. La hip\u00f3tesis que nos gu\u00eda es que las poderosas marcas dejadas en su memoria por la vida en el campo y la experiencia de la naturaleza pampeano-patag\u00f3nica \u2013para el caso de D\u00edas de ocio en la Patagonia-, si bien fueron externalizadas en los t\u00e9rminos de la literatura de viajes usual en su tiempo, prefiguran el discurso del turista del siglo XX que, heredero de la moda primitivista de la Ilustraci\u00f3n y del \u201cmalestar en la cultura\u201d freudiano, busca transferir a sus coet\u00e1neos europeos su vivencia directa de lo natural y ex\u00f3tico y su fascinaci\u00f3n por ese mundo lejano que present\u00eda que ya no volver\u00eda a ver (Hudson 1893:97). No s\u00f3lo eso: la experiencia de Hudson anticipa la tensi\u00f3n que a\u00fan hoy vivimos quienes recorremos, visitamos o habitamos esa extraordinaria regi\u00f3n del mundo que es la Patagonia: el conflicto silencioso entre las duras condiciones de vida que impone la naturaleza y el placer intransferible de su vivencia. En definitiva, distintos an\u00e1lisis posibles de la obra de Hudson lo definen como un mediador. Mediador entre dos mundos, el europeo y el americano, a los cuales perteneci\u00f3 en distintas formas; mediador entre la ciencia acad\u00e9mica y la divulgaci\u00f3n; mediador, finalmente, entre las distintas miradas que el siglo XIX proyect\u00f3 sobre el paisaje sudamericano y patag\u00f3nico en particular. Intentaremos una caracterizaci\u00f3n de este singular mediador cultural, e intentaremos reconocer esos rasgos en el extraordinario escrito que public\u00f3 sobre su experiencia de contacto con la naturaleza en la Patagonia.<\/p>\n<p>Mediador entre Am\u00e9rica y Europa<\/p>\n<p>Varios autores han dado cuenta de la dualidad argentino-inglesa de la cultura de Hudson (Pickenhayn 1994:13), considerado por Edward Thomas un \u201cnaturalista ingl\u00e9s nacido en Am\u00e9rica del Sur\u201d, un escritor en ingl\u00e9s y para Inglaterra, pero a\u00f1orando la Pampa; un nost\u00e1lgico seg\u00fan Roberto Cunninghame Graham; alguien que prefiri\u00f3 afectivamente Am\u00e9rica pero eligi\u00f3 vivir en Europa, para Luis Horacio Vel\u00e1zquez; un hombre en tensi\u00f3n entre el deseo de Inglaterra y la a\u00f1oranza de la Argentina, seg\u00fan Alicia Jurado; un escritor inspirado en la Argentina para darla a conocer en el exterior, desde el punto de vista de Hayd\u00e9e M. Jofre Barroso (Id.:21-24).<\/p>\n<p>Torre caracteriza la biograf\u00eda intelectual de Hudson como la de alguien criado con la atenci\u00f3n puesta \u201cen los omb\u00faes de la provincia de Buenos Aires y en los tomos de la biblioteca que su madre cu\u00e1quera bostoniana hab\u00eda mudado a la Argentina\u201d, ambig\u00fcedad que explicar\u00eda, finalmente, la doble filiaci\u00f3n de su narrativa, entre \u201cel corpus seriado de los viajeros ingleses que recorrieron la Argentina entre 1820 y 1850\u201d y \u201clos viajeros argentinos que recorrieron el territorio \u2018tierra adentro\u2019 con misiones espec\u00edficas encomendadas por proyectos estatales\u201d, entre 1860 y 1900 fundamentalmente. Sin embargo, Torre no deja de se\u00f1alar lo problem\u00e1tica que resulta la inclusi\u00f3n del primer lector argentino del Origen de las especies (Montserrat 1994) en uno u otro corpus definido, desde que \u201csu biograf\u00eda cultural se presenta como un muestreo ex\u00f3tico y transculturado de m\u00faltiples identidades\u201d. Fundamentalmente, Hudson relata el paisaje americano para sus lectores ingleses como un traductor de historias contadas por otros: \u201cpor los que habitan el territorio como un destino\u201d, tomando la distinci\u00f3n que traza Jean Franco entre el hombre moderno, para quien la barbarie era una etapa \u2013la infancia, en Hudson-, y el hombre del campo, para quien era un destino (Torre 1998:1-2).<\/p>\n<p>El narrar la naturaleza y la cultura sudamericana en Inglaterra, en lengua inglesa, con tal pretensi\u00f3n de traducci\u00f3n y tal contenido de nostalgia y tensi\u00f3n afectiva, lo convierte a Hudson, sin duda, en un int\u00e9rprete privilegiado de un mundo en otro, dada su experiencia en la vida rural y la ilusi\u00f3n de inmediatez que era capaz de crear con su escritura. Su literatura puede considerarse \u201cliteratura de frontera\u201d, en el sentido de constituir \u201cun discurso sobre una regi\u00f3n en disputa que reenv\u00eda las preguntas al sujeto que las formula\u201d (Fern\u00e1ndez Bravo 1999:17), en este caso un anglosaj\u00f3n que se muestra capaz de formular las preguntas adecuadas a su entorno por su larga experiencia en aquellos bordes del mundo en donde nada, todav\u00eda, es evidente.<\/p>\n<p>Mediador entre la ciencia acad\u00e9mica y la divulgaci\u00f3n<\/p>\n<p>Hudson desarroll\u00f3 habilidades cient\u00edficas en forma autodid\u00e1ctica, fundamentalmente en el campo de la ornitolog\u00eda. Se vincul\u00f3 con la comunidad cient\u00edfica argentina e internacional siendo ya adulto y cerca de su partida a Inglaterra. Ya establecido all\u00ed, public\u00f3, como hemos anotado, numerosos trabajos cient\u00edficos. Sin embargo, su relaci\u00f3n con los c\u00edrculos acad\u00e9micos fue siempre problem\u00e1tica, y es claro que \u00e9l prefiri\u00f3 ser considerado un divulgador, abriendo sus reflexiones a distintos terrenos del pensamiento, antes que un especialista. Bas\u00f3 sus trabajos en lo que observaba directamente m\u00e1s que en sus lecturas eruditas.