{"id":2649,"date":"2016-12-31T13:48:39","date_gmt":"2016-12-31T13:48:39","guid":{"rendered":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/?p=2649"},"modified":"2016-12-31T13:50:48","modified_gmt":"2016-12-31T13:50:48","slug":"el-astillero-en-la-tempestadpor-armando-braun-menendez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/el-astillero-en-la-tempestadpor-armando-braun-menendez\/","title":{"rendered":"\u201cEl astillero en la tempestad\u201d\/Por Armando Braun Men\u00e9ndez*  \u00a0"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viedma.- (APP) En la rada de Punta Arenas -corr\u00eda febrero de 1873- el pailebote \u00abEspora\u00bb, al mando del capit\u00e1n Luis Piedra Buena, despleg\u00f3 a la brisa de un amanecer sus sufridas velas grises.\u00a0 Zarpaba hacia la isla de los Estados, donde, en un seno elegido de sus costas quebradas, el capit\u00e1n-empresario proyectaba improvisar una \u00abf\u00e1brica\u00bb para la extracci\u00f3n de la grasa del lobo de mar y del ping\u00fcino.<\/p>\n<p>Desde aquel peque\u00f1o puerto, Punta Arenas, situado en el Estrecho de Magallanes -a la saz\u00f3n, de algunas pocas casas espaciadas, cascos arrumbados sobre la playa, olor a brea-, part\u00edan a menudo expediciones de tal naturaleza, en particular hacia las roquer\u00edas situadas al sur de la Tierra del Fuego, las cuales, si bien sol\u00edan producir ping\u00fces ganancias a sus realizadores, no dejaban de ofrecerles asimismo serios peligros.\u00a0 Era necesario, en efecto, desafiar la tempestad que se ense\u00f1orea en los mares del Sur, padecer el rigor del clima fueguino, esquivar la atropellada mortal del lobo de mar y evitar al indio, que acechaba detr\u00e1s de las matas, armado de flecha artera.<\/p>\n<p>\u00a1Aquellos eran tiempos heroicos!\u00a0 Por eso la despedida que los puntarenenses tributaban a los loberos ten\u00eda emociones de v\u00edsperas guerreras.<\/p>\n<p>Junto con Piedra Buena, el \u00abpatr\u00f3n\u00bb, figuraban en el rol de tripulantes del pailebote los siguientes hombres de mar: en car\u00e1cter de \u00absegundo\u00bb, el d\u00e1lmata Carlos, recio marino cuyo apellido, vinculado tal vez a alg\u00fan acontecimiento vergonzante, era discretamente callado; como Piloto, el norteamericano Smith; como contramaestre, don Celestino, apodado \u00abel gallego\u00bb\u00a0 -aqu\u00ed tambi\u00e9n sobraba el apellido-, tipo cl\u00e1sico de quien todo lo sabe, lo presume o lo prev\u00e9.\u00a0 Completaban la reducida tripulaci\u00f3n el cocinero Espinosa, laborioso \u00abchilote\u00bb que a bordo serv\u00eda tanto para un fregado como para un barrido; y, por \u00faltimo, los marineros Juan Caballero -indio yag\u00e1n acriollado-, el viejo Henry y un grumete.<\/p>\n<p>Con este pu\u00f1ado de navegantes, abigarrado muestrario de razas diversas, Piedra Buena se lanzaba a la conquista de la fortuna en una empresa de caza e industria al par, puesto que se dispon\u00eda a matar el lobo y el ping\u00fcino a fin de obtener sus pieles, para proceder luego, sobre el mismo terreno, a extraer de los cuerpos desollados la grasa y el aceite.\u00a0 El pailebote, con sus ciento setenta y cinco toneladas de registro, estaba bien aparejado para la faena; los garrotes, el \u00abtacho\u00bb (especie de caldero) , las barricas\u00a0 vac\u00edas, arrobas de sal gruesa, dos ca\u00f1ones arponeros y provisiones para una larga campa\u00f1a, llenaban la bodega hasta la cubierta corrida.<\/p>\n<p>Tal como dec\u00edamos, el \u00abEspora\u00bb despleg\u00f3, a la brisa de un amanecer, todo su pa\u00f1o y aqu\u00e9l se destac\u00f3 sobre un fondo de cielo azul mientras singlaba hacia la boca del Estrecho empujado por la marea propicia.