{"id":9334,"date":"2017-07-02T13:28:13","date_gmt":"2017-07-02T13:28:13","guid":{"rendered":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/?p=9334"},"modified":"2017-07-06T15:02:18","modified_gmt":"2017-07-06T15:02:18","slug":"la-visita-del-psicologoy-otros-cuentospor-claudio-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/appnoticias.com.ar\/app\/la-visita-del-psicologoy-otros-cuentospor-claudio-garcia\/","title":{"rendered":"\u00abLa visita del psic\u00f3logo\u00bby otros cuentos\/Por Claudio Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viedma.- (APP) \u00a0\u00abSeguramente esta historia no conduce a nada\u00bb, sentenci\u00f3 ella.<\/p>\n<p>Mientras me torturaba con sus u\u00f1as, sacando peque\u00f1\u00edsimas acumulaciones de grasa de los poros de mi espalda, me dijo luego que estar conmigo era repetir lo que le pas\u00f3 con un tal Luis, un compa\u00f1ero de secundaria que la puso borracha en un baile en la casa de una amiga para hacerle perder la virginidad en el auto que le hab\u00eda prestado su viejo. Y yo, quej\u00e1ndome por la sa\u00f1a con que apretaba con las u\u00f1as de los pulgares de sus manos, me preguntaba qu\u00e9 relaci\u00f3n pod\u00eda haber entre aquella primera experiencia a sus 16 a\u00f1os con lo que nosotros est\u00e1bamos viviendo, de vuelta de muchas parejas, pasando los 30.<\/p>\n<p>\u00abQue se acab\u00f3 el amor\u00bb, dijo,\u00a0 contestando mis pensamientos.<\/p>\n<p>Cont\u00f3 entonces que hab\u00eda sido rom\u00e1ntica, como lo entienden pendejas de quince a\u00f1os, clase media, con sentimientos que laten apresurados en una piel maniatada por los primeros maquillajes, ropas bien lavadas y, en especial, bombachas y corpi\u00f1os rosas o blancos, que esperan esa noche en donde descubrir la desnudez bajo arrullos y palabras hermosas, versos susurrados al o\u00eddo, manos fuertes y seguras.<\/p>\n<p>\u00abSin embargo, muy confusamente -dijo ella-, descubr\u00ed entre resaca, dolor y un sol que entraba con toda maldad por los vidrios de mi pieza que ya no era virgen, y que, quien lo hizo, era pr\u00e1cticamente un desconocido\u00bb.<\/p>\n<p>Se explic\u00f3 que a partir de esa experiencia se baja la guardia, el amor es ante todo una traici\u00f3n y hay que andar con mucho cuidado. Comenz\u00f3 a comportarse como si el amor fuera un juego en donde deb\u00eda traicionar toda posible idea del otro de llegar a un sentimiento pleno, sincero y de mutua satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEl amor se hab\u00eda acabado, pero pasaron un par de a\u00f1os m\u00e1s, una dej\u00f3 la secundaria -cont\u00f3 todav\u00eda trepada a mi espalda-, y como se empieza a trabajar y a estudiar con una carga mayor de responsabilidades es como que se reconstruyen algunas metas que entre la pubertad y la adolescencia una presum\u00eda se deb\u00edan perseguir en la vida, fundamentalmente, el amor. Entonces vuelve a ser algo posible y por conseguir\u00bb.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 monologando: \u00abUno adhiere a ciertos convencionalismos que pasan de una a otra generaci\u00f3n: se conoce a alguien, se conoce a otro, por fin se encuentran ciertas compatibilidades, entonces se trata de disfrutar el sexo, se suspira un &#8216;te amo&#8217; en medio del orgasmo, se empieza a repetir en circunstancias menos sublimes, se hacen planes, la cosa dura dos o tres a\u00f1os, hasta el d\u00eda que entre reproches y lexotanil una dice &#8216;no va m\u00e1s&#8217;, terminante como el que gritan los tipos que tiran la bola en la ruleta, y la vida empieza a poner en evidencia que pretende de uno algo m\u00e1s que pagar los impuestos\u00bb.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 quieta unos segundos en mi espalda, como anunciando que se ven\u00eda el final de la reflexi\u00f3n, y agreg\u00f3: \u00abAs\u00ed pasan diez a\u00f1os de la vida con la esperanza de un amor pleno, pero las experiencias terminan en el diagn\u00f3stico duro que algo fall\u00f3. Se llega a los 30 y aparece un tipo como vos -dijo apretando con m\u00e1s fuerza en un mil\u00edmetro de mi piel un poquito m\u00e1s abajo del cuello-, un amor calmo y previsible, donde en verdad uno se convence que &#8216;se acab\u00f3 el amor&#8217;, como aquella vez en que &#8216;Luisnomeacuerdo&#8217; traspas\u00f3 la barrera del himen\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAhora me siento mucho mejor\u00bb, dije no muy convencido que hab\u00eda entendido bien tanto palabrer\u00edo, pero con la sensaci\u00f3n que en realidad s\u00ed hab\u00eda entendido y que en s\u00edntesis dec\u00eda que pod\u00eda estar conmigo como con cualquier otro, con la excepci\u00f3n por supuesto de alguien con la personalidad de un integrante del clan Mason o de la Jihad Isl\u00e1mica. Inmediatamente la imagin\u00e9 de pareja con mi vecino, que es un tipo agradable e instruido, o un contador, un m\u00fasico o con cualquiera que garantizara una relaci\u00f3n &#8216;calma y previsible&#8217;.<\/p>\n<p>No dir\u00eda que me hizo doler como con sus u\u00f1as, porque hac\u00eda poco m\u00e1s de tres meses que est\u00e1bamos juntos y todav\u00eda no estaba convencido si la amaba, pero no pod\u00eda negar, digamos, cierta desaz\u00f3n, porque, como en toda relaci\u00f3n, uno tiene expectativas, conscientes e inconscientes.<\/p>\n<p>\u00abNo sab\u00eda que ten\u00edas una visi\u00f3n tan acotada del amor, o mejor dicho, una visi\u00f3n tan poco acotada de la vida\u00bb, agregu\u00e9 sin saber todav\u00eda muy bien si hab\u00eda empezado con una buena introducci\u00f3n de lo que quer\u00eda decir y que en forma no muy clara bull\u00eda en mi cabeza, pero confiando, como lo hac\u00eda siempre, que bastaba empezar a hablar para que los pensamientos tomaran su verdadero rumbo.<\/p>\n<p>\u00abCreo que es una verdad de Perogrullo decir que se piensa del amor, seg\u00fan se vive el amor\u00bb, dije d\u00e1ndome vuelta por debajo de sus piernas, para mirarla a los ojos y agregar que \u00absi lo viviste mal, te va a parecer que el amor es fantas\u00eda de telenovela, invenci\u00f3n de poetas, pura ficci\u00f3n; si lo viviste bien el amor no s\u00f3lo se siente sino tambi\u00e9n que se piensa, se respira, desborda, sale con nuestro aliento, nos envuelve como una niebla; si nos abandona, lo buscamos; si se debilita, tratamos de que vuelva a crecer; quien vivi\u00f3 el amor s\u00f3lo puede querer la vida de esa manera, no por costumbre, y por eso te dec\u00eda que si ten\u00e9s una visi\u00f3n acotada del amor, necesariamente, ten\u00e9s una visi\u00f3n acotada de la vida\u00bb:<\/p>\n<p>En ese momento son\u00f3 el timbre de la puerta, as\u00ed que luego de hacer un gui\u00f1o indic\u00e1ndole que yo ir\u00eda a atender, la apart\u00e9 de mi cuerpo para agarrar el pantal\u00f3n y la camisa e ir hacia la puerta.