<\/p>\n<p>Torre se\u00f1ala que \u201cde ni\u00f1o cabalgaba, cazaba, armaba trampas para perdices, conoc\u00eda las faenas del campo y a su vez, le\u00eda la Historia Natural de Selborn (1789) de Gilbert White y el Origen de las Especies de Darwin\u201d, alternando la experiencia de la naturaleza con el estudio sobre ella, generando un doble registro de conocimientos que luego volcar\u00eda tanto en sus textos cient\u00edficos como en sus escritos de ficci\u00f3n y autobiogr\u00e1ficos (Torre 1998:1). Es claro, sin embargo, que junto a su fuerte vocaci\u00f3n cient\u00edfica, Hudson gozaba intensamente la vivencia del entorno natural y supo reflejar ese goce en su escritura. La carga de subjetividad que esto supon\u00eda fue lo que desplaz\u00f3 sus escritos respecto del canon cient\u00edfico de la \u00e9poca y los convirti\u00f3 en objetos de dif\u00edcil clasificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era l\u00f3gico que un autor que intercalaba reflexiones cient\u00edficas en sus escritos de ficci\u00f3n y viceversa, que atacaba \u201cal cientificismo exagerado y pedante\u201d y que se distanciaba de los ambientes acad\u00e9micos por su aversi\u00f3n al protocolo (Pickenhayn 1994:32) tuviera problemas con la comunidad cient\u00edfica. Hudson consideraba que la observaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n cient\u00edfica carec\u00eda de objeto si no se la proyectaba a las grandes generalizaciones (Id.:14), provocando una tensi\u00f3n notable entre esa generalizaci\u00f3n y la visi\u00f3n de lo particular, que por definici\u00f3n era el prop\u00f3sito de las ciencias bajo el programa de la Historia Natural. Su prop\u00f3sito, m\u00e1s bien, paralelo al de constituirse en traductor del mundo fronterizo para el p\u00fablico imperial, habr\u00eda sido el de divulgar una mirada cient\u00edfica sobre ese \u00e1mbito natural, revaloriz\u00e1ndolo ante los ojos de su p\u00fablico pero generando tambi\u00e9n una empat\u00eda permeada de subjetividad \u2013anticient\u00edfica, para la \u00e9poca- similar a la experimentada por \u00e9l.<\/p>\n<p>Como observador cient\u00edfico, sin embargo, Hudson tambi\u00e9n result\u00f3 funcional al programa de la Historia Natural iluminista: observar en el campo como field naturalist (Id.:29-30), inventariar, catalogar y proveer de materiales a colecciones, museos, cat\u00e1logos y archivos de los centros de conocimiento y poder, adecuando el orden de la naturaleza al orden del discurso colonialista e imperialista. En este sentido fue, en la Argentina y el Uruguay, un \u201cviajero ingl\u00e9s\u201d como los de la \u201cvanguardia capitalista\u201d que codificaban la sociedad hispanoamericana posindependentista no como objeto de su descubrimiento sino \u201ccomo un conjunto de obst\u00e1culos log\u00edsticos para el avance de los europeos\u201d, en funci\u00f3n de las \u201cposibilidades\u201d o los \u201crecursos\u201d que posibilitar\u00edan el trabajo del \u201chombre\u201d blanco (Pratt 1992:258-263). Sin embargo \u2013y otra vez su ambig\u00fcedad- si \u201cel proyecto de la historia natural [&#8230;] elabor\u00f3 una comprensi\u00f3n racionalizante, extractiva, disociadora, que ocultaba las relaciones funcionales y experienciales entre personas, plantas y animales\u201d, describiendo \u201cel paisaje como deshabitado, despose\u00eddo, no historizado, desocupado a\u00fan por los viajeros mismos\u201d (Id.:76 y 97), la escritura de Hudson presenta algo distinto: una comprensi\u00f3n emp\u00e1tica de las personas y sus relaciones con el paisaje. Para su \u00e9poca, este sesgo afectaba el status de cientificidad de sus escritos, dando lugar a equ\u00edvocos como el ocurrido con su novela La tierra purp\u00farea, rese\u00f1ada en 1885 en la secci\u00f3n de \u201cviajes y geograf\u00eda\u201d de varias revistas literarias, es decir en un contexto de publicaci\u00f3n err\u00f3neo para un texto de ficci\u00f3n (Torre 1998:4-5). Hudson jugaba intencionalmente con la intertextualidad de sus escritos, y por eso en 1904 denunci\u00f3 ese error y el olvido que le hab\u00eda supuesto a su novela durante dos d\u00e9cadas, proponiendo a la vez otros mecanismos de validaci\u00f3n alternativos.<\/p>\n<p>Mediador entre la mirada imperial y la mirada cercana<\/p>\n<p>La caracterizaci\u00f3n de Hudson como \u201cviajero ingl\u00e9s\u201d, como portador de una mirada imperial, responde tanto al significado de su obra cient\u00edfica \u2013como ya se\u00f1alamos, parcialmente funcional al programa colonialista de la Historia Natural europea-, como a algunos otros rasgos de su narrativa. Se se\u00f1ala, por ejemplo, la presencia de lo brit\u00e1nico en su obra: los colonos ingleses del valle del r\u00edo Negro en D\u00edas de ocio; los estancieros ingleses en All\u00e1 lejos y hace tiempo; la nacionalidad del protagonista y la referencia del t\u00edtulo original en La tierra purp\u00farea que Inglaterra perdi\u00f3 (Pickenhayn 1994:25). Esta presencia tiene un significado constante: es la referencia a la civilizaci\u00f3n desde la cual se mira el mundo \u201csalvaje\u201d de la Pampa y la Patagonia. Sin embargo, como bien se\u00f1ala Pickenhayn (Id.:17), el joven ingl\u00e9s protagonista de La tierra purp\u00farea sube dos veces al cerro de Montevideo: al principio para denostar a los criollos y criticar a los brit\u00e1nicos por no haber conquistado el Uruguay, y al final para desearle al pa\u00eds que siga siendo libre como los p\u00e1jaros. Para Borges, la novela: \u201ctiene dos argumentos. El primero, visible: las aventuras del muchacho ingl\u00e9s Richard Lamb en la Banda Oriental. El segundo, \u00edntimo, invisible; el venturoso acriollamiento de Lamb, su conversi\u00f3n gradual a una moralidad cimarrona que recuerda un poco a Rousseau y prev\u00e9 un poco a Nietzsche.