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas daba fondo en la bah\u00eda Hoppner, llamada tambi\u00e9n de las Nutrias, ensenada abierta en el extremo sudoeste de la isla de los Estados.\u00a0 All\u00ed, sobre la costa que cubr\u00eda nutrida colonia de p\u00e1jaros ni\u00f1os, instal\u00f3 Piedra Buena su \u00abf\u00e1brica\u00bb, empezando en seguida la trabajosa matanza, en la cual tomaban igual participaci\u00f3n, no obstante su diferente jerarqu\u00eda, los ocho tripulantes.\u00a0 La labor consist\u00eda en apalear ping\u00fcinos a raz\u00f3n de quinientas presas al d\u00eda, luego abrirlos, descuerarlos, y llenar con sus cuerpos, en medio de un vaho volteador, un \u00abtacho\u00bb enorme, que se hac\u00eda hervir sin que se apagasen los fuegos un instante.<\/p>\n<p>Todo se desarrollaba a gusto y a tiempo &#8230; cuando sobrevino un temporal que volc\u00f3 el \u00abtacho\u00bb, desparram\u00f3 el aceite, avent\u00f3 los cueros, obligando a los industriosos marinos a correr a bordo, con el fin de asegurar sin tardanza al \u00abEspora\u00bb, que parec\u00eda querer echarse a volar.<\/p>\n<p>El viento, que soplaba en aumento, ya era hurac\u00e1n desencadenado cuando la obscuridad invadi\u00f3 la costa, ocult\u00e1ndola a la vista de los del pailebote.\u00a0 Abierta la bah\u00eda de las Nutrias a la libre violencia del temporal, la salvaci\u00f3n del \u00abEspora\u00bb y sus tripulantes depend\u00eda de la resistencia del ancla y del anclote con que a aqu\u00e9lla se la hab\u00eda reforzado; amarras de las cuales el pailebote aferrado el pa\u00f1o y sentado de popa con la proa al viento, tiraba con fuerza dando brincos y cabeceos como potro ma\u00f1ero.<\/p>\n<p>A medianoche, las olas empezaron su labor infernal.\u00a0 Terribles bandazos golpearon los costados de la nave y barrieron su cubierta, empapando a la gente, haciendo trizas los salientes de la obra muerta y abriendo, finalmente, algunos rumbos en el casco.\u00a0 Los marinos, hechos una sopa, lucharon entonces aferrados desesperadamente a la bomba para disminuir la v\u00eda de agua que amenazaba anegar las bodegas.\u00a0 Entretanto, el \u00abcapit\u00e1n Luis\u00bb, asido a la ca\u00f1a del tim\u00f3n, con su gorra marinera encasquetada, el cuerpo cubierto por grueso capote de hule, alentaba con fuertes voces a la angustiada tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hombre joven a\u00fan, era ya este marino un viejo lobo de mar que las hab\u00eda visto todas, en el hemisferio austral.\u00a0 Lo ten\u00eda navegado durante muchos a\u00f1os, desde aquel d\u00eda en que el capit\u00e1n norteamericano Smiley, apodado \u00abel C\u00f3nsul\u00bb, lo tom\u00f3 de la casa de sus padres, en Patagones, cuando Piedra Buena no era m\u00e1s que un ni\u00f1o, para llev\u00e1rselo con \u00e9l a fin de educarlo en la ruda escuela de los balleneros y de los cazadores de lobos. \u00a1Con la experiencia recogida desde aquella \u00e9poca Piedra Buena pensaba que de \u00e9sta no podr\u00eda escapar!<\/p>\n<p>De pronto, una ola enorme azot\u00f3 con violencia al pailebote en una de sus bandas, rompi\u00f3 con estr\u00e9pito sobre la amurada e inund\u00f3 la cubierta llev\u00e1ndose las dos \u00fanicas embarcaciones: la ballenera y el chinchorro.\u00a0 Otra ola, que cay\u00f3 rugiente, volte\u00f3 al gigantesco Smith, quien resbal\u00e1ndose, tendido cuan largo era sobre el plano inclinado de la cubierta, fue a dar con la cabeza en el espejo de popa.\u00a0 Se oy\u00f3 el sordo rumor del formidable cabezazo seguido de una sarta de juramentos. (Esta facilidad de Smith, sonora y fecunda, hab\u00eda acreditado su fama en toda la regi\u00f3n magall\u00e1nica).