<\/p>\n<p>El tipo que apareci\u00f3 parec\u00eda un vendedor, pero uno muy original. Llevaba una valija negra en su mano derecha, como la de un vendedor; estaba bien vestido, como un vendedor, y lo primero que me dijo fue: \u00able pido un minuto de atenci\u00f3n\u00bb, como todo vendedor, pero, algo contrastaba: llevaba puesto un rid\u00edculo sombrero en la cabeza, coronado con una antena redonda que daba vueltas cumpliendo, seguramente, alguna funci\u00f3n que yo desconoc\u00eda.<\/p>\n<p>El vendedor o supuesto vendedor enseguida comenz\u00f3 a explicarme por qu\u00e9 llevaba &#8216;eso&#8217; en la cabeza: \u00abEsto es algo como un radar que me ayuda a detectar aquellas personas que van a estar muy interesadas en que yo les preste mis servicios\u00bb, expres\u00f3 con \u00e9nfasis. Sin esperar a que yo acotara algo, continu\u00f3 diciendo: \u00abEste aparato de \u00faltima tecnolog\u00eda me permite escuchar las conversaciones o discusiones que est\u00e1n ocurriendo dentro de las casas, detectando de este modo a quienes presentan conflictos que s\u00f3lo un profesional de mi tipo puede atender. Muchos se sienten molestos con que exista este tipo de tecnolog\u00eda -y aqu\u00ed volvi\u00f3 a se\u00f1alar su &#8216;radar&#8217; con uno de sus dedos, como para que no quedara duda de qu\u00e9 estaba hablando-, y comparto que, en manos de la polic\u00eda o alguno de esos organismos que tiene el Estado para vulnerar las libertades individuales, este instrumento no puede menos que calificarse de nefasto, pero no es este el caso.\u00a0 Yo soy psic\u00f3logo y psicoanalista, y, a diferencia de la mayor\u00eda de mis colegas que atienden en sus consultorios particulares, con tarifas costosas a las que s\u00f3lo pueden acceder pacientes de clases altas o medias altas, estableciendo de este modo una injusta discriminaci\u00f3n social al excluir de una posible cura a quienes no pueden pagar el acceso a una terapia de este tipo&#8230; como le dec\u00eda, como profesional de la psicolog\u00eda, no creo que \u00e9sta deba ser costosa ni transformarse en una especie de gueto al que s\u00f3lo unos pocos pueden acceder. Yo no me quedo en un consultorio sino que salgo a la calle, busco mi clientela con la seguridad de que hay miles y miles en esta ciudad que me necesitan. Como dec\u00eda Freud, toda persona normal es s\u00f3lo aproximadamente normal, y cada vez m\u00e1s, la complejidad de las ciudades y de la vida moderna facilitan que en alg\u00fan punto el &#8216;yo&#8217; de cualquier hijo de vecino se parezca al de un psic\u00f3tico\u00bb.<\/p>\n<p>Apenas si sal\u00eda de mi asombro, ya que nunca hubiera pensado que podr\u00eda atender la puerta y encontrar algo as\u00ed como un psic\u00f3logo o psicoanalista a domicilio, y no solamente por esto, sino ser \u00e9sta una persona que, sin que yo supiera y sin mi autorizaci\u00f3n, hab\u00eda estado enter\u00e1ndose, no s\u00e9 desde hace cu\u00e1nto tiempo, lo que yo estaba hablando con mi pareja. Como \u00e9l mismo hab\u00eda dicho, ser\u00eda nefasto que \u00e9ste tipo de &#8216;radar&#8217; fuera utilizado por la polic\u00eda o cualquier organismo de seguridad o de lo que sea, pero tambi\u00e9n me parec\u00eda nefasto que un psic\u00f3logo, un vendedor de seguros o un inspector de la compa\u00f1\u00eda de gas recorriera los edificios con un aparato similar. Era una descarada intromisi\u00f3n en la intimidad de las personas.<\/p>\n<p>El tipo pareci\u00f3 leer en mi cara mis reparos y dijo con seguridad: \u00abNo se preocupe. Soy un profesional m\u00e9dico\u00bb. Inmediatamente se agach\u00f3 y sac\u00f3 de su portafolio una carpeta negra con una serie de papeles que empez\u00f3 a mostrarme. \u00abAqu\u00ed tengo mi t\u00edtulo y certificados de los distintos cursos de capacitaci\u00f3n que he realizado -se\u00f1al\u00f3, empinando las cejas en un gesto de orgullo-; como ver\u00e1 me he recibido de psic\u00f3logo, y me he especializado en numerosas ramas de la psicolog\u00eda, como psicolog\u00eda infantil, psicoan\u00e1lisis, perturbaciones de la afectividad, esquizofrenia, medicina psicosom\u00e1tica, sadismo y masoquismo en la conducta humana, etc\u00e9tera. etc\u00e9tera&#8230; m\u00e1s de trece a\u00f1os de estudio, y llevo ya unos siete de pr\u00e1ctica. He curado totalmente a numerosos pacientes, as\u00ed que no tenga miedo porque ande caminando por la vereda o por los pasillos de los edificios con este aparatito que, en mis manos, es tan inofensivo como el estetoscopio de un m\u00e9dico generalista. Sirve para que yo ubique a quienes pueden necesitarme, para nada m\u00e1s&#8230; Despu\u00e9s de todo, usted no ser\u00e1 esos anticapitalistas rom\u00e1nticos y nost\u00e1lgicos de un pasado premoderno, que detesta la tecnolog\u00eda, un cultor de la new age y de los productos light o algo as\u00ed&#8230;\u00bb, tras lo cual se qued\u00f3 mirando fijo, arqueando esta vez las cejas en forma interrogatoria.<\/p>\n<p>\u00abNo, por favor&#8230;\u00bb, contest\u00e9, y me sent\u00ed obligado a fundamentar que \u00absoy un racionalista impenitente, y por ende hago un culto del hombre de ciencia y sus productos; aunque soy cr\u00edtico de la sociedad moderna, de la cultura de masas, no debe confundirse eso con cierto romanticismo o ecologismo reaccionario, no, en especial no tengo nada contra ese aparatito que lleva en la cabeza, sino que dudo de la legitimidad de su uso&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Baj\u00f3 las cejas, y moviendo la cabeza de izquierda a derecha en un movimiento que quer\u00eda expresar ausencia de malicia, insisti\u00f3 que nada de cuestionable ten\u00eda su &#8216;radar&#8217; y que si lo dejaba entrar unos minutos pod\u00eda explicar a mi compa\u00f1era y a m\u00ed la importancia de que un profesional de su tipo pudiera ocuparse de los problemas que se estaban presentando en nuestra relaci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Dudando todav\u00eda de sus intenciones abr\u00ed la puerta y lo dej\u00e9 entrar.<\/p>\n<p>Lo invit\u00e9 a sentarse en una de las sillas del comedor al\u00a0 tiempo que pegu\u00e9 un grito a Carolina para que viniera, aclarando que se arreglara porque estaba con gente.<\/p>\n<p>El tipo\u00a0 dijo que se llamaba Carlos C\u00f3ppola, acot\u00f3 que su apellido, no s\u00e9 por qu\u00e9 raz\u00f3n, iba bien con una profesi\u00f3n como la suya y se mantuvo, los primeros minutos, pr\u00e1cticamente en silencio, aguardando a que Caro llegara, con su mayor cara de asombro, al comedor.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 a hablar, repitiendo en los primeros cinco minutos m\u00e1s o menos lo mismo que me hab\u00eda explicado, como para que mi pareja se pusiera al tanto tambi\u00e9n de qu\u00e9 se trataba todo. Ella puso tambi\u00e9n reparos sobre el &#8216;radar&#8217;, pero en cierta medida su cara delataba que encontraba agradable la situaci\u00f3n, e incluso asinti\u00f3 cuanto el psic\u00f3logo despotric\u00f3 contra sus colegas por eso de los consultorios y el nivel de las tarifas, acotando que ella siempre lo\u00a0 hab\u00eda pensado, que era una barbaridad que la mayor\u00eda de psic\u00f3logos o psicoanalistas actuaran como si la terapia incluyera como requisito el ser costosa, estar restringida socialmente y etc\u00e9tera, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-\u00bfMe hab\u00eda quedado en Susana, no?