\u201d (Borges 1952:734)<\/p>\n<p>En realidad, este doble argumento no es sino el de la propia vida de Hudson: alguien que, a pesar de su cultura cient\u00edfica y de su pertenencia al campo de la \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d dominante, nunca pudo ni quiso sustraerse al encanto de la experiencia directa de la naturaleza \u201csalvaje\u201d. Resulta superficial rastrear fundamentos filos\u00f3ficos s\u00f3lidos en la actitud de un autodidacta, tan intr\u00ednsecamente subjetiva. Se le puede atribuir rebeld\u00eda antitecnicista frente a la Europa industrialista, vitalismo y animismo (Pickenhayn 1994:42-44); \u201cun rechazo a la revoluci\u00f3n cient\u00edfica y t\u00e9cnica y al desarrollo de las fuerzas productivas operadas por el capitalismo, una exaltaci\u00f3n de la simplicidad y pobreza precapitalista\u201d en virtud del mito del retorno a la vida primitiva; una idealizaci\u00f3n del campo atribuida \u2013estimamos que equivocadamente- a \u201clas clases terratenientes en las sociedades agrarias que se resisten a las transformaciones industriales y urbanas\u201d (Sebreli 1991:104 y 121); pero lo relevante es el modo en que Hudson se muestra capaz de anteponer su sensibilidad ante la naturaleza, de suprimir simb\u00f3licamente la distancia temporal y cultural caracter\u00edstica de la mirada imperial sobre los \u00e1mbitos de frontera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los veintinueve a\u00f1os de edad, en diciembre de 1870, Hudson, atra\u00eddo por el inter\u00e9s ornitol\u00f3gico, lleg\u00f3 para visitar la Patagonia. Un accidente lo retuvo en el valle del r\u00edo Negro durante doce meses. Sin duda que la estad\u00eda le permiti\u00f3 contar con tiempo para tomar abundantes notas sobre temas diversos, que fue publicando parcialmente, comenzando por un estudio ornitol\u00f3gico editado en Londres (1872), siguiendo con el relato \u201cLa recompensa del colono\u201d (Londres, 1883) y probablemente otros m\u00e1s. Sin embargo, Idle days in Patagonia sali\u00f3 publicado reci\u00e9n en 1893, veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s de su viaje. El libro contiene materiales de registros muy diversos. Como se\u00f1ala Torre (1998:2), \u201cproduce inevitablemente cruces entre el discurso cient\u00edfico de un naturalista, el discurso literario de un escritor y el discurso autobiogr\u00e1fico de los recuerdos que articulan permanentemente las tramas literarias y los trabajos cient\u00edficos.\u201d D\u00edas de ocio es, efectivamente, un texto de divulgaci\u00f3n cient\u00edfica, es una narraci\u00f3n de viaje y es un relato autobiogr\u00e1fico de tipo introspectivo(1). Mediante la h\u00e1bil intercalaci\u00f3n de textos Hudson salta permanentemente de la narraci\u00f3n a la descripci\u00f3n cient\u00edfica y de \u00e9sta a la reflexi\u00f3n introspectiva, desembocando varias veces a lo largo de la obra en finales de cap\u00edtulo que hacen referencia a la felicidad que experimenta en contacto con la naturaleza. Como texto cient\u00edfico contiene, en primer lugar, las descripciones ornitol\u00f3gicas que eran la especialidad del autor. Desde el momento mismo del irregular desembarco en la boca del r\u00edo Negro (15-19), durante la excursi\u00f3n en que se accidenta (29), en la descripci\u00f3n del valle del Negro (35-37, 48, 51), en sus reflexiones acerca de la lucha con la naturaleza (72-73) y en el relato de sus \u201cd\u00edas ociosos\u201d (107, 111-114, 116), Hudson intercala sus descripciones, que culminan en el cap\u00edtulo X, \u201cM\u00fasica de p\u00e1jaros en Sudam\u00e9rica\u201d (123-135), destinado a desmentir el preconcepto de \u201clos viajeros y naturalistas europeos, cuyos trabajos conoc\u00eda\u201d acerca de la pobreza del canto de los p\u00e1jaros sudamericanos. Concluye: \u201cEl lenguaje de los p\u00e1jaros de un bosque de Inglaterra puede ser comparado a una banda compuesta enteramente por peque\u00f1os instrumentos de viento [&#8230;]. Los bosques sudamericanos tienen m\u00e1s el car\u00e1cter de una orquesta en la cual toma parte un enorme n\u00famero de variados instrumentos, con muchas discordancias ruidosas, mientras que los delicados tonos, o\u00eddos a intervalos, parecen, por contraste, infinitamente dulces y bellos.\u201d (135)<\/p>\n<p>Los autores cient\u00edficos que cita en relaci\u00f3n con su estudio de las aves \u2013Thrun, Azara, d\u2019Orbigny, Simson, Bates, Wallace- y en otros contextos \u2013Tylor, Darwin, Spencer, Broca, Cuvier, etc.- resultan demostrativos de la amplitud de sus lecturas y respaldan sus afirmaciones y reflexiones. Otras referencias a la fauna y a la flora (48-50, 110-112, 117, 121) son complementarias de sus determinaciones ornitol\u00f3gicas, y expresan la interrelaci\u00f3n arm\u00f3nica entre los distintos habitantes de los ecosistemas descriptos.<\/p>\n<p>Entre los seres vivos relacionados con la flora, la fauna y el paisaje no podr\u00eda faltar el hombre, al que se refiere desde su primera mirada al valle. Su primer contacto con el poblamiento primitivo de la zona result\u00f3 del hallazgo de materiales l\u00edticos, \u00f3seos y cer\u00e1micos y deriv\u00f3 en una reflexi\u00f3n acerca de la desaparici\u00f3n inevitable de las razas antiguas al \u201ccontacto con una raza superior\u201d (40-42).