<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, en medio de un colosal estruendo, el palo mayor, con su envoltura de velamen, jarcias y arboladura, se desplomaba sobre la banda de babor, amenazando aplastarlo todo, mientras los loberos, despavoridos, corr\u00edan sobre cubierta en busca de reparo.\u00a0 En su ca\u00edda, el palo mayor arrastr\u00f3 consigo al trinquete.<\/p>\n<p>Quedaba as\u00ed el \u00abEspora\u00bb desarbolado, sin botes, la cubierta barrida, descabezadas las escotillas y haciendo agua por todas partes&#8230;<\/p>\n<p>Viendo que era imposible aguantar el buque hasta la madrugada -su bendita luz hubiera permitido construir una balsa para ponerse a salvo-, Piedra Buena resolvi\u00f3 embicarlo en tierra.\u00a0 Y como tal intento acarrear\u00eda grave riesgo para su gente, consult\u00f3 el caso con los tripulantes que hall\u00f3 m\u00e1s cercanos.\u00a0 Todos estuvieron contestes en declarar que \u00e9l era el capit\u00e1n; y que cada uno estar\u00eda en su puesto para obrar seg\u00fan \u00e9l lo mandara. (1)<\/p>\n<p>Fue entonces recogido el anclote, soltada por ojo la cadena del ancla, y, luego de virar en redondo para dirigir la proa a tierra, el \u00abEspora\u00bb, juguete ya del viento, se larg\u00f3 veloz hacia la playa, con su capit\u00e1n en la barra luchando para evitar que la nave se atravesara, y los marinos asidos de las barandas, contra\u00eddo el cuerpo por la impresi\u00f3n, con los ojos muy abiertos en la obscuridad&#8230;<\/p>\n<p>A unos pocos metros de la restinga, todos los tripulantes, valerosamente, se arrojaron al agua, mientras el casco, desmantelado y sin gobierno, iba a dar, en un gran tumbo, sobre las rocas.<\/p>\n<p>El amanecer del 10 de marzo encontr\u00f3 a los ocho n\u00e1ufragos del \u00abEspora\u00bb tendidos en la playa mojados hasta los tu\u00e9tanos, transidos de fr\u00edo y emocionados ante el milagro de su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La bah\u00eda de las Nutrias se abr\u00eda en forma de herradura.\u00a0 En primer plano se extend\u00eda una precaria playa, cortada de rocas afiladas; a poco trecho el terreno ascend\u00eda en laderas, sobre las cuales sobresal\u00edan manchones de bosque.\u00a0 Las hayas, al encaramarse hacia lo alto de los cerros, se achaparraban, retorc\u00edan e inclinaban, abatidas por el viento. \u00a0M\u00e1s arriba, las cumbres se adivinaban tras el manto de una niebla compacta.\u00a0 El lugar era en extremo inhospitalario, abierto a los peores vientos, el suelo h\u00famedo, el monte pantanoso, con un horizonte t\u00e9trico de rocas peladas.<\/p>\n<p>No lejos de donde se hallaban los hombres, se ve\u00eda, montado sobre la rompiente el casco del buque n\u00e1ufrago.\u00a0 Con no poco denuedo, penetrando en el agua helada, Piedra Buena, seguido de dos hombres animosos, logr\u00f3 encaramarse a bordo.\u00a0 No obstante el estado deplorable de su buque, le pareci\u00f3 que a\u00fan era posible salvarlo.\u00a0 Para ello acomod\u00f3 las bombas, puso un cable en tierra y hasta consigui\u00f3 enderezar el casco mediante la ayuda de un aparejo, con la intenci\u00f3n de calafatear m\u00e1s adelante sus costados maltrechos.<\/p>\n<p>A pesar de tanto esfuerzo y de turnarse el personal durante varios d\u00edas en las bombas, no pudieron desagotarlo.\u00a0 Aquello era un harnero.<\/p>\n<p>Aun cuando el temporal hab\u00eda amainado, el tiempo continuaba lluvioso y fr\u00edo.\u00a0 Los n\u00e1ufragos permanec\u00edan, entretanto, al descampado, con los colchones, la ropa y las provisiones empapados.\u00a0 Smith, el \u00ablargo&#8217;, fue el primero en caer enfermo; lo sigui\u00f3 pronto otro hombre.