- pregunt\u00e9 a Carlos que escuchaba acomodado en un sill\u00f3n frente a m\u00ed, con un cuadernito en una de sus manos en donde iba anotando aquellas cosas que seguramente se encontraban en el rubro de las esenciales o importantes de mi vida y no de las triviales y de rol secundario para el objetivo de su terapia.<\/p>\n<p>Era as\u00ed nom\u00e1s; por tercera vez recib\u00eda a ese psic\u00f3logo extra\u00f1o que apareci\u00f3 as\u00ed como as\u00ed en la puerta de casa, con un radar coronando su cabeza, y convenci\u00f3 a Caro y a m\u00ed que esas discrepancias que ten\u00edamos sobre el amor y, en \u00faltima instancia, sobre nuestras perspectivas como pareja, requer\u00edan del apoyo de un \u00abpsic\u00f3logo y psicoanalista\u00bb, como \u00e9l se designaba. Turn\u00e1ndonos, d\u00eda por medio, en las sesiones, -porque Carlos nos sugiri\u00f3 que deb\u00edamos descartar un tratamiento &#8216;de pareja&#8217;; las terapias deb\u00edan ser separadas, y \u00e9l ya nos iba a indicar en qu\u00e9 punto del tratamiento corresponder\u00eda que las sesiones se hicieran con los dos-, Carolina y yo nos encontramos cont\u00e1ndole de manera ca\u00f3tica al tal C\u00f3ppola -que no pod\u00edamos negar, nos hab\u00eda ca\u00eddo bien-, las experiencias de cada uno con el sexo opuesto, desde los a\u00f1os en que, obviamente, el sexo opuesto empez\u00f3 a sacudir nuestro libido.<\/p>\n<p>Las sesiones se repitieron sin cambios significativos por casi un mes y medio. Durante ese tiempo Carlos se mostr\u00f3 como una persona simp\u00e1tica, agradable y con una actitud casi de pasividad. Escuchaba lo que yo le iba contando de mis viejas relaciones y, m\u00e1s all\u00e1 de lo que anotaba en una libreta, a la que por supuesto negaba su acceso, no comentaba mucho. Algunas cosas nom\u00e1s, como para orientarme en los aspectos del relato que aparentemente eran m\u00e1s importantes para su terapia, pero nada o muy poco de sus propias opiniones. Eso ya llegar\u00eda con el tiempo, dec\u00eda.<\/p>\n<p>Una tarde, sin embargo, Carlos empez\u00f3 a hablar, pero en nada parecido a lo que yo esperaba. Interrump\u00eda constantemente lo que yo le contaba, asumiendo un tono agresivo y sentenciando sobre mis acciones de otro tiempo con juicios casi de tipo moral. Por ejemplo, le hablaba sobre Susana, cuando todav\u00eda no hab\u00eda pasado los 20, de c\u00f3mo la hab\u00eda envuelto presumiendo de intelectual, parafraseando autores que hab\u00eda le\u00eddo, con el simple cometido de llevarla a la cama, dadas las ganas que ten\u00eda por esa \u00e9poca de tener las mayores experiencias sexuales posibles. Entonces \u00e9l interrump\u00eda como con fastidio, y me acusaba de asumir actitudes notoriamente machistas, egoc\u00e9ntricas, que buscaban lastimar a otros para reforzar mi propia personalidad mezquina y, otros juicios por el estilo que, progresivamente, aumentaron mis dudas sobre las buenas intenciones de su terapia, del perfil progresista y abierto del que se hab\u00eda ufanado en las primeras charlas. Paralelamente, empec\u00e9 a notar tambi\u00e9n cambios significativos en Carolina. Se puso esquiva; repitiendo continuos justificativos para no hacer el amor y sus horarios dejaran de coincidir con los m\u00edos. Cuando charl\u00e1bamos era notorio su fastidio, su poca atenci\u00f3n en mis palabras y el desinter\u00e9s en contarme sus cosas. Me llam\u00f3 especialmente la atenci\u00f3n que cuando habl\u00e1bamos de Carlos y de nuestras respectivas terapias (cosa que en las primeras dos semanas de sesiones hac\u00edamos con regularidad, bromeando, porque desconfi\u00e1bamos\u00a0 de lo que est\u00e1bamos haciendo, pero cre\u00edamos que de igual manera pod\u00eda valer la pena, por lo menos como un juego atrayente, fuera de lo com\u00fan, del que quiz\u00e1s algo aprender\u00edamos) enseguida desviaba la conversaci\u00f3n hacia otros asuntos.<\/p>\n<p>Las dudas finalmente se aclararon. Me di cuenta que las sesiones con Carlos no transitaban ya los caminos trazados por la teor\u00eda psicoanal\u00edtica o alguna de sus variantes. De lo que la mayor\u00eda de psicoanalistas llama el m\u00e9todo de la &#8216;libre asociaci\u00f3n&#8217;, por el cual Carlos deb\u00eda estimularme para hablarle con confianza de todo lo que viniera a la mente: sue\u00f1os, dudas, recuerdos, preocupaciones, lo que fuera, para ir encontrando de a poco las huellas firmes que condujeran a una mejor conciencia de mi situaci\u00f3n como persona, de mis metas y, fundamentalmente, crecer con mi pareja, porque ese hab\u00eda sido el objetivo inicial, pasamos a lo que pod\u00eda llamarse &#8216;la libre agresi\u00f3n&#8217; del terapeuta al paciente. Sencillamente Carlos me interrump\u00eda a cada minuto \u00fanicamente para utilizar calificativos hirientes hacia mi persona. El mensaje claro de todas sus acotaciones y consejos era\u00a0 m\u00e1s o menos que todo lo que hab\u00eda hecho y todo lo que hac\u00eda, todos mis sentimientos, todas mis pretensiones y esperanzas eran propias de un tipo detestable que, lo mejor que pod\u00eda hacer para corregirse era abandonar la civilizaci\u00f3n para vivir como un ermita\u00f1o en una isla desierta.<\/p>\n<p>Me di cuenta que no hab\u00eda ninguna estructura cient\u00edfica elaborada en su terapia, sino el simple odio que descansa en toda naturaleza humana contra alguien que afecta sus deseos m\u00e1s profundos. Carlos estaba enamorado de Carolina, y, obviamente, el sentimiento era rec\u00edproco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abTe parece que el amor es s\u00f3lo puro palabrer\u00edo y que en realidad s\u00f3lo se trata de pasarla bien con quien sea?\u00bb, dijo Estela con cara de pocos amigos, despu\u00e9s que en medio del amor me confundiera y, en vez de llamarla por su nombre, susurrara en su o\u00eddo el de Carolina y me disculpara diciendo, precisamente, que se trataba de pasarla bien y que no esperara nada de m\u00ed, que si me confund\u00eda era porque en \u00faltima instancia me importaba muy poco si lo hac\u00eda con ella o con la vecina.<\/p>\n<p>\u00abEl amor es que dos personas se gusten y compatibilicen algunas cosas, fundamentalmente, en la cama, y que no haya compromisos porque la fidelidad es pura hipocres\u00eda\u00bb, le dije sin que se me parara alguno de los pelos transpirados de mi cabeza, y enseguida acerqu\u00e9 mi boca a uno de sus senos, indic\u00e1ndole claramente que quer\u00eda continuar haciendo el amor y no charlando pelotudeces.