\u00a0 Un concepto similar al motivado en \u00e9l por la visi\u00f3n de la \u201cguerra a muerte [&#8230;] de los blancos con los indios\u201d, interpretada como una lucha de la civilizaci\u00f3n \u201ccontra la Naturaleza\u201d (71). En \u201cuno de los seis cementerios\u201d cercanos a su alojamiento, Hudson \u201cpisaba cuidadosamente para no hollar las calaveras\u201d, y si las levantaba para examinarlas \u201clas volv\u00eda a colocar cuidadosamente en el suelo\u201d (43). Lejos de la actitud depredadora com\u00fan a los etn\u00f3grafos de la \u00e9poca, nuestro autor no se apropiaba, no museificaba ni catalogaba los restos humanos aisl\u00e1ndolos de su entorno sino que los constitu\u00eda en punto de partida para explicar la relevancia del r\u00edo para la supervivencia humana. Este desplazamiento del punto de vista respecto de lo esperable en un viajero ingl\u00e9s recorriendo tierras ind\u00edgenas es provocativamente expreso en Hudson. Fij\u00e9monos c\u00f3mo inicia el cap\u00edtulo IV en el que describe el hallazgo de restos humanos: \u201cVolvamos otra vez a esos tristes lugares que visit\u00e9 frecuentemente en el valle, no como coleccionista ni arque\u00f3logo, ni siquiera guiado por alg\u00fan fin cient\u00edfico, sino s\u00f3lo para entregarme a mis l\u00fagubres pensamientos.\u201d (45)<\/p>\n<p>No se puede descartar, dado el enorme inter\u00e9s que despertaba en la \u00e9poca el estudio de los cr\u00e1neos en el marco de la antropolog\u00eda f\u00edsica y de la frenolog\u00eda, que Hudson utilizara el tema deliberadamente como un se\u00f1uelo lanzado a sus lectores para despu\u00e9s guiarlos por otros caminos. A pesar de que reproduce lugares comunes del pensamiento antropol\u00f3gico y sociol\u00f3gico de su tiempo al identificar a los pueblos ind\u00edgenas con la naturaleza a vencer para implantar el progreso, y al reproducir el relato del \u201cgaucho ignorante\u201d Ventura Sosa y su amigo el \u201crenegado\u201d Dami\u00e1n (86-95), Hudson, al expresar sus propias ideas cient\u00edficas, se inclina claramente por el relativismo cultural. El cap\u00edtulo XI, \u201cEl sentido de la vista en los salvajes\u201d, por ejemplo, trabaja sobre el argumento de que no se puede afirmar que la vista sea mejor o peor en determinado estadio cultural, sino de que cada cultura ve lo que le interesa y lo que le produce placer o provecho: \u201ccada persona habita un peque\u00f1o mundo suyo, y aquello que para los dem\u00e1s es s\u00f3lo una parte de la oscuridad que ensombrece las cosas, \u00e9l lo ve con una nitidez sorprendente que le ayuda a conocer sus misterios [&#8230;]. \u201cconozco por experiencia algo de los salvajes, y cuando ellos hac\u00edan uso de sus ojos a su manera y para sus fines, yo usaba los m\u00edos para mis prop\u00f3sitos, lo que era muy diferente [&#8230;]. El secreto de la diferencia reside en que sus ojos est\u00e1n entrenados y acostumbrados a ver ciertas cosas que buscan y esperan encontrar.\u201d (142 y 144)<\/p>\n<p>Se ha afirmado que en D\u00edas de ocio Hudson se refiere a distintos objetos naturales pero no al hombre (P\u00e9rez Amat 2002). Esta lectura err\u00f3nea proviene de que nuestro autor se refiere al hombre desde un punto de inter\u00e9s desplazado respecto del eje de la historia natural caracter\u00edstico de las descripciones producidas por los viajeros de su \u00e9poca. En consecuencia no clasifica ni jerarquiza, no lee la realidad humana desde el registro de la Antropolog\u00eda sino desde un inter\u00e9s m\u00e1s general, situado fuera del marco de la mirada imperial, lo que le permite adoptar una postura de relativismo cultural y generar una reflexi\u00f3n final como la del cap\u00edtulo XIII, que, como analizaremos m\u00e1s adelante, sobrepasa los l\u00edmites usuales de su contexto cultural.<\/p>\n<p>La dificultad para catalogar estos textos como producci\u00f3n cient\u00edfica proviene tanto de su intercalaci\u00f3n en una narraci\u00f3n de viaje como de su combinaci\u00f3n con reflexiones de muy distinto orden. Por ejemplo, uno de los ejes que atraviesan la mirada de Hudson sobre el paisaje es, igual que en All\u00e1 lejos y hace tiempo, la construcci\u00f3n pict\u00f3rica de sus im\u00e1genes. En ella, los colores juegan un rol decisivo. Observando uno de aquellos cr\u00e1neos ind\u00edgenas, \u201cno como coleccionista ni arque\u00f3logo, ni siquiera guiado por alg\u00fan fin cient\u00edfico, sino s\u00f3lo para entregarme a mis l\u00fagubres pensamientos\u201d, dice Hudson, trata de recrear la imagen del mundo que ese cr\u00e1neo contuvo alguna vez, y ve:<\/p>\n<p>\u201cuna banda de color [&#8230;]; entre los bordes grises, la banda ser\u00eda verde, y a lo largo de esta banda mediana, no siempre ocupando el centro, aparecer\u00eda una l\u00ednea sinuosa y brillante, semejando una serpiente de pellejo rutilante descansando sobre el pasto. Porque el r\u00edo tiene que haber sido, para los abor\u00edgenes del valle, el eje principal de la naturaleza y de la vida del hombre [&#8230;] y al salir del valle s\u00f3lo encontraban un desierto gris \u2013soledad donde la vida del hombre era imposible- tan extenso que se perd\u00eda en la bruma azul del horizonte.\u201d (45-46)<\/p>\n<p>Efectivamente, el hilo argumental de las observaciones que Hudson hace sobre el paisaje patag\u00f3nico a lo largo de toda la obra, es el del contraste entre \u201cel magn\u00edfico r\u00edo Negro\u201d, \u201chermoso: m\u00e1s ancho que el T\u00e1mesis en Westminster\u201d, de \u201ccorriente azul\u201d, \u201csiempre fresco, verde y hermoso\u201d, \u201cel r\u00edo m\u00e1s encantador que existe sobre la Tierra\u201d, referencia insoslayable para toda forma de vida en la regi\u00f3n, y \u201clos mon\u00f3tonos tonos de gris, verde y marr\u00f3n que la Naturaleza ha fijado en sus orillas\u201d, el \u201cfollaje gris\u201d de las plantas del desierto, \u201cel gris universal de la tierra y del cielo, en aquel invierno gris y en esa regi\u00f3n donde el panorama es tan pobre en matices\u201d (21, 27, 45-49, 52, 78, 175). Tal es la belleza del r\u00edo Negro que, seg\u00fan Hudson, es el \u00fanico lugar del mundo donde pudo ver \u201cel agua convertirse en sangre y fuego, despu\u00e9s de la puesta del sol, y prolongarse esta visi\u00f3n maravillosa hasta el anochecer, haciendo que la tierra y los \u00e1rboles, por contraste, parecieran negros\u201d, fen\u00f3meno que si se diera con frecuencia ameritar\u00eda que llegaran \u201ccontinuamente turistas de tierras lejanas, como sucede con el Chimborazo y las cataratas del Ni\u00e1gara\u201d (53). De este modo, Hudson se constituye discursivamente no s\u00f3lo en descriptor de la Patagonia para la ciencia sino tambi\u00e9n en gu\u00eda tur\u00edstico, como explorador de itinerarios que otros deber\u00e1n repetir tras sus palabras.