\u00a0 Tampoco el capit\u00e1n Luis se sent\u00eda muy bueno debido a su enfermedad, (2) pero ten\u00eda que vencer sus flaquezas para mantener el \u00e1nimo del personal.\u00a0 Se dio principio entonces a la construcci\u00f3n de un refugio, utilizando tablas extra\u00eddas del casco arrumbado y unas lonas, bajo el cual se cobijaron todos con el escaso aprovisiona-miento salvado de la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Los pobres n\u00e1ufragos del \u00abEspora\u00bb quedaban librados a un destino incierto.\u00a0 En efecto: pocos navegantes frecuentaban aquel paraje desguarnecido.\u00a0 Si bien el estrecho Le Maire era la ruta elegida en tiempo de bonanza por los veleros que traficaban del Atl\u00e1ntico al Pac\u00edfico, doblando el cabo de Hornos, ning\u00fan barco ir\u00eda a recalar en la bah\u00eda de las Nutrias, fondeadero apartado del rumbo, sin defensa contra los vientos adversos.<\/p>\n<p>As\u00ed se explica c\u00f3mo, durante la primera semana de inacci\u00f3n, no se divisara vela alguna a lo largo, con lo cual comenzaron los n\u00e1ufragos a perder toda esperanza y con ella su buen humor.\u00a0 No por eso flaque\u00f3 el \u00e1nimo de Piedra Buena.\u00a0 Mientras sus hombres llenaban las horas del d\u00eda clamando al cielo contra el clima, el paisaje hosco, el lugar desamparado y maldiciendo el momento en que se enrolaron para la expedici\u00f3n del \u00abEspora\u00bb, el capit\u00e1n maduraba un proyecto que, de realizarse, pod\u00eda sacarlos a todos de ese rinc\u00f3n perdido en el conf\u00edn deshabitado: \u00a1la construcci\u00f3n de un nuevo buque!<\/p>\n<p>Para realizar su intento ten\u00eda que bastarse con estas herramientas: una sierra grande, otra chica y un par de hachas de mango corto; no tendr\u00eda otro material de construcci\u00f3n que el que pudiera hallar en el manch\u00f3n de hayas que se extend\u00eda cercano, la mayor parte, semipodridas de humedad; en cuanto a la mano de obra, hab\u00eda que v\u00e9rselas con los ocho tripulantes, varios de ellos inv\u00e1lidos por enfermos e inservibles, de antemano desanimados para todo esfuerzo, eternos protestadores a quienes el proyecto de Piedra Buena, desde su enunciaci\u00f3n, les pareci\u00f3 locura impracticable.<\/p>\n<p>Animado por una energ\u00eda que nos parece ahora sobrehumana, el capit\u00e1n Piedra Buena pudo con ellos.\u00a0 Empez\u00f3 por dividir el trabajo d\u00e1ndoles a los enfermos, que envueltos en frazadas se estaban acurrucados bajo las lonas de la improvisada vivienda, la tarea de atender el fuego, que deb\u00eda mantenerse siempre vivo para necesidad de la calefacci\u00f3n, la cocina y la fragua.\u00a0 El grumete y el viejo Henry recibieron la misi\u00f3n de recolectar provisiones frescas en la comarca circundante, pues en la ladera y al borde de los riachuelos se encontraban en abundancia apio, berro y achicoria; era f\u00e1cil tambi\u00e9n sorprender al ping\u00fcino incauto y descubrir nidadas de huevos de avutarda; se hallaban, adem\u00e1s, en la playa, adheridas a las rocas que descubr\u00eda la marea, almejas y mejillones y, finalmente, a orillas del mar aparec\u00eda el \u00abcachiyuyo\u00bb, especie de sargazo que puede ser comestible despu\u00e9s de mucho hervor y mayor apetito.\u00a0 De esta suerte se iba a defender y refrescar el pobre aprovisionamiento.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s hombres, con Piedra Buena a la cabeza, pusieron manos a la obra, en una lucha agotadora frente a la escasez de elementos, la persistencia del mal tiempo y la poca pr\u00e1ctica del personal para trabajos de esa naturaleza.