<\/p>\n<p>Me hizo a un lado con enojo y empez\u00f3 un discurso que trajo reminiscencias de pensamientos que sosten\u00eda tiempo atr\u00e1s. \u00abNo sab\u00eda que ten\u00edas una visi\u00f3n tan &#8216;chicata&#8217; del amor, seguramente que viviste muy mal todas tus relaciones, porque si hubieras conocido el amor te dar\u00edas cuenta que no s\u00f3lo se siente sino tambi\u00e9n que se piensa, se respira; si nos abandona, tratamos de que vuelva&#8230; Quien conoci\u00f3 el amor, no concibe la vida sin amor&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando la cosa ven\u00eda de c\u00e1tedra, por suerte son\u00f3 el timbre. Sin darle chance de decir algo as\u00ed como que \u00abno le demos bolilla y continuemos hablando\u00bb, me levant\u00e9 de la cama, manote\u00e9 el pantal\u00f3n del piso, y me dirig\u00ed r\u00e1pidamente a abrir la puerta.<\/p>\n<p>El tipo que encontr\u00e9 con la mano levantada, a mitad de camino de un nuevo timbrazo, parec\u00eda un vendedor. Estaba bien vestido y llevaba una valija como todo vendedor, pero ten\u00eda algo raro en su frente. Me hizo acordar enseguida a aquel hijo de puta de psic\u00f3logo que un d\u00eda apareci\u00f3 con una especie de radar en la cabeza y se termin\u00f3 llevando a Carolina a quien, descubr\u00ed despu\u00e9s, sin ninguna terapia, y a pesar de lo poco que estuvimos juntos, en realidad amaba profundamente. Este tipo no ten\u00eda un radar, sino una especie de sopapa pegada en la frente, coronada con dos antenitas que emit\u00edan peque\u00f1os chispazos, como dos cables en cortocircuito. Luego de decir un \u00abbuenas tardes\u00bb ceremonioso, mostrando con una sonrisa casi todos sus dientes, agreg\u00f3 un \u00abno se preocupe por esto\u00bb, se\u00f1alando el aparatito en su frente con uno de los dedos de su mano derecha. Sin darme tiempo a decir algo, explic\u00f3, palabras m\u00e1s o menos, lo que en su momento dijo el hijo de puta de C\u00f3ppola sobre su radar: \u00abMientras recorro los pasillos de los edificios de departamentos o camino por las veredas, este moderno invento -volvi\u00f3 a se\u00f1alar su frente con uno de sus dedos-, creado en los Estados Unidos y ya muy difundido en Europa, permite detectar en los distintos hogares las voces altas, gritos, golpes, el estruendo de objetos que se rompen o estrellan en el piso, es decir, identifica el conflicto en una pareja o entre los distintos integrantes de una familia, y as\u00ed s\u00e9 donde puedo ofrecer mis servicios\u00bb.<\/p>\n<p>Sin darle tiempo a continuar, le pegu\u00e9 una tremenda pi\u00f1a en medio de la reluciente y cuidada dentadura que le permit\u00eda poner su mejor sonrisa para engatusar a la gente. El tipo cay\u00f3 para atr\u00e1s y, ya en el piso, le pegu\u00e9 una patada en las costillas grit\u00e1ndole, medio descontrolado, \u00aband\u00e1 a psicoanalizar a tu abuela, hijo de puta\u00bb.<\/p>\n<p>Me detuve.<\/p>\n<p>Me di cuenta que hab\u00eda actuado impulsivamente y que este psic\u00f3logo -supon\u00eda que era psic\u00f3logo- no ten\u00eda que pagar las culpas de aquel otro reverendo hijo de puta que me quit\u00f3 a Carolina y, a la vez, transform\u00f3 mis convicciones sobre la necesidad del amor en otras m\u00e1s pr\u00e1cticas y utilitarias de la mujer como simple dama de compa\u00f1\u00eda y objeto para la satisfacci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>\u00abUsted est\u00e1 loco\u00bb, dijo el tipo, aprovechando que me hab\u00eda calmado y se levant\u00f3 del piso disgustado, acomod\u00e1ndose nerviosamente las ropas con las dos manos.<\/p>\n<p>\u00abLe pido mil disculpas\u00bb, dije, y levantando la valija que hab\u00eda quedado tirada en el piso, expliqu\u00e9 cu\u00e1les hab\u00edan sido las motivaciones para agredirlo de esa manera. \u00abEs verdad, me puse loco -expliqu\u00e9-, porque al verlo me vino la imagen de ese hijo de puta de psic\u00f3logo que un buen d\u00eda se present\u00f3 a mi puerta con la misma amabilidad que usted y termin\u00f3 sac\u00e1ndome a mi mujer\u00bb.<\/p>\n<p>El tipo puso su mejor cara de asombro y exclam\u00f3, tambi\u00e9n para mi sorpresa: \u00abPero, yo no soy un psic\u00f3logo, ni psiquiatra, ni psicoanalista ni nada parecido; yo no tengo nada que ver con alguna profesi\u00f3n m\u00e9dica&#8230;\u00bb. Sostuvo su valija en forma horizontal sobre uno de sus brazos y, al abrirla, hizo ver que guardaba, en forma desprolija, muchos folletos de promoci\u00f3n tur\u00edstica. Me explic\u00f3 que era due\u00f1o de una agencia de viajes y que desde hac\u00eda un a\u00f1o hab\u00eda descubierto que el mejor sistema de ventas era ese aparatito que ten\u00eda en su frente, porque un gran porcentaje de aquellos que se decid\u00edan a viajar a alg\u00fan centro tur\u00edstico del pa\u00eds o del extranjero lo hac\u00eda para ver si superaban problemas de pareja, conflictos entre distintos miembros de una familia.<\/p>\n<p>\u00abDonde detecto quilombo, tengo ya un cincuenta por ciento de posibilidades de vender alguno de los planes de turismo de mi agencia\u00bb, agreg\u00f3.<\/p>\n<p>Sin salir de mi sorpresa, turbado por el error que hab\u00eda cometido, me volv\u00ed a disculpar y le promet\u00ed que uno de estos d\u00edas me daba una vuelta por su agencia para adquirir alg\u00fan plan que pudiera interesarme, y as\u00ed compensar los golpes que le hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>El tipo\u00a0 puso cara de comprensivo y, antes de estrecharme la mano para marcharse, dej\u00f3 su tarjeta.<\/p>\n<p>\u00abQu\u00e9 pelotudo\u00bb, me dije en voz alta luego de cerrar la puerta. Mientras volv\u00eda para el cuarto pens\u00e9 que pod\u00eda invitarla a Estela a acompa\u00f1arme en ese viajecito que pensaba comprarle al tipo que hab\u00eda golpeado.<\/p>\n<p>\u00abEsto la har\u00e1 olvidar de la larga perorata que me estaba dando, y as\u00ed podremos seguir haciendo el amor tranquilamente\u00bb, pens\u00e9, convencido que la idea era acertada.<\/p>\n<p>NO SE VEIA ELEGANTE<\/p>\n<p>Se par\u00f3 frente al espejo para acomodarse el nudo de la corbata. No se ve\u00eda mal, pero no estaba conforme. Se apret\u00f3 un poco m\u00e1s el nudo y tampoco lo satisfizo. Sigui\u00f3 y sigui\u00f3. La respiraci\u00f3n se le cortaba, pero la imagen que le devolv\u00eda el espejo todav\u00eda no le conformaba. Busco una silla, se par\u00f3 encima y at\u00f3 la punta de su corbata al duro gancho que en lo alto de la pared sosten\u00eda el espejo. Volc\u00f3 con sus pies el asiento y qued\u00f3 colgando de la corbata que sigui\u00f3 anud\u00e1ndose del cuello hasta cortarle la respiraci\u00f3n y llevarlo a esa inconsciencia que antecede a la muerte. En los \u00faltimos segundos de visi\u00f3n, con su cara apretada contra el espejo, reci\u00e9n se sinti\u00f3 conforme de la prestancia que ten\u00eda su imagen.