<\/p>\n<p>En continuidad con este aspecto de la obra, un segundo registro en el que se inscribe D\u00edas de ocio en la Patagonia es el de la literatura de viajes. El esteticismo de su mirada sobre el paisaje, viendo pasar ociosamente las horas del d\u00eda y las estaciones del a\u00f1o, se complementa con un utilitarismo propio del \u201cviajero ingl\u00e9s\u201d que emerge espor\u00e1dicamente en su texto. La presencia del hombre moderno en ese extremo del mundo s\u00f3lo se justifica por su voluntad de lucha y de dominaci\u00f3n sobre la naturaleza, lucha que para Hudson incluye, como hemos visto \u2013si bien \u00e9l no se compromete personalmente en ninguno de estos aspectos-, el choque cultural contra la poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona. La caba\u00f1a del ingl\u00e9s Ernesto Buckland, una jornada r\u00edo arriba del Carmen, donde se guardaba una verdadera colecci\u00f3n de armas y herramientas, era para \u00e9l un puesto para la lucha contra el desierto (26). Precisamente all\u00ed Hudson se hiri\u00f3 con un rev\u00f3lver su rodilla izquierda, quedando inv\u00e1lido como aventurero para internarse en el desierto (Nouzeilles 2002b:181) y convertido en viajero imaginario. La lucha con la naturaleza, en consecuencia, desde ese mismo momento, se convirti\u00f3 para Hudson en una lucha ajena, constituy\u00e9ndose \u00e9l, como en La tierra purp\u00farea, en int\u00e9rprete de los relatos de otros (Torre 1998:2). Ni siquiera se sent\u00eda muy comprometido personalmente con un programa cient\u00edfico que pudiera interpretarse como un aspecto de esa lucha por la dominaci\u00f3n de la naturaleza:\u00a0 \u201cLleg\u00f3 el anochecer, que puso fin a mi in\u00fatil investigaci\u00f3n, y digo in\u00fatil con verdadero placer, porque si hay algo que uno se siente inclinado a detestar en esta pl\u00e1cida comarca es la doctrina de que todas nuestras investigaciones dentro de la Naturaleza deben hacerse con alg\u00fan provecho, presente o futuro, para la raza humana.\u201d (114)<\/p>\n<p>Desde el principio mismo del viaje hasta la reflexi\u00f3n culminante \u2013el cap\u00edtulo XIII \u201cLas llanuras de la Patagonia\u201d (171-192)- Hudson se encarga de aclarar que el prop\u00f3sito de su viaje, adem\u00e1s de las observaciones ornitol\u00f3gicas, ven\u00eda condicionado por la imagen imperial generada por Charles Darwin y otros viajeros a la Patagonia de la primera mitad del siglo, que la consideraban un ambiente radicalmente in\u00fatil para la vida civilizada:<\/p>\n<p>\u201c\u00a1La Patagonia estaba all\u00ed, por fin! \u00a1Cu\u00e1n a menudo la hab\u00eda visto en mi imaginaci\u00f3n! \u00a1Cu\u00e1ntas veces hab\u00eda deseado ardientemente visitar este desierto solitario, no hollado por el hombre, para descansar all\u00e1 lejos en su paz primitiva y desolada, apartado de la civilizaci\u00f3n! \u00a1All\u00ed estaba, completamente abierto ante mis ojos, el desierto intacto que despierta tan extra\u00f1os sentimientos en nosotros [&#8230;]<\/p>\n<p>\u201cHasta que no hube gustado su sabor, no supe lo que significaba para m\u00ed su tranquilidad y su soledad, ni imagin\u00e9 las cosas extra\u00f1as que me ense\u00f1ar\u00eda y con qu\u00e9 fuerza habr\u00eda de quedar su recuerdo grabado en mi esp\u00edritu.\u201d (11-12)<\/p>\n<p>Sin embargo, a rengl\u00f3n seguido declara que el motivo de su viaje era la pasi\u00f3n por la ornitolog\u00eda. Durante su estad\u00eda en el r\u00edo Negro, salir del valle para ver el desierto se convirti\u00f3 para \u00e9l en una obsesi\u00f3n absolutamente antiutilitaria: \u201cVisitaba ese lugar como si asistiera a una fiesta [&#8230;]. En realidad, no ten\u00eda ning\u00fan motivo para ir, ninguna raz\u00f3n explicable; no hab\u00eda all\u00ed nada que cazar\u201d (174). Pero tambi\u00e9n el tema de la lucha con la naturaleza, del avance de la frontera de la civilizaci\u00f3n sobre aquel territorio \u2013el del valle- tan generoso, se impone con peso propio. En uno de los cap\u00edtulos centrales, el VI, titulado \u201cLa guerra con la Naturaleza\u201d, expresa: \u201cPara el hombre sano o para el hombre cuyos instintos viriles no se han atrofiado por la clase de vida artificial que hacemos, la lucha f\u00edsica o mental es esencial para la felicidad\u201d. De all\u00ed el enorme placer que produce en el var\u00f3n pionero el sometimiento \u2013la violaci\u00f3n y fecundaci\u00f3n- de una naturaleza imaginariamente feminizada, \u201cinconstante y caprichosa, dif\u00edcil de gobernar; una hermosa y cruel ondina2 [&#8230;] cuyo descubrimiento nos llena de satisfacci\u00f3n\u201d y de \u201cuna maravillosa fascinaci\u00f3n\u201d, a veces \u201cpresa del furor que le causan las indiginidades a que la sujeta el hombre [&#8230;] como una mujer hermosa que en su furia no tiene en cuenta su belleza\u201d mientras el hombre civilizado \u201cesparce las semillas\u201d en ella. El pionero, en fin, aunque muera en una rodada de su caballo o ahogado en un arroyo desbordado, habr\u00e1 tenido una vida feliz porque \u201cno se ha cansado del mundo y [&#8230;] nunca se le habr\u00e1 o\u00eddo quejarse ni lamentarse de la vanidad de todas las cosas\u201d (74-82).