<\/p>\n<p>El diecis\u00e9is de marzo se tendi\u00f3 la quilla de la nueva embarcaci\u00f3n, que iba a medir doce metros de eslora, cuatro de manga y dos de puntal.\u00a0 Al d\u00eda siguiente se colocaron los codastes de popa y proa; y luego, mientras unos forjaban en la fragua improvisada los pernos, las duclas y los c\u00e1ncamos, otros cortaban \u00e1rboles, y aquellos m\u00e1s h\u00e1biles aserraban tablas o labraban las curvas y cuadernas.\u00a0 Entretanto, Piedra Buena en una banda, y Carlos en la otra, ajustaban las piezas, clavaban la tablaz\u00f3n y calafateaban las juntas, armando de esta suerte el tosco pero s\u00f3lido casco de un c\u00fater.<\/p>\n<p>La enumeraci\u00f3n escueta de estos trabajos los hace tal vez aparecer sencillos; pero es preciso tener en cuenta el lugar en que estaba situado el improvisado astillero, los medios materiales de que dispon\u00edan, y, en especial, el clima en que viv\u00edan estos ver\u00eddicos trabajadores del mar\u00bb; pues es el caso que el invierno se les ven\u00eda encima y el mal tiempo no les daba tregua ni reposo.<\/p>\n<p>Para colmo, el capit\u00e1n ten\u00eda que sobreponerse a la inexplicable mala voluntad de su gente, desmoralizada aun frente a la perspectiva de construirse la \u00fanica \u00abtabla de salvaci\u00f3n\u00bb.\u00a0 Eran mortificantes sus modos embromadores.\u00a0 Carlos, su segundo, aunque trabajador, viv\u00eda malhumorado buscando camorra a los subalternos, quienes, por otra parte, compart\u00edan su clima espiritual.\u00a0 Era de temerse, pues, a cada instante, un amotinamiento o el abandono definitivo de la construcci\u00f3n, ya que todos se disputaban el privilegio de ir a mariscar, con lo cual capeaban la labor pesada.\u00a0 Entre todos, el contramaestre era el m\u00e1s pelmazo, inconstante y murmurador.\u00a0 Hubo d\u00edas en que don Celestino, que se hab\u00eda quedado para afilar hachas y cortar curvas, \u00a1ni afil\u00f3 hachas ni cort\u00f3 curvas!. (3)<\/p>\n<p>Mas, a pesar de don Celestino, de los enfermos e inservibles, de la escasa voluntad subalterna y del tiempo constantemente adverso, los trabajos progresaron: a los quince d\u00edas de haberse iniciado la construcci\u00f3n, quedaban terminados los costados del barco, se comenzaba la colocaci\u00f3n de los baos, se tend\u00edan sobre \u00e9stos las tablas de la cubierta y se alzaba el tambucho de la c\u00e1mara.\u00a0 Completado as\u00ed el casco, la labor se hizo menos ruda, puesto que los d\u00edas de temporal pudieron aprovecharse para trabajar el interior, forrarlo, colocar el doble fondo, los pisos, levantar los tabiques de divisi\u00f3n interna y armar las pobres cuchetas en que los n\u00e1ufragos descansar\u00edan por fin su f\u00edsico maltrecho.<\/p>\n<p>El mes de abril fue \u00edntegramente ocupado en la terminaci\u00f3n del c\u00fater y en su aparejo, para lo cual se utilizaron los restos del \u00abEspora\u00bb: as\u00ed se lograron el m\u00e1stil, el velamen, las bombas, el estanque de agua, la cadena y el ancla rescatados del mar; y con trozos de la tablaz\u00f3n del buque n\u00e1ufrago di\u00e9ronse el lujo de construir un bote bien marinero.<\/p>\n<p>Finalmente, el once de mayo -hab\u00edan transcurrido tres meses desde el naufragio del \u00abEspora\u00bb-, el nuevo buque, con ayuda de la marea creciente, fue botado al agua y qued\u00f3 balance\u00e1ndose suavemente en la bah\u00eda a pocos pasos de la orilla, observado por los nautas: con el amor admirativo que experimenta el art\u00edfice frente a su m\u00e1s pura obra de arte y con el alivio inexpresable del n\u00e1ufrago que se salva.<\/p>\n<p>Quedaba as\u00ed totalmente concluida la extraordinaria obra n\u00e1utica.