<\/p>\n<p>EL ENOJO DEL ACTOR<\/p>\n<p>En un teatro de Buenos Aires se representaba una obra seria, un drama, pero dos espectadores, amigos, se hab\u00edan tentado de risa y no pod\u00edan contenerse. El p\u00fablico, molesto por esa falta de respeto al trabajo de los actores, de a poco comenz\u00f3 a hacer evidente su enojo, largando improperios a la pareja desubicada. As\u00ed, empeoraban lo que trataban de remediar. Los actores, ante el desorden, perd\u00edan la concentraci\u00f3n. Sin embargo, los dos amigos no cejaban con su risa, y el resto del p\u00fablico incrementaba los insultos, chistidos y gritos con la intenci\u00f3n de hacer regresar a la cordura a la pareja insolente. La obra de teatro contaba la historia de un hombre y una mujer j\u00f3venes, enamorados y un poco intelectuales, que con una actitud rom\u00e1ntica, anticapitalista, hab\u00edan decidido irse a vivir al campo; cre\u00edan que all\u00ed, cerca de la tierra y de la gente simple, recuperar\u00edan una existencia m\u00e1s plena, en equilibrio con la naturaleza y con el esp\u00edritu del hombre, lejos de esas ciudades donde triunfaba lo material, el vac\u00edo entre muchos. Los personajes estaban convencidos que la supuesta racionalidad cient\u00edfica y t\u00e9cnica, simbolizada por la gran ciudad, acunaba en sus brazos al hombre irracional y con amnesia sobre los valores m\u00e1s importantes. Pero a medida que se desarrollaban las escenas, descubrir\u00edan que esa hu\u00edda al interior rural les deparaba en realidad otra cosa: pobladores hoscos, con prejuicios ancestrales, el aburrimiento y otro tipo de vac\u00edo, peor que el de los centros urbanos donde, al menos, se es m\u00e1s libre de intentar cosas sin que las personas lo anden se\u00f1alando a uno con el dedo.<\/p>\n<p>Cuando el p\u00fablico comenz\u00f3 a alterarse por las risas de dos espectadores, la obra se encontraba en el tercer acto, en una escena donde los personajes comienzan a tener conflicto entre ellos. Esos entredichos reflejaban en cierta medida la incapacidad de sincerarse y reconocer que la opci\u00f3n de vida elegida,\u00a0 hab\u00eda sido equivocada. A pesar de la fuerza dram\u00e1tica de la obra, los actores no pod\u00edan evitar mirar de soslayo al p\u00fablico irrespetuoso, y el nerviosismo de la situaci\u00f3n les hac\u00eda equivocar el texto. El primer actor no s\u00f3lo estaba confundido, sino adem\u00e1s furioso por la actitud del p\u00fablico que, indudablemente, con el enojo creciente y los insultos hacia la pareja reidora, perd\u00eda el hilo de la historia, la riqueza conceptual de la obra y sus dotes actorales. La actitud del p\u00fablico hac\u00eda identificar al actor con la postura inicial de la obra, cr\u00edtica a la vida de ciudad y a su gente. Pensaba con enojo: \u00abGente de ciudad como la de este p\u00fablico&#8230; insensible a las cosas realmente importantes, que s\u00f3lo atiende las cosas superfluas, y en \u00faltima instancia, sus escalas de valores giran alrededor del dinero, el ascenso social&#8230;\u00bb. Sin tiempo de razonar con profundidad, porque a pesar del esc\u00e1ndalo en las butacas trataba de continuar con la actuaci\u00f3n, lo fue embargando un sentimiento de repulsa contra los espectadores. No soportaba esa actitud de enfrascarse en gritos contra dos personas que si bien se re\u00edan de forma desubicada en mitad de una obra teatral seria, lo m\u00e1s sensato era ignorarlos por respeto a los actores, que de todas formas no iban a distraerse del todo por esa risas. \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan ser tan tarados? pensaba el actor. \u00bfC\u00f3mo no se dan cuenta que est\u00e1n empeorando todo, y que de esta manera nuestra actuaci\u00f3n se hace insostenible?<\/p>\n<p>De pronto, no aguant\u00f3 m\u00e1s, le hizo una se\u00f1a a su compa\u00f1era de actuaci\u00f3n, y encar\u00f3 al p\u00fablico gritando: \u00ab\u00a1Basta! \u00a1Basta!. \u00a1Ustedes! -dijo se\u00f1alando con el \u00edndice de su mano derecha a los dos risibles amigos-, \u00a1Paren de re\u00edr, est\u00fapidos! \u00a1No ven que son la causa de todo este desorden!\u00bb. Y agreg\u00f3: \u00a1Ustedes! -con un movimiento de mano indic\u00f3 que se dirig\u00eda al resto del p\u00fablico- \u00a1No se dan cuenta que en lugar de ayudar, empeoran todo! \u00a1Que est\u00e1n todos chillando y gritando como animales, y as\u00ed no podemos concentrarnos!\u00bb. El enojo del actor dio resultado, y todos callaron de pronto, tomando conciencia de la verdad de la reprimenda. Pero el actor se encontraba tan enfurecido como para no detenerse. Estaba, en cierta medida, sacado de las casillas, perturbado.\u00a0 Se le embrollaron en su cabeza las ideas iniciales del personaje de la obra, con las suyas, de actor ofendido por la falta de respeto del p\u00fablico. Y as\u00ed, con una expresi\u00f3n de orador de barricada, ech\u00f3 en cara de un p\u00fablico azorado un discurso en que describ\u00eda los peores aspectos de los centros urbanos, y como \u00e9stos generaban un tipo de persona en cierta medida detestable. Exclam\u00f3: \u00abEl consumo, y todas esas cosas supuestamente \u00fatiles por las que un gran n\u00famero de gente corre todo el d\u00eda, deslom\u00e1ndose en oficinas y otros lugares grises y rutinarios, viajando en subtes y colectivos atestados como sardinas en lata, no puede m\u00e1s que generar hombres in\u00fatiles. Como ustedes, que creen cumplir con su pose de clase media culturosa, viniendo cada tanto a un teatro como \u00e9ste, pero luego no tienen el m\u00e1s m\u00ednimo respeto por los actores&#8230;\u00bb\u00a0 Al llegar a ese punto, la mayor\u00eda de los espectadores no pudo menos que sentirse ofendido, y con insultos al actor se empez\u00f3 a levantar de las butacas y a marcharse ofuscado del teatro que, en pocos segundos, qued\u00f3 pr\u00e1cticamente vac\u00edo. El actor se dio cuenta de pronto de lo que hab\u00eda hecho; que se hab\u00eda trastornado, acusando al p\u00fablico de cargos de los que ni siquiera estaba seguro de su fundamento, gratuitamente, influenciado en parte por el contenido de la obra. Su compa\u00f1era de actuaci\u00f3n, al lado, le recriminaba: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hiciste! \u00a1Qu\u00e9 hiciste!.. Y de la platea llegaban nuevamente las risas de esos dos amigos, los \u00fanicos espectadores que todav\u00eda permanec\u00edan en el teatro, que quiz\u00e1s ahora s\u00ed se re\u00edan en forma justificada.<\/p>\n<p>Y LA GUERRA SIGUI\u00d3<\/p>\n<p>Como la batalla entre los dos reinos llevaba ya varios meses sin que ning\u00fan bando alcanzara la victoria, los dos reyes decidieron jugar el destino del combate a las cartas. Puestos a elegir un juego que adem\u00e1s del azar contemplara las virtudes de los adversarios, optaron por el truco. Llegaron a buenas empatados en 13 y en la \u00faltima mano uno de los reyes recibi\u00f3 una flor. El otro rey no quiso resignar el partido, se\u00f1alando que en ning\u00fan momento hab\u00edan aclarado si jugaban con o sin flor. Discutieron por un rato sin ponerse de acuerdo y para no llegar a las manos decidieron que continuara la batalla en el campo para que \u00e9sta defina si era v\u00e1lida o no la jardinera.<\/p>\n<p>POSTRE<\/p>\n<p>La familia termin\u00f3 el almuerzo en el patio, debajo de la parra, y esper\u00f3 ansiosa el postre. A todos se les iluminaron los ojos cuando la madre trajo de la cocina una gran sand\u00eda.