<\/p>\n<p>En el crucial cap\u00edtulo XIII, sin embargo, la conclusi\u00f3n final es pesimista acerca de la posibilidad de \u201ccivilizar\u201d la regi\u00f3n: \u201cEn la Patagonia no asalta a la mente ning\u00fan pensamiento o sue\u00f1o acerca de la posibilidad de cambios cercanos hechos por el hombre. No hay agua all\u00ed, [&#8230;] nada crece\u201d (187).<\/p>\n<p>El dilema central<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo resolver esta tensi\u00f3n \u201centre la visi\u00f3n de una Arcadia incontaminada y el enunciado raso de variables de la mirada imperial\u201d (Torre 1998:2)? Ni siquiera el mismo Hudson pudo resolver esta dualidad de su escritura, reflejada en \u00e9l como una ambig\u00fcedad de sentimientos, entre el af\u00e1n de descansar deslig\u00e1ndose de su conciencia de hombre civilizado \u2013como un turista posmoderno \u201cen busca de experiencias no mediadas de lo natural\u201d (Nouzeilles 2002b:185)- y el impulso de dominar la naturaleza y producir algo \u00fatil. Si seguimos el texto como la huella de un itinerario interior, podemos interpretar que esa tensi\u00f3n se resuelve en el \u00faltimo cap\u00edtulo introspectivo del libro, el XIII. El XIV y \u00faltimo (\u201cEl perfume de las \u2018buenas noches\u2019\u201d) s\u00f3lo constituye una digresi\u00f3n complementaria de sus reflexiones sobre el sentido de la vista, esta vez relacionando el sentido del olfato con la memoria y la inteligencia. El tema de la memoria olfativa (195) opera como la coda de una partitura, que devuelve al lector a la promesa inicial de reflexionar sobre el \u201cbello problema\u201d de una fragancia presente \u201ctanto en los jardines como en los desiertos incultos\u201d, en el Nuevo como en el Viejo Mundo, que sirve \u201ccomo una especie de segunda memoria\u201d (13).<\/p>\n<p>En el mentado cap\u00edtulo XIII, Hudson se pone a la par de Darwin y su mirada radicalmente pesimista sobre la Patagonia, cuando, sobre el final de su viaje en el Beagle \u2013y \u00e9sta es tambi\u00e9n para Hudson una reflexi\u00f3n de final de viaje- el naturalista ingl\u00e9s se pregunta \u201cpor qu\u00e9 [&#8230;] estos \u00e1ridos desiertos se han posesionado de tal modo de mi mente?\u201d. Nuestro viajero, liberado del corset intelectual del cient\u00edfico, se propone completar lo que Darwin no supo decir: describir y explicar sus sensaciones (171). La sensaci\u00f3n b\u00e1sica a explicar consiste en que: \u201cdespu\u00e9s de las incomodidades y sufrimientos soportados en un desierto condenado a una esterilidad eterna, el viajero descubre que a trav\u00e9s de los a\u00f1os lo recuerda con intensidad, que brilla con m\u00e1s luz en su memoria, siendo m\u00e1s agradable para \u00e9l ese recuerdo que el de cualquier otra regi\u00f3n que pudiera haber conocido\u201d (172).<\/p>\n<p>Ese desierto \u201cinfinito, nunca cruzado por el hombre, [&#8230;] tan primitivo, solitario y lejano\u201d, de una \u201cuniversal monoton\u00eda gris\u201d, produc\u00eda en \u00e9l un accionar inconsciente, animal, consistente en una absoluta y grata quietud que Hudson disfrutaba \u201cmientras escuchaba el silencio\u201d, imposibilitado de pensar y \u201cacompa\u00f1ado por un poderoso sentimiento de j\u00fabilo\u201d. En ese estado de conciencia, Hudson cre\u00eda que se le revelaba \u201cuna naturaleza desconocida e insospechada\u201d, como en \u201cuna reversi\u00f3n instant\u00e1nea, al estado primitivo y completamente salvaje de nuestra mente\u201d (174-178). La alegr\u00eda generada por ese retorno de la mente a un estado primitivo es comparada por Hudson con la que experimentan los ni\u00f1os en contacto directo con la naturaleza y con la despreocupaci\u00f3n por el futuro caracter\u00edstica del salvaje, contrapuestas a la \u201ccontinua represi\u00f3n\u201d que nos supone la \u201cvida civilizada\u201d (181-189):<\/p>\n<p>\u201cEra alegr\u00eda de esta clase la que yo tuve en el desierto patag\u00f3nico, el sentimiento experimentado al volver a un estado mental que hemos sobrepasado; porque, indudablemente, yo hab\u00eda retrocedido [&#8230; a] la condici\u00f3n mental del verdadero salvaje [&#8230;] en armon\u00eda perfecta con la Naturaleza [&#8230;] es como retornar a un hogar, que es en realidad m\u00e1s hogar para nosotros que cualquier vivienda [&#8230;].<\/p>\n<p>\u201cY nosotros mismos somos los sepulcros vivientes de un pasado muerto [&#8230;]; el chisporroteo de las llamas, el rugir de la catarata, el estruendo de las olas al romper sobre la costa, el ruido de la lluvia y el murmullo del viento entre las hojas traen un recuerdo de los viejos tiempos; y entonces los huesos se regocijan y danzan en su sepulcro.\u201d (182-183)<\/p>\n<p>Citando al escritor estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862), disc\u00edpulo del fil\u00f3sofo trascendentalista Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y autor de Walden o la vida en los bosques y de Un yankee en el Canad\u00e1, reivindica el instinto primitivo que produce placer al encontrar y consumir alimentos silvestres o al o\u00edr el canto de p\u00e1jaros que resultan familiares aunque no se los haya escuchado nunca antes, en virtud de una cierta memoria de la especie (181-183). Este autor se le revela a Hudson como un arquetipo del hombre capaz de conmoverse profundamente en contacto con la naturaleza, por su sensibilidad a flor de piel, su \u201csimpat\u00eda\u201d y su \u201camistad infinita por todo lo que lo rodeaba\u201d (187-188).