\u00a0 Hab\u00edan construido una embarcaci\u00f3n de dieciocho toneladas, apta para navegar aquellos mares brav\u00edos, en una playa desamparada e inclemente, con esta herramienta precaria: \u00a1dos sierras y dos hachas de mango corto!<\/p>\n<p>De haza\u00f1as como \u00e9sta no es pr\u00f3diga la historia.\u00a0 Conocemos otro caso ocurrido en 1765: la construcci\u00f3n de una goleta, realizada por los n\u00e1ufragos de una expedici\u00f3n espa\u00f1ola con los restos del nav\u00edo que la tra\u00eda y que fue arrojado sobre la costa de la caleta Policarpo, en Tierra del Fuego. (4)\u00a0 La existencia de dos hechos similares en una misma regi\u00f3n geogr\u00e1fica nos la explicamos muy bien por ese af\u00e1n sobrehumano, esa superaci\u00f3n f\u00edsica, esa aguda clarividencia que debe posesionarse de los desdichados a quienes el destino libra a sus propios medios como \u00fanico recurso para escapar de una muerte segura.\u00a0 As\u00ed y todo, la envergadura espiritual de Piedra Buena, en tales circunstancias, resulta extraordinaria.<\/p>\n<p>El c\u00fater, construido a ojo, se prob\u00f3 muy bueno.\u00a0 Hab\u00eda sido bautizado el \u00abLuisito\u00bb en recuerdo del hijo del capit\u00e1n Piedra Buena.\u00a0 Pero los tripulantes dieron en apodarlo el \u00abSapo\u00bb, a causa de sus l\u00edneas chatas, de su porte inelegante, y de la forma sorprendente con que saltaba sobre la ola.<\/p>\n<p>Desde la isla de los Estados hasta Punta Arenas, el \u00abLuisito\u00bb emple\u00f3 nueve penosas singladuras, alternadas con chubascos de nieve y de granizo y vientos arrachados.\u00a0 Este viaje podr\u00eda considerarse, por s\u00ed solo, como una haza\u00f1a marinera.<\/p>\n<p>El 27 de mayo el c\u00fater dio fondo en el puerto antes mencionado.\u00a0 Nadie en aquella localidad hab\u00eda visto jam\u00e1s silueta de buque semejante al que estaba cabeceando en su fondeadero a un tiro de piedra de la playa.\u00a0 Acerca de su identidad los puntarenenses tej\u00edan mil fantas\u00edas; por lo que, no poco estupor les caus\u00f3 el saber que esta extra\u00f1a embarcaci\u00f3n ven\u00eda tripulada por los n\u00e1ufragos del pailebote \u00abEspora\u00bb, quienes \u00a1la hab\u00edan construido en sesenta d\u00edas!<\/p>\n<p>El capit\u00e1n Luis Piedra Buena, valorando la proeza realizada y previendo que quiz\u00e1 m\u00e1s adelante \u00e9sta se dar\u00eda a conocer, tuvo la presencia de esp\u00edritu de anotar su diario de navegaci\u00f3n.\u00a0 En este documento, que revela un temperamento minucioso, una rara preocupaci\u00f3n profesional y una sinceridad de hombre fuerte, podemos seguir actualmente las alternativas y los pormenores del naufragio, de los trabajos de construcci\u00f3n del \u00abLuisito\u00bb y del consiguiente salvamento.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de las anotaciones -d\u00eda correspondiente a la llegada a buen puerto- nos hallamos frente a frases que suenan como suspiros de alivio que le salen al capit\u00e1n cronista desde lo m\u00e1s hondo de su pecho fornido.\u00a0 Advierte all\u00ed que encontr\u00f3 en Punta Arenas todo lo m\u00e1s precioso, que es su familia; admite que ha olvidado en un instante las penurias pasadas, -lo que es una condici\u00f3n consoladora de la naturaleza humana- y, como remate, termina con un \u00a1a Dios gracias!, frase con la cual, el hombre prudente reconoce siempre que sobre su esfuerzo fecundo ha mediado indudablemente el divino favor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>(1) Para redactar este trabajo he tenido a la vista, como principal fuente de documentaci\u00f3n, el \u00abDiario de Navegaci\u00f3n\u00bb, o \u00abLibro de Bit\u00e1cora\u00bb que llev\u00f3 al d\u00eda el capit\u00e1n Piedra Buena durante todo el curso de su expedici\u00f3n.