<\/p>\n<p>No se apresuren que alcanza para todos\u2013 les reprendi\u00f3 anticipadamente.<\/p>\n<p>La madre alz\u00f3 la sand\u00eda a la vista de todos, como si fuera a iniciar una ceremonia secreta, y con fuerza golpe\u00f3 la fruta contra la mesa, parti\u00e9ndola en muchos pedazos.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah\u00ed vienen&#8230;!- grit\u00f3 con alborozo uno de los chicos.<\/p>\n<p>En unos pocos minutos, atra\u00eddos por el aroma, cientos de moscas cubrieron la sand\u00eda, y casi inmediatamente todos los integrantes de la familia manotearon los insectos para llev\u00e1rselos a la boca.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 rico el postre!- exclam\u00f3 el padre.<\/p>\n<p>Y todos asintieron, sin dejar de comer.<\/p>\n<p>METAMORFOSIS<\/p>\n<p>Ella se transform\u00f3 en una mosca,\u00a0 con la salvedad que por ser mi mujer no pod\u00eda echarle flit o agarrar un matamoscas y perseguirla hasta aplastarla contra la pared o un vidrio. Pensar que al conocerla parec\u00eda una mariposa. Bastante callada, t\u00edmida, pero a la vez dulce, sugerente. Se expresaba con el cuerpo. Me enamor\u00e9 perdidamente de ella y por eso nos casamos. Lentamente comenz\u00f3 a cambiar. Una metamorfosis que fue tornando su forma de ser a otra cosa. Antes, como mariposa, era sutil para expresar amor, para dar cari\u00f1o. Era liviana para mantener una charla, para compartir cosas. No s\u00e9 qu\u00e9 click la transform\u00f3 en una mosca. Porqu\u00e9 le surgi\u00f3 esa necesidad de hablar sin parar, de estar atr\u00e1s de mis cosas. Deb\u00eda producir litros de saliva para darle a la lengua en forma tan ininterrumpiada como lo hac\u00eda.\u00a0 Deb\u00eda tener su sistema nervioso tan al l\u00edmite para no poder parar un poco y estar siempre dando vueltas\u00a0 alrededor. Una mosca. S\u00ed, una mosca. Verla era escuchar en mis o\u00edos el \u00abzumm, zumm\u2026\u00bb de una mosca atacando. Para calmarla se me ocurri\u00f3 algo muy loco, comprarle dulces. Me ten\u00eda tan intranquilo que al asociarla con una mosca, me pregunt\u00e9 \u00ab\u00bfqu\u00e9 les gusta m\u00e1s a las moscas?\u201d. Ergo: los dulces. Bueno, cada vez que regresaba del trabajo le tra\u00eda una bolsa llena de dulces: caramelos, chocolatines, alfajores&#8230; Y algo funcion\u00f3. Se le iluminaba la cara y consum\u00eda los dulces unos tras otros. Por lo menos me dejaba tranquilo mientras manducaba. Pero terminado su fest\u00edn volv\u00eda a la carga. Bla, bla, bla&#8230; bla, bla, bla&#8230; Que esto, que lo otro. Me daban ganar de gritarle: \u00ab\u00a1Quiero vivir!!!! \u00a1Dejame de joder!!! No la soportaba m\u00e1s. Todos los d\u00edas tra\u00eda bolsas m\u00e1s grandes de dulces, pero me termin\u00e9 dando cuenta que los respiros que lograba no pod\u00edan ser la soluci\u00f3n. No pod\u00eda gastar todos los d\u00edas plata y plata en dulces para aliviarme un poco de su carga. Y cada vez era una carga m\u00e1s grande. No metaf\u00f3ricamete, sino en forma literal. Tantos dulces la hicieron engordar. No s\u00f3lo era una mosca. Era una gran mosca. Una mosca robusta, gorda, dando vueltas y zumbando alrededor. Con m\u00e1s energ\u00eda para hablar sin parar. Un d\u00eda no guant\u00e9 m\u00e1s y le ped\u00ed el divorcio. Fue un shock para ella. Ya se sabe que las moscas pueden tener muchos ojos, pero no mucho cerebro. Y ella no pod\u00eda entender que no le aguantara que me hablara tanto y que no me dejara tranquilo. Para ella, su manera de actuar se correspond\u00eda con su amor, era una cuesti\u00f3n l\u00f3gica en una pareja que se amaba. Yo le explicaba: \u00abte parece bien que hasta cuando hacemos el amor seas una m\u00e1quina de hablar, y un torbellino de movimientos\u00bb.<\/p>\n<p>-A\u00f1oro la calma, el silencio&#8230; Si no fuera por el trabajo, que por lo menos me libera ocho horas de vos, ya estar\u00eda completamente loco. Y eso que laburo manejando un retroexcavadora.\u00a0 Esa m\u00e1quina es menos molesta que vos-, le explicaba.<\/p>\n<p>Pero no entendi\u00f3. Como toda mosca, ella no ven\u00eda nada anormal en ser mosca. Por eso, fue a la cocina y agarr\u00f3 un cuchillo, y se me vino encima en forma decididamente asesina. Yo la ve\u00eda venir, una mosca gorda y amenazante, con un cuchillo en una de sus tantas patas, y escuchaba\u00a0 un \u00abzummm, zummm&#8230;\u00bb cada vez m\u00e1s fuerte y estruendoso a medida que se acercaba para terminar con mi vida. Cuando faltaban dos pasos\u00a0 para ensartarme, v\u00ed a mi costado un caramelo, en el piso. Seguramente se le hab\u00eda ca\u00eddo de alguna de las bolsas con dulces que le tra\u00eda a la vuelta del trabajo. Lo agarr\u00e9 r\u00e1pidamente y se lo ofrec\u00ed, como pasaba en las pel\u00edculas de vampiros, cuando la v\u00edctima aferraba una cruz salvadora que deten\u00eda a Dr\u00e1cula de una segura mordida. Y ella, tambi\u00e9n como Dr\u00e1cula, detuvo su empuje asesino, qued\u00f3 con el cuchillo en el aire, y de la boca le empez\u00f3 a caer una espesa gota de saliva, que reflejaba su deseo de hacerse del dulce. Finalmente, tir\u00f3 el cuchillo, me arrebat\u00f3 el dulce, y se sent\u00f3 en el piso a saborear el caramelo, como una ni\u00f1a. Le tuve l\u00e1stima. En lugar de una mosca, v\u00ed en ella un ser inocente, b\u00e1sico. No ya la mariposa que hab\u00eda conocido, pero tampoco la mosca en que se hab\u00eda convertido. Un insecto intermedio, quiz\u00e1s. Algo as\u00ed como una abeja, que une teme la picadura, pero que no deja de ser un bicho agradable. Le dije que me perdonara, que no me quer\u00eda divorciar. Me propuse a m\u00ed mismo: \u00abbuscar\u00e9 otro laburo, eso me dar\u00e1 algunas horas m\u00e1s de alivio y reforzar\u00e9 as\u00ed mis ingresos como para comprarle los dulces que sean necesarios\u00bb. Hay quien convive con personas de las m\u00e1s siniestras. \u00bfPorqu\u00e9 no podr\u00eda yo llegar a convivir con una mosca?<\/p>\n<p>EL LOBO<\/p>\n<p>Me despierto sobresaltado a las 3 de la madrugada. Me queda como \u00fanico rastro de la pesadilla la imagen de un lobo resoplando cerca de uno de mis o\u00eddos. Me asquea pensar \u2013aunque sea en un lugar alejado de la vigilia- que puedo ser alimento para el est\u00f3mago de una bestia salvaje.<\/p>\n<p>Cierro los ojos y trato de tranquilizarme. Vuelvo a dormir, esperando que esta vez abrace un sue\u00f1o agradable. A las 5 sin embargo me vuelvo a despertar sobresaltado. En la conciencia atrapo como \u00fanica imagen otra vez el mismo lobo de la pesadilla anterior, esta vez con sus colmillos hundidos en mi cuello. Tienen raz\u00f3n los que dicen que la paciencia del lobo es infinita.<\/p>\n<p>EL DEMONIO<\/p>\n<p>\u201cSi esto han hecho mis enemigos, \u00bfde qu\u00e9 tengo que arrepentirme?\u201d, dijo el demonio.