<\/p>\n<p>Esta exaltaci\u00f3n de lo inconsciente o irracional resulta llamativa en el marco de la educaci\u00f3n puritana de Hudson, dado que, precisamente, la resonancia que tuvo en el campo de la psicolog\u00eda el concepto freudiano de inconsciente se debi\u00f3 en buena medida al rechazo que estos temas provocaban en el racionalismo protestante. Es otro aspecto, sin duda, en el que Hudson cumple el rol de traductor o mediador, esta vez de las novedades de la psicolog\u00eda naciente. Si bien el tema del lado inconsciente u oculto de la mente humana estuvo presente en las reflexiones de muchos pensadores y poetas antiguos, medievales y modernos de diversas corrientes -como los m\u00edsticos budistas, Avicena (980-1037) en su estudio de las enfermedades mentales, Dante Alighieri (1265-1321) en su descripci\u00f3n del camino al Para\u00edso como una serie de estados de conciencia, los m\u00edsticos cat\u00f3licos espa\u00f1oles del siglo XVI, William Shakespeare (1564-1616), Blaise Pascal (1623-1662) o Gottfried W. Leibniz (1646-1716), quien imaginaba a los conceptos claros y distintos como islas en un oc\u00e9ano oscuro-, en el siglo XIX hubo una reacci\u00f3n cultural frente al racionalismo ilustrado, por ejemplo, a trav\u00e9s del romanticismo y su \u00e9nfasis en los aspectos irracionales, oscuros o demon\u00edacos de la naturaleza humana. Antes de que Sigmund Freud (1856-1939) sistematizara y estudiara profundamente por primera vez el inconsciente, otros como el m\u00e9dico, fil\u00f3sofo y f\u00edsico rom\u00e1ntico alem\u00e1n Gustav Fechner (1801-1887) o el m\u00e9dico franc\u00e9s Jean Martin Charcot (1825-1893), para el momento en que escribi\u00f3 Hudson ya hab\u00edan recorrido un largo camino experimental en el campo del hipnotismo. Incluso las sensaciones de sopor y de retorno a estados de conciencia primitivos que describe nuestro autor parecen muy similares a los estados de conciencia opacada por diversos factores, estudiados por el m\u00e9dico austr\u00edaco Franz Anton Mesmer (1733-1815) y sus disc\u00edpulos, y caracterizados detalladamente ya por Charcot.3<\/p>\n<p>Aunque entre los numerosos autores citados en D\u00edas de ocio no se nos revelan las posibles lecturas de Hudson al respecto, lo cierto es que en su experiencia y en su relato se muestra dispuesto a explorar temas y zonas de su propia conciencia que lo pon\u00edan en contacto con sus aspectos inconscientes e irracionales. Por ejemplo, dedica un cap\u00edtulo entero \u2013el VIII, \u201cLa nieve y la cualidad de la blancura\u201d- a analizar el impacto emocional e intelectual que le produce ver por primera vez la tierra cubierta de nieve, pero no acude al hipnotismo mesmeriano para explicar ese impacto sino al contenido m\u00edstico del Moby Dick de Melville y al animismo definido por Tylor en Primitive Culture. En este sentido, en su regresi\u00f3n imaginaria Hudson se nos muestra como un precursor de la actitud posmoderna del turista alternativo para quien \u201clos espacios abiertos del desierto sirven de veh\u00edculo a las fantas\u00edas escapistas con las que una modernidad escindida hac\u00eda frente al \u2018malestar en la cultura\u2019\u201d (Nouzeilles 2002b:182-184). Esta apertura a la exploraci\u00f3n introspectiva fue lo que permiti\u00f3 a Hudson ir m\u00e1s all\u00e1 que Darwin en la explicaci\u00f3n de la persistencia del paisaje patag\u00f3nico en la memoria.<\/p>\n<p>La peculiaridad de la Patagonia en comparaci\u00f3n con otros paisajes naturales consistir\u00eda, seg\u00fan Hudson, en que su desnudez y monoton\u00eda gris, donde ning\u00fan cambio hecho por el hombre ser\u00eda posible, \u201cdejan la mente libre y abierta para recibir una impresi\u00f3n de conjunto de la Naturaleza\u201d (186). En conclusi\u00f3n, \u201cen nuestros m\u00e1s profundos sentimientos, no somos sino salvajes\u201d (190):<\/p>\n<p>\u201cY hasta que no tengamos una civilizaci\u00f3n mejor, m\u00e1s llevadera y m\u00e1s igual en sus progresos, sobre todas las clases, si es que debe haber clases, es tal vez una suerte que hayamos fracasado tanto queriendo eliminar al \u2018salvaje\u2019 que hay en nosotros, al \u2018hombre primitivo\u2019, como algunos prefieren llamarlo. No un hombre primitivo respetable, pero s\u00ed bastante \u00fatil en ciertas ocasiones, pues acude en nuestra ayuda cuando necesitamos sus servicios por alguna circunstancia dolorosa\u201d (192)<\/p>\n<p>Esta conclusi\u00f3n centrada en la posibilidad de escaparse del dolor y las constricciones de la vida civilizada mediante la experiencia directa de la naturaleza o su recuerdo, anticipa notablemente las observaciones de la psicolog\u00eda del siglo XX sobre el malestar en la cultura (Freud 1930: 3031-3032) y se asemeja mucho al cierre de su autobiograf\u00eda, cuando afirma que: \u201cel placer experimentado en mis comuniones con la Naturaleza no se ha esfumado nunca [&#8230;]. La felicidad no la perd\u00ed jam\u00e1s [&#8230;]. As\u00ed fue que en mis peores d\u00edas, en Londres, cuando estaba obligado a vivir alejado de la Naturaleza por largos per\u00edodos, enfermo, pobre y sin amigos, yo pod\u00eda sentir que era infinitamente mejor \u2018ser, que no ser\u2019.\u201d (Hudson 1918:388).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de este ejercicio introspectivo y retrospectivo, Hudson elabora su conclusi\u00f3n acerca de su experiencia patag\u00f3nica, y la resume en una tensi\u00f3n que resultar\u00eda un tema permanente y una clave de interpretaci\u00f3n para quienes, a partir de fines del siglo XIX y hasta la actualidad, poblar\u00edan, visitar\u00edan o recorrer\u00edan la Patagonia. Se trata de la ambivalencia de esa naturaleza, como fuente al mismo tiempo de contrariedad y de placer, como obst\u00e1culo y como recurso. A partir de esa interpretaci\u00f3n, nuestro autor logra responder la pregunta de Darwin por la posibilidad de que esta \u201ctierra maldita\u201d persista con tanta fuerza en la memoria de un hombre utilitario. Esa respuesta, lograda en un nuevo contexto cultural del imaginario occidental, surge de revisitar la naturaleza de la Patagonia concibi\u00e9ndola no s\u00f3lo como objeto de utilidad sino tambi\u00e9n de deseo y placer.