\u00a0 El original de este precioso documento me fue facilitado por don Luis Piedra Buena, hijo de aquel ilustre marino, con la autorizaci\u00f3n para aprovecharlo. Posteriormente, el aludido \u00abDiario de Navegaci\u00f3n\u00bb ha sido publicado \u00edntegro, junto con una copiosa bibliograf\u00eda sobre Piedra Buena, en un volumen de la Biblioteca del Oficial de Marina, editada por el Centro Naval, volumen que constituye un homenaje a la memoria de aquel marino en ocasi\u00f3n de cumplirse el centenario de su nacimiento.<\/p>\n<p>(2) Esta alusi\u00f3n del propio Piedra Buena a su enfermedad la transcribo para demostrar su temple no obstante estar acosado por un malestar que debe ser muy doloroso, cuando tanto lo preocupa, al -punto de -referirse a \u00e9l en su \u00abDiario de Navegaci\u00f3n\u00bb.\u00a0 En m\u00e1s de una oportunidad Piedra Buena nos expresa la honda preocupaci\u00f3n que tiene sobre su salud, afectada por la grave enfermedad que lo conducir\u00eda a una muerte prematura para un lobo de mar de reconocida fortaleza f\u00edsica: los cincuenta a\u00f1os.\u00a0 A\u00fan no ha surgido en nuestro mundo de historiadores un Doctor Caban\u00e9s, capaz de descubrir en las l\u00edneas fr\u00edas de la bibliograf\u00eda de los h\u00e9roes, la existencia y el desarrollo de sus miserias org\u00e1nicas.\u00a0 Quien tenga esa afici\u00f3n hist\u00f3rico-medical, hallar\u00eda campo propicio para una investigaci\u00f3n en \u00abla enfermedad\u00bb del capit\u00e1n Piedra Buena\u00bb.<\/p>\n<p>(3) Esta frase y las que aparezcan con letra bastardilla al t\u00e9rmino del relato pertenecen al \u00abDiario de Navegaci\u00f3n\u00bb del capit\u00e1n Piedra Buena, antes citado.<\/p>\n<p>(4) Noticia detallada de esta haza\u00f1a de los marinos espa\u00f1oles en la bah\u00eda Policarpo la hallar\u00e1 el lector en la excelente monograf\u00eda titulada: Relato del naufragio del registro \u00abPur\u00edsima Concepci\u00f3n\u00bb y construcci\u00f3n de la goleta \u00abNuestra real capitana San Jos\u00e9 y las \u00e1nimas\u00bb puesta en gradas en Tierra del Fuego, en 1765, de la pluma del distinguido historiador de las glorias mar\u00edtimas espa\u00f1olas y argentinas el capit\u00e1n de fragata H\u00e9ctor R. Ratto, monograf\u00eda que constituye un cap\u00edtulo de su obra: Exploraciones y actividades mar\u00edtimas espa\u00f1olas en el litoral patag\u00f3nico-argentino, durante los siglos XVII y XVIII.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Historiador patag\u00f3nico<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&nbsp; Viedma.- (APP) En la rada de Punta Arenas -corr\u00eda febrero de 1873- el pailebote \u00abEspora\u00bb, al mando del capit\u00e1n Luis Piedra Buena, \n<a class=\"moretag\" href=\"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/el-astillero-en-la-tempestadpor-armando-braun-menendez\/\"> [...]<\/a>","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-2649","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-educacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2649","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2649"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2649\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2652,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2649\/revisions\/2652"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2649"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2649"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2649"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}