<\/p>\n<p>LA LENGUA DE KAFKA<\/p>\n<p>Kafka era retra\u00eddo, tan retra\u00eddo que quiz\u00e1s una manera de entender el tono de su literatura est\u00e1 dada por ese comportamiento. \u00c9l laburaba solo en una oficina y luego se reclu\u00eda en su casa. Pr\u00e1cticamente no hablaba. En cierta medida su lengua estaba en sus escritos. No se comunicaba pr\u00e1cticamente de otra manera. La \u00fanica vez que dicen que habl\u00f3 fue en su lecho de muerte. Pidi\u00f3 que quemaran toda su obra. Por suerte no le hicieron caso. Porque no hab\u00eda sido \u00e9l. Hab\u00eda sido su lengua, que se quer\u00eda vengar de su largo ostracismo.<\/p>\n<p>TREN FANTASMA<\/p>\n<p>Por alguna raz\u00f3n que ignoro, en las noches se escucha el pitido del tren pasando por el pueblo. Lo raro es que hace 10 a\u00f1os que las v\u00edas est\u00e1n abandonadas.<\/p>\n<p>Mi pueblo, como tantos otros, qued\u00f3 sin ferrocarril por decisi\u00f3n de unos bur\u00f3cratas est\u00fapidos del gobierno que esgrimieron como excusa el d\u00e9ficit financiero del servicio.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de haberse cerrado el ramal que nos comunicaba con algunas grandes ciudades, se escuch\u00f3 claramente el sonido del tren. Todo el pueblo sali\u00f3 a ver, esperanzado que quiz\u00e1s se hab\u00eda retrocedido en la medida de la clausura del servicio, y el ferrocarril seguir\u00eda funcionando. Pero no. Todos claramente escucharon los pitidos y el ruido de las ruedas sobre los rieles, acerc\u00e1ndose, pasando por la estaci\u00f3n y alej\u00e1ndose del pueblo. Pero las v\u00edas segu\u00edan vac\u00edas.<\/p>\n<p>Se dieron mil explicaciones, se hicieron miles de especulaciones. El hecho se fue repitiendo sin que nadie encontrara una respuesta razonable. Lo maravilloso se fue convirtiendo en algo rutinario y, al final, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, todos nos acostumbramos a escuchar en las noches el paso de un tren en un pueblo sin tren.<\/p>\n<p>Una vez no pude resistir la tentaci\u00f3n y al escuchar el sonido del\u00a0 tren acerc\u00e1ndose al pueblo, corr\u00ed a la estaci\u00f3n y me tir\u00e9 sobre las v\u00edas. Cerr\u00e9 los ojos y escuch\u00e9 n\u00edtidamente que un tren se acercaba. Mi cuerpo incluso temi\u00f3 el impacto cuando los sonidos indicaron claramente un tren acerc\u00e1ndose. Por unos segundos sent\u00ed como que el sonido del tren y una r\u00e1faga fuerte de viento atravesaban mi cuerpo, y fugazmente en mi cabeza se mezclaron im\u00e1genes del interior de un tren de pasajeros, pero con\u00a0 el\u00a0 maquinista, los pasajeros y\u00a0 los guardas llorando a moco tendido.<\/p>\n<p>Cuando cont\u00e9 de esta experiencia a otras personas del pueblo, se vieron tentados a hacer lo mismo. Y cada uno de ellos tuvo la misma sensaci\u00f3n y las mismas tristes im\u00e1genes en su cabeza.<\/p>\n<p>Una noche result\u00f3 que m\u00e1s de cien personas nos encontr\u00e1bamos en la estaci\u00f3n esperando el sonido del tren y deseosos de atravesarnos en la v\u00eda para sentir su paso y las difusas im\u00e1genes de las caras llorosas que viajaban en \u00e9l. A alguien se le ocurri\u00f3 una infantilada. Parado en la v\u00eda, se agarr\u00f3 de la espalda de su vecino como haciendo un trencito. Naturalmente todos lo copiamos. Y cuando claramente el sonido entraba en la estaci\u00f3n comenzamos a correr en fila por las v\u00edas, acompa\u00f1ando al tren fantasmal e imaginario con nuestro trencito humano e infantil.<\/p>\n<p>En un momento todos repetimos la misma sensaci\u00f3n del sonido y el viento atraves\u00e1ndonos, pero las im\u00e1genes de los pasajeros eran distintas.<\/p>\n<p>Ya no lloraban. Sonre\u00edan.<\/p>\n<p>HISTORIA CON ELEFANTE (Y UN CAMELLO)<\/p>\n<p>El elefante vagaba por el pueblo y nadie sab\u00eda qu\u00e9 hacer. Nadie tampoco conoc\u00eda de d\u00f3nde vino. Lo raro es que no hab\u00eda pasado ning\u00fan circo por el pueblo. \u00a1\u00bfY de d\u00f3nde pod\u00eda aparecer un elefante en este lugar en las ant\u00edpodas de Asia o \u00c1frica?!<\/p>\n<p>El animal se\u00a0 arreglaba solo. Com\u00eda los pastos y yuyos de veredas y terrenos bald\u00edos. Tomaba agua de charcos o la que circulaba por\u00a0 el cord\u00f3n cuneta de las calles. Obraba con tranquilidad, con un andar cansino, y en realidad no hab\u00eda provocado destrozos ni asustado a nadie. Pero un elefante es un elefante, as\u00ed que todos tem\u00edan acerc\u00e1rsele. Como ninguna autoridad tampoco quiso hacerse cargo del problema, los d\u00edas pasaron, y el elefante se termin\u00f3 convirtiendo en parte visible del pueblo.<\/p>\n<p>En realidad, en un sentido tuvo un efecto favorable. Como todos los que ten\u00edan auto o camioneta sab\u00edan que en cualquier momento pod\u00edan toparse en la calle con el animal, se fueron acostumbrando a circular en baja velocidad, eliminando as\u00ed cualquier posibilidad de un choque o que alguien fuera atropellado.<\/p>\n<p>El pueblo se encontraba en una zona rural, muy alejado de alg\u00fan centro urbano importante. La principal actividad econ\u00f3mica de la que depend\u00eda el pueblo era el cultivo de la cebolla. Sucedi\u00f3 la rareza que en esta zona caracterizada como semiseca,\u00a0 con un bajo nivel de lluvias anuales, sufri\u00f3 el embate de un fuerte temporal que hizo caer en tres d\u00edas pr\u00e1cticamente la misma cantidad de agua que en un a\u00f1o.\u00a0 Faltaba muy poco para cosechar la cebolla y pr\u00e1cticamente las p\u00e9rdidas fueron totales. Los campos cultivados se anegaron y m\u00e1s de un noventa por ciento de la cebolla se pudri\u00f3. Muchos pobladores empezaron a tener dificultades econ\u00f3micas y un porcentaje importante comenz\u00f3 a pasar hambre.<\/p>\n<p>No se sabe de qui\u00e9n fue la idea, pero alguien empez\u00f3 a azuzar con la posibilidad de matar al elefante y distribuir la carne. Un grupo de gente decidi\u00f3 pasar a la acci\u00f3n y comenz\u00f3 un delirante operativo de cacer\u00eda del paquidermo. Por estar integrado el grupo por los pobladores m\u00e1s pobres, nadie pudo hacerse de un arma de fuego. Los que m\u00e1s o menos pod\u00edan ir paleando la crisis y contaban con alg\u00fan que otro rifle o pistola, no se animaron a prestarlos. Algunos porque consideraban inhumano matar a tan noble animal y otros por la simple precauci\u00f3n que terminaran siendo acusados de participar del crimen.<\/p>\n<p>El grupo cazador se hizo entonces de cuchillas y alguno se anim\u00f3 a fabricar una especie de lanza. Pero el elefante no era est\u00fapido y se alejaba r\u00e1pidamente ante el avance amenazante de la turba. Si no fuera por lo dram\u00e1tico del contexto que llev\u00f3 a un grupo de gente a tratar de matar un elefante, resultaba gracioso ver al animal asustado corriendo por las calles y\u00a0 a un pu\u00f1ado de personas persigui\u00e9ndolo atr\u00e1s, con los cuchillos y lanzas en alto, cual epopeya revolucionaria.