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>En D\u00edas de ocio en la Patagonia William H. Hudson revela todas sus ambig\u00fcedades, rasgos que lo convierten en un autor de m\u00faltiples transiciones y fronteras: es a la vez un autor americano por sus temas y europeo por su lengua, escritor de una frontera cultural que traduce temas perif\u00e9ricos para lectores centrales; un cient\u00edfico por su objeto y su modo de abordaje y un divulgador por su inter\u00e9s p\u00fablico y por la escritura en la que elige traducir sus observaciones; un naturalista viajero al servicio de la Historia Natural europea pero que no puede sustraerse a la experiencia y a la narraci\u00f3n del contacto directo con la naturaleza que estudia. Su experiencia patag\u00f3nica, elaborada \u2013como todos sus escritos autobiogr\u00e1ficos- en su madurez, resulta expresiva de una tensi\u00f3n agregada a todas estas: la que vive a\u00fan hoy el hombre, turista o habitante de la Patagonia, entre los l\u00edmites y las posibilidades que al mismo tiempo le propone la extraordinaria naturaleza de la regi\u00f3n. Este singular desaf\u00edo provoc\u00f3 en Hudson la necesidad de escribir en 1893 un relato sint\u00e9tico y, por momentos, profundamente introspectivo de su estad\u00eda patag\u00f3nica, reflexi\u00f3n anticipatoria de muchos de los motivos que asaltan el pensamiento de quienes experimentaron la naturaleza patag\u00f3nica en el siglo XX y la experimentan hoy.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<ol>\n<li>A partir de aqu\u00ed, los n\u00fameros entre par\u00e9ntesis, salvo indicaci\u00f3n de otro autor, indicar\u00e1n la paginaci\u00f3n de D\u00edas de ocio en la Patagonia seg\u00fan la edici\u00f3n citada en la Bibliograf\u00eda.<\/li>\n<li>Ninfa de las aguas, en la mitolog\u00eda anglosajona y escandinava.<\/li>\n<li>Agradezco la informaci\u00f3n proporcionada por el Dr. Gast\u00f3n Poirier en relaci\u00f3n con el aspecto psicol\u00f3gico de la indagaci\u00f3n de Hudson.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>BORGES, J.L.: \u201cSobre \u2018The Purple Land\u2019\u201d. Otras inquisiciones. Obras completas, 1923-1972. Buenos Aires, Emec\u00e9, 1974 [1952].<\/p>\n<p>FERN\u00c1NDEZ BRAVO, \u00c1.: Literatura y frontera. Procesos de territorializaci\u00f3n en las culturas argentina y chilena del siglo XIX. Sudamericana y Universidad de San Andr\u00e9s, Buenos Aires, 1999.<\/p>\n<p>FREUD, S.:, \u201cEl malestar en la cultura\u201d. Obras completas, vol. 17. Buenos Aires, Hyspam\u00e9rica, 1989, [1930].<\/p>\n<p>HUDSON, W.H.: D\u00edas de ocio en la Patagonia. Buenos Aires, El Elefante Blanco, 1997 [1893].<\/p>\n<p>HUDSON, G.E.: All\u00e1 lejos y hace tiempo, Relatos de mi infancia. Buenos Aires, Peuser, 1938 [1918].<\/p>\n<p>MONTSERRAT, M.: \u201cLa primera lectura del Origen de las especies en la Argentina\u201d. III Congreso Argentino de Historia de la Ciencia y la T\u00e9cnica, Sociedad Cient\u00edfica Argentina, Buenos Aires, 1994.<\/p>\n<p>NOUZEILLES, G.: \u201cIntroducci\u00f3n\u201d. G. Nouzeilles (comp.), La naturaleza en disputa. Ret\u00f3ricas del cuerpo y el paisaje en Am\u00e9rica Latina. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2002a.<\/p>\n<p>NOUZEILLES, G.: \u201cEl retorno de lo primitivo. Aventura y masculinidad\u201d. G. Nouzeilles (comp.), La naturaleza en disputa. Ret\u00f3ricas del cuerpo y el paisaje en Am\u00e9rica Latina. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2002b.<\/p>\n<p>P\u00c9REZ AMAT, M.E.: \u201cHudson en la Patagonia\u201d. Jornadas de Historia de la Patagonia, Viedma, 10-11\/10\/2002.<\/p>\n<p>PICKENHAYN, J.O.: El sino parad\u00f3jico de Guillermo Enrique Hudson. Buenos Aires, Corregidor, 1994.<\/p>\n<p>PRATT, M.L.: Ojos imperiales, Literatura de viajes y transculturaci\u00f3n. Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 1992.<\/p>\n<p>SEBRELI, J.J.: El asedio a la modernidad, Cr\u00edtica del relativismo cultural. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.<\/p>\n<p>TORRE, C.: \u201cModos de narrar y de leer en la narrativa de W. H. Hudson\u201d. XIV Jornadas de Investigaci\u00f3n del Instituto de Literatura Hispanoamericana, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1998.<\/p>\n<p>www.educ.ar, Biograf\u00edas, \u201cGuillermo Enrique Hudson, naturalista (ornit\u00f3logo)\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&nbsp; &nbsp; &nbsp; Viedma.- (APP) Publicamos un ensayo destacado de Pedro Navarro Floria, historiador rionegrino fallecido en el 2014, con una destacada trayectoria \n<a class=\"moretag\" href=\"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/william-h-hudson-en-la-naturaleza-patagonica-1870-y-1893-ultimo-viajero-cientifico-y-primer-turista-posmoderno\/\"> [...]<\/a>","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-2526","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-educacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2526","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2526"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2526\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2528,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2526\/revisions\/2528"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2526"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2526"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2526"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}