<\/p>\n<p>El elefante sobrevivi\u00f3. No s\u00f3lo porque lentamente el grupo de exaltados se fue desperdigando, por cansancio algunos y otros porque tomaron conciencia que la empresa superaba las posibilidades de \u00e9xito. Sino porque la persecuci\u00f3n, con los pocos que quedaban en el asunto, fue interrumpida de pronto por Don Maquiavelo, un viejo poblador de un campo alejado del pueblo, que se interpuso entre el animal y la gente, con una vieja Lupara en sus manos que, seguramente, atesoraba de su Italia natal, amenazando con impedir de cualquier manera que mataran al paquidermo. Creyeron que el viejo lo hac\u00eda \u00fanicamente por motivos humanistas. Pero no. Don Maquiavelo, aunque nadie lo supiera, era el due\u00f1o desconocido del elefante.<\/p>\n<p>Totalmente resignados, los frustrados perseguidores se sentaron en el cord\u00f3n de la vereda y escucharon la historia del viejo. En realidad\u00a0 nadie sab\u00eda lo del elefante porque Don Maquiavelo siempre vivi\u00f3 como un ermita\u00f1o. No se conoc\u00eda a quien hab\u00eda entrado a su campo y cuando ven\u00eda al pueblo por algunas provisiones o para vender los animales de granja que criaba o las verduras que cultivaba, pr\u00e1cticamente no hablaba. Nadie sab\u00eda de sus cosas. Y nadie recordaba que alguna vez alguien comentara que Don Maquiavelo ten\u00eda un elefante. Pero en esta oportunidad el viejo fue locuaz. Conmovido quiz\u00e1 porque la gente, a pesar de su hambre, desisti\u00f3 r\u00e1pidamente de la cacer\u00eda, se explay\u00f3 sobre el origen y los motivos de tener un elefante en su campo.<\/p>\n<p>Cont\u00f3 que estaba acostumbrado a leer libros sobre animales, porque siempre le hab\u00eda interesado ese tipo de lectura. Y una vez se maravill\u00f3 con los relatos y las caracter\u00edsticas de un animal propio de las estepas mong\u00f3licas y los desiertos siberianos: el camello bactriano. Un animal incansable, capaz de\u00a0 de conducir grandes pesos por las tierras m\u00e1s severas. Que pod\u00eda recorrer el doble de la distancia en un d\u00eda que un caballo y estar sin beber dos o tres d\u00edas. Un animal que durante siglos fue el principal medio de transporte y bestia de carga entre la China, el Sur de Siberia y el Turkest\u00e1n.<\/p>\n<p>-Qued\u00e9 tan impresionado que decid\u00ed hacerme de uno \u2013cont\u00f3 Don Maquiavelo. Mand\u00e9 cartas a uno y otro lado y al final contact\u00e9 a un importador de animales que me asegur\u00f3 pod\u00eda conseguirlo. Si bien esta zona no tiene caracter\u00edsticas des\u00e9rticas ni monta\u00f1osas, tampoco es la Pampa H\u00fameda, as\u00ed que estaba seguro que el animal iba a poder adaptarse y a la vez ser\u00eda una ayuda inmejorable para los trabajos del campo y la granja. Me exigieron un precio razonable, mand\u00e9 plata de adelanto y a los dos meses lleg\u00f3 un cami\u00f3n con la carga. El cami\u00f3n lleg\u00f3 de noche y al verlo me extra\u00f1\u00f3 que necesitaran una jaula tan grande para traer un camello. Sacando unos peque\u00f1os respiraderos, la jaula estaba toda cerrada. Pero result\u00f3 que cuando el chofer y el acompa\u00f1ante del cami\u00f3n abrieron las compuertas de la jaula en lugar de un camello hab\u00eda un elefante. No lo pod\u00eda creer. Enseguida protest\u00e9. Les expliqu\u00e9 que se hab\u00edan equivocado. Que yo hab\u00eda encargado un camello bactriano, como esos de las pel\u00edculas, con dos jorobas, y no un elefante. \u00bfPara qu\u00e9 quer\u00eda un elefante? Pero esas dos personas eran tozudas. A ellos los hab\u00edan contratado y no sab\u00edan nada del camello. Les hab\u00edan encomendado llevar ese elefante y cumplir\u00edan con su encargue. Insist\u00ed que no quer\u00eda ni necesitaba ese animal, y que adem\u00e1s no les iba a pagar el resto de dinero acordado con el importador. Todo era raro, porque esas dos personas no ten\u00edan tampoco ning\u00fan encargue de cobrar nada. S\u00f3lo de dejar el elefante. El recibo que ten\u00edan por el alquiler del cami\u00f3n mencionaba claramente mi\u00a0 apellido y la direcci\u00f3n del campo.\u00a0 En s\u00edntesis, no entendieron razones, y me dejaron el elefante. Al d\u00eda siguiente me trat\u00e9 de comunicar con el importador sin suerte. Por semanas mand\u00e9 una y otra carta, pero me las terminaron devolviendo como remitente desconocido. No s\u00e9 por qu\u00e9 raz\u00f3n esa casa importadora de animales hab\u00eda desaparecido misteriosamente del pa\u00eds. Yo ten\u00eda un elefante y, probablemente, alguna otra persona o propietario de circo, en lugar de recibir ese tipo de animal, recibi\u00f3 un camello bactriano. Esa es la historia, concluy\u00f3 el viejo. Lo dem\u00e1s lo saben. Como nadie viene a mi campo y yo soy, lo reconozco, muy hura\u00f1o, nadie del pueblo se enter\u00f3 que ten\u00eda esta peque\u00f1a mascota, dijo con iron\u00eda.<\/p>\n<p>-Comet\u00ed un error- dijo el viejo.\u00a0 Un d\u00eda descubr\u00ed que el elefante hab\u00eda desaparecido. Que a pesar de haberse comportado siempre d\u00f3cil y\u00a0 que nunca se hab\u00eda alejado de los alrededores\u00a0 de la casa y del galp\u00f3n que le constru\u00ed para albergarlo, una noche se escap\u00f3. Mi error fue no buscarlo. Lo que pasa que en un primer momento no me desagrad\u00f3 la idea de perderlo. No me serv\u00eda para trabajar, consum\u00eda mucho forraje y, en cierta medida, lo acusaba de que no me hab\u00eda podido hacerme del animal que admiraba: el camello bactriano. Me enter\u00e9 que estaba deambulando por el pueblo, pero como nadie se quejaba decid\u00ed dejar las cosas como est\u00e1n.<\/p>\n<p>-Y porqu\u00e9 entonces nos detuvo- le preguntaron.<\/p>\n<p>-Me hubiera quedado un cargo de conciencia- dijo. Y adem\u00e1s, a medida que fueron pasando los d\u00edas de su ausencia, debo reconocer que empec\u00e9 a extra\u00f1arlo&#8230; Comprend\u00ed que para m\u00ed, que he sido siempre muy ermita\u00f1o, tener un elefante era como contar con una gran compa\u00f1\u00eda. Muchos animales en uno solo. Por eso, rumiaba en los \u00faltimos d\u00edas la decisi\u00f3n de venir a buscarlo al pueblo&#8230;<\/p>\n<p>Todos callaron y se sintieron conmovidos por la historia.<\/p>\n<p>Y eso fue todo. Como muchos cuentos \u00e9ste tuvo final feliz. El elefante volvi\u00f3 a lo de Don Maquiavelo. Y en verdad esa compa\u00f1\u00eda le cambi\u00f3 el car\u00e1cter. Se volvi\u00f3 m\u00e1s sociable. De entrada nom\u00e1s, tuvo el gesto de donar a los que lo necesitaban las verduras y productos de granja con que contaba para que aguantaran hasta la pr\u00f3xima cosecha de cebolla. Y como el pueblo se hab\u00eda acostumbrado a ver pasear el elefante por sus calles, regularmente el viejo ven\u00eda de paseo al pueblo con el paquidermo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo qued\u00f3 una inc\u00f3gnita. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 del camello bactriano? (APP)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&nbsp; Viedma.- (APP) \u00a0\u00abSeguramente esta historia no conduce a nada\